
La clasificación de los juegos y su práctica regulada y vigilada en torno al género
Lucia Mantilla*
* Investigadora del Departamento de Estudios Educativos de la
Universidad de Guadalajara.
Seguramente un buen número de los lectores de este artículo son
maestras y maestros, de profesión y oficio familiarizados con el tema del juego y
particularmente con las interpretaciones de psicólogos, psicoanalistas y pedagogos,
quienes frecuentemente han asociado, explicado pero también legitimado y utilizado el
juego en función de la infancia y del desarrollo infantil. Aquí haremos también
referencia a la interpretación sociohistórica del juego. A pesar de las profundas
diferencias entre estas dos perspectivas de análisis del juego,1 ambas
conciben un proceso evolutivo que contempla la paulatina desaparición o pérdida de
importancia de los juegos que, en su opinión, carecen de reglas llamados
"simbólicos" o "de ficción", hasta la aparición de juegos
competitivos organizados en función de un reglamento los cuales son, en su opinión, la
expresión del pensamiento lógico en el mundo infantil y en el mundo adulto de un orden
social "civilizado".
Veamos, por ejemplo, como plantea Piaget este proceso:
"Pero por el contrario, si en el adulto no quedan sino algunos residuos de juegos de ejercicio simple (por ejemplo, divertirse con un aparato de radio) y de los juegos simbólicos (por ejemplo, contar una historia), el juego de reglas subsiste y se desarrolla durante toda la vida (deportes, cartas, ajedrez, etc.). La razón de esta doble situación aparición muy tardía y supervivencia más allá de la infancia es muy simple: el juego de reglas es la actividad lúdica del ser socializado." (Piaget, 1987: 194).2
En el marco de la interpretación sociohistórica
una consideración esencialmente similar puede ser leída en Huizinga (Op. cit.).
También Caillois,3
considera a los juegos reglamentados como superiores y aún propios de las
"sociedades de contabilidad", en su opinión las reglas transforman el juego en
un instrumento de cultura fecundo y decisivo.
Tenemos entonces tres campos de análisis: el primero involucra al
mundo infantil y hace referencia a la evolución de los tipos de juego en relación a las
fases de desarrollo infantil, el segundo involucra la práctica lúdica de los adultos y
el tercero las relaciones existentes entre la esfera lúdica y las formas de organización
social.
Brevemente, esta tipología de los juegos basada en la ausencia o
presencia de reglas puede ser discutida si consideramos junto con Vigotski que toda
realización de un juego involucra la ficción y la representación, pero es también
simultáneamente una práctica reglamentada, así pues, "La niña que imagina ser
mamá esta obligada a comportarse de tal manera que sea creíble para ella el papel de
madre, para lo que debe observar algunas reglas..." Igualmente cierto es que todo
juego reglamentado es a su vez un juego simbólico, "...Cuando el caballo se
come al alfil en ajedrez ... se esta desarrollando un proceso simbólico que
tiene un sentido por ejemplo agresivo..."4
Desde esta perspectiva el "mérito" de los juegos
"civilizados" consiste no en introducir el uso de un reglamento, sino en hacerlo
explícito, conviene entonces distinguir los juegos entre aquellos reglamentados
implícitamente (casitas, policías y ladrones, etc.) y los juegos reglamentados de un
modo explícito (fútbol, lotería, canicas, etc.).
La clasificación de los juegos ha implicado pues una calificación,
más específicamente una sobrevaloración de los juegos con reglamento explícito. En
nuestra opinión, por esta vía se oculta la real importancia de los otros tipos de juego
en el terreno de la experiencia lúdica adulta e infantil, tanto como se oculta la
importancia de las formas de relación social basadas en la tradición y las relaciones
personales, en el ámbito de la organización social. Por esta vía también se evade el
análisis de cómo afecta históricamente la interpretación, vigilancia y el control
social sobre la esfera lúdica, particularmente en relación al género.
Así, en el campo de la experiencia lúdica de los adultos5 el
número de jugadores de fútbol, béisbol, etc., es con todo reducido y más bien la
experiencia lúdica de este tipo deriva, para la gran mayoría, de su calidad de
espectadores.6
Del mismo modo, y contrario al carácter de "residuo" de los juegos simbólicos
que Piaget restringe a cuando, por ejemplo, se cuenta una historia (ver la cita anterior
de Piaget), pueden encontrarse multitudes que de manera cotidiana y frente a sus
televisores jugamos,7
esto es, nos involucramos con las historias que nos cuentan, los acontecimientos que,
además, vemos desarrollarse en las series, telenovelas y películas de acción que se
dejan comparar con los juegos de reglas implícitas.
Por otra parte, en el terreno de la organización social, y si bien es
cierto que la sociedad occidental moderna, coherente con al pensamiento liberal, erigió
la ley, la racionalidad, el contrato y la competencia como elementos fundamentales de la
organización social, también es cierto que esta misma sociedad implicó una clara
distinción entre los ámbitos privado y público y, es sólo en el espacio público donde
pretendió instaurar, por decirlo así, un esquema de organización social que se deja
comparar con los juegos de reglas explícitas.
Sin embargo, aún la esfera pública es permanentemente
"atravesada" por relaciones implícitas, y aspectos tan carentes de racionalidad
que, por lo demás atentan contra la igualdad ante la ley y la libre competencia. Piense,
por ejemplo, en cómo afectan aspectos tales como las relaciones clientelares, la raza, la
pertenencia étnica y religiosa, el género, para mencionar las más importantes, aún en
nuestra, urbana y moderna, organización social.
Simultáneamente como hemos visto, este juego de oposiciones niega la
importancia de las reglas implícitas en los ámbitos privados y domésticos. Pero,
repitámoslo: el juego que representa "de a mentiritas" a "la casita",
tanto como la realidad misma de "la casa" escenifican un tipo de organización
social que es, también, social y tradicionalmente reglamentado.
Ahora bien, los juegos son esquemas socioculturales cargados de
significación; Así, los juegos de reglas implícitas son modelos de signos expresivos.
Aquí el sujeto debe asumir de manera singular y subjetiva el papel propuesto por el juego
sea éste la mamá, el papá o el policía estos juegos movilizan la
representación de espacios y relaciones concretos y cruzados por relaciones afectivas y
proponen papeles o roles complementarios. Los juegos de reglas explícitas, por el
contrario, son modelos de signos lógicos, marcan estrictamente las acciones y funciones
-no roles- de los jugadores que las reglas homologan y exigen como iguales, proponen la
competencia entre ellos y marcan como objetivo el triunfo, el cual, frecuentemente
requiere algún tipo de contabilidad. Así, los juegos movilizan, convocan formas de
percepción, relación y acción sobre la realidad muy distintas, pero estos modos de
experiencia y significación son valorados socialmente de un modo diferente; de suyo, las
teorías sobre el juego ya son un ejemplo de ello.
En el campo de análisis del juego infantil como veremos en el caso
concreto de San José de El Platanal, Michoacán, los juegos conservan contenidos en
relación al género,8 es decir, expresan simbólicamente la feminidad y la
masculinidad y en la práctica se adjudica a las niñas sin límite de edad
los juegos de reglas implícitas y aún este mismo tipo de juegos convoca a los niños
varones a representar luchas y competencias esto es, conservan características similares
a las de los juegos explícitamente reglamentados. Así pues, socialmente se permite o
prohibe de manera diversa la relación con los tipos de juego, en relación al género de
los niños.
En El Platanal socialmente existe una muy efectiva clasificación de
los juegos: juegos para niños y juegos para niñas. La presencia del género es más bien
un elemento estructural que esta "atrás" y abarca todos los tipos de juego. El
género aparece así como otra de las condiciones que el juego impone y que han de
aceptarse o condicionarse; de la misma forma que algunos juegos requieren determinados
instrumentos, número de niños, condiciones climáticas propicias, etc., el género es la
variable sociocultural determinante en la elección del qué juego jugar y con quién
jugarlo.
La distinción social entre juegos de niños y de niñas es clara y
explícita en la comunidad de los niños y en la opinión de los adultos. La edad de los
niños es un aspecto que se subordina al género. Así, a los niños varones pequeños les
es socialmente permitido jugar "juegos de niñas" y con niñas desde que son
chicos hasta alrededor de los seis años, pero son objeto de burla y señalamiento si
continúan haciéndolo después; de igual modo son objeto de burla si continúan jugando
juegos de niños varones pequeños; las niñas en cambio pueden jugar los juegos "de
niñas" sin límite de edad en tanto que su participación en juegos "de
niños" es más restringida desde el comienzo.
El género regula pues, la práctica de los juegos previamente al hecho
de ser jugados y lo hace de dos maneras: la una afecta los agrupamientos mixtos, y la otra
vigila el contenido de la representación simbólica.
Ciertamente el niño que juegue con niñas o viceversa esta en una
encrucijada, rechazado por las niñas por "pelionero", por brusco, y
simultáneamente criticado por los niños por "jugar con viejas" , por parecer
niña. Por supuesto, también la niña que juega con niños o juega juegos de niños, es
considerada "macha", pero si la niña desde la perspectiva de las otras niñas,
asume "comportamientos femeninos" en esta relación (particularmente si se viste
con falditas cortas, etc.) entonces es más bien "llevativa" y
"coqueta".
Desde la perspectiva de los adultos ¿Qué temor existe detrás de
estos límites impuestos? ¿Por qué resultan tan eficaces? A mi juicio prevalecen dos
cuestiones relacionadas. La primera, tiene que ver con la sexualidad y expresa el temor a
que los niños en el juego se "toquen". Coherente también con la relación
sexo-género, en este caso las víctimas son las niñas: "no quiero que la anden
tocando por ahí" dice la madre de una niña; a la inversa, aún la misma madre pero
en este caso en relación a su hijo dice: "es un travieso con las niñas" y en
la expresión hay complicidad y agrado; visto así de elemental se explicaría el temor de
que las niñas jueguen con niños, pero no a la inversa.
La segunda expresa un temor relacionado con la significación del juego
en tanto que esquema propuesto para la representación, ya que los juegos son conocidos
por adultos y niños y todo el mundo sabe, por decirlo así, que los juegos implican
contenidos en relación al género. A nuestro juicio este temor es más importante porque
afecta incluso el juego solitario del niño, es decir, sigue siendo objeto de
preocupación de los adultos el que un niño juegue a "la comidita", aún cuando
juegue solo.
Así, los juegos convocan escenificaciones particulares que en el
terreno de la organización social conforman los ámbitos de la feminidad y la
masculinidad. A la feminidad corresponden en El Platanal los modelos de signos expresivos,
en tanto que a la masculinidad los modelos de signos lógicos y parecería que existe el
temor de que jugar; esto es, representar lo socioculturalmente asignado al otro(a) o bien
representar en compañía del otro(a), llevara a los niños a asumir roles inversos en el
terreno de la realidad. La "variable género" es tan importante que, aún cuando
hemos señalado que los juegos de reglas implícitas no son competitivos, cuando estos son
jugados por niños tienden sin embargo a representar relaciones y situaciones de
competencia.
En El Platanal, nosotros distinguimos "el género de los
juegos" en relación a la manera concreta en que se conformaron los grupos de juego;
esto es, tal y como se llevaron a cabo en el poblado.9 Si tomamos sólo los juegos de
reglas implícitas exclusivamente femeninos y los exclusivamente masculinos, durante 5
meses de observación, tenemos lo siguiente:
Juegos de reglas implícitas
Son particularmente notables las diferentes temáticas entre los juegos implícitos
exclusivamente masculinos y los exclusivamente femeninos. Los juegos femeninos no sólo
representan la cotidianidad y las situaciones caseras, también expresan simbólicamente
una forma de interrelación emocional y cercana con los otros.10
El referente concreto diferente del "espacio puro" de
la cancha de fútbol de los juegos de las niñas es tendencialmente real en tanto
que el de los niños es imaginario; pero la temática que proponen los juegos de las
niñas es, por decirlo así, doblemente real, por un lado refieren a situaciones
domésticas y públicas observables incluso en la televisión. Por otro lado, muy
probablemente representan situaciones reales donde las niñas mismas pueden haber estado
involucradas.
Así, la mujer como madre-esposa-hija y lo que en el ámbito de la casa
ocurre cotidianamente es por excelencia representado, también lo es el cuidado por la
presentación personal. Cuando estos juegos refieren a situaciones públicas
enfermeras, por ejemplo tienen un referente real; sin embargo, en El Platanal
no existen estos servicios y trabajos que podrían incluso ser considerados de prestigio.
Es importante señalar que los papeles que las niñas asumen en estos juegos son
complementarios, (madre-hijos, empleada-compradora, etc.) generalmente representan
relaciones afectivas o que se convierten en relaciones personales y aún cuando en estos
juegos se representan situaciones conflictivas y peleas, cuando estas forma parte del
juego, la "función" de quien representa al adulto es resolverlo y establecer la
armonía.
Por otra parte, los juegos femeninos son juegos sedentarios, no exigen
de un gran esfuerzo físico, se construyen mímica y verbalmente. En ellos el espacio se
cierra y con frecuencia el juego de las niñas se lleva a cabo al interior de la casas o
de los patios. Por el contrario un "pareces vieja" se le dice a los niños
cuando no juegan en la calle.
La temática de los juegos de reglas implícitas exclusivamente
masculinos es enteramente opuesta: no refieren de hecho a relaciones y situaciones
domésticas. Podemos incluir aquí, relativamente, dos excepciones: el juego de los
caballos y los "monitos"; aún así, el caballo sólo duerme en la casa,
mientras transita y presta sus servicios en espacios extra domésticos y los
"monitos" son frecuentemente "personajes" enmascarados, luchadores,
soldados, etc., que tienen un desempeño público vinculado también con situaciones de
guerra o lucha.
Los juegos masculinos que prefiguran espacios públicos representan
trabajos, relaciones y situaciones masculinas que, ahora sí, pueden tener un referente
real: construir, electricista, cantante y carros. Obsérvese sin embargo, que en estos
juegos no se representa el trabajo campesino o jornalero, el cual es el desempeñado por
sus padres y con seguridad lo será por muchos de estos mismos niños en el futuro. Lo que
es aún más notable es la marcada presencia en los juegos exclusivamente masculinos de
relaciones y situaciones extraordinarias a representar, "lucha" sería la
palabra que los identifica a todos.
¿Cuál es el origen de estos juegos y cuál su explicación? La
difícil realidad del contexto social11 o el encuentro con las
películas? También las niñas de El Platanal ven en la televisión y, en el cine del
poblado, también ven películas "de balazos" como las llaman los pequeños; por
otra parte, sin duda la vida en El Platanal es violenta, pero no al punto de que tenga que
defenderse en batallas campales y en todo caso es igualmente violenta, si no es que más,
para las niñas.
En nuestra opinión, la otra fuente de los juegos de violencia y guerra
es simplemente el juego en sí mismo. Estos juegos tienen un origen similar al de los
juegos de reglas explícitas: son juegos puros, esquemas socioculturales destinados
específicamente para la acción lúdica, remiten no a una realidad social concreta sino a
un juego que tiene una existencia previa e independiente de la experiencia de los niños y
se transmite al interior de la comunidad infantil y aún a través de los medios de
comunicación, como una tradición lúdica "propia de varones" y socialmente
permitida para ellos. La esfera lúdica no es la excepción, es también y a través de
los juegos coherente con la existencia del género como elemento básico de la
organización social: hay "juegos para niños" y "juegos para niñas",
del mismo modo que hay "ropa para niños" y "ropa para niñas"; etc. A
través de los juegos niños y niñas se apropian de las tradiciones lúdicas socialmente
permitidas para ellos y ellas.
Arribamos apenas a la tarea, a la pregunta más importante ¿por qué
tanto empeño en calificar y ocultar las diversas formas en que accedemos a la esfera
lúdica? Por qué a las niñas les es permitido y aún asumamos que les gusta
representar simbólicamente lo que son y lo que con mucha probabilidad serán
mujer-hija-madre y ¿que hay de malo en ello? Por qué no les es permitido, en cambio, a
las niñas trepar árboles y montar vigorosamente sobre una patrulla imaginaria o empuñar
una espada contra un mar de malhechores invisibles? ¿Qué hay de malo en ello? Por qué a
los niños, al contrario, no les es permitido representarse a sí mismos? Re-crearse en el
juego tal y como son y como probablemente serán? Esto es, como hombres del común, pero
también padres e hijos? ¿Por qué tampoco las niñas se representan como jornaleras si
aún algunas de ellas participan como tales? ¿Qué hay detrás de estos modos de
representación de la masculinidad y la feminidad que sólo rescatan algunos aspectos,
mientras ocultan otros y por qué resultan tan eficaces?
Notas
1. "Aprender jugando" o "jugando a aprender" sería la
denominación común para muchos de los autores interesados por el juego infantil.
Interpretado como instrumento del que la naturaleza dota al niño para su adaptación y
aprendizaje o como esfera de actividad en la cual se expresa el desarrollo global del
niño, el juego infantil ha adquirido, sin duda, una función utilitarista que ha rebosado
los espacios de la educación formal y habita, a través del consumo del juguete
"educativo" y/o empacado con recomendaciones propias para la edad de los
pequeños usuarios, sobre todo en los hogares de clase media y alta de los contextos
urbanos. También el juego, por la vía de la psicología y el psicoanálisis es utilizado
como un instrumento de diagnóstico y terapia. Por el contrario, los autores interesados
en el análisis sociocultural se interesan por estudiar la relación entre el juego y la
vida cultural; éstos incluyen, o bien tratan específicamente, el juego adulto. Por otra
parte, para los autores interesados por el análisis sociohistórico el juego es antes que
nada, una actividad espontánea, libre; se juega porque se encuentra placer en ello, al
margen de la supuesta utilidad que de él derive y de los factores instintivos o
genéticos que puedan promoverlo. Huizinga considera que "Todo juego es, antes que
nada una actividad libre. El juego por mandato no es juego, todo lo más una réplica, por
encargo, de un juego." (Huizinga, Homo Ludens Emece Editores. Argentina, 1968:
20). En este marco y para otros autores interesados en el juego infantil la intención
educativa termina por desaparecer la esfera lúdica infantil (Juegos y Juguetes,
Ensayos de Etnotecnología. Robert Jualin (comp.) Siglo XXI. México, 1981) Duvignaud,
critica la visión utilitarista del juego dentro de una crítica general a la lógica
racionalista y productivista característica de la sociedad moderna: "El pensamiento
de nuestro siglo rehuye lo lúdico. Se ha emprendido un inmenso esfuerzo por escamotear el
azar, lo inopinado, lo inesperado, lo discontinuo y el juego... tratan de eliminar lo que
les aterra." (Duvignaud, Jean El Juego del Juego. FCE. México, 1982: 13).
2. Piaget, Jean La formación del símbolo en el niño. Fondo de Cultura
Económica, Biblioteca de Psicología y Psicoanálisis, México, 1987. Véase también: Seis
estudios de psicología. Editorial Seix Barral, S. A. Biblioteca Breve. Barcelona,
España, 1981.
3. Caillois, Roger. Los Juegos y los Hombres. La Máscara y el Vértigo.
Fondo de Cultura Económica, Colección popular. México, 1986: 64.
4. Citado en: Ortega, Rosario. Juego y Conocimientos sociales. Tesis
Doctoral. Departamento de psicología Evolutiva. Universidad de Sevilla. 1988: 29.
5. Ciertamente, es posible encontrar en el terreno de los juegos infantiles una
tendencia general que nos indica que los juegos de reglas explícitas tienen una
aparición más tardía; evidentemente el conocimiento y organización de éstos juegos
requieren de cierto desarrollo físico y de un tipo de coordinación social donde media
una regla precisa. Sin embargo, esta tendencia no implica la desaparición de los juegos
de reglas implícitas para los niños de mayor edad. En nuestro caso, y gracias al hecho
de que los niños mayores frecuentemente cuidan de los menores, esto es, no se relacionan
organizados por grupos de edad, la tendencias de la relación edad-tipo de juegos se
modifican en relación a la edad del niño mayor y del menor involucrados en un grupo de
juego. Un análisis más detallado en: Mantilla, Lucía "El juego y El jugar:
esquemas socioculturales y prácticas simbólicas". (Tesis de Maestría en
Antropología Social). El Colegio de Michoacán. 1992.
6. Los espectadores de fútbol sufren modificaciones en la concentración
sanguínea de glucosa y de adrenalina tanto como los propios jugadores aún, en estos
últimos el cuadro normal se restablece con mayor lentitud que entre los jugadores
(Vinnai, Gerhard. El Fútbol como Ideología. Siglo XXI, México, 1986: 33).
7. Véase: Zires, Margarita. "El ceremonial televisivo: un espacio de juego e
ilusión" en: Cuadernos del Ticom, No. 39 Departamento de Educación y
Comunicación. Universidad Autónoma Metropolitana. México, 1986.
8. Género es el concepto que nos
sirve para distinguir entre las características biológicas que distinguen a hombres y
mujeres y áquellas que son socialmente construidas y también constituyen parte de la
identidad. Para poner un ejemplo simple, las características biológicas impiden a los
hombres el embarazo, pero en términos de socialización y cultura, nuestra sociedad,
considera impropio, del sexo masculino el uso de la falda, pero no el de la corbata. Los
estudios de género han demostrado que las características atribuidas a los hombres son
asociadas, tanto como beneficiarias, de prestigio y poder.
9. En el desarrollo concreto de los juegos observados, pudimos distinguir:
a). Exclusivamente Femeninos: en los que no participó ningún niño.
b). Exclusivamente Masculinos: en los que no participó ninguna niña. En los juegos
mixtos conviene así mismo distinguir:
c). Juegos Exclusivamente Mixtos: donde nunca participaron grupos de niños y niñas de
manera aislada, los grupos se constituyeron siempre en forma mixta.
d). Juegos Femeninos y Mixtos: jugados por niñas y por niñas y niños, pero nunca por
grupos de niños varones solos.
e). Juegos Masculinos y Mixtos: donde participaron o bien niños varones solos o
acompañados por niñas, pero nunca los realizaron niñas solas.
f). Juegos Masculinos, Femeninos y Mixtos: fueron aquellos que se desarrollaron
independientemente del sexo de los niños, en ellos participaron indistintamente grupos de
niñas, grupos de niños de manera separada y ocasionalmente participaron en ellos grupos
mixtos.
10. Podríamos pensar que la forma en la cual se expresan simbólicamente en los
juegos de reglas implícitas la interrelación con otros expresa las tendencias que Tanto
Willian (1985) como Rubin (1983), han señalado como características de los géneros.
Así, muy brevemente, Willian Dorie Giles (Gender differences in interpersonal
relationships and well being" en: Research in Sociology of Education and
Socialization, Vol. 5. JAI Press. 1985), considera que la forma femenina de
interrelación social implica involucrarse emocionalmente en tanto que los hombres se
relacionan de manera inexpresiva e impersonal. La forma masculina de interrelación
corresponde típicamente a la que, en general, asumen quienes tienen algún tipo de poder,
frente a sus subordinados. Rubin, Lillian (Intimate Strangers. Berkeley: Uc press.
1983), encuentra la explicación de estas diversas formas de interrelación como un
resultado de la diversa relación de la madre con el niño y con la niña; así y si bien
la madre es la figura más cercana e importante durante la infancia, a diferencia de la
niña, el niño necesita establecer una ruptura con esta figura amada con la cual también
se ha identificado, pero de la cual tiene que, no sólo separarse, sino también
diferenciarse.
11. Como es sabido, aún en las jugueterías de los países del primer mundo es en
la sección masculina donde se encuentran aquellos juguetes que tienen que ver con la
escenificación de la violencia y la guerra.