Editorial de la revista la tarea No. 9
De acuerdo con nuestra política editorial de dedicar cada número a un
tema especial, en esta ocasión hablaremos de la historia desde un doble enfoque, la historia
de la educación y la enseñanza de la historia. Interesante asunto que nos lleva a
una gran diversidad de reflexiones, entre ellas el ¿para qué? de la historia de la
educación, derivado del gran ¿para qué? de la historia, sobre lo que tanto se ha
escrito pero que en el aula poco se ha hecho. Especialmente tratándose de esta temática,
resulta de interés preguntarnos acerca de una de las muchas funciones que se atribuyen a
la historia, ¿qué tan buena maestra ha resultado para ayudarnos a aprender como realizar
nuestra labor educativa?
Algunas veces cuando escuchamos discursos sobre lo que sucede o se
pretende hacer en las escuelas, parece que el tiempo no pasara, la relación entre
maestros y alumnos en algunas escuelas parecen propias del siglo xix y cuando escuchamos
lo que se dice a propósito de la descentralización educativa, nos parece que pasaron en
vano los últimos ochenta años y se repiten las mismas discusiones, aunque con menos
sentido social, de los años de la Revolución y sus primeros proyectos educativos.
En este número, es seguro que no van a encontrar la respuesta, es
más, tal vez en lugar de respuestas posiblemente se les despierten más dudas. Si es
así, enhorabuena, estaremos cumpliendo con nuestro propósito de despertar inquietudes en
este campo de formación.
Desde nuestra óptica, echar un vistazo a la historia de la educación,
no es para solazarnos con la contemplación del pasado, sino verla como una plataforma,
como una forma de tomar conciencia de los cimientos con que contamos y desde ahí
construir nuestros proyectos educativos.
No creemos en el estereotipo de la historia como maestra de la vida,
pero si creemos que nos puede enseñar bastante y en momentos como éste, bien les haría
a quienes tienen que tomar decisiones en materia de educación, echar una mirada a nuestra
historia educativa.
Desde una perspectiva historiográfica, es decir una mirada a cómo se
ha historiado por parte de diversos especialistas de este campo de conocimiento,
encontramos que el conocimiento de la historia educativa enfrenta diversos problemas que
corresponden precisamente con la naturaleza de su quehacer, así como otros que comparte
con la investigación educativa en general.
Es natural que alguno de sus problemas más relevantes sean los que
corresponden a sus enfoques y metodologías de trabajo. Afortunadamente desde hace algunos
años ha empezado a darse este debate entre estudiosos del ramo, dando lugar al paulatino
reconocimiento de la historia de la educación como una legítima línea de investigación
dentro del campo de la historia y un campo disciplinar dentro de la teoría educativa,
ambas cobran cada vez mayor rigor y sistematicidad.
Este proceso de legitimación no está aún consolidado, dentro de él
habitan diversas expresiones, unas convergen y se retroalimentan, están equipadas de
innovadores aportes conceptuales y metodológicos que arrojan sus producciones y las
discusiones académicas en torno a ellas. Otras corresponden a diferentes niveles y
propósitos: indagaciones eruditas, trabajos de historia de la política educativa,
crónica, biografía, efemérides apologéticas, monografías sobre escuelas, estudios de
doctrinas educativas en determinados períodos, expresiones ideológicas de la educación
en un contexto histórico, recuento de organizaciones magisteriales, etcétera. Todas
estas vertientes conforman el inventario historiográfico nacional y local.
En Jalisco, y concretamente en Guadalajara, dicha secuela se ha dejado
también sentir. Es cierto que existe investigación sobre la historia de la educación,
pero está desarticulada y es coyuntural; atiende más a los propósitos de interés
profesional que a una política académica interinstitucional. Muchos trabajos, como es
natural, persiguen propósitos diversos, pero están desarticulados respecto a los demás,
no existiendo una puesta en común que permita una labor más orgánica, que confronte sus
teorías y formas de trabajo.
Para ir encarando esta situación, se requiere realizar acciones
encaminadas a una caracterización de la situación investigativa y con ello emprender
acciones encaminadas a su desarrollo. Debe cristalizarse en la develación de lo que ha
sido el devenir de la escuela y la historia de los maestros. Esto permitirá dilucidar
nuestro pasado mirando hacia el porvenir; en esta preocupación se inscribe, precisamente,
el dedicar este número de la tarea
a la historia de la educación y la enseñanza de la historia.