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Hoy es un gran día para el
magisterio. Lo es también para la sociedad mexicana, pero lo es, sobre todo,
para la Nación.
Ciudadano licenciado Carlos
Salinas de Gortari, presidente de la República,
Doctor Ernesto Zedillo Ponce
de León, secretario de Educación Pública,
Señores servidores públicos,
Compañeras y compañeros
dirigentes,
Señoras y señores:
El Sindicato Nacional de
Trabajadores de la Educación acude a este acto con emoción. La formalización de
la Carrera Magisterial implica un paso muy importante para elevar la calidad y
la eficiencia de un ámbito estratégico para una modernización nacional, el
educativo. La Carrera constituye un fuerte estímulo para la superación del
maestro, lo compromete con excelencia, lo dignifica y, así, impulsa la vocación
magisterial.
El SNTE se propuso acompasar
la estructura, la organización, las estrategias y tácticas sindicales, a
realidades y tiempos distintos.
Ante la magnitud de las
transformaciones en el entorno exterior y en el propio país había que construir
una alternativa que recogiera lo mejor de las experiencias y aportaciones de
nuestra organización y de otros sindicatos, para construir el proyecto que
reclaman los desafíos y las posibilidades de nuestro tiempo.
Los trazos principales de esta
organización sindical incluyen una lectura correcta de este tiempo; democracia
sindical; lucha por mejores condiciones de trabajo vinculadas a la
productividad y la competitividad; una gestión eficaz; una nueva cultura
sindical y nuevas estrategias de lucha; nuevas relaciones con la sociedad, con
el Estado y con las organizaciones partidarias y, sobre todo, un compromiso con
las mejores causas de México.
Señor
Presidente:
En enero de 1990, en el
marco del Primer Congreso Extraordinario del SNTE, delineamos el perfil de la
Carrera Magisterial. Pensamos, entonces, en novedosas fórmulas que articularan
la reivindicación de nuestros derechos con la reforma educativa que reclamaba
el país.
Más tarde, en el Segundo
Congreso Extraordinario, insistimos en esa demanda. Se trataba de desarrollar
una propuesta que estableciera un sistema escalafonario de promoción
horizontal, que reconociera y estimulara la preparación, la experiencia y la
eficiencia del maestro, incidiendo, de manera directa y decisiva, en la
elevación de la calidad de la educación.
En mayo del año pasado, como
resultado de tres años de negociaciones, el Acuerdo Nacional para la
Modernización de la Educación Básica instituyó la Carrera Magisterial. De
inmediato se instaló una comisión bilateral SEP-SNTE que trabajó intensamente
en el diseño del proyecto, en la determinación de los requisitos y en las
formas de evaluación.
La comisión superó, no sin
encuentros y desencuentros, dificultades de distinta naturaleza;
presupuestases, metodológicas, evaluatorias, y llevó a cabo un trabajo
inteligente, riguroso y de buena fe.
A siete meses de la
instalación de la comisión, nos congregamos los mismos actores de entonces,
para honrar la palabra empeñada y mostrar esta fase de la tarea cumplida. Hacia
adelante el reto está en lograr las ampliaciones presupuestales que garanticen
las condiciones para que todos los maestros puedan incorporarse al sistema. La
Carrera Magisterial es un aporte sin precedentes que tiene un rico potencial
para mejorar el ingreso de los docentes de educación básica, estimular su
desarrollo profesional, promover su arraigo e impulsar una mayor participación
de la escuela en la comunidad.
La Carrera Magisterial
recupera a la escuela como centro de la dinámica comunitaria, reconoce y apoya
a los maestros que sirven en las regiones más pobres e introduce, por primera
vez, una alternativa que hace del propio educador -de su formación, de su
desempeño, de su entrega- un factor central para su promoción.
Son cinco los elementos que
fundamentan este esquema de promoción horizontal: la antigüedad, el grado
académico, la formación profesional, la acreditación de cursos de
actualización, capacitación y superación, y el desempeño en el aula. La
evaluación de estos aspectos exige transparencia, equidad y confiabilidad.
Señoras
y señores:
Mediante este programa se
busca terminar con el monopolio de la superación educativa. Asociar la
excelencia en la educación a los recursos de los educandos o de sus padres es
muy poco democrático, como lo es una educación que dice crecer en calidad según
crece la colegiatura; que supone ofrecer más calidad a quien mejor paga.
La inteligencia no es un
privilegio de nadie, por eso la historia de nuestro país no se explica sin el
concurso de mujeres y hombres que surgieron y seguirán surgiendo de las
escuelas públicas. La educación pública está vinculada estrechamente al pueblo.
Los hijos de los obreros, de los campesinos, de marginados del campo y la
ciudad, y de las clases medias, tienen en ella la más concreta alternativa de
movilidad social.
La Carrera Magisterial
contribuirá al esfuerzo de la sociedad para que la escuela pública sea
promotora de una educación para la libertad, la equidad y la prosperidad, de
una educación para el desarrollo, de una educación que enseñe a amar y defender
a la patria.
La Carrera Magisterial tiene
que ver con la democracia, con la justicia social y con el desarrollo: expresa
el compromiso del SNTE con una política social que abra espacios a los
mexicanos para crecer como seres humanos, que favorezca la permeabilidad y el
progreso.
Una educación que ofreciera
apenas un rudimento de instrucción para las mayorías y que lanzara a sus
egresados al mercado de trabajo, a la vida, desprovistos de herramientas, sería
una educación desvirtuada del contenido democrático del Artículo Tercero y del
sentido de justicia social de la educación pública.
No es casualidad que la
definición espléndida del texto constitucional que considera a la democracia
como sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y
cultural del pueblo, aparezca precisamente en el capítulo educativo, porque
educación y democracia constituyen un binomio inseparable.
Pero el conocimiento puede
ser, también, un instrumento de poder. Una educación que fomente la baja
estima, que refuerce en los alumnos su condición de pobres y de sometidos, no
forma para la libertad ni para el despliegue de las capacidades humanas ni para
la convivencia armoniosa. De ahí que mejorar la educación sea, además de un
imperativo del desarrollo, un imperativo de justicia.
Hoy que la globalización de
la economía, la revolución científica y tecnológica y la integración de bloques
llevan a una competencia planetario, la Reforma Educativa exige respuestas para
logra productividad y eficiencia para garantizar desarrollo y soberanía.
En el SNTE estamos por una
transformación que prepare a México para la nueva configuración mundial, por
una transformación equitativa que no asuma que en la distribución de costos y
beneficios a unos -los dueños del capital- les correspondan los beneficios, y a
otros -los trabajadores- nos toquen los costos.
Nadie pondría en duda que la
modernización del modelo educativo es una condición indispensable para que la
modernización nacional alcance éxito. En este contexto se ubica el Acuerdo
Nacional para la Modernización de la Educación Básica y las reformas a los
Artículos Tercero y 31 de la Constitución. Con la misma importancia ubicamos la
determinación de recuperar, de manera consistente, las percepciones de los
maestros y de promover, decididamente, su superación profesional.
Señor
Presidente de la República:
Con percepciones exiguas que
venían de muy atrás, de los estragos que causó el estancamiento económico, los
maestros hemos dado durante su administración, pasos significativos en la recuperación
de nuestros ingresos. Aunque no ignoramos lo que falta por hacer, reconocemos
la determinación, la sensibilidad y el compromiso social de su gobierno.
Durante muchas décadas, el
sembrado de aulas y escuelas por toda la geografía, y los avances notables en
la reducción del analfabetismo y en la cobertura educativa, expresaron la
magnitud del esfuerzo de los gobiernos emanados de la Revolución y el
compromiso social del maestro mexicano. Sin embargo, en décadas pasadas los
avances se frenaron y la calidad de la enseñanza decayó.
Ese es el contexto en el que
se inscribe la Carrera Magisterial, en un esfuerzo integral e integrador que
vincula la calidad de la enseñanza con lo que el país requiere; es un proyecto
que asume la corresponsabilidad del Estado y el magisterio con el mejoramiento
educativo.
Estamos, de veras así lo
creo, ante una medida que tiene un potencial disparador enorme. Si la Carrera
Magisterial conserva la mística que le da origen, si no pervierte su razón de
ser, si no se afecta por simulaciones, constituirá el pivote de una
transformación formidable.
La decisión de hacer
realidad la Carrera Magisterial es plenamente congruente con una educación al
servicio del pueblo.
Señor
Presidente:
Permítame comentarle algo.
Hace pocos meses el SNTE realizó una encuesta entre los maestros que incluía
una pregunta singular:
¿Qué estudiaría usted si
tuviera la oportunidad de volver atrás y decidir su profesión?
¿Sabe que respondieron?
La gran mayoría contestó que
volverían a ser maestros. A pesar de las enormes dificultades, de la escasa
remuneración, a pesar de todo eso, volverían a ser maestros.
Para esos profesores que
asumen el magisterio, más que como una profesión como una forma de vida, como
una verdadera pasión, la Carrera Magisterial es un triunfo. Pero ese triunfo lo
es también del Gobierno de la República que recogió e hizo realidad nuestra
propuesta y, sobre todo, es un triunfo de las mejores razones de México.
Gracias.
Residencia Oficial de Los
Pinos, México, Distrito Federal,
14 de enero de 1993. |