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Guadalajara, México - Marzo de 1997 |
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El maestro en la pantalla grande Sonia Ibarra Ibarra* * Investigadora de El Colegio de Jalisco. En el celuloide la mirada hacia el maestro ha sido retrospectiva. A partir de 1935, aparece el docente en el cinematógrafo y es significativa la forma en que se le ha reflejado, desde luego, a nivel nacional, sin embargo, es válido hablar de esas imágenes en términos de Jalisco. Los títulos de las películas pueden sugerirnos la forma en que se ha abordado el tema. El género que ha inspirado el docente también nos expresa el lugar que se le ha otorgado, y los actores que han personificado a maestros expresan el cómo la sociedad los percibía. Con esos tres aspectos podemos definir a grandes rasgos, las imágenes de los maestros en la pantalla grande.
En México, distintos géneros han abrazado al docente: la farsa, la comedia, el melodrama y fundamentalmente el drama, lo que habla del tipo de definición que de él se hace. Hay cintas que abordan a los mentores como figuras principales que para nuestro estudio son las más significativas, y el resto considera en forma secundaria de la trama algún maestro o maestra. Hay cuatro cintas que destacan las imágenes predominantes:
En la primera, Río Escondido, es nada menos que María Félix quien desempeña el papel de maestra. Rosaura Salazar, hermosa, de gran carácter e iniciativa, encarna el papel de maestra vasconcelista, apóstol y mártir, donde en un drama profundo expresa las dotes del maestro ideal, factor de cambio social. Vence epidemias, cacique, y actitudes de miedo y de apatía ante el progreso, así como las limitantes personales de salud y físicas.(1) Exégesis de esta joya cinematográfica mexicana, es La maestra inolvidable, encarnada por María Rivas, donde el destino de la maestra es sufrir y soportar estoicamente. Víctima del destino, lo asume abnegadamente hasta la muerte y la recompensa por parte de la comunidad es simbólica y póstuma. En Simitrio, captamos la idea de maestro abnegado, agotado en y por su profesión, acabado y casi derrotado. Sin embargo, le compensan las satisfacciones del cariño de los alumnos donde el pueblo reconoce mediante honores y monumentos la labor social. En La Guerra Santa, Claudio Obregón asume el papel de docente, intermediario, gestor y representante del gobierno durante La Cristiada, así como de dador de conocimiento y de luz para el pueblo. Es dibujado como apóstol y víctima sacrificado en el cumplimiento fiel de la lucha contra la ignorancia y el fanatismo, donde con su muerte pone en evidencia lo absurdo de la lucha y de su propia muerte.
Hay un sinnúmero de cintas que se ocupan del maestro y sería imposible hablar de cada una de ellas aquí, por tanto, se anexa un cuadro que nos permitirá tener una idea de la forma en que se ha abordado al docente considerando los títulos y los actores portadores de la imagen. Dolores del Río personifica a una maestra en la cinta La Casa chica, donde el sugestivo título nos habla de una maestra universitaria con una vida íntima no muy aceptada por la sociedad de su época, y donde la intimidad afecta su vida profesional. En Pueblito, María Elena Marqués protagoniza a Rosalía, maestra rural que lucha por la construcción de una escuela rural y que se enamora del ingeniero encargado de realizar tal empresa. Ella lucha contra la oposición del cacique y triunfa finalmente.(2) Entre los actores, el preferido es Emilio Tuero, quien aparece en cuatro cintas como maestro joven, atractivo, modesto y de grandes cualidades y preparación: Internado para señoritas (1943); No matarás (1944); Club Verde El recuerdo de un vals (1944) y Yo fui usurpadora (1945).(3) El encarna al docente bien parecido del que se enamoran las adolescentes y que a su vez cae en las redes de alguna de sus alumnas. Además de atractivo físico, este tipo de maestro es noble y posee un gran corazón. Arturo de Córdova en El Pecador expresa otra cara del docente, donde un maestro universitario viudo y con circunstancias adversas cae en el vicio del alcohol y renuncia a dirigir la escuela. Se mete en líos y al final un ex alumno agente del ministerio público, lo libra de la cárcel.(4) Domingo Soler caracteriza también maestros, aunque un maestro más bien maduro y preparado, v. gr. en Corazón de niño, (1939).(5) En una versión posterior de este tema, en 1962, Ignacio López Tarso representa al profesor Almeyda quien se involucra en la vida de sus alumnos y trata de ayudarles a resolver sus problemas. José Elías Moreno personifica a Cipriano, el viejo maestro rural de Simitrio, el maestro bonachón que ha entregado su vida a la comunidad y del que sólo queda el recuerdo. En la comedia, encontramos algo singular: predomina un actor como expresión del docente, aunque en cintas donde el maestro mantiene un papel secundario. Encontramos en dicho papel a Carlos Martínez Baena en 6 cintas: Yo fui usurpadora (1945), Nocturno de amor (1947), El supersabio (1948), El portero (1949), Un vago sin oficio (1955) y El analfabeto (1960). Por su parte, Germán Valdez "Tin Tan", protagoniza a un maestro cuya trama embona perfectamente en la temática que aquí abordamos: Tres lecciones de amor (o las tres caras de Tin Tan), donde representa a un docente que sufre "amnesia de moral" y se comporta desordenadamente. Al final, por supuesto, recobra la sensatez y vuelve a ser el recto maestro. Mario Moreno "Cantinflas", en El Profe, representa al maestro Sócrates García, quien lucha contra el cacique y el cura para sacar adelante la escuela que está en ruinas. Sortea sinnúmero de dificultades al organizar a sus alumnos y conquistarse al cura, y consigue el enjuiciamiento del cacique por parte del gobernador. Contrariamente a otras cintas, ésta tiene un final feliz para el maestro quien se enamora de Hortensia y es recompensado con una escuela nueva.(6) Los actores y los géneros definen así a un maestro patético, objeto de dramas y a su vez, víctima de la comedia, donde o se es un individuo engrandecido, o se ridiculiza. La miseria acompaña a los maestros en todas las películas, es una constante, al igual que los atributos de capital cultural, que en las imágenes compensan la falta de dinero, pues se le reconoce como poseedor y dador de conocimiento. Así, como decíamos, las máscaras a veces ahogan, y con tanto patrón y tipo ideal, el maestro olvida su muy particular y personal existencia. Los modelos congelan y evitan el ser auténticos, pues influyen en su devenir y en su propia existencia a tal grado, que la investidura adquiere mayor significación que la misma realidad, ante un imaginario que no coincide con el momento vivido y de repente al mirarnos al espejo sólo hay un vacío.
Notas 1. Emilio García Riera. Historia documental del cine mexicano. Universidad de Guadalajara. Guadalajara, 1992. [Tomo 4]. pp. 143-144. 2. Ibíd.. Tomo 11. pp. 78-80. 3. Ibíd.. Tomo 3. 4. Ibíd.. Tomo 12. pp. 78-79. 5. Ibíd.. Tomo 2. p. 11. 6. Ibíd.. Tomo 15. pp. 147-148. |
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