Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 8

(ocho)

SECCIÓN

páginas

de la 40 a la 43 de 76

... el rollo

Guadalajara, México - Diciembre de 1995

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La clasificación de los juegos y su práctica regulada y vigilada en torno al género

Lucia Mantilla*

* Investigadora del Departamento de Estudios Educativos de la Universidad de Guadalajara.

Seguramente un buen número de los lectores de este artículo son maestras y maestros, de profesión y oficio familiarizados con el tema del juego y particularmente con las interpretaciones de psicólogos, psicoanalistas y pedagogos, quienes frecuentemente han asociado, explicado pero también legitimado y utilizado el juego en función de la infancia y del desarrollo infantil. Aquí haremos también referencia a la interpretación sociohistórica del juego. A pesar de las profundas diferencias entre estas dos perspectivas de análisis del juego,(1) ambas conciben un proceso evolutivo que contempla la paulatina desaparición o pérdida de importancia de los juegos que, en su opinión, carecen de reglas llamados "simbólicos" o "de ficción", hasta la aparición de juegos competitivos organizados en función de un reglamento los cuales son, en su opinión, la expresión del pensamiento lógico en el mundo infantil y en el mundo adulto de un orden social "civilizado".

Veamos, por ejemplo, como plantea Piaget este proceso:

"Pero por el contrario, si en el adulto no quedan sino algunos residuos de juegos de ejercicio simple (por ejemplo, divertirse con un aparato de radio) y de los juegos simbólicos (por ejemplo, contar una historia), el juego de reglas subsiste y se desarrolla durante toda la vida (deportes, cartas, ajedrez, etc.). La razón de esta doble situación –aparición muy tardía y supervivencia más allá de la infancia– es muy simple: el juego de reglas es la actividad lúdica del ser socializado." (Piaget, 1987: 194).(2)

En el marco de la interpretación sociohistórica una consideración esencialmente similar puede ser leída en Huizinga (Op. cit.). También Caillois,(3) considera a los juegos reglamentados como superiores y aún propios de las "sociedades de contabilidad", en su opinión las reglas transforman el juego en un instrumento de cultura fecundo y decisivo.

Tenemos entonces tres campos de análisis: el primero involucra al mundo infantil y hace referencia a la evolución de los tipos de juego en relación a las fases de desarrollo infantil, el segundo involucra la práctica lúdica de los adultos y el tercero las relaciones existentes entre la esfera lúdica y las formas de organización social.

Brevemente, esta tipología de los juegos basada en la ausencia o presencia de reglas puede ser discutida si consideramos junto con Vigotski que toda realización de un juego involucra la ficción y la representación, pero es también simultáneamente una práctica reglamentada, así pues, "La niña que imagina ser mamá esta obligada a comportarse de tal manera que sea creíble para ella el papel de madre, para lo que debe observar algunas reglas..." Igualmente cierto es que todo juego reglamentado es a su vez un juego simbólico, "...Cuando el caballo se ‘come’ al alfil en ajedrez ... se esta desarrollando un proceso simbólico que tiene un sentido por ejemplo ‘agresivo...’"(4)

Desde esta perspectiva el "mérito" de los juegos "civilizados" consiste no en introducir el uso de un reglamento, sino en hacerlo explícito, conviene entonces distinguir los juegos entre aquellos reglamentados implícitamente (casitas, policías y ladrones, etc.) y los juegos reglamentados de un modo explícito (fútbol, lotería, canicas, etc.).

La clasificación de los juegos ha implicado pues una calificación, más específicamente una sobrevaloración de los juegos con reglamento explícito. En nuestra opinión, por esta vía se oculta la real importancia de los otros tipos de juego en el terreno de la experiencia lúdica adulta e infantil, tanto como se oculta la importancia de las formas de relación social basadas en la tradición y las relaciones personales, en el ámbito de la organización social. Por esta vía también se evade el análisis de cómo afecta históricamente la interpretación, vigilancia y el control social sobre la esfera lúdica, particularmente en relación al género.

Así, en el campo de la experiencia lúdica de los adultos(5) el número de jugadores de fútbol, béisbol, etc., es con todo reducido y más bien la experiencia lúdica de este tipo deriva, para la gran mayoría, de su calidad de espectadores.(6) Del mismo modo, y contrario al carácter de "residuo" de los juegos simbólicos que Piaget restringe a cuando, por ejemplo, se cuenta una historia (ver la cita anterior de Piaget), pueden encontrarse multitudes que de manera cotidiana y frente a sus televisores jugamos,(7) esto es, nos involucramos con las historias que nos cuentan, los acontecimientos que, además, vemos desarrollarse en las series, telenovelas y películas de acción que se dejan comparar con los juegos de reglas implícitas.

Por otra parte, en el terreno de la organización social, y si bien es cierto que la sociedad occidental moderna, coherente con al pensamiento liberal, erigió la ley, la racionalidad, el contrato y la competencia como elementos fundamentales de la organización social, también es cierto que esta misma sociedad implicó una clara distinción entre los ámbitos privado y público y, es sólo en el espacio público donde pretendió instaurar, por decirlo así, un esquema de organización social que se deja comparar con los juegos de reglas explícitas.

Sin embargo, aún la esfera pública es permanentemente "atravesada" por relaciones implícitas, y aspectos tan carentes de racionalidad que, por lo demás atentan contra la igualdad ante la ley y la libre competencia. Piense, por ejemplo, en cómo afectan aspectos tales como las relaciones clientelares, la raza, la pertenencia étnica y religiosa, el género, para mencionar las más importantes, aún en nuestra, urbana y moderna, organización social.

Simultáneamente como hemos visto, este juego de oposiciones niega la importancia de las reglas implícitas en los ámbitos privados y domésticos. Pero, repitámoslo: el juego que representa "de a mentiritas" a "la casita", tanto como la realidad misma de "la casa" escenifican un tipo de organización social que es, también, social y tradicionalmente reglamentado.

Ahora bien, los juegos son esquemas socioculturales cargados de significación; Así, los juegos de reglas implícitas son modelos de signos expresivos. Aquí el sujeto debe asumir de manera singular y subjetiva el papel propuesto por el juego –sea éste la mamá, el papá o el policía– estos juegos movilizan la representación de espacios y relaciones concretos y cruzados por relaciones afectivas y proponen papeles o roles complementarios. Los juegos de reglas explícitas, por el contrario, son modelos de signos lógicos, marcan estrictamente las acciones y funciones -no roles- de los jugadores que las reglas homologan y exigen como iguales, proponen la competencia entre ellos y marcan como objetivo el triunfo, el cual, frecuentemente requiere algún tipo de contabilidad. Así, los juegos movilizan, convocan formas de percepción, relación y acción sobre la realidad muy distintas, pero estos modos de experiencia y significación son valorados socialmente de un modo diferente; de suyo, las teorías sobre el juego ya son un ejemplo de ello.

En el campo de análisis del juego infantil como veremos en el caso concreto de San José de El Platanal, Michoacán, los juegos conservan contenidos en relación al género,(8) es decir, expresan simbólicamente la feminidad y la masculinidad y en la práctica se adjudica a las niñas –sin límite de edad– los juegos de reglas implícitas y aún este mismo tipo de juegos convoca a los niños varones a representar luchas y competencias esto es, conservan características similares a las de los juegos explícitamente reglamentados. Así pues, socialmente se permite o prohibe de manera diversa la relación con los tipos de juego, en relación al género de los niños.

En El Platanal socialmente existe una muy efectiva clasificación de los juegos: juegos para niños y juegos para niñas. La presencia del género es más bien un elemento estructural que esta "atrás" y abarca todos los tipos de juego. El género aparece así como otra de las condiciones que el juego impone y que han de aceptarse o condicionarse; de la misma forma que algunos juegos requieren determinados instrumentos, número de niños, condiciones climáticas propicias, etc., el género es la variable sociocultural determinante en la elección del qué juego jugar y con quién jugarlo.

La distinción social entre juegos de niños y de niñas es clara y explícita en la comunidad de los niños y en la opinión de los adultos. La edad de los niños es un aspecto que se subordina al género. Así, a los niños varones pequeños les es socialmente permitido jugar "juegos de niñas" y con niñas desde que son chicos hasta alrededor de los seis años, pero son objeto de burla y señalamiento si continúan haciéndolo después; de igual modo son objeto de burla si continúan jugando juegos de niños varones pequeños; las niñas en cambio pueden jugar los juegos "de niñas" sin límite de edad en tanto que su participación en juegos "de niños" es más restringida desde el comienzo.

El género regula pues, la práctica de los juegos previamente al hecho de ser jugados y lo hace de dos maneras: la una afecta los agrupamientos mixtos, y la otra vigila el contenido de la representación simbólica.

Ciertamente el niño que juegue con niñas o viceversa esta en una encrucijada, rechazado por las niñas por "pelionero", por brusco, y simultáneamente criticado por los niños por "jugar con viejas" , por parecer niña. Por supuesto, también la niña que juega con niños o juega juegos de niños, es considerada "macha", pero si la niña desde la perspectiva de las otras niñas, asume "comportamientos femeninos" en esta relación (particularmente si se viste con falditas cortas, etc.) entonces es más bien "llevativa" y "coqueta".

Desde la perspectiva de los adultos ¿Qué temor existe detrás de estos límites impuestos? ¿Por qué resultan tan eficaces? A mi juicio prevalecen dos cuestiones relacionadas. La primera, tiene que ver con la sexualidad y expresa el temor a que los niños en el juego se "toquen". Coherente también con la relación sexo-género, en este caso las víctimas son las niñas: "no quiero que la anden tocando por ahí" dice la madre de una niña; a la inversa, aún la misma madre pero en este caso en relación a su hijo dice: "es un travieso con las niñas" y en la expresión hay complicidad y agrado; visto así de elemental se explicaría el temor de que las niñas jueguen con niños, pero no a la inversa.

La segunda expresa un temor relacionado con la significación del juego en tanto que esquema propuesto para la representación, ya que los juegos son conocidos por adultos y niños y todo el mundo sabe, por decirlo así, que los juegos implican contenidos en relación al género. A nuestro juicio este temor es más importante porque afecta incluso el juego solitario del niño, es decir, sigue siendo objeto de preocupación de los adultos el que un niño juegue a "la comidita", aún cuando juegue solo.

Así, los juegos convocan escenificaciones particulares que en el terreno de la organización social conforman los ámbitos de la feminidad y la masculinidad. A la feminidad corresponden en El Platanal los modelos de signos expresivos, en tanto que a la masculinidad los modelos de signos lógicos y parecería que existe el temor de que jugar; esto es, representar lo socioculturalmente asignado al otro(a) o bien representar en compañía del otro(a), llevara a los niños a asumir roles inversos en el terreno de la realidad. La "variable género" es tan importante que, aún cuando hemos señalado que los juegos de reglas implícitas no son competitivos, cuando estos son jugados por niños tienden sin embargo a representar relaciones y situaciones de competencia.

En El Platanal, nosotros distinguimos "el género de los juegos" en relación a la manera concreta en que se conformaron los grupos de juego; esto es, tal y como se llevaron a cabo en el poblado.(9) Si tomamos sólo los juegos de reglas implícitas exclusivamente femeninos y los exclusivamente masculinos, durante 5 meses de observación, tenemos lo siguiente:

 

Juegos de reglas implícitas

Son particularmente notables las diferentes temáticas entre los juegos implícitos exclusivamente masculinos y los exclusivamente femeninos. Los juegos femeninos no sólo representan la cotidianidad y las situaciones caseras, también expresan simbólicamente una forma de interrelación emocional y cercana con los otros.(10)

El referente concreto –diferente del "espacio puro" de la cancha de fútbol– de los juegos de las niñas es tendencialmente real en tanto que el de los niños es imaginario; pero la temática que proponen los juegos de las niñas es, por decirlo así, doblemente real, por un lado refieren a situaciones domésticas y públicas observables incluso en la televisión. Por otro lado, muy probablemente representan situaciones reales donde las niñas mismas pueden haber estado involucradas.

Así, la mujer como madre-esposa-hija y lo que en el ámbito de la casa ocurre cotidianamente es por excelencia representado, también lo es el cuidado por la presentación personal. Cuando estos juegos refieren a situaciones públicas –enfermeras, por ejemplo– tienen un referente real; sin embargo, en El Platanal no existen estos servicios y trabajos que podrían incluso ser considerados de prestigio. Es importante señalar que los papeles que las niñas asumen en estos juegos son complementarios, (madre-hijos, empleada-compradora, etc.) generalmente representan relaciones afectivas o que se convierten en relaciones personales y aún cuando en estos juegos se representan situaciones conflictivas y peleas, cuando estas forma parte del juego, la "función" de quien representa al adulto es resolverlo y establecer la armonía.

Por otra parte, los juegos femeninos son juegos sedentarios, no exigen de un gran esfuerzo físico, se construyen mímica y verbalmente. En ellos el espacio se cierra y con frecuencia el juego de las niñas se lleva a cabo al interior de la casas o de los patios. Por el contrario un "pareces vieja" se le dice a los niños cuando no juegan en la calle.

La temática de los juegos de reglas implícitas exclusivamente masculinos es enteramente opuesta: no refieren de hecho a relaciones y situaciones domésticas. Podemos incluir aquí, relativamente, dos excepciones: el juego de los caballos y los "monitos"; aún así, el caballo sólo duerme en la casa, mientras transita y presta sus servicios en espacios extra domésticos y los "monitos" son frecuentemente "personajes" enmascarados, luchadores, soldados, etc., que tienen un desempeño público vinculado también con situaciones de guerra o lucha.

Los juegos masculinos que prefiguran espacios públicos representan trabajos, relaciones y situaciones masculinas que, ahora sí, pueden tener un referente real: construir, electricista, cantante y carros. Obsérvese sin embargo, que en estos juegos no se representa el trabajo campesino o jornalero, el cual es el desempeñado por sus padres y con seguridad lo será por muchos de estos mismos niños en el futuro. Lo que es aún más notable es la marcada presencia en los juegos exclusivamente masculinos de relaciones y situaciones extraordinarias a representar, "lucha" sería la palabra que los identifica a todos.

¿Cuál es el origen de estos juegos y cuál su explicación? La difícil realidad del contexto social(11) o el encuentro con las películas? También las niñas de El Platanal ven en la televisión y, en el cine del poblado, también ven películas "de balazos" como las llaman los pequeños; por otra parte, sin duda la vida en El Platanal es violenta, pero no al punto de que tenga que defenderse en batallas campales y en todo caso es igualmente violenta, si no es que más, para las niñas.

En nuestra opinión, la otra fuente de los juegos de violencia y guerra es simplemente el juego en sí mismo. Estos juegos tienen un origen similar al de los juegos de reglas explícitas: son juegos puros, esquemas socioculturales destinados específicamente para la acción lúdica, remiten no a una realidad social concreta sino a un juego que tiene una existencia previa e independiente de la experiencia de los niños y se transmite al interior de la comunidad infantil y aún a través de los medios de comunicación, como una tradición lúdica "propia de varones" y socialmente permitida para ellos. La esfera lúdica no es la excepción, es también y a través de los juegos coherente con la existencia del género como elemento básico de la organización social: hay "juegos para niños" y "juegos para niñas", del mismo modo que hay "ropa para niños" y "ropa para niñas"; etc. A través de los juegos niños y niñas se apropian de las tradiciones lúdicas socialmente permitidas para ellos y ellas.

Arribamos apenas a la tarea, a la pregunta más importante ¿por qué tanto empeño en calificar y ocultar las diversas formas en que accedemos a la esfera lúdica? Por qué a las niñas les es permitido –y aún asumamos que les gusta– representar simbólicamente lo que son y lo que con mucha probabilidad serán mujer-hija-madre y ¿que hay de malo en ello? Por qué no les es permitido, en cambio, a las niñas trepar árboles y montar vigorosamente sobre una patrulla imaginaria o empuñar una espada contra un mar de malhechores invisibles? ¿Qué hay de malo en ello? Por qué a los niños, al contrario, no les es permitido representarse a sí mismos? Re-crearse en el juego tal y como son y como probablemente serán? Esto es, como hombres del común, pero también padres e hijos? ¿Por qué tampoco las niñas se representan como jornaleras si aún algunas de ellas participan como tales? ¿Qué hay detrás de estos modos de representación de la masculinidad y la feminidad que sólo rescatan algunos aspectos, mientras ocultan otros y por qué resultan tan eficaces?

 

Notas

1. "Aprender jugando" o "jugando a aprender" sería la denominación común para muchos de los autores interesados por el juego infantil. Interpretado como instrumento del que la naturaleza dota al niño para su adaptación y aprendizaje o como esfera de actividad en la cual se expresa el desarrollo global del niño, el juego infantil ha adquirido, sin duda, una función utilitarista que ha rebosado los espacios de la educación formal y habita, a través del consumo del juguete "educativo" y/o empacado con recomendaciones propias para la edad de los pequeños usuarios, sobre todo en los hogares de clase media y alta de los contextos urbanos. También el juego, por la vía de la psicología y el psicoanálisis es utilizado como un instrumento de diagnóstico y terapia. Por el contrario, los autores interesados en el análisis sociocultural se interesan por estudiar la relación entre el juego y la vida cultural; éstos incluyen, o bien tratan específicamente, el juego adulto. Por otra parte, para los autores interesados por el análisis sociohistórico el juego es antes que nada, una actividad espontánea, libre; se juega porque se encuentra placer en ello, al margen de la supuesta utilidad que de él derive y de los factores instintivos o genéticos que puedan promoverlo. Huizinga considera que "Todo juego es, antes que nada una actividad libre. El juego por mandato no es juego, todo lo más una réplica, por encargo, de un juego." (Huizinga, Homo Ludens Emece Editores. Argentina, 1968: 20). En este marco y para otros autores interesados en el juego infantil la intención educativa termina por desaparecer la esfera lúdica infantil (Juegos y Juguetes, Ensayos de Etnotecnología. Robert Jualin (comp.) Siglo XXI. México, 1981) Duvignaud, critica la visión utilitarista del juego dentro de una crítica general a la lógica racionalista y productivista característica de la sociedad moderna: "El pensamiento de nuestro siglo rehuye lo lúdico. Se ha emprendido un inmenso esfuerzo por escamotear el azar, lo inopinado, lo inesperado, lo discontinuo y el juego... tratan de eliminar lo que les aterra." (Duvignaud, Jean El Juego del Juego. FCE. México, 1982: 13).

2. Piaget, Jean La formación del símbolo en el niño. Fondo de Cultura Económica, Biblioteca de Psicología y Psicoanálisis, México, 1987. Véase también: Seis estudios de psicología. Editorial Seix Barral, S. A. Biblioteca Breve. Barcelona, España, 1981.

3. Caillois, Roger. Los Juegos y los Hombres. La Máscara y el Vértigo. Fondo de Cultura Económica, Colección popular. México, 1986: 64.

4. Citado en: Ortega, Rosario. Juego y Conocimientos sociales. Tesis Doctoral. Departamento de psicología Evolutiva. Universidad de Sevilla. 1988: 29.

5. Ciertamente, es posible encontrar en el terreno de los juegos infantiles una tendencia general que nos indica que los juegos de reglas explícitas tienen una aparición más tardía; evidentemente el conocimiento y organización de éstos juegos requieren de cierto desarrollo físico y de un tipo de coordinación social donde media una regla precisa. Sin embargo, esta tendencia no implica la desaparición de los juegos de reglas implícitas para los niños de mayor edad. En nuestro caso, y gracias al hecho de que los niños mayores frecuentemente cuidan de los menores, esto es, no se relacionan organizados por grupos de edad, la tendencias de la relación edad-tipo de juegos se modifican en relación a la edad del niño mayor y del menor involucrados en un grupo de juego. Un análisis más detallado en: Mantilla, Lucía "El juego y El jugar: esquemas socioculturales y prácticas simbólicas". (Tesis de Maestría en Antropología Social). El Colegio de Michoacán. 1992.

6. Los espectadores de fútbol sufren modificaciones en la concentración sanguínea de glucosa y de adrenalina tanto como los propios jugadores aún, en estos últimos el cuadro normal se restablece con mayor lentitud que entre los jugadores (Vinnai, Gerhard. El Fútbol como Ideología. Siglo XXI, México, 1986: 33).

7. Véase: Zires, Margarita. "El ceremonial televisivo: un espacio de juego e ilusión" en: Cuadernos del Ticom, No. 39 Departamento de Educación y Comunicación. Universidad Autónoma Metropolitana. México, 1986.

8. Género es el concepto que nos sirve para distinguir entre las características biológicas que distinguen a hombres y mujeres y áquellas que son socialmente construidas y también constituyen parte de la identidad. Para poner un ejemplo simple, las características biológicas impiden a los hombres el embarazo, pero en términos de socialización y cultura, nuestra sociedad, considera impropio, del sexo masculino el uso de la falda, pero no el de la corbata. Los estudios de género han demostrado que las características atribuidas a los hombres son asociadas, tanto como beneficiarias, de prestigio y poder.

9. En el desarrollo concreto de los juegos observados, pudimos distinguir:

  1. Exclusivamente Femeninos: en los que no participó ningún niño.

  2. Exclusivamente Masculinos: en los que no participó ninguna niña. En los juegos mixtos conviene así mismo distinguir:

  3. Juegos Exclusivamente Mixtos: donde nunca participaron grupos de niños y niñas de manera aislada, los grupos se constituyeron siempre en forma mixta.

  4. Juegos Femeninos y Mixtos: jugados por niñas y por niñas y niños, pero nunca por grupos de niños varones solos.

  5. Juegos Masculinos y Mixtos: donde participaron o bien niños varones solos o acompañados por niñas, pero nunca los realizaron niñas solas.

  6. Juegos Masculinos, Femeninos y Mixtos: fueron aquellos que se desarrollaron independientemente del sexo de los niños, en ellos participaron indistintamente grupos de niñas, grupos de niños de manera separada y ocasionalmente participaron en ellos grupos mixtos.

10. Podríamos pensar que la forma en la cual se expresan simbólicamente en los juegos de reglas implícitas la interrelación con otros expresa las tendencias que Tanto Willian (1985) como Rubin (1983), han señalado como características de los géneros. Así, muy brevemente, Willian Dorie Giles (Gender differences in interpersonal relationships and well being" en: Research in Sociology of Education and Socialization, Vol. 5. JAI Press. 1985), considera que la forma femenina de interrelación social implica involucrarse emocionalmente en tanto que los hombres se relacionan de manera inexpresiva e impersonal. La forma masculina de interrelación corresponde típicamente a la que, en general, asumen quienes tienen algún tipo de poder, frente a sus subordinados. Rubin, Lillian (Intimate Strangers. Berkeley: Uc press. 1983), encuentra la explicación de estas diversas formas de interrelación como un resultado de la diversa relación de la madre con el niño y con la niña; así y si bien la madre es la figura más cercana e importante durante la infancia, a diferencia de la niña, el niño necesita establecer una ruptura con esta figura amada con la cual también se ha identificado, pero de la cual tiene que, no sólo separarse, sino también diferenciarse.

11. Como es sabido, aún en las jugueterías de los países del primer mundo es en la sección masculina donde se encuentran aquellos juguetes que tienen que ver con la escenificación de la violencia y la guerra.

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