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Confesiones al cuarto para las tres de la primera noche de un día cualquiera
(Ponencia presentada en la Universidad Autónoma de Chapingo durante el evento: "¿Qué es ser hombre en Chapingo?", organizado por el Colectivo Contra la Violencia en Chapingo, el 20 de Abril de 1995).

Moisés Contreras Hernández*
* Fundador y coordinador del taller Educación y Género en la Escuela Normal de Tlalnepantla, y coordinador de Publicaciones y Divulgación Académica de la Fundación SNTE para la Cultura del Maestro Mexicano, A. C.

Resulta que, más por intuición que por convicción, decidí ya tantos años aventurarme a vivir conmigo; a revivir. Hoy, en la primera de las dos noches de este día, una serie de imágenes viene en auxilio del extraño insomnio que me asaltó impunemente hace quince minutos. Me veo llegar a casa y quitarme la vieja y herrumbrosa armadura de hierro de las convenciones sociales, ese pesado lastre que anuncia desde antes que naciera que soy hombre. Allí están remachados los estereotipos del ser varón, como si fueran estrellas ganadas en el cumplimiento del deber de la madre de todas las batallas de mi identidad; sobre ella se acomoda el pendón sacrificial enarbolado una y otra vez para conquistar éxito, gloria y trascendencia; también, para desafiar el terror de morir de una vez y para siempre.
    Entrar en la intimidad en mi masculina casa es como subirme a una barca con las velas henchidas y empezar a navegar hacia muchos puertos, al fin que todos son la representación de un mismo océano y de una misma playa. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Qué quiero? ¿Para qué vivo? ¿A dónde van todos mis muertos vivos en mi conciencia? ¿Qué hago conmigo y de mí? ¿Quién soy sinmigo?
    Y de pronto intuyo que ahí donde está mi corazón está mi casa y donde está mi casa estoy yo, y que la armadura que he utilizado no me protege ni de mí mismo, y que la armadura que porté durante estos años me había podrido alma, cuerpo, silencio y gozo. Que esa armadura era, sin yo saberlo, amargura sinfín, cansancio inútil, borrachera encarcelada, delirio megalománico y autoridad sin razón.

A media marea la amargura emerge del pantano
escamas cocidas              Alma dura
armadura de caimán                 alma dura        Dura escama

Qué cara es tu armadura caimán        Cuán duros son tus llantos
Tu armadura caimán                ríos de rabia
con sus filos fríos                      lascas de piel atormentada

Torpe caimán de las riberas    medio andas medio reptas
Medio tragas a dentelladas     Y después reposas tu amargura
tu oscura rabia conquistada

Caimán de las riberas              caimancito garras cortas
gran hocico vanidoso              Sólo sabes reír con amenazas
solo esperas siempre               el sopor de las mareas

Calma tus fauces imán de charco pantañoso

Caimán de la amargura        arma dura caimán
Alma dura                              como lumbre verde
como rabia voraz             ensimismada

No llores caimán            tus lágrimas no sirven
No convencen                       el fuego que te anida
ni el hondo pantanal de tus pasiones

Vuelve a tus riberas caimán    aunque la marea engorde
luna a lasca tu alma dura        Tu armadura
tu amargura                              de caimán rabioso

    Qué asco, me digo. Ay de ti si no aprendes, insisto. Y entonces me recuerdo con mis arreos de batalla puestos. Y entonces me pregunto cómo he vivido odiándome con tanta ternura. Cómo he crecido cuidándome de mis propios sentimientos para no ser un mariquita cualquiera que a veces tiene miedo, que a veces siente que no puede consigo mismo ni con el mundo que a fuerza de chantajes y mentiras ha tragado sin darse cuenta; de qué manera me he esforzado por convertir en olvido todo el dolor de ser el superhombre pobrenombre, el supergenio vilidiota, el supersabio peorignorante, el supermacho subimpotente en el concurso nacional de sementales de barriada, el supercampeón infraderrotado de telenovela en los últimos treinta y tantos años, el superhéroe mil veces conquistado, el supermago hiperhechizado de sus pócimas y filtros, el eterno proveedor hambriento. Y entonces me doy cuenta que el mucho amor que me decía era peor mentira, muerte y nada vida. Y entonces resulta que me canso de ser hombre.1

Resulta que me canso de ser hombre.
Resulta que entro en los mercados y en los basureros
abandonado, sin sangre, como un gusano de seda
tejiendo en un capullo inútil.

El olor de una recaudería me hace aullar en seco.
Sólo quiero mirar un remanso de mar o de algodón,
sólo quiero no ver rascacielos, ni tanques bomba,
ni payasos-niños, ni antenas parabólicas, ni teléfonos celulares.

Resulta que me canso de mis ojos y de mis labios
y de mi andar y de mi historia.
Resulta que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería extraordinario
sorprender a un soldado con una mariposa sin tallo
o cegar políticos con un estruendo de silencio.
Sería hermoso
ir por las calles con una sonrisa roja,
y cociendo mañanas hasta calcinarse de selva.

No quiero seguir siendo semilla en el desierto,
reseco, inútil, insolado de frío,
hacia adentro, con las vísceras agujeradas de historia,
respirando y juzgando, repitiendo cada día.
No quiero para mí tanta penuria.

No quiero saber de origen sagrado y de muerte heroica,
de soledad acompañada, de muchedumbre paralizada,
hincado, tiritando de hambre.

Por eso el calendario deshoja como el día
cuando me ve con mi rostro de calavera
y enloquece en su celda como una espiga tazajeada
y respira inútil fechas hacia el olvido.

Y me empuja a ciertas casas, a ciertas esquinas
            criminales
a escuelas donde los niños vomitan en los libros de texto
a ciertos periódicos con olor a trabajo escamoteado
a catres quejumbrosos como sueños.

Hay gallos color magenta y horribles vísceras
meciéndose en las puertas del hambre,
hay esperanzas desmayadas en una oficina,
hay palabras
que debieran haber llorado de vergüenza y odio
hay televisores en todas partes, y mentiras y
            traidores.

Yo paso sin prisa, con uñas y lágrimas
con dolor, con indiferencia,
cruzo restaurantes y hoteles embalsamados,
y azoteas y colchones y ropa hastiada que inhala
humo y polvo
mientras el llanto les come la memoria.

Resulta que me odio con masculina ternura
porque me canso de ser ese hombre de sed y de cansancio.

    Y así, con la voz a cuestas, palpo una a una estas mis preguntas. ¿Han valido la pena las ofrendas? ¿Estos siglos profundos como esclavo de pequeños dioses sordos y mezquinos, llámense profetas, salvadores o mesías, me han dado el valor y la alegría? ¿En qué estación del tiempo me perdí el respeto? ¿Dónde quedó mi humildad, este hombre simple salvado de las aguas? ¿Tendré tiempo para aprender a hacerme un corazón inteligente?, ¿para hallar a mi padre en brazos de su hijo? ¿Con qué voz lo nombraré, con qué voz me hablará él? ¿Cómo nos llamaremos al decir nuestro nombre?

La voz se me despeña
    cae
desde la muerte
        cae
    vertiginosa
            cae
    Rehilete herido
                cae
noche solitaria
                    cae
  más rápido
                        cae
    más hondo
                   cae
hasta el lago de azogue
               cae
    donde reposa mi infancia
        cae
      Donde tiembla el silencio

    Y de pronto descubro que esta muerte sinfín entusiasmada es recuerdo, es pasión de porvenir. Mito del eterno retorno cual rito de paso, necesario regreso para rehacerme, para atreverme a crecer creyendo en el poder de mi creación y en el inagotable manantial de mis recursos.
    Una exhalación profunda y reconfortante expresa sin bombos ni platillos, sin cohetes ni mariachis de feria pueblerina, el descanso de mi espíritu aturdido del ruido antimachista, de la basura del dogmatismo pecaminosamente religioso, de los imecas de la revancha histórica del feminismo, del sebo de la lujuria de los adoradores de las relaciones klínex, de las baratijas sexistas del comercio ambulante o el lacrimógeno, cursiento y melodramático bolero de nuestra nunca y bien ponderada meschicanidad neoliberal y posmoderna de fin de mileneosiglo.
   Y después de tanto insomnio productivo veo que la mañana ha llegado con su costal de sueño y de sueños. Tal vez bajo el brazo otro insomnio para la segunda noche de este día, no lo sé; por ahora no le temo sin razones, es más, le espero con una ración de asombro inédito, con unos zapatos de pies boleados y lustrosos, con estos mis ojos buenos. Y entonces le digo a mi conciencia: no lo salves.2

No lo salves nostalgia

no le cures su rabiosa soledad
ni las heridas de amor espumosamente verdes

No le laves su ternura infectada
ni sus sonrisas de alcanfor

No lo salves tristeza

Que su enorme soledad
se vuelva costra y llaga
si no sabe conquistar sus horas
si su voluntad se vuelve llanto
no lo salves ni ahora ni nunca

No lo salves

    Qué asombroso se siente estar en el quicio del pequeño y grato espacio de mi intimidad, no importa si llego a ella como perro sarnoso y apaleado, no importa si practicando esos mis aullidos a la luna o a cualquier foco grasiento, sea éste de la casa o de la calle; qué más da si un poco con la piel llena de rasguños y la palabra un tanto cicatrices. Qué esfuerzo para llegar, me digo. En realidad no importa, si al fin aventuro la conquista de una voz y un olor resonantemente propios.
    Y entonces me sonrío ante el espejo de estas mis palabras. Y me aseguro que sólo por hoy no me pondré más esa armadura. Que día a día limpiaré mi casa y mi conciencia porque no tengo derecho a más traición ni a buenas intenciones engañosas. Que lavaré con sal todas mis heridas, que buscaré vestirme de mí mismo con esta piel mi piel de sol edades, que calzaré sandalias propias para el viaje; que saldré a la calle, sí, con menos prejuicios y muchas dudas. Que tal vez estrene nuevas voluntades para arar con pasión el campo de mi infancia y mi ciudad encementada.

Un día
cualquiera vuelve de la rabia
    con su ropaje de fiesta
arrastra su corazón de hilachos
    su piel perruna y callejera
    sus ojos de buey atropellado

   Sabe que la bilis
    es más espesa gangrenada
    cuando se intenta sonreír sin ganas
    porque no quiere sentirse tan estúpido
    tan impotentemente triste

Un día cualquiera Cualquiera vuelve
solo de la rabia
sólo para sentirse un segundo hombre
o ángel o quimera perseguida
o simplemente cualquiera
en cualquier era

    Un día
    sabe que vive
    sólo de su rabia
que vuelve solo
    para comparar su media lengua
    con su tierna voz despedazada

Uno sabe que vive solo
                            de su rabia.

    Porque tal vez hoy me he convertido en un marchante de la rabia, en un pequeño buscador de tempestades, en un hombre simple de certezas simples, en un personaje en busca de su historia. Porque ya no quiero vivir con alma y cuerpo divididos, cercenado, a la defensiva, midiendo a cada momento la pertinencia de mis pasos, de mis voces y miradas; no quiero más errancia en nepantli, no más tierra entre dos agua, no más memoria de batallas perdidas, no más conmiseración ni más espantos ni más fantasmas. Hoy procuro reunir todos mis pedazos, actualizar mi pasado y sus valores, apuntar al devenir del tiempo y sus hallazgos.

Uno sale de su casa una mañana
para comprar en el mercado su ración de rabia fresca
            Va con el hígado flotando entre las manos
            con su mirada infectada de ceniza

Uno se pregunta – * – qué chiste tiene la rabia
si no sabe ser otra cosa que ser rabia
            criminal asesina traidora miada sobre el alma

Aquí entre nos la rabia es muy fácil
            –que se cree la muy puta–
cualquiera la posee
            hasta los poetas cuenta chiles
            premiados oficiantes de oficinas

Una mañana y otro día uno sale de su cama
con el insomnio sucio
Va al mercado como quien no quiere la cosa
nomás para no morirse sin motivos
nomás para que el tianguis no se quede sin marchantes

* entre guiones

    Después de todo este recuento sólo alcanzo a saberme con mi nombre de hombre asombrante, a vislumbrar que mi soledad así encontrada puede parir una edad de sol; que ella no es renuncia mentirosa, porque desde ahí dialogo con mi intimidad y descubro en aproximaciones de ensayo y error los cimientos de mi casa, el amoroso rostro de mi nombre hombre y el corazón inteligente de mi voluntad hecha voz, pensamiento, acción, sentimiento y pasiones; que con ellos intento darme otro chance de vivir conmigo y con el mundo; para ir, con el amor al hombro, en busca de ese mi triste pellejo desordenado, de ese hombre que he descubierto habitando en mí; del cual todavía no sé de todas sus potencias, ni de la gravedad de sus querencias, ni del peso de sus alas. Que sólo tengo para mí la firmeza de mis dudas y el corazón de mis horas y el tumulto de mis sueños.

Desnudo
                    hasta los huesos
Tatuado
                    de sueños
Desnudo
                    tatuado
Sueño de huesos
                    tatuados
tatuaje de sueños
                    desnudos
Sin huesos
                    desnudo
sin sueños
                    tatuado
Deshuesadero
                    de sueños
tatuaje
                    de insomnios
plenilunio
                    tatuado
pielinsomnio
                    de huesos
Desnudo
Tatuado.

Notas
1. Pastiche. "Me canso de ser hombre", de Pablo Neruda, en: Residencia en la Tierra.
2. A partir de los poemas: "No lo salves tristeza" y "soledad", de Jaime Sabines, en: Otro recuento de Poemas; "No te salves", de Mario Benedetti, en: Inventario.