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Editorial
de La Tarea No. 2-3
Dos importantes efemérides relacionadas con la educación coincidieron
entre el anterior y este número doble de nuestra publicación : la conmemoración de los
dias del niño y del maestro (30 de abril y 15 de mayo). Por la naturaleza misma de esta
revista, estos temas estarán siempre presentes en el debate y la reflexión de nuestras
páginas, pero, precisamente por ello el tratamiento que nosotros quisieramos otorgarle no
debiera plegarse a esos rituales formalistas realizados para cubrir el expediente y que se
emiten al llegar las fechas alusivas.
Nos referimos concretamente a esa suerte de retórica -entre
demagógica y exhaltiva- que se ha convertido ya en costumbre en ceremonias y discursos
que no han hecho sino sublimar etereas cualidades de los aludidos, olvidando referirse
realmente a los cotidianos contextos en que niños y maestros se desenvuelven,
escamoteando, por consiguiente, propuestas concretas para encarar sus respectivas
condiciones de existencia.
El caso de nuestros infantes, nadie puede ocultar que son precisamente
ellos los que han resentido de manera dramática la secular desigualdad que ha venido
campeando nuestra geografia nacional. Los niños no sólo resienten de manera directa los
efectos de nuestro modelo desigual, sino que sus repercusiones, a plazos más largos se
expresan inexorablemente hasta que éstos llegan a su condición de adolescentes y luego
de adultos.
No quisiéramos pintar aquí un cuadro dantesco y exagerado de los
padecimientos de nuestra niñez, pero siendo honestos, lo menos que debemos consignar es
que un porcentaje mayoritario sigue padeciendo consecuencias graves de subsistencia,
expresadas en alimentación deficiente, condiciones de hacinamiento comunitario,
desintegracion familiar, violencia física e incluso explotación. Para decirlo con
palabras más suaves: incomprensión, abandono y falta de expectativas mínimas para su
realización integral como futuros ciudadanos.
La escuela pública es también un espacio que no escapa a estas
secuelas, pues, lejos de constituir un instrumento de equilibrio social como lo determinan
sus propósitos, se ha convertido en muchas ocasiones un recurso promotor de la
desigualdad. La deserción, reprobación, repetición y expulsión escolar si bien se
presentan como fenómenos imputables a un voluntarismo infantil, como a una suerte de
selección natural inexorable que otorga los diferentes roles a jugar en la conservación
del sistema; lo cierto es que con esta visión la sociedad establecida se deslinda
chapuceramente de su responsabilidad en todo el proceso que se ejerce en la escuela.
En el caso de la deserción, fenómeno que condensa en lo educativo
toda esa trama de desigualdad que subyace en la vida social, sus altos índices no hacen
sino revelar nuestra condicion de subdesarrollo. Por ello, a diferencia de la voz
institucional que la asume como una muestra de ingratitud de los niños hacia las
supuestas oportunidades que el sistema escolar les ofrece, bien vale la pena referir las
palabras de Emilia Ferreiro: "el término decerción lleva implícita una carga
significativa que supone la responsabilidad voluntaria del niño al abandonar
individualmente un grupo o sistema al que pertenecen. En el caso del sistema educativo,
habría que preguntarse sino es éste el que abandona al desertor, al no tener estrategias
para conservarlo, ni intereses en reintegrarlo".
No creemos entonces que baste congratularnos en estos dias o en
cualquier otro,de las bondades del alma infantil y reconocer, inflamados de emoción, los
atributos de inocencia de esta "edad de oro" como bien la caracterizó Martí,
sino que hoy se hace más necesario que nunca, un auténtico esfuerzo colectivo para
encarar con denuedo la postración en que se debate gran parte de nuestra niñez. En este
sentido, la escuela pública tiene gran responsablidad, pero también la sociedad y el
Estado.
Con respecto a los maestros de educación básica, tampoco basta ya
reconfortarse con los homenajes sentimentales que clavan en el pecho de maestros una
medalla por largos años de servicio. La carrera magisterial, impulsada por el Estado y
exigida durante largo tiempo por los maestros y el sindicato, se presenta como un modelo
promocional sin precedentes para los docentes en servicio suscitando con ello grandes
expectativas. Sin embargo, debemos primeramente reconocer que no existe ninguna otra
profesión que para ascender deba sujetarse a una gradualidad escalafonaria tan
puntillosa. El cumplimiento de las exigencias curriculares se presenta con un espíritu
que parece tender a la selectividad. Aún asi, el sindicato se ha enfrascado en apoyar su
ejercicio por que es una coyuntura que no debe ser desaprovechada y porque -con el apoyo y
la exigencia del gremio- deberá incidir permanentemente en su replanteamiento a fin de
que más y mejores maestros accedan realmente a sus beneficios .
Grandes retos afloran en torno a la carrera magisterial y que tienen
que ver con la concreción de una dilatada justicia que los mentores reclaman. Esperamos
que exista la suficiente sensibilidad del régimen para acabar con aquello que discrimina,
da un trato desigual o propicia una simulación credencialista que finalmente dañaria
ostensiblemente el mejoramiento de la educación básica en nuestro país. En este
sentido, hace falta construir un nuevo modelo escolar que verderamente propicie la
preparación y superación permanente del maestro, acabar con los viejos vicios
burocráticos y los interesen mezquinos que siguen detectándose en escuelas, zonas
escolares e instancias oficiales. Si no existe un autentico espíritu de cambio en el
modelo, los maestros seguirán padeciendo las penalidades, bloqueos y limitaciones para el
ejercicio de su trascendental labor.
Otro acontecimiento crucial que impactará la vida educativa nacional
es la puesta en marcha de la nueva Ley General de Educación. Grave antecedente constituye
la omisión de un diagnóstico sobre la antigua normatividad que nos había venido
rigiendo desde hace 20 años y más aún, cuando el nuevo código incluye innumerables
aspectos que no habían sido ventilados ante la comunidad educativa. Pero lo que realmente
constituirán los puntos neurálgicos del asunto son, por una parte, lo que la nueva ley
significará para elevar ahora sí, el nivel académico de la educación pública,
problema secular cada vez más drástico. El otro aspecto, tambien inexcusable, es el que,
en la perspectiva del papel a jugar por el maestro, representa su mejora profesional y
laboral.
Ahora bien, en los contenidos de este número doble, hemos incluido
material de variada índole a partir de las secciones que componen nuestra publicación y
elaborado por maestros que en diferentes niveles cumplen su responsabilidad en la
educación pública en Jalisco. En nuestros próximos números abordaremos aspectos
estelares que hoy palpitan en el ámbito: el Programa de Actualización Magisterial PAM,
la carrera magisterial, la nueva ley educativa, los nuevos programas de secundaria, entre
otros.
Queremos, finalmente, refrendar que en el centro principal de nuestras
preocupaciones editoriales -y no podría dejar de serlo por ser ésta una revista
sindical- están los profesores y sus alumnos. Niños y maestros, dos protagonistas
esenciales en el presente y en el porvenir nacional. El perfil humano que invocan como
sectores sustantivos de nuestra sociedad, debe por lo tanto apoyarse definitivamente en
una solución integral y complementaria de sus condiciones de vida pues, en esta relación
necesaria, los alumnos no podrán lograr su solvencia sin la mejora de los otros.