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Editorial
de la tarea No. 3-4
El destino nos alcanza
Tiempos difíciles, escuela de circunstancias múltiples que se fueron
incubando en las últimas décadas y que afloran en nuestra vida social implacables y
puntuales. 1994 es un año decisivo por que inaugura acontecimientos que prefiguran
inexorablemente un hito histórico para nuestra nación. Se derrumban mitos como el de la
estabilidad asegurada por los siglos de los siglos; irrumpe en el escenario una rebelión
indígena campesina. El artero asesinato a mansalva del candidato oficial desata una
parafernalia que entre otras cosas, desnuda los símbolos gobierno-partido. El Estado
residente una convulsión intestina tan severa que aflora hacia la sociedad, toda. La
credibilidad del sistema político electoral esta ya en la mirada atenta y cuidadosa de la
sociedad y de los ojos de quienes están más allá de nuestras fronteras. En fin
revelaciones de una crisis que debemos observar atentamente.
En ese contexto, la educación, espejo fiel y multifacético del
sistema social y sus contexturas es y será cada vez más un ámbito para dirimir en los
espacios escolares las contradicciones de sus participantes: pero además lo que en este
espacio habite, y como se encare, tendrá su repercusión incuestionable en el conjunto de
la sociedad.
Hoy mismo, estamos ya resintiendo la tesitura característica de
nuestro entorno; la reforma educativa, que apenas esta en sus antípodas y para la cual se
han generado un sinfín de voluntades, expectativas acciones y escenarios, no puede
guardarse a buen recaudo. El proceso de modernización educativa debe continuar y con el
una nueva voluntad de corregir sus aberraciones, simulaciones y selectividad. Los
dramáticos acontecimientos de nuestro tiempo llaman a la construcción de espacios
democráticos en todos los ordenes. Los proyectos y acciones sociales no pueden ejecutarse
ya hoy a nombre de sus destinatarios, si no con el concurso y el consenso permanente de
ellos.
En el caso de la educación básica de maestros, alumnos y comunidad;
del gremio magisterial y de todos aquellos quienes tienen una genuina preocupación por el
ramo: autoridades y funcionarios medios, periodistas e intelectuales e investigadores los
tiempos exigen una acción concertada, tolerante y participativa acorde con las exigencias
de las actuales circunstancias .
Los ritos y el ceremonial
Si estamos hablando de cambios, es decir de verdaderas transformaciones que surgieron de
lo educativo estén en concordancia con lo que la nación reclama, existen entonces
muchísimos tópicos a los que habrá que pasar revista.
Uno de ellos corresponde a esta suerte de ritualización que se ejerce
puntualmente en las escuelas y que precisamente a fuerza de repetirse indefinidamente ha
llegado a considerarse más imprescindible que el propio proceso educativo formal. Los
profesores y profesoras tenemos nuestros ritos, no tan fastuosos o espectaculares como lo
son por ejemplo un informe de gobierno o el nombramiento de un obispo pero que, rituales
al fin sirven para que la escuela ejerza su regularidad, para que cada quien ocupe su
sitio asuma su rango, se ubique en su función previamente asignada y en todo ese devenir,
reproduzca en tiempos y ritmos el proceso escolar en la escuela pública.
Pedir la palabra en el aula -con el debido comedimiento-, levantarse
cuando el maestro ingrese al salón, contestar a coro, guardar silencio como una norma
permanente y equivalente de disciplina escolar, tomar distancia, avanzar al sonido de una
marcha conocida que representa la entrada a clases, no voltear, no hablar, no ver el
trabajo de el compañero, en fin, evidencias de una ritualización de lo cotidiano
escolar, que si no está imbricado con un mejoramiento del proceso enseñanza-aprendizaje
no tiene sentido su observancia.
De todos estos ritos de la tarea escolar es quizás uno de los más
importantes. La actividad dejada a los niños en casa constituye toda una liturgia que
tiene que ver con su factura, con su revisión, con los códigos seleccionados por el
maestro para dejar ver su visto bueno (un sello, una palomita, comentarios, correcciones,
etc.). Habrá que preguntarse, sin embargo, si en efecto toda esta actividad legitimada
por la obligatoriedad establecida ancestralmente, en realidad tiene para el proceso del
conocimiento la importancia que merece. Someter a revisión a este proceso
escolar-hogareño es imprescindible para tener evidencias de su verdadera significación
en el proceso de aprendizaje.
En este sentido, el propio nombre de nuestra publicación se inscribe
en este contexto la tarea
si bien implica un homenaje a los alumnos y al maestro que asuman responsabilidades
escolares y profesionales respectivamente, realizados sin lugar a dudas conforme a un
ánimo de superación ese esfuerzo debe ejecutarse en forma cada vez creativa y por lo
tanto significativa. En esta línea se inscribe la preocupación de nuestra revista y del
gremio.
Como colofón a este espacio de opinión editorial, quisiéramos
referirnos a cuestiones importantes de nuestro entorno local y que, de una manera u otra
nos afectan como ciudadanos, como maestros y como jalicienses. Hay heridas que aún están
abiertas y que la sociedad tapatía exige su deslinde. Nos referimos a la aclaración
judicial sobre la responsabilidad de la tragedia del 22 de abril y del asesinato del
Cardenal Posadas. Ni la comunidad es ingenua ni menor de edad un intento de olvido
deliberado aumenta rencores y tarde o temprano paga sus consecuencias.
Asimismo y en renglón estrictamente educativo, creemos que los tiempos
exigen el despliegue de una línea que haga más diáfano y justiciero el proceso de
modernización educativa. Los maestros de Jalisco realizan con comedimiento y entusiasmo
sus responsabilidades para acreditar su formación y obtener beneficios escalafonarios;
confían que sus esfuerzos en el aula y su dedicación en el proceso de mejoramiento
profesional realmente posibilite premiar a los más adelantados, acabe con las injustas
simulaciones y abra una perspectiva del progreso gremial y pedagógico para el Sistema
Educativo de Jalisco.
Finalmente, queremos enfatizar que pronto habrá un proceso electoral
que renovará los poderes federales.También se realizan elecciones en Jalisco y ello ha
motivado ya una reanimación de la vida política. Atrás de programas, proclamas,
movimientos internos consultas y negociaciones y todo lo que implica la liturgia
electoral, creemos que la sociedad tapatía espera una jornada cívica que ofrezca
credibilidad democrática. Nosotros como maestros o como trabajadores al servicio de la
educación, sabemos que las elecciones libres constituyen un proceso pedagógico que
delinea una impronta de libertad, de participación, de proceso. Contribuyamos a que
realmente sea así.