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Índice de La Tarea núm. 15
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Separata |
la tarea
15
(1 de 2 documentos) |
Cítese este documento como:
UNESCO: "Plan de Acción Integrado sobre la
Educación para la Paz, los Derechos Humanos y la
Democracia", publicado como Separata en:
La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47
del SNTE/Jalisco (núm. 15, Guadalajara, Jalisco, México, junio de 2001. 16 pp.).
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Plan
de Acción Integrado sobre la Educación para la Paz, los Derechos
Humanos y la Democracia
(Aprobado por
la Conferencia General de la UNESCO en su 28a reunión de París,
Francia, en noviembre de 1995).
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Declaración
de la 44a reunión de la Conferencia Internacional de Educación
de Ginebra, Suiza, en octubre de 1994, y ratificada por la Conferencia
General de la UNESCO en su 28a reunión de París, Francia,
en noviembre de 1995
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Unidad
de Cultura de paz (CCP)
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Nosotros,
los ministros de Educación presentes en la 44a reunión de
la Conferencia Internacional de Educación:
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Profundamente preocupados por las manifestaciones de violencia, racismo,
xenofobia y nacionalismo agresivo, y las violaciones de los derechos humanos,
por la intolerancia religiosa, por el recrudecimiento del terrorismo en
todas sus formas y manifestaciones y por la profundización de la
brecha existente entre los países ricos y los países pobres,
factores que ponen en peligro la consolidación de la paz y la democracia,
tanto en el plano nacional como en el internacional, y constituyen otros
tantos obstáculos para el desarrollo.
-
Conscientes de nuestra responsabilidad en la formación
de ciudadanos que hagan suyo el fomento de la paz, los derechos humanos
y la democracia de conformidad con la letra y el espíritu de la
Carta de las Naciones Unidas, la Constitución de la UNESCO, la
Declaración Universal de Derechos Humanos y otros documentos pertinentes,
como la Convención sobre los Derechos del Niño y las convenciones
sobre los derechos de la mujer, y de conformidad con la Recomendación
sobre la educación para la comprensión, la cooperación
y la paz internacionales y la educación relativa a los derechos
humanos y las libertades fundamentales.
-
Convencidos de que las políticas educativas deben contribuir
a fomentar el entendimiento, la solidaridad y la tolerancia entre los
individuos y entre los grupos étnicos, sociales, culturales y religiosos
y entre las naciones soberanas.
-
Convencidos de que la educación debe fomentar conocimientos,
valores, actitudes y aptitudes favorables al respeto de los derechos humanos
y al compromiso activo con respecto a la defensa de tales derechos y a
la construcción de una cultura de paz y democracia.
Convencidos
igualmente de:
-
La gran responsabilidad que incumbe no sólo a los padres,
sino a la sociedad en su conjunto, de colaborar con todos los actores
del sistema educativo y con las organizaciones no gubernamentales a fin
de realizar plenamente los objetivos de una educación para la paz,
los derechos humanos y la democracia, y contribuir así al desarrollo
sostenible y a una cultura de paz.
-
La necesidad de buscar sinergias entre el sistema educativo formal
y los distintos sectores de la educación no formal, que contribuyen
a hacer realidad la educación de acuerdo con los objetivos de la
Declaración Mundial sobre Educación para Todos aprobada
en Jomtien.
-
La función decisiva que corresponde asimismo a las
organizaciones educativas no formales en el proceso de formación
de la personalidad de los jóvenes.
-
Nos esforzaremos resueltamente por:
2.1. Dar
como fundamento a la educación principios y métodos que
coadyuven al desarrollo de la personalidad de alumnos, estudiantes y,
adultos respetuosos de sus semejantes y determinados a fomentar los derechos
humanos, la democracia y la paz.
2.2. Tomar las disposiciones adecuadas para crear en los centros de enseñanza
un clima que contribuya al éxito de la educación para el
entendimiento internacional, a fin de que se conviertan en los lugares,
por excelencia, donde se ejerce la tolerancia, se respetan los derechos
humanos, se practica la democracia aprenden la diversidad y la riqueza
de las identidades culturales.
2.3. Tomar medidas para eliminar todas las discriminaciones, directas
e indirectas, contra las niñas, muchachas y mujeres en los sistemas
educativos y adoptar disposiciones concretas para conseguir que todo su
potencial se haga realidad.
2.4. Prestar particular atención a la mejora de los programas
de enseñanza, del contenido de los manuales escolares y de otros
materiales didácticos, incluidas las nuevas tecnologías,
con miras a educar ciudadanos solidarios y responsables, abiertos hacia
otras culturas, capaces de apreciar el valor de la libertad, respetuosos
de la dignidad humana y de las diferencias y aptos para prevenir los conflictos
y resolverlos con métodos no violentos.
2.5. Tomar medidas destinadas a revalorizar el cometido y la situación
de los educadores, en la enseñanza formal y no formal, y dar un
carácter prioritario a la formación previa y en el empleo
así como a la readaptación profesional del personal de educación,
comprendidos los planificadores y los administradores, formación
centrada en particular en la ética profesional, la educación
cívica y moral, la diversidad cultural, los códigos nacionales
y las normas reconocidas internacionalmente en materia de derechos humanos
y libertades fundamentales.
2.6. Fomentar la elaboración de estrategias innovadoras adaptadas
a las nuevas exigencias de la educación de ciudadanos responsables,
comprometidos con la paz, los derechos humanos, la democracia y el desarrollo
sostenible, y tomar las medidas del caso para evaluar esas estrategias.
2.7. Preparar lo más pronto posible, tomando en cuenta las estructuras
constitucionales de cada Estado, programas de acción para aplicar
la presente Declaración.
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Estamos decididos a redoblar esfuerzos a fin de:
3.1. Dar elevada prioridad en la educación a la niñez y a la
juventud, que están particularmente expuestas a las instigaciones
a la intolerancia, el racismo y la xenofobia.
3.2. Recabar la cooperación de todos los posibles interlocutores
que estén en condiciones de ayudar al personal docente a vincular
más estrechamente el proceso educativo a la vida social real y,
transformarlo en práctica de la tolerancia y la solidaridad, el
respeto de los derechos humanos, la democracia y la paz.
3.3. Promover aún más, a escala nacional e internacional,
los intercambios de experiencias pedagógicas y de investigaciones,
las relaciones directas entre estudiantes docentes e investigadores, los
hermanamientos y visitas a los centros de enseñanza, dedicando
especial atención a las escuelas experimentales como: Escuelas
Asociadas de la UNESCO, a las Cátedras UNESCO, a sus redes de innovación
de la educación y a los Clubes y Asociaciones UNESCO.
3.4. Aplicar la Declaración y el Programa de Acción de
la Conferencia Mundial de Derechos Humanos (Viena, junio de 1993) y el
Plan de Acción Mundial sobre Educación para los Derechos
Humanos y la Democracia aprobado por el Congreso Internacional sobre Educación
para los Derechos Humanos y la Democracia (Montreal, marzo de 1993), y
poner los instrumentos internacionalmente reconocidos en el ámbito
de los derechos humanos al alcance de todas las instituciones educativas.
3.5. Contribuir mediante actividades precisas a la celebración
del Año de las Naciones Unidas para la Tolerancia (1995), y en
particular al inicio, con motivo del quincuagésimo aniversario
de las Naciones Unidas y de la UNESCO, de la celebración del Día
Internacional de la Tolerancia.
En
consecuencia,
nosotros, los Ministros de Educación presentes en la 44a reunión
de la Conferencia Internacional de Educación, aprobamos la presente
Declaración e invitamos al Director General a que someta a la Conferencia
General un Plan de Acción que permita a los Estados Miembros
y a la UNESCO integrar dentro de una política coherente la educación
para la paz, los derechos humanos y la democracia en la perspectiva de
un desarrollo sostenible.
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Plan
de Acción Integrado sobre la Educación para la Paz, los Derechos
Humanos y la Democracia
(Aprobado por
la Conferencia General de la UNESCO en su 28a reunión de París,
Francia, en noviembre de 1995).
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Este
Plan de Acción Integrado se preparó de conformidad con la
Resolución 5.7, aprobada por la Conferencia General "a finalizar
el Plan de Acción Integrado sobre la educación para la paz,
los derechos humanos y la democracia, teniendo en cuenta todos los planes
de acción existentes en el ámbito de la educación
internacional
y a someter el Plan de Acción Integrado al
examen de la Conferencia Internacional de Educación de 1994 y a
la aprobación de la Conferencia General en su 28a reunión,
teniendo debidamente en cuenta los posibles comentarios y recomendaciones
que se formulen en la Conferencia Internacional de Educación (CIE)
de 1994."
El Plan ofrece un punto de vista contemporáneo
de los problemas relacionados con la educación para la paz, los
derechos humanos, y la democracia. Fija los objetivos de esta educación,
las estrategias y políticas para la acción y diversas orientaciones
en el plano institucional, nacional e internacional.
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El presente
Plan de Acción Integrado sobre la Educación para la Paz, los Derechos
Humanos y la Democracia tiene por objeto aplicar la Declaración aprobada
por la Conferencia internacional de Educación en su 44a reunión.
Sugiere directrices básicas que podrían plasmarse en estrategias,
políticas y planes de acción, en los planos institucional y nacional,
con arreglo a las condiciones existentes en las diferentes comunidades.
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En un periodo de transición y de transformación acelerada caracterizado
por la expresión de la intolerancia, las manifestaciones de odio racial
y étnico, el recrudecimiento del terrorismo en todas sus formas y manifestaciones,
la discriminación, la guerra y la violencia hacia el "otro"
y las disparidades cada vez mayores entre ricos y pobres, tanto en el plano
internacional como en el nacional, las estrategias de acción deben apuntar
a garantizar las libertades fundamentales, la paz, los derechos humanos y la
democracia, y a fomentar al mismo tiempo el desarrollo económico y social
sostenible y equitativo ya que se trata de componentes esenciales de la construcción
de una cultura de paz. Esto exige la transformación de los estilos tradicionales
de la acción educativa.
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La comunidad internacional
ha manifestado recientemente su firme propósito de dotarse de instrumentos
adaptados a los desafíos actuales del mundo para obrar de modo concertado
y eficaz. A este respecto, la Declaración y el Programa de Acción
de Viena sobre Derechos Humanos aprobados por la Conferencia Mundial de Derechos
Humanos (Viena, junio de 1993), el Plan de Acción Mundial sobre la Educación
para los Derechos Humanos y la Democracia, aprobado por el Congreso Internacional
sobre Educación para los Derechos Humanos y la Democracia (Montreal,
marzo de 1993), y la Estrategia y el Plan de Acción del Plan de Escuelas
Asociadas para 1994-2000, son intentos de dar respuesta al desafío de
fomentar la paz, los derechos humanos, la democracia y el desarrollo.
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Inspirándose
en la Recomendación sobre la educación para la comprensión,
la cooperación y la paz internacionales y la educación relativa
a los derechos humanos y las libertades fundamentales, el presente Plan de Acción
apunta a sugerir a los Estados Miembros y a las organizaciones internacionales
gubernamentales y no gubernamentales un enfoque actualizado e integrado de los
problemas y las estrategias referentes a la educación para la paz, los
derechos humanos y la democracia. Se preparó a petición de la
Conferencia General, en su 27a reunión, teniendo en cuenta los planes
de acción existentes, y su objetivo es mejorar la pertinencia y la eficacia
de la aplicación de dichos planes. Hay que saber aprovechar, por consiguiente,
la experiencia adquirida, a fin de definir orientaciones nuevas para la educación
de los ciudadanos en cada país. En el presente Plan de Acción
se determinan pues principios y finalidades de acción y se formulan propuestas
para que sean examinadas por los dirigentes dentro de cada Estado y para que
los países cooperen entre sí, inspirándose en los compromisos
que figuran en la Declaración, a la que está íntimamente
vinculado. En él se intenta asimismo integrar en un conjunto coherente
los distintos planteamientos encaminados a definir los temas de estudio, dar
una nueva orientación a la acción educativa en todos los niveles,
replantear los métodos y revisar los materiales pedagógicos utilizados,
estimular las investigaciones, promover la formación de los docentes
y fomentar la apertura del sistema educativo a la sociedad mediante una asociación
activa.
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Todos los derechos
humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están interrelacionados.
Las estrategias de acción destinadas a materializarlos deben tomar en
cuenta las consideraciones históricas, religiosas y culturales.
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Finalidades de una educación para la paz, los derechos humanos y la democracia
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La finalidad
principal de una educación para la paz, los derechos humanos y la democracia
ha de ser el fomento, en todos los individuos, del sentido de los valores universales
y los tipos de comportamiento en que se basa una cultura de paz. Incluso en
contextos socioculturales diferentes es posible identificar valores que puedan
ser reconocidos universalmente.
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La educación ha de fomentar la capacidad de apreciar el valor de la
libertad y las aptitudes que permitan responder a sus retos. Ello supone que
se prepare a los ciudadanos para que sepan manejar situaciones difíciles
e inciertas, prepararlos para la autonomía y la responsabilidad individuales.
Esta última ha de estar ligada al reconocimiento del valor del compromiso
cívico, de la asociación con los demás para resolver los
problemas y trabajar por una comunidad justa, pacífica y democrática.
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La educación debe desarrollar la capacidad de reconocer y aceptar
los valores que existen en la diversidad de los individuos, los géneros,
los pueblos y las culturas, y desarrollar la capacidad de comunicar, compartir
y cooperar con los demás. Los ciudadanos de una sociedad pluralista y
de un mundo multicultural deben ser capaces de admitir que su interpretación
de las situaciones y de los problemas se desprende de su propia vida, de la
historia de su sociedad y de sus tradiciones culturales y que, por consiguiente,
no hay un solo individuo o grupo que tenga la única respuesta a los problemas,
y puede haber más de una solución para cada problema. Por tanto,
las personas deberían comprenderse y respetarse mutuamente y negociar
en pie de igualdad con miras a buscar un terreno común. Así, la
educación deberá fortalecer la identidad personal y favorecer
la convergencia de ideas y soluciones que refuercen la paz, la amistad y la
fraternidad entre los individuos y los pueblos.
-
La educación debe desarrollar la capacidad de resolver los conflictos
con métodos no violentos. Por consiguiente, debe promover también
el desarrollo de la paz interior en la mente de los estudiantes para que puedan
asentar con mayor firmeza las dotes de tolerancia, solidaridad, voluntad de
compartir y atención hacia los demás.
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La educación ha de cultivar en el ciudadano la capacidad de hacer
elecciones con conocimiento, basando sus juicios y sus actos no sólo
en el análisis de las situaciones actuales, sino también en la
visión de un futuro al que aspira.
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La educación debe enseñar a los ciudadanos a respetar el patrimonio
cultural, a proteger el medio ambiente y a adoptar métodos de producción
y pautas de consumo que conduzcan al desarrollo sostenible. También es
indispensable la armonía entre los valores individuales y los colectivos
y entre las necesidades básicas inmediatas y los intereses a largo plazo.
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La educación ha de nutrir sentimientos de solidaridad y equidad en
los planos nacional e internacional en la perspectiva de un desarrollo equilibrado
y a largo plazo.
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Estrategias
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Es evidente
que, si se quieren alcanzar estos fines, habrán de modificarse, según
sea necesario, las estrategias y modalidades de acción de los sistemas
educativos, tanto en el plano pedagógico como en el de la gestión.
Además, el impartir una educación básica a todos y el promover
los derechos de la mujer como parte integral e indivisible de los derechos humanos
universales son fundamentales en la educación para la paz, los derechos
humanos y la democracia.
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Las estrategias relativas a la educación para la paz, los derechos
humanos y la democracia deben:
-
Ser
globales y sistémicas, o sea, tener en cuenta una gran diversidad de
factores, algunos de los cuales se exponen más pormenorizadamente a
continuación:
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Poder aplicarse a todos los tipos, niveles y formas de educación.
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Dar cabida a todos los partícipes en la educación y a los
diversos agentes de socialización, incluidas las organizaciones no
gubernamentales y las organizaciones comunitarias.
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Aplicarse en los planos local, nacional, regional y mundial.
-
Comprender modos de gestión y administración, coordinación
y evaluación que concedan mayor autonomía a los establecimientos
de enseñanza, para que puedan elaborar formas específicas de
acción y de articulación con la comunidad local, fomentar las
innovaciones y favorecer una participación activa y democrática
de todos los actores en la vida del establecimiento.
-
Estar adaptadas a la edad y la psicología de los educandos y tomar
en cuenta la evolución de la capacidad de aprendizaje de cada persona.
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Aplicarse de manera continua y coherente. Hay que evaluar los resultados
y los obstáculos, para velar por que las estrategias se adapten constantemente
a condiciones que se transforman.
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Proveerse de los medios idóneos para alcanzar los fines antes mencionados,
por lo que se refiere a la educación en su conjunto y más especialmente
a la que se destina a los grupos marginados y desatendidos.
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El
alcance de los cambios necesarios, las prioridades para la acción y la
secuencia de las medidas deben definirse a todos los niveles de adopción
de decisiones, habida cuenta de los diferentes antecedentes históricos,
tradiciones culturales y niveles de desarrollo de las regiones y los países,
e incluso de los que se dan dentro de los países.
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Políticas y líneas de acción
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La introducción
en los programas de estudios de todos los niveles de enseñanza, formal
y no formal, de acciones educativas relativas a la paz, los derechos humanos
y la democracia reviste una importancia fundamental.
Contenido
de la educación
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Para favorecer
la adquisición de valores y aptitudes como la solidaridad, la creatividad,
la responsabilidad cívica, la capacidad de resolver conflictos por métodos
no violentos y el sentido crítico, hay que introducir en todos los niveles
de los programas de estudio una auténtica educación cívica
que comprenda una dimensión internacional. Especialmente se deberían
inculcar conocimientos sobre las condiciones de la construcción de la
paz; las diferentes formas de conflictos, sus causas y efectos; los fundamentos
éticos, religiosos y filosóficos de los derechos humanos, las
fuentes históricas y la evolución de dichos derechos y su expresión
en las normas nacionales e internacionales, tales como la Declaración
Universal de Derechos Humanos, la Convención sobre la Eliminación
de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y la Convención
sobre los Derechos del Niño; los fundamentos de la democracia y sus distintos
modelos institucionales; el problema del racismo y la historia de la lucha contra
el sexismo y todas las demás formas de discriminación y exclusión.
La cultura, el problema del desarrollo y la historia de todos los pueblos, y
también la función que cumplen las Naciones Unidas y los organismos
internacionales deberán ser objeto de una atención especial. Debe
impartirse educación para la paz, los derechos humanos y la democracia.
No puede, empero, limitarse a asignaturas y conocimientos especializados. Es
menester que la educación entera transmita ese mensaje y que no haya
discordancia entre el ambiente institucional y la aplicación de normas
democráticas. En la reforma de los programas de estudio se debería
hacer hincapié asimismo en el conocimiento, el entendimiento y el respeto
de la cultura de los demás, dentro de cada país y en los distintos
países, y vincular la interdependencia mundial de los problemas a la
acción local. Habida cuenta de las diferencias religiosas y culturales,
corresponde a cada país determinar qué enfoque de la enseñanza
de carácter ético se adapta mejor a su contexto cultural.
Materiales
y recursos pedagógicos
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Todos los
agentes de la labor educativa han de poder disponer de materiales y recursos
pedagógicos adecuados. A este respecto, es menester efectuar las revisiones
necesarias de los manuales a fin de eliminar los tópicos negativos y
las imágenes deformadas del "otro". Podría alentarse
la cooperación internacional para la producción de manuales. Siempre
que se preparen nuevos materiales pedagógicos, libros de texto u otros,
deben tomarse debidamente en cuenta las situaciones nuevas. Los manuales deben
presentar diferentes perspectivas sobre un tema determinado y reflejar claramente
el contexto nacional o cultural al que se refieren. Su contenido se debe fundar
en conclusiones científicas. Convendría que los documentos de
la UNESCO y otros organismos del sistema de las Naciones Unidas fueran difundidos
y utilizados ampliamente en los establecimientos escolares, sobre todo en los
países donde la producción de materiales didácticos resulta
lenta a causa de dificultades económicas. Las tecnologías de enseñanza
a distancia y el conjunto de los medios modernos de comunicación deben
ponerse al servicio de la educación para la paz, los derechos humanos
y la democracia.
Programas
de lectura, de expresión y de promoción de las lenguas extranjeras
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Para fomentar
la educación para la paz, los derechos humanos y la democracia es indispensable
fortalecer considerablemente los programas de lectura, escritura y de expresión
oral y escrita. El dominio de la lectura, la escritura y la palabra, capacita
al ciudadano para acceder a la información y le permite comprender claramente
la situación en que se encuentra, expresar sus necesidades y participar
en actividades en el medio social. Del mismo modo, el aprendizaje de lenguas
extranjeras permite llegar a una comprensión más cabal de otras
culturas, base de un mejor entendimiento entre las comunidades y entre las naciones.
En este contexto, el Proyecto Linguapax de la UNESCO podría constituir
un ejemplo.
Establecimientos
docentes
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Las propuestas
de cambio educativo tienen naturalmente su lugar en el establecimiento de enseñanza
y en el aula. Los métodos didácticos y pedagógicos, las
modalidades de acción y las orientaciones institucionales deben lograr
que la paz, los derechos humanos y la democracia se conviertan a la vez en una
práctica cotidiana y en algo que se aprende. Por lo que respecta a los
métodos, conviene fomentar la utilización de los métodos
activos, las tareas en grupo, la discusión sobre cuestiones morales y
la enseñanza personalizada. En cuanto a las orientaciones institucionales,
ha de fomentarse, gracias a modalidades eficaces de organización y participación,
la aplicación de una gestión escolar democrática, en la
que tomen parte docentes, alumnos, padres y la comunidad local en su conjunto.
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Habría que promover las relaciones directas y los intercambios periódicos
entre alumnos, estudiantes, profesores y otros educadores de distintos países
o medios culturales, y organizar visitas de centros en los que se hayan realizado
experiencias o innovaciones positivas, en particular entre países vecinos.
Se debería ejecutar proyectos conjuntos entre establecimientos de enseñanza
o instituciones de distintos países para resolver problemas comunes.
Además convendría crear redes internacionales de alumnos, estudiantes
e investigadores que persigan los mismos objetivos. Esas redes deberían
lograr, con carácter prioritario, la participación de establecimientos
de enseñanza que se encuentren en situaciones particularmente arduas,
resultantes de la extrema pobreza o de la inseguridad. En esta perspectiva es
indispensable consolidar y ampliar el Plan de Escuelas Asociadas de la UNESCO.
Todas estas actividades deberían incorporarse, dentro de los límites
de los recursos disponibles, como parte integrante de los programas de enseñanza.
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La reducción del fracaso escolar ha de constituir un objetivo prioritario.
De ahí que la educación deba adecuarse al potencial individual
de los alumnos. El fomento de la propia estima y el fortalecimiento de la voluntad
de obtener resultados satisfactorios en el aprendizaje son también requisitos
básicos para un nivel más alto de integración social. La
mayor autonomía de los centros de enseñanza debe ir acompañada
de una mayor responsabilidad de los docentes y de la comunidad en cuanto a los
resultados de la educación. Sin embargo, el diferente nivel de desarrollo
de los sistemas de educación debería determinar el grado de autonomía,
con objeto de evitar un posible debilitamiento de los contenidos educativos.
Formación
de los docentes
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La formación
del personal en todos los niveles del sistema educativo: docentes, planificadores,
administradores, formadores de docentes, deben comprender la educación
para la paz, los derechos humanos y la democracia. Esta formación inicial
y permanente y la readaptación profesional requieren la creación
y aplicación in situ de metodologías, así como la
observación de experiencias y la evaluación de sus resultados.
Para realizar con éxito sus tareas, los centros de enseñanza,
las escuelas normales y los encargados de programas de educación no formal
deben procurar obtener la ayuda de personas con experiencia en los campos de
la paz, los derechos humanos y la democracia (políticos, juristas, sociólogos
y psicólogos) y de las ONGs especializadas en derechos humanos.
Además, la pedagogía y la propia práctica de los intercambios
deberían formar parte de los programas de formación de todos los
docentes.
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Las
actividades de educación del personal docente deben enmarcarse en una
política global de revalorización de la profesión. Expertos
internacionales, organizaciones profesionales y sindicatos de docentes deberían
participar en la preparación y aplicación de las estrategias de
acción, ya que les corresponde un papel importante en la promoción,
entre los mismos docentes, de una cultura de paz.
Actividades
destinadas a las poblaciones vulnerables
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Es necesario
aplicar con urgencia estrategias especificas para la educación de las
poblaciones vulnerables y de las que acaban de vivir conflictos o se encuentran
en situaciones de conflicto declarado, prestando especial atención a
los niños en situación de riesgo y a las muchachas y mujeres que
son víctimas de abusos sexuales y de otras formas de violencia. Las medidas
prácticas posibles podrían comprender, por ejemplo, la organización
fuera de la zona de hostilidades de foros y talleres especializados para docentes,
miembros de la familia y profesionales de los medios de comunicación
de los grupos enfrentados, y una actividad de formación intensiva para
los docentes en situaciones posteriores a conflictos. Estas medidas deben tomarse
en cooperación con los gobiernos siempre que sea posible.
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Es urgente organizar programas de educación para niños abandonados,
niños de la calle, niños refugiados y desplazados y niños
explotados económica y sexualmente.
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Igualmente urgente es organizar programas especiales para la juventud en
los que se haga hincapié en la participación de niños y
jóvenes en las actividades de solidaridad y de protección del
medio ambiente.
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Además, ha de procurarse atender a las necesidades especiales de
las personas con problemas de aprendizaje, impartiéndoles la enseñanza
pertinente en un contexto educativo no excluyente e integrado.
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Por otra parte, a fin de forjar el entendimiento entre los diferentes grupos
de la sociedad, han de respetarse los derechos a la educación de las
personas que pertenezcan a minorías nacionales, étnicas, religiosas
y lingüísticas, así como de las poblaciones indígenas,
lo que también debe reflejarse en los planes de estudio, los métodos
y en la forma en que se organiza la educación.
Investigación
y desarrollo
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Los problemas
nuevos exigen nuevas soluciones. La elaboración de estrategias que favorezcan
una mejor utilización de los resultados de la investigación, la
creación de nuevos métodos y planteamientos didácticos
y una mejor coordinación entre organismos de investigaciones en ciencias
sociales y en educación para la selección de las problemáticas,
son indispensables para enfrentarse de modo más pertinente y eficaz con
la complejidad de la educación para la paz, los derechos humanos y la
democracia. La eficacia de la gestión de la educación debería
acrecentarse mediante investigaciones relacionadas con la adopción de
decisiones de todos los actores del proceso educativo (gobierno, docentes, padres
de alumnos, etc.). Las investigaciones deberían referirse además,
a la búsqueda de nuevas formas de modificar las actitudes públicas
con respecto a los derechos humanos, y en particular a la mujer y a los problemas
ambientales. Las repercusiones de los programas educativos podrían evaluarse
mejor mediante la creación de un sistema de indicadores de resultados,
el establecimiento de bancos de datos sobre experiencias innovadoras y el fortalecimiento
de los sistemas de difusión y uso compartido de la información,
y las conclusiones de la investigación en los planos nacional e internacional.
Enseñanza
superior
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Las instituciones
de enseñanza superior pueden contribuir de múltiples maneras a
la educación para la paz, los derechos humanos y la democracia. En este
sentido, debería considerarse la posibilidad de introducir, en los programas
de estudios, conocimientos, valores y aptitudes referentes a la paz, los derechos
humanos, la justicia, la práctica de la democracia, la ética profesional,
el civismo y la responsabilidad social. Las instituciones de enseñanza
de este nivel también deberían velar por que los estudiantes tomen
conciencia de la interdependencia de los Estados en una sociedad cada vez más
mundializada.
Coordinación
entre el sector educativo y los demás agentes de socialización
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La educación
del ciudadano no puede ser responsabilidad exclusiva del sector educativo. Para
que éste cumpla eficazmente sus funciones en este ámbito, ha de
cooperar estrechamente, en particular, con la familia, los medios de comunicación,
incluidos los canales tradicionales de transmisión, el mundo del trabajo
y las organizaciones no gubernamentales.
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En cuanto a la coordinación entre la institución de enseñanza
y la familia, deben tomarse medidas para fomentar la participación de
los padres en las actividades escolares. Además, son esenciales los programas
de educación destinados a los adultos y a la comunidad en general para
reforzar la labor de la escuela.
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Cada vez se reconoce más la influencia de los medios de comunicación
en la socialización de los niños y jóvenes. Por consiguiente,
es indispensable formar a los profesores y preparar a los estudiantes para un
análisis y una utilización críticos de esos medios y mejorar
su capacidad de aprovecharlos escogiendo los programas con criterio selectivo.
Por otra parte, debería instarse a los medios de comunicación
a que promuevan los valores de paz, respeto de los derechos humanos y democracia
y tolerancia, en particular, evitando los programas y otras producciones que
inciten al odio, la violencia, la crueldad y el menosprecio de la dignidad humana.
Educación
no formal de jóvenes y adultos
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Los jóvenes
que pasan mucho tiempo fuera de la escuela y que, en muchos casos, no tienen
acceso al sistema formal de educación ni a una formación profesional
o un empleo, así como los jóvenes que hacen el servicio militar,
constituyen una población destinataria sumamente importante de los programas
de educación para la paz, los derechos humanos y la democracia. Así
pues, es esencial que, al tiempo que se procura mejorar su acceso a la educación
formal y a la formación profesional, puedan recibir una educación
no formal adaptada a sus necesidades que les prepare para asumir su papel de
ciudadanos de modo responsable y eficaz. Además ha de impartirse educación
sobre la paz, los derechos humanos y el respeto de la ley a los jóvenes
que se encuentran en la cárcel, en correccionales o en centros de desintoxicación.
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Los programas de educación de adultos en los que las ONGs tienen
un papel importante que desempeñar, deberían fomentar la conciencia
general del nexo que existe entre las condiciones de vida locales y los problemas
mundiales. En los programas de educación básica se debería
asignar particular importancia a los contenidos referentes a la paz, los derechos
humanos y la democracia. En las actividades de educación popular debería
recurrirse a todos los medios culturalmente apropiados, tales como el folclore,
el teatro popular, los grupos comunitarios de discusión y la radio.
Cooperación
regional e internacional
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La promoción
de la paz y la democracia va a exigir la cooperación regional, la solidaridad
internacional y el fortalecimiento de la cooperación entre los organismos
internacionales y gubernamentales, las organizaciones no gubernamentales, la
comunidad científica, el mundo de los negocios, la empresa y los medios
de comunicación de masas. Esa solidaridad y cooperación deberán
ayudar a los países en desarrollo a atender a sus necesidades en materia
de fomento de educación para la paz, los derechos humanos y la democracia.
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La UNESCO debería poner todo su potencial institucional, y en particular,
sus redes internacionales y regionales de innovación, al servicio de
las actividades encaminadas a aplicar este Plan de Acción. El Plan de
Escuelas Asociadas, los Clubes y Asociaciones UNESCO, las Cátedras UNESCO,
los proyectos principales de educación en Africa, Asia y el Pacífico,
América Latina y el Caribe, los Estados Arabes y Europa, los órganos
de seguimiento de la Conferencia Mundial de Jomtien, y en particular las conferencias
regionales e internacionales de Ministros de Educación, deberían
utilizarse para ello de modo específico. En tales actividades, especialmente
en el plano nacional, la activa participación de las Comisiones Nacionales
para la UNESCO debería constituir una contribución de interés
estratégico para aumentar la eficacia de las medidas propuestas.
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La UNESCO debe introducir puntos referentes a la aplicación del presente
Plan de Acción en las reuniones que se celebren al más alto nivel
en los planos internacional y regional, elaborar programas de capacitación
del personal de educación, fortalecer o desarrollar redes de instituciones,
y realizar investigaciones comparadas sobre los programas, métodos y
materiales pedagógicos. De conformidad con los compromisos que figuran
en la Declaración sobre la Educación para la Paz, los Derechos
Humanos y la Democracia, debería efectuarse una evaluación periódica
de los programas.
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En este contexto, en consonancia con actividades de las Naciones Unidas
como el Programa de Paz, el Programa de Desarrollo, el Programa 21, la Cumbre
sobre Desarrollo Social y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, la UNESCO
debería presentar iniciativas para realizar está operación,
en cooperación con otros organismos del sistema de las Naciones Unidas
y, otras organizaciones internacionales y regionales, a fin de establecer un
plan global de actividades y definir prioridades para una acción conjunta
y coordinada. Esta acción podría comprender un fondo administrado
por la UNESCO para la cooperación internacional en la educación
para la paz, los derechos humanos y la democracia.
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Debería alentarse a las organizaciones no gubernamentales nacionales
e internacionales a participar activamente en la aplicación del presente
Plan de Acción.
Fuente:
Documentos UNESCO, Unidad de Cultura de Paz (CPP): www.unesco.org/cpp/sp/index.html
E-mail: cofpeace@unesco.org
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Índice de La Tarea núm. 15
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