Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 9

(nueve)

SECCIÓN

páginas

de la 75 a la 75 de 76

documentos

Guadalajara, México - Marzo de 1997

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La Escuela Rural Mexicana: abrevando en el pasado para construir un futuro más esperanzador

Humberto Dávila Esquivel*

* Secretario General del Comité Ejecutivo Nacional (cen) del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (snte).

Sin caer en una nostalgia que nos inmovilice, la historia enseña cuando recurrimos a sus etapas más luminosas. De todas las etapas que nos preceden, la de la Escuela Rural Mexicana es la que nos dejó enseñanzas y conquistas que deben hoy recuperarse, si es que realmente queremos un verdadero desarrollo de las comunidades rurales apoyadas por la educación pública.

Por ello, una cruzada nacional para mejorar la calidad educativa en el medio rural, tiene fundamentalmente que retomar aquella hazaña que posibilitó el más grande avance educativo de que se tenga memoria en México. El signo distributivo de ese proceso se cristaliza en dos hechos: la férrea voluntad de los maestros y el apoyo decidido del Estado mexicano. Ello hizo nacer de la nada una epopeya que no se olvida.

Recién concluida la lucha armada, resintiendo la devastación y el abandono que la revolución cobró, se fue alzando, vigorosa, esa gigantesca gesta que se expandió en casi todo el país. Cientos de hombres y mujeres se fueron haciendo maestros al contacto solidario con las comunidades campesinas.

En esa comunión de intereses sociales y culturales, nace una pedagogía basada en el hacer y centrada en las necesidades materiales y espirituales de los trabajadores del campo.

La escasez y la penuria, la improvisación y la ignorancia, fueron suplidos por el ingenio y la voluntad desinteresada. Las Casas del Pueblo y las Misiones Culturales constituyeron el modelo escolar y comunitario que dio forma a una nueva manera de educar, alcanzando verdaderos éxitos. Ahí, la revolución volteó los ojos al campo y tendió la mano generosa a la clase más desprotegida, que con su destacada participación contribuyó al triunfo del movimiento armado.

Hoy, al acercarnos al nuevo siglo-milenio, se vuelve una necesidad –hasta moral–, no sólo revalorar sino retomar, sus más grandes aportes para construir un nuevo paradigma educativo, que rescate de una vez por todas del atraso y la marginación a los pueblos campesinos.

La modernización educativa impulsada para el medio rural requiere de una vinculación de lo nuevo con la historia; retomar los avances actuales a través de lo que hoy nos señalan los nuevos paradigmas en el campo de la pedagogía y de la planeación educativa, haciéndolos confluir en una comprometida mística que dé sustento a una renovada y generosa entrega del maestro, redimensionando todos aquellos comportamientos que posibilitaron la concreción de un proyecto histórico que tuvo un cabal cumplimiento, situándose en los anales más gloriosos del devenir educativo de México.

Es cierto, debemos imbuir a los maestros rurales de un espíritu de entrega, de un interés permanente por su formación y competencia; ello sólo será posible si existe apoyo institucional, presupuestal y de infraestructura que se constituyan en un soporte para el trabajo de los profesores.

Ya no se trata de apóstoles culturales, sino de maestros rurales con todas las condiciones profesionales a su alcance que les permitan impulsar su trabajo, ampliar su influencia, vincularse con las comunidades y ejercer una práctica educativa que eleve el conocimiento de los educandos. Sólo con ese apoyo se puede volver a propiciar la gestión de una fe y de una convicción inquebrantables, pues hoy los maestros deben adquirir una conciencia plena de servicio; ésta se forjará siempre y cuando tengan a su alcance, los aportes de la ciencia, la tecnología y el apoyo institucional que merecen.

Debemos impulsar esta cruzada resucitando el viejo linaje del maestro rural de antaño, cuya virtud principal fue la entrega; pero ofreciendo a cambio una recompensa material y profesional del tamaño de sus esfuerzos. Este es el gran reto.

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