Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 9

(nueve)

SECCIÓN

páginas

de la 37 a la 41 de 76

... el rollo

Guadalajara, México - Marzo de 1997

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El discurso de la política educativa: 1930-1958

Luz Elena Galván de Terrazas*

* Investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), México, D. F.; miembro del Comité Mexicano de Investigación Educativa (COMIE, A. C.).

Introducción

El deseo por educar a la población mexicana, lo encontramos desde los primeros pasos que dio el México Independiente. Desde esa época, se habla ya de la educación como el camino para progresar. Poco a poco, este deseo se fue convirtiendo en realidad. Diversas fueron las políticas educativas que se pusieron en marcha durante el siglo XIX y principios del XX.

Sin embargo, no fue sino hasta el México posrevolucionario que todos estos esfuerzos, iniciados en el siglo XIX, se consolidaron. En este artículo, presentaré una pequeña muestra de cómo esta política educativa fue cambiando a través del discurso oficial, sobre todo en las décadas que van de 1930 a 1950.

Para su realización me basé, principalmente, en periódicos publicados por la Secretaría de Educación Pública en dicho período. Este material lo obtuve de la Colección Latinoamericana Nettie Lee Benson, que en el texto aparecerá con las siglas: LABC (Latin American Benson Collection). Dicha Colección se encuentra en la biblioteca de la Universidad de Texas, en Austin. También utilicé material secundario que me ayudó a contextualizar la documentación obtenida en esta biblioteca. La búsqueda la pude llevar a cabo gracias al apoyo del personal que trabaja en la Biblioteca de la Universidad de Texas, a todos ellos mi agradecimiento, y en especial a su directora, la Sra. Laura Gutiérrez-Witt.

 

La educación en el período posrevolucionario

A nadie escapa la labor realizada por José Vasconcelos al frente de la nueva Secretaría de Educación Pública en 1921. Muchos de los planteamientos expuestos en esa época, perduraron durante toda la década de los años veinte; esto es muy importante para comprender lo que sucedió más tarde, en los años treinta.

Parte importante de la campaña de Vasconcelos se basaba en la educación para el campo, idea que continuó posteriormente. Es así cómo hacia 1926 se habla de que "a pesar de las limitaciones de presupuesto, se ha aprobado la creación de mil nuevas escuelas rurales, y se ha ampliado a diez el número de Misiones Culturales". Lo anterior se debía a que, decían, "existen numerosísimos poblados que por su alejamiento, no han conseguido hasta ahora los beneficios de una escuela rural..." Dichas escuelas se instalarían en lugares en donde no había ningún establecimiento educativo (LABC, SEP, El sistema de escuelas rurales... 1927).

En el discurso pronunciado por el Presidente Emilio Portes Gil en 1929, se decía que "Uno de los principales puntos del programa de Gobierno que piensa desarrollar el Sr. Presidente, es el fomento de la educación rural, que se desea llegue a alcanzar una extensión que nunca había tenido y que es indispensable para terminar la obra de la Revolución" (LABC, El Sembrador, Nº 1, SEP, 1929).

En otro discurso, Portes Gil se refería a que la "educación de las clases trabajadoras de México es el único camino seguro de su positiva redención". De aquí que su esfuerzo se concentrara en extender la enseñanza rural en toda la República (LABC, El Sembrador, Nº 2, SEP, 1929).

Sin embargo, este deseo se encontraba con el problema de la falta de recursos económicos para lograrlo. De aquí que se insistiera en la necesidad de que las comunidades campesinas sostuvieran las escuelas rurales por medio del sistema denominado de "Circuitos Rurales". Dicho sistema consistía en que un maestro central, pagado por la Federación, organizaba, vigilaba y dirigía, en continuas visitas a escuelas circundantes, sostenidas por las propias comunidades (Ibíd..).

Al problema anterior se aunaba el de la falta de maestros preparados. Se decía que la "urgencia con que los Gobiernos Revolucionarios han considerado la enseñanza del pueblo, han obligado a la sep a improvisar maestros para las escuelas rurales". De aquí la necesidad de "no abandonar a los maestros rurales en su impreparación". Es por esto que se habían organizado las Misiones culturales que tenían, entre otras, la finalidad de impartir cursos breves a los maestros (Ibíd..).

Sobre el profesor, Portes Gil decía: "Siendo el maestro el primer factor de la escuela, he creído necesario estimularlo, garantizarlo como un trabajador intelectual que rinde enormes servicios a la República..." Es por esto que se habían formulado proyectos de leyes de jubilación, de estabilidad y escalafón magisteriales, al igual que se había fomentado la construcción de la Casa del Maestro (Ibíd..). Hay que recordar que, hasta entonces, el maestro no contaba con ninguna de estas prestaciones sociales.

 

La educación socialista y su discurso

Al iniciarse los años treinta se reforzó esta política educativa hacia el campo. Narciso Bassols, ministro de educación en 1932, decía que la escuela rural era la "dádiva generosa que la Revolución ha dado a los campesinos". Este secretario reconocía que la labor educativa no se podía realizar si no se atendía el problema de los maestros, tanto en su preparación, como en sus bajos salarios. De aquí que dijera que la escuela rural necesitaba afianzarse mediante la "elevación de los maestros, mediante su preparación mejor y más completa, lo que sólo será posible cuando desaparezcan los sueldos de 27 pesos al mes que ganan hoy los mil maestros rurales. Las escuelas rurales trabajan en un ambiente de heroico esfuerzo hecho por el maestro rural, para vencer la escasez de elementos, de materiales escolares, de equipos". Terminaba por decir: "Las escuelas están pobres por dentro, y es menester mejorarlas en el sentido material". Hablaba del "maestro heroico, que vive y trabaja por el santo milagro de la nobleza de la causa, compartiendo con el campesino sus miserias y dolores, sus afanes y desvelos" (LABC, El Maestro Rural, SEP, año I, Nº 10, julio de 1932).

Una conquista importante de los maestros rurales en 1933 fue el aumento de sus sueldos de $1.00 y $1.50, a $2.00 al día. Se decía que los anteriores salarios "no garantizaban un trabajo eficaz" (LABC, El Maestro Rural, SEP, año III, Nº 8, 15 septiembre de 1933).

Ahora bien, si de hecho hubo un pequeño aumento en el salario de los maestros, su situación no había mejorado mucho. Como ya apuntamos anteriormente, el maestro no contaba con prestaciones. Es por esto que, en enero de 1934 se aprueba el "Reglamento del retiro de las maestras encinta", bajo el gobierno de Abelardo Rodríguez. Ya en la Ley de Escalafón de julio de 1933, se habla del retiro de las maestras encinta, y en 1934, se da su reglamentación. Entre otras cuestiones, se dice que el retiro será de tres meses, que las maestras percibirán íntegramente sus sueldos, y que tendrán que someterse a un examen médico para verificar su estado, entre otras cosas más.

Al respecto se comentaba que se esperaba que dicho reglamento diera a las maestras "descanso y auxilio, conforme a la filosofía del seguro de obreros y trabajadores en las nuevas tendencias sociales...", y que por otro lado, se "procurara el advenimiento de una raza más vigorosa, protegiendo al infante desde el seno materno" (LABC, El Maestro Rural, SEP, T. IV, Nº 2, 15 de enero de 1934).

Al finalizar el año de 1934, encontramos un cambio muy importante dentro de la política educativa del país. Así el 19 de octubre, el Senado de la República aprobaba el proyecto de Reformas al Artículo 3º de la Constitución Nacional, estableciendo la enseñanza socialista en lugar de la enseñanza laica (36 votos a favor y 13 en contra). Así el discurso va a cambiar, ya que una nueva política educativa lo anima.

Se habla de que la educación socialista persigue "identificar a los alumnos con las aspiraciones del proletariado, fortalecer los vínculos de solidaridad y crear para México, de esta manera, la posibilidad de integrarse revolucionariamente dentro de una firme unidad económica y cultural". Por medio de la escuela socialista se llegaría al "terreno de bienestar económico y moral que ambicionamos para México". Y se decía que los maestros rurales eran los "soldados de que se vale la Revolución para realizar una campaña desfanatizadora entre las masas campesinas del país" (LABC, El Maestro Rural, Nº 10 y 12, noviembre y diciembre de 1934).

Al subir Lázaro Cárdenas a la presidencia, su discurso siguió también por el camino de la enseñanza socialista. Se trata de un discurso triunfalista, en donde la educación socialista será la panacea que acabará con todos nuestros males. Se habla entonces de que la "implantación de la escuela socialista significa un paso más hacia la redención material y espiritual de las clases asalariadas, dentro de un orden de efectiva justicia social". Para lograr dicho propósito se menciona la necesidad de "liquidar el analfabetismo de las masas y destruir los privilegios de la cultura, poniendo la escuela al alcance de las clases laborales". Se prefería que dicha educación se encauzara hacia las "masas campesinas y obreras". De nuevo, en este discurso, se enfatiza la necesidad de difundir y adentrar en los espíritus dicha ideología, con objeto de que la clase explotada se organice en sindicatos y cooperativas, que le permitan defender sus derechos..." (LABC, El Maestro Rural, SEP, T. VI, Nº 4, febrero de 1935).

Al hablar del maestro, en varios discursos se referían a él como "un puente entre las tradiciones del pasado y las formas de vida del porvenir". Para que el maestro realizara su labor, se decía que éste debería contar con "un franco apoyo para que pudiera cumplir la alta misión de encauzar a las juventudes dentro de una doctrina que realice con más eficacia el desenvolvimiento económico de la nación" (LABC, El Maestro Rural, SEP, T. VI, Nº 11, junio de 1935).

La idea de presentar a esta educación dentro de un discurso triunfalista, hacía que se minimizaran problemas muy graves, como era el asesinato de varios maestros socialistas. Se decía que, "a pesar del terreno ganado a los elementos opositores, ha habido manifestaciones aisladas de fanatismo e ignorancia, que han culminado algunas veces –pocas afortunadamente– en el sacrificio de las vidas de maestros caídos en el cumplimiento de su noble ministerio..." (Ibíd..).

En diversos discursos se refieren al maestro como "el arquitecto esforzado de la reforma educacional", como aquellos que esparcían la "simiente en los surcos de las mentes, fertilizándolas para producir una nueva sociedad", como aquellos que iban "moldeando a las futuras generaciones". Se decía que los "maestros rurales tienen la satisfacción de luchar por la elevación de nuestro nivel cultural. Poco a poco, con su labor desanalfabetizadora, van desterrando los mitos que no permiten que nuestro pueblo crezca y madure" (LABC, El Maestro Rural, SEP, T. VI, Nº 11, junio de 1935).

A pesar de todos estos discursos y elogios hacia el maestro "abnegado", éste tenía necesidades físicas que no podía cubrir con el salario que ganaba. Es por esto que el 4 de diciembre de 1935, muchos profesores se unieron a la manifestación que realizaron grupos de campesinos en la capital de la República, solicitando mejores remuneraciones. La respuesta de Cárdenas fue que el gobierno no estaba en condiciones de pagarles cuatro pesos diarios a los maestros, sin embargo se estaba tratando de que algunas "economías se derramaran en los trabajadores de la enseñanza, por ser ellos el medio que tenía la Revolución para poder consolidar las doctrinas sociales". Les hacía un llamado para que siguieran laborando ya que la Revolución tenía en ellos sus esperanzas. Terminaba por decirles "Nosotros no somos más que los vigilantes, pero ustedes son los responsables, y en ustedes están fincadas las esperanzas de la Revolución, para obtener su triunfo definitivo" (LABC, El Maestro Rural, SEP, T. VII, Nº 12, diciembre de 1935).

Sin embargo, el maestro no se alimentaba tan sólo de bellos discursos, y por ello sabemos que muchos se lanzaron a las huelgas que se dieron durante el período cardenista.

Otro problema con el que tenía que enfrentarse la educación socialista era con el del ausentismo escolar ya que los padres no enviaban a sus hijos a la escuela porque decían que dicha educación "combatía la religión y arrancaba a los hijos del amor de sus padres". Constantemente el gobierno decía que eso era "mentira", que la educación socialista "combatía el fanatismo, capacitaba a los niños para una mejor concepción de sus deberes, para la lucha social, y para intervenir como factores en la producción económica. Se enfatizaba en que combatir el fanatismo no quería decir que se combatieran las creencias del pueblo, sino que se proponía destruir los prejuicios que mantenían a la juventud en la ignorancia e impedían el progreso y prosperidad del país" (LABC, El Maestro Rural, SEP, T. VIII, Nº 6, marzo 1936).

 

El discurso de la unidad y la educación

Un cambio importante en México lo marca la década de los cuarentas. La industrialización de México influirá de manera decisiva en la política educativa. Ávila Camacho como presidente de la República, puso gran interés en la actividad industrial, ya que ésta abría oportunidades para la inversión de capitales. Este impulso hizo que la cuestión agraria se fuera descuidando.

Se crearon institutos tecnológicos cuya finalidad era formar cuadros para la nueva industria mexicana. Este proceso trajo consigo la migración del campo a la ciudad, ya que era en ella en donde se ofrecían mejores fuentes de trabajo.

Ávila Camacho vio en la educación la "base más firme" para llegar a la deseada "unidad nacional". De aquí la necesidad de lograr la "unidad de la educación". Con base en ésta se redactó, en 1942, la Ley Orgánica de Educación, reglamentaria del artículo 3º. Siguiendo sus lineamientos se formularon los nuevos programas para todas las escuelas primarias de la República, lo mismo en las urbanas que en las rurales, ya que era "urgente establecer vasos comunicantes entre lo rural y lo urbano en educación" (Castillo, 1976: 42).

El secretario de Educación, Octavio Véjar Vázquez, hacia 1942, decía que debido a los momentos de guerra en que se encontraba el mundo entero, era necesario "reconstruir moralmente al país y avivar viejos principios de nobleza y de bondad", para lograrlo era necesario enfilar la escuela "hacia un nuevo humanismo alentando nuestra época con valores precisos de cultura que reflejen más el sello de la persona y restablezcan la unidad derrocada" (LABC, Boletín del servicio de información pedagógica, SEP, año I, Nº 8, noviembre de 1942).

De este modo, con el objeto de contribuir a la unidad de los mexicanos, era necesario que se impartiera en todas las regiones del país la misma educación. Para ello se realizaría la "igualdad de planes y programas de estudio y de métodos de enseñanza". Se hablaba de una "nueva escuela", la cual estaba ligada a la idea de "nacionalidad".

Para lograrlo se pugnaba porque la escuela no dividiera a los alumnos, ni a los maestros en urbanos y rurales (Ibíd..).

Es así como, durante el gobierno de Ávila Camacho, por primera vez se aplicaba en México un mismo programa para las escuelas del campo y de la ciudad, con la misma orientación, propósitos comunes e igual contenido, aunque podían ser adaptados en diferentes medios.

Se hablaba de que la "nueva escuela debería ser como un río caudaloso con cuatro afluentes: nuestra tradición, nuestro medio físico, nuestro ambiente social y nuestro destino histórico". El secretario de educación insistía en que, a esa escuela, debían asistir "todos los hijos de los mexicanos, al mismo banco, bajo el mismo maestro y con el mismo método de enseñanza. Si queremos forjar una nación, es indispensable que en la escuela se integre esa nacionalidad, es necesario tener una sólida característica, hemos de ser mexicanos ante todo" (LABC, Boletín del servicio de información pedagógica, SEP, Año I, Nº 9, diciembre de 1942).

De nuevo era el maestro en quien recaía la responsabilidad de la "nueva escuela". Era el encargado de crear un sistema capaz de organizar adecuadamente la homogeneidad de nuestra cultura, constituyendo así sobre bases firmes, la definitiva "unidad nacional". Ávila Camacho se refería a él como un "soldado que cumple abnegadamente una función que asegura la continuidad de la República". Por considerársele como un soldado se le pedía que se mantuviera "ajeno a organizaciones distintas de las suyas propias" LABC, Boletín del servicio de información pedagógica, SEP, año I, Nº 4 y 6, julio y septiembre de 1942).

Problemas con los maestros trajeron como resultado la renuncia del Secretario de Educación, Octavio Véjar Vázquez. Un nuevo ministro, Jaime Torres Bodet, ocupó su lugar enfocando sus esfuerzos hacia una gran campaña contra el analfabetismo, al amparo de las leyes de emergencia del 21 de agosto de 1944.

Este nuevo secretario creía que la gente se reunía en torno de una gran "empresa vital" y de un programa en el que todos pudieran participar. De aquí que pusiera en marcha esta campaña en contra del analfabetismo.

El 1º de marzo de 1945, México inició la etapa de enseñanza de la Campaña Nacional contra el Analfabetismo. Dicha campaña se proponía enseñar a leer y a escribir a todos los iletrados. Se hablaba de que, un país en el cual "la mitad de sus habitantes está compuesta por analfabetos, tiene el deber de integrar su unidad no únicamente con postulados políticos, sino con programas educativos". El presidente de la República decía que no había "independencia en la noche de la ignorancia. Enseñando a los millones de compatriotas que no saben leer y escribir, estamos coadyuvando a su independencia". Se pedía que todo aquél que supiera leer y escribir le enseñara a un analfabeto (LABC, El Maestro Mexicano, SEP, año I, vol. III, julio de 1945).

En junio de 1945, Torres Bodet decía que lo más importante de su gestión era, por un lado, el haber logrado aumentar el presupuesto para Educación Pública, y por otro, la creación del Instituto Federal de Capacitación para el Magisterio (19 de marzo de 1945). En este Instituto se atendían también cursos por correspondencia. Aquellos maestros que pasaran los exámenes correspondientes, gozarían de una compensación económica. En este discurso también se hacía referencia al programa de construcciones escolares, a la Campaña contra el Analfabetismo, de la cual se decía que todavía no concluía, y a la aparición de la biblioteca Enciclopédica Popular (LABC, El Maestro Mexicano, SEP, año I, vol. II, junio de 1945).

A pesar de todos estos esfuerzos, el ideal de Ávila Camacho de lograr la unidad de la educación no se realizó, debido entre otras cuestiones, a que el Estado carecía de una doctrina de unidad nacional que coordinara la educación con el resto de las actividades.

A Manuel Ávila Camacho le sucedió en el poder Miguel Alemán (1946-1952), quien llamó a Manuel Gual Vidal para que colaborara con él en la Secretaría de Educación Pública.

El sexenio de Alemán se caracterizó por una política de "crecimiento económico". La industrialización de México, a cualquier precio, fue la consigna oficial. De aquí que, el secretario de educación confrontara el problema de la unidad nacional a la luz de una nueva política social, que trataba de apoyarse en la industrialización y recuperación económica del país. Su respuesta fue la planificación y realización de la llamada "escuela unificada", que se basaba en un sistema que facilitaba el acceso a la enseñanza media y superior, al mayor número posible de alumnos, y no sólo a los más pudientes.

Orientada la enseñanza elemental hacia la preparación técnica, agrícola e industrial, la política educativa de Alemán consistió en imprimir a ésta un acentuado carácter práctico. Comentaba que el nivel promedio alcanzado por la población de 15 años de edad y más, se calculaba en dos años escolares aprobados como máximo (Castillo, 1976: 76-77).

 

La alfabetización en el discurso educativo

Adolfo Ruiz Cortines fue quien ocupó la presidencia de 1952 a 1958. Su colaborador en la Secretaría de Educación Pública fue José Ángel Ceniceros, quien era maestro normalista. Durante este sexenio se prosiguió con la campaña contra el analfabetismo. Se decía que la ley del 21 de agosto de 1944, se había dictado como una "medida de alivio al problema de la educación popular, con sentido de proclama patriótica". Se reconocía que dicha campaña había disminuido ya que el entusiasmo había decaído, y que todavía existía un 42% de analfabetos. Es por esto que se hacía un llamado a todos los ciudadanos para que aunaran sus esfuerzos a los del gobierno federal (LABC, El Maestro Mexicano, SEP, año III, Nº 3, octubre de 1953).

Se consideraba que la alfabetización era la "piedra básica" de la obra educativa. Se deseaba que por medio de ella el analfabeto " entendiera sus problemas y satisficiera sus necesidades elevándose a sí mismo y al país". Sin embargo, se reconocía que desde el año de 1947 hasta el de 1954, se había venido registrando un continuo descenso en el número de alfabetizados, por lo que se hacía un urgente llamado para que dicho fenómeno fuera detenido (LABC, El Maestro Mexicano, SEP, T. V, Nº 17, julio-agosto de 1955).

Un grave problema que se presentó a esta administración fue que el presupuesto designado a educación pública no creció al mismo ritmo que las necesidades educativas, tanto en construcción y reparación de planteles, como en percepciones de maestros, mejoramiento y adquisición de equipos, laboratorios, bibliotecas y revisión de programas y libros de texto. Ruiz Cortines hablaba de "forjar la decisión de superarlas y de lograr el mejoramiento económico, social y cultural de nuestro pueblo, educándolo para la democracia, la libertad y la justicia". Se reconocía que existía un "importante déficit" tanto en la enseñanza superior como en la primaria. Es por esto que se hacía un llamado a todos los "sectores capacitados" y a la "iniciativa privada" en favor de la niñez, ya que cada año quedaban fuera de la instrucción primaria más de tres millones de niños (LABC, El Maestro Mexicano, SEP, T. VII, Nº 32, septiembre-octubre de 1957).

En otro discurso se reconocía que la iniciativa privada había "respondido con desprendimiento al llamado del presidente, para contribuir a la noble causa de la educación". Lo anterior se constataba en la cooperación de la industria, la banca y el comercio para el sostenimiento de la Campaña de Alfabetización, y la construcción de escuelas (LABC, El Maestro Mexicano, SEP, T. VII, Nº 31, julio-agosto de 1957).

Parte importante dentro de la política educativa eran las Misiones Culturales, las cuales se definían como una "agencia de elevación y dignificación humana..." Además de la capacitación de los maestros, tenían a su cargo campañas para combatir el alcoholismo y "todos los vicios sociales", la promoción de "sociedades femeninas para el cuidado de la infancia", de instituciones de "servicio social" y de formas deportivas y recreativas. Dentro de la nueva organización se vinculaban los Departamentos de Alfabetización y Misiones Culturales (LABC, El Maestro Mexicano, SEP, T. V, Nº 14, febrero de 1955).

De nuevo, gran parte de la responsabilidad educativa recaía en el maestro, a quien se le daba la misión de "moldear el espíritu e infundir conocimientos". Se decía que al "ejército que educa le está encomendado la cultura, la espiritualidad de México, lo que perdura" (LABC, El Maestro Mexicano, SEP, año V, Nº 14, 16, febrero y junio de 1955).

Se hablaba de que la profesión del magisterio era de "grandes sacrificios y satisfacciones inmensas", y de que quien quisiera ser maestro "no iría seguramente por el camino de la fortuna. La profesión de maestro es dura, difícil y hasta podría creerse que ingrata. Exige amor y consagración absoluta, es de ideal y de perseverancia, de sacrificio y de renunciamiento en no pocos casos". Continuaban diciendo que "el magisterio tiene mucho de heroico, los maestros son soldados en cuyas victorias descansa el más alto de los destinos: formar a las nuevas generaciones" (LABC, El Maestro Mexicano, SEP, T. VI, Nº 20 y 25, mayo y octubre de 1956).

 

Una última reflexión

El discurso oficial nos brinda la posibilidad de asomarnos al mundo de la política educativa y, en este caso, al de la educación en épocas remotas.

Hay cuestiones que perduran, otras más cambiarán. Entre las primeras tenemos la idea de que por medio de la educación se logrará el progreso de México. Lo anterior se expresa de diversas maneras a través del discurso oficial. Así, por ejemplo, la educación socialista afirmaba que por medio de su escuela se obtendría bienestar económico y moral. Esta educación se presenta como una panacea para terminar con todos nuestros males. Posteriormente, en la década de los cincuenta, se habla de educación para lograr la democracia, la libertad y la justicia.

Otra cuestión que perdura es la campaña contra el analfabetismo, iniciada en los años veinte por Vasconcelos. La educación socialista intenta también terminar con el analfabetismo, pero no lo logra, ya que se trata de un problema muy grave.

Es por esto que, al subir Ávila Camacho al poder se encuentra con una población analfabeta del 50%. Es aquí en donde nos encontramos con una primera contradicción entre el discurso triunfalista de la educación socialista y la realidad. Esta cifra de analfabetos nos hace pensar que, de hecho la oposición a la educación socialista fue mayor que la que se presenta en la historia oficial.

Posteriormente, al asumir Adolfo Ruiz Cortines la Presidencia de la República se encuentra todavía con un 42% de analfabetos, y por ello hace un llamado a todos los sectores para que apoyen dicha campaña, ya que a lo anterior se añade el bajo presupuesto que existía para el ramo de educación pública.

Todo esto nos recuerda la campaña emprendida en los años veinte por Vasconcelos. Sin embargo el momento histórico era muy diferente. Vasconcelos supo encender una mecha que, gobiernos posteriores no pudieron volver a encender.

Otra constante será la falta de maestros preparados, debido a su improvisación para atender las escuelas rurales. A lo anterior se aunaban sus bajos salarios, lo que traía como consecuencia que al no poder darles un aumento real, éste se tradujera en un "bello discurso".

Se deseaba así alimentar al maestro por medio de discursos. Esta es otra constante que encontramos desde la década de los veinte a la de los cincuenta. Se habla de los maestros como misioneros, como parte de un importante ejército, como el puente entre el pasado y el porvenir. Se reconoce que la profesión es dura, difícil e ingrata, por lo que tendrá que hacer grandes sacrificios, consagrándose con gran amor al magisterio.

Cabe señalar que la idea de que el maestro es un "soldado" la encontramos desde el cardenismo hasta el período presidencial de Adolfo Ruiz Cortines. Esta idea perdura a pesar de los grandes cambios que existen en la política educativa a partir de la década de los cuarenta.

El discurso oficial nos muestra también cambios interesantes dentro de la política educativa. Al iniciarse el período posrevolucionario se consolida el esfuerzo, iniciado en el siglo XIX, de llevar la educación al campo. Es así, en las escuelas rurales, donde se cristalizará este anhelo. Sin embargo, la falta de recursos económicos, hizo que a finales de los años veinte, se solicitara a las comunidades campesinas el sostenimiento de sus escuelas rurales.

Durante los años treinta se refuerza la política educativa hacia el campo. La educación socialista, en 1934, propone educación tanto para campesinos como para obreros. Sin embargo, el cambio importante se da en la década de los cuarenta, cuando se abandona el campo para dar paso a la industrialización urbana. Por primera vez se proponen los mismos planes y programas de estudio para escuelas urbanas y rurales. Viene entonces una nueva idea, la de la "unidad nacional", y en función de ella se sacrifica a la escuela rural. Considero que éste es uno de los cambios más significativos que nos presenta el discurso de la política educativa, el gran cambio hacia la década de los cuarenta.

De este modo, el análisis del discurso educativo de los años treinta a los cincuenta nos deja muchas interrogantes para la actualidad. ¿Qué sucede con el discurso oficial de la política educativa hoy en día?, ¿existe relación entre el discurso y la realidad? Muchas son las preguntas que faltan por responder, muchas investigaciones faltan todavía por realizar.

 

Material hemerográfico

– Materiales de la Colección Nettie Lee Benson, de la Universidad de Texas, en Austin, citado en el texto con las siglas LABC .

– El Sembrador, SEP.

– El Maestro Rural, SEP.

– Boletín del Servicio de Información Pedagógica, SEP.

– El Maestro Mexicano, SEP.

 

Bibliografía

CASTILLO, Isidro. México, sus revoluciones sociales y la educación. Gobierno del Estado de Michoacán. México, 1985.

GALVÁN, Luz Elena. Los maestros y la educación pública en México. Un estudio histórico. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). México, 1985.

MENÉSES, Ernesto (et al). Tendencias educativas oficiales en México, 1911-1934. Centro de Estudios Educativos. México, 1986.

MENÉSES, Ernesto (et al). Tendencias educativas oficiales en México, 1934-1964. Centro de Estudios Educativos y Universidad Iberoamericana. México, 1988.

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