Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 8

(ocho)

SECCIÓN

páginas

de la 30 a la 31 de 76

... el rollo

Guadalajara, México - Diciembre de 1995

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Democracia y equidad de género

Cristina Palomar*

* Psicoanalista, directora del Centro de Estudios de Género (CEG) de la Universidad de Guadalajara.

A lo largo de los últimos veinte años, investigadores y pensadores de diversas disciplinas han venido utilizando la categoría género de diferentes maneras. Semánticamente, este concepto conlleva en castellano una serie de complicaciones, ya que si en inglés "gender" tiene una acepción que apunta directamente a los sexos, en español se refiere tanto a clase, especie o tipo a la que pertenecen las cosas, a un grupo taxonómico, a los artículos o mercancías que son objeto de comercio, y a la tela. Por lo tanto, en castellano la connotación de género como cuestión relativa a la construcción de lo masculino y lo femenino sólo se comprende a partir del género gramatical, pero ciertamente hay que decir que sólo quienes tienen antecedentes del debate teórico al respecto lo comprenden como relación entre los sexos, o como simbolización o construcción cultural.(1)

Esta dificultad semántica, y otra serie de cuestiones, dificultan una unificación total en el uso de esta categoría, pero sin embargo, pueden distinguirse dos usos básicos de la misma: El que habla de género refiriéndose a las mujeres y el que se refiere a la construcción cultural de la diferencia sexual, aludiendo a las relaciones sociales entre los sexos.(2)

La ventaja que conlleva el uso de este concepto de género es mostrar que no hay mundo de las mujeres aparte del mundo de los hombres, que la información sobre las mujeres es información sobre los hombres,(3) es decir, el uso de género implica el retraso de la idea de las esferas separadas.

Lo que define al género es la acción simbólica colectiva. Mediante la constitución del orden simbólico en una sociedad, se fabrican las ideas de lo que deben ser los hombres y las mujeres. La cultura marca la percepción de todo lo demás: lo social, lo político, lo religioso, lo cotidiano. La lógica de género es una lógica de poder, de dominación, que es la forma paradigmática de violencia simbólica (Pierre Bourdieu), es decir, la violencia que se ejerce sobre un agente social con su complicidad o consentimiento.

La ley social refleja la lógica de género y construye los valores e ideas a partir de esa oposición binaria que tipifica arbitrariamente, excluyendo o incluyendo en su lógica simbólica ciertas conductas o sentimientos. Por lo tanto es necesario desentrañar lo que en el ámbito de lo social y de lo político implica esta lógica simbólica, y esto nos lleva a participar en la discusión sobre democracia y ciudadanía desde una perspectiva de equidad de género.

La discusión en torno a la democracia es algo que interesa particularmente al Centro de Estudios de Género de la Universidad de Guadalajara constituido recientemente, y que ha planteado la necesidad de participar en la construcción de una cultura más democrática, equitativa y tolerante por la vía del trabajo académico, generando un análisis del "sistema de género"; esto es, el conjunto de los roles sociales sexuados y el sistema de pensamiento o de representación que define culturalmente lo masculino y lo femenino y que dan forma a identidades sexuales. El punto nodal del análisis está en la deconstrucción del sólido discurso social que opera sobre un supuesto de "naturalidad" de que un hecho biológico sea traducido como inequidad social entre los individuos de diferente sexo, y que genera condiciones de participación social desiguales.

Consideramos que hablar con una perspectiva de género es plantear a la democracia su desafío más importante y su crítica más amplia, ya que es desde el uso de los términos "individuo" y "ciudadano" con una connotación exclusivamente masculina, que debe lanzarse el cuestionamiento. Partimos de la constatación de que el sujeto social, sobre el que se han elaborado las conceptualizaciones sobre la democracia como sistema que afirma la libertad y la igualdad para todos, ha sido un sujeto recortado por cinco variables fundamentales: se trata de un individuo adulto, de raza blanca, de condición burguesa, heterosexual y del sexo masculino.

Estas características implícitas en la concepción del sujeto social son las que han llevado a diversos desarrollos teóricos sobre la manera en que en un contexto democrático deben ser entendidas las "minorías", que muchas veces son tomadas como tales no por su proporción numérica, sino por su alejamiento del mencionado estereotipo del sujeto social.

Nuestro interés se centra en la última de las características mencionadas, a saber, el hecho de que por la no pertenencia al sexo masculino, la mitad de la población esté excluida de la plena participación social y política; es obvio que un modelo liberal de la democracia se apoya en un número de exclusiones significativas. Y el eje clave para la exclusión, es el género. Por lo tanto, es necesario contar con una interpretación que permita entender cómo es construido el sujeto a través de discursos distintos y diversas posiciones de sujeto, por oposición a la interpretación que reduce la identidad a una posición singular, ya sea de clase, raza o sexo.

Puede decirse que la concepción moderna de ciudadanía integra una visión que vuelve políticamente relevante la diferencia sexual y no ve la necesidad de construir una concepción verdaderamente diferente de qué es ser un ciudadano y de cómo actuar como miembro de una comunidad política y democrática al margen de la identidad de género. Tal concepción permitiría la creación de un modelo de ciudadanía en el que la diferencia sexual se convierta en algo efectivamente no pertinente y que requiere de una concepción del agente social distinta , en donde la clave para la democracia sea la articulación de un conjunto de posiciones de sujeto correspondientes a la multiplicidad de las relaciones sociales en que se inscribe.

Son múltiples las aportaciones que el movimiento feminista ha realizado para pensar la participación de las mujeres como sujetos sociales. Puede, sin embargo, distinguirse en grueso tres posiciones: un sector liberal que propone ampliar los derechos de las mujeres para convertirlas en ciudadanas iguales pero sin desafiar los modelos liberales dominantes de ciudadanía y política; un sector más de feministas arguyen que semejante concepción de lo político es masculino y que las preocupaciones feministas no pueden ser acopladas a un marco semejante, utilizando un conjunto de valores basados en la experiencia de la maternidad; la tercera postura plantea que es necesario un proyecto de democracia radical y plural que tornaría innecesario un modelo de ciudadanía sexualmente diferenciada, en el que las tareas específicas de hombres y mujeres sean valoradas con equidad, sino una concepción verdaderamente diferente de qué es ser un ciudadano y de cómo actuar como miembro de una comunidad política democrática.

Las discusiones han girado en torno al cuestionamiento de conceptos básicos de las teorías sobre la democracia: qué es el bien común, qué es la identidad política colectiva, qué es el ámbito público y cómo entender la separación de los ámbitos público y privado; cómo definir la pluralidad; si hay realmente un dilema en la oposición igualdad versus diferencia; si la igualdad social es o no una condición necesaria para la democracia; si un ámbito público único es preferible a un nexo de múltiples públicos; si no es perniciosa la aparición de "intereses" y "asuntos privados"; en cómo pensar la separación entre la sociedad civil y el estado.

A partir de estas discusiones, Nancy Fraser(4) ha planteado la necesidad de construir una teoría crítica de la democracia realmente existente, basada en cuatro elementos básicos:

  1. Hacer visible la manera en que la desigualdad social contamina la deliberación dentro de los públicos en las sociedades capitalistas tardías;

  2. Mostrar cómo la desigualdad afecta a las relaciones entre públicos en las sociedades capitalistas tardías, cómo los públicos tienen diferente poder y se segmentan de manera distinta, y cómo algunos están involuntariamente encerrados y subordinados a otros;

  3. Exponer las formas en las que llamar "privado" a un tema o interés limita la extensión de los problemas y las aproximaciones hacia las discusiones sociales; y

  4. Mostrar como el carácter excesivamente débil de algunos ámbitos públicos en las sociedades capitalistas tardías despoja a la opinión pública de fuerza práctica.

Chantal Mouffe,(5) por otro lado, propone el desarrollo de una visión democrática radical y plural que conciba la ciudadanía como una forma de identidad política que consista en la identificación con los principios políticos de la democracia moderna pluralista, es decir, en la afirmación de la libertad y la igualdad para todos. Tendría que ser una identidad política común entre personas comprometidas en muy diversas empresas y con diferentes concepciones del bien, pero vinculadas las unas a las otras por su común identificación con una interpretación dada de un conjunto de valores ético-políticos. Esto implica entender la ciudadanía como un principio articulador que afecta a las diferentes posiciones de sujeto del agente social al mismo tiempo que permite una pluralidad de lealtades específicas y el respeto de la libertad individual, lo cual conduciría a la asunción del principio de equivalencia democrática cuyo planteamiento no es eliminar las diferencias.

Todas estas reflexiones se producen sobre la base de un fuerte cuestionamiento al hecho de que la diferencia sexual cobre dimensiones de desigualdad, y de la importancia de incorporar la variable de género, como categoría analítica, a los análisis sociales y políticos, ya que introducir esta categoría puede posibilitar la transformación del concepto de sujeto histórico entendido tradicionalmente sólo como sujeto masculino, y con esto producir una nueva conceptualización de lo social, incorporando la dimensión de la relación entre los sexos, del género, partiendo de que la relación entre los sexos no es un hecho natural sino una interacción social construida e incesantemente remodelada, consecuencia y al mismo tiempo motor de la dinámica social. El concepto de género es, pues, una categoría de análisis útil, tanto como la de clase, raza, nación o generación, que permite la revisión de ese conjunto de roles sociales sexuados y el sistema de pensamiento o de representación que define culturalmente lo masculino y lo femenino y que dan forma a las identidades sexuales.

 

Notas bibliográficas

1. Lamas, Marta. "Usos, dificultades y posibilidades de la categoría de género", en: La Ventana, revista de estudios de género, Nº 1, julio de 1995. Editada por el Centro de Estudios de Género de la Universidad de Guadalajara.

2. Lamas, Marta. "La antropología feminista y la categoría género", en: Nueva Antropología, Vol. VIII, Nº 30. México, 1986.

3. Scott, Joan. "El género: una categoría útil para el análisis histórico", en: James, Amelany y Mary Nash. Historia y género: las mujeres en la Europa moderna y contemporánea. Ediciones Alfons el Magnànim, 1990.

4. Fraser, Nancy. "Repensar el ámbito público: una contribución a la crítica de la democracia realmente existente", en: Debate Feminista, Nº 7, año 4. México, 1993.

5. Mouffe, Chantal. "Feminismo, ciudadanía y política democrática radical", en: Debate Feminista, Nº 7, año 4. México, 1993.

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