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Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

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Editorial de la revista la tarea, núm. 9

Guadalajara, México - marzo de 1997

De acuerdo con nuestra política editorial de dedicar cada número a un tema especial, en esta ocasión hablaremos de la historia desde un doble enfoque, la historia de la educación y la enseñanza de la historia. Interesante asunto que nos lleva a una gran diversidad de reflexiones, entre ellas el ¿para qué? de la historia de la educación, derivado del gran ¿para qué? de la historia, sobre lo que tanto se ha escrito pero que en el aula poco se ha hecho. Especialmente tratándose de esta temática, resulta de interés preguntarnos acerca de una de las muchas funciones que se atribuyen a la historia, ¿qué tan buena maestra ha resultado para ayudarnos a aprender como realizar nuestra labor educativa?

     Algunas veces cuando escuchamos discursos sobre lo que sucede o se pretende hacer en las escuelas, parece que el tiempo no pasara, la relación entre maestros y alumnos en algunas escuelas parecen propias del siglo xix y cuando escuchamos lo que se dice a propósito de la descentralización educativa, nos parece que pasaron en vano los últimos ochenta años y se repiten las mismas discusiones, aunque con menos sentido social, de los años de la Revolución y sus primeros proyectos educativos.

     En este número, es seguro que no van a encontrar la respuesta, es más, tal vez en lugar de respuestas posiblemente se les despierten más dudas. Si es así, enhorabuena, estaremos cumpliendo con nuestro propósito de despertar inquietudes en este campo de formación.

     Desde nuestra óptica, echar un vistazo a la historia de la educación, no es para solazarnos con la contemplación del pasado, sino verla como una plataforma, como una forma de tomar conciencia de los cimientos con que contamos y desde ahí construir nuestros proyectos educativos.

     No creemos en el estereotipo de la historia como maestra de la vida, pero si creemos que nos puede enseñar bastante y en momentos como éste, bien les haría a quienes tienen que tomar decisiones en materia de educación, echar una mirada a nuestra historia educativa.

     Desde una perspectiva historiográfica, es decir una mirada a cómo se ha historiado por parte de diversos especialistas de este campo de conocimiento, encontramos que el conocimiento de la historia educativa enfrenta diversos problemas que corresponden precisamente con la naturaleza de su quehacer, así como otros que comparte con la investigación educativa en general.

     Es natural que alguno de sus problemas más relevantes sean los que corresponden a sus enfoques y metodologías de trabajo. Afortunadamente desde hace algunos años ha empezado a darse este debate entre estudiosos del ramo, dando lugar al paulatino reconocimiento de la historia de la educación como una legítima línea de investigación dentro del campo de la historia y un campo disciplinar dentro de la teoría educativa, ambas cobran cada vez mayor rigor y sistematicidad.

     Este proceso de legitimación no está aún consolidado, dentro de él habitan diversas expresiones, unas convergen y se retroalimentan, están equipadas de innovadores aportes conceptuales y metodológicos que arrojan sus producciones y las discusiones académicas en torno a ellas. Otras corresponden a diferentes niveles y propósitos: indagaciones eruditas, trabajos de historia de la política educativa, crónica, biografía, efemérides apologéticas, monografías sobre escuelas, estudios de doctrinas educativas en determinados períodos, expresiones ideológicas de la educación en un contexto histórico, recuento de organizaciones magisteriales, etcétera. Todas estas vertientes conforman el inventario historiográfico nacional y local.

     En Jalisco, y concretamente en Guadalajara, dicha secuela se ha dejado también sentir. Es cierto que existe investigación sobre la historia de la educación, pero está desarticulada y es coyuntural; atiende más a los propósitos de interés profesional que a una política académica interinstitucional. Muchos trabajos, como es natural, persiguen propósitos diversos, pero están desarticulados respecto a los demás, no existiendo una puesta en común que permita una labor más orgánica, que confronte sus teorías y formas de trabajo.

     Para ir encarando esta situación, se requiere realizar acciones encaminadas a una caracterización de la situación investigativa y con ello emprender acciones encaminadas a su desarrollo. Debe cristalizarse en la develación de lo que ha sido el devenir de la escuela y la historia de los maestros. Esto permitirá dilucidar nuestro pasado mirando hacia el porvenir; en esta preocupación se inscribe, precisamente, el dedicar este número de la tarea a la historia de la educación y la enseñanza de la historia.