
Las diferencias de género en la familia y en la escuela
Celia Luévanos Aguirre*
* Investigadora de la Dirección de Psicopedagogía y Asesora de la upn, Unidad
142, de Tlaquepaque, Jal.
En nuestra sociedad, aún antes de que nazca un ser humano ya hay todo
un conjunto de expectativas respecto al hecho de ser "hombre" o
"mujer". Expectativas que desde los primeros contactos del niño con el exterior
(padres, abuelos, médicos, enfermeras) le van transmitiendo una serie de mensajes sobre
su condición de género.
En estos procesos de socialización, la familia y la escuela tienen un
papel preponderante (en la actualidad también los medios de comunicación) y dentro de
estas, los padres y maestros por lo que resulta significativo indagar en las historias de
los sujetos que son padres de familia y profesores (en este caso de educación primaria).
Cómo han ido construyendo su identidad de género (ellos también fueron hijos y
alumnos), cómo la viven en las situaciones familiares y escolares en que participan,
cómo la proyectan hacia sus cónyuges, hijos e hijas, alumnas y alumnos.
Un estudio preliminar sobre este asunto con padres docentes1 ha permitido detectar varios aspectos interesantes como
punto de partida para un análisis más profundo, entre estos destacan:
La delegación de la representatividad de las mujeres a los
hombres.
La responsabilidad casi exclusiva que asume la mujer en las
tareas domésticas, aún cuando tiene un trabajo remunerado.
La contradicción personal y social que existe en el hecho de
ser mujer "decente" y dedicarse a actividades públicas, (sobre todo las
relacionadas con la política).
La mayor apertura para considerar la sexualidad masculina como
proceso "natural", más que la femenina.
El concebir como juegos, juguetes y asuntos propios del hombre
los que se relacionan con una interacción más activa hacia el mundo exterior y propios
de la mujer los que se circunscriben más a las relaciones afectivo-sociales.
El conflicto y contradicción que implica para la mujer
desempeñar funciones paralelas de madre, esposa y profesionista.
El apoyo económico en la familia como
"responsabilidad" del hombre, mientras el ingreso de la mujer se considera como
"ayuda".
La mujer mejor remunerada económicamente, hecho que hace sentir
al hombre "inferior".
La mujer necesita un "hombre fuerte", cambia
protección por amor.
La mujer que sobresale en actividades públicas se considera
"sospechosa" en su identidad sexual.
Estas primeras observaciones nos llevan a preguntarnos acerca de cómo
se va formando en los niños una visión axiológica que los prepara y predispone para
pensar y actuar de cierta manera, reproduciendo ciertas pautas de socialización. A la vez
también cabe reflexionar acerca de los procesos que en una sociedad tan dinámica como la
nuestra, no se viven o se piensan de manera determinista sino que producen contradicción,
conflicto y esperemos transformaciones más acordes con un desarrollo integral
del ser humano.
Las diferencias de género, aún cuando en la realidad social se
manifiestan en casi todos los ámbitos de la actividad humana: familia, escuela, iglesias,
Estado, grupos de amigos, centros deportivos y recreativos, medios de comunicación,
artes, oficios y profesiones, como objeto de estudio científico es relativamente reciente
su aparición y mucho más tardada su consolidación como tales.2 De hecho, el que esta diferencia permee todos estos espacios ha
propiciado que se le vea como una situación natural más que una construcción cultural.
En la actualidad, aún cuando la sociobiología ha sostenido encontrar evidencias sobre
una distinción biológica importante entre el hombre y la mujer, podemos sostener que si
bien existen esas diferencias, y en este sentido estaríamos refiriéndonos al sexo, el
género alude a las diferencias psicológicas, sociales y culturales, por tanto es una
construcción social, donde las diferenciación biológica sólo es un indicador para y no
causa de la identidad de género.
En este sentido, la familia y la escuela son dos de los principales
agentes de socialización que contribuyen a perpetuar (quizás también a transformar) los
valores (actitudes, procesos, cosas, instituciones) que sostienen la feminidad y la
masculinidad en una sociedad.3
En la familia hay un conjunto de códigos axiológicos que sustentan el
tipo de acciones y relaciones que ahí se desarrollan y que de cada hombre o mujer se
esperan, manifestados en: estímulos y castigos, juguetes y juegos, libros con
ilustraciones, programas de televisión, roles del padre y de la madre, distribución del
tiempo y el espacio, manejo de la palabra y los silencios, jerarquías intrafamiliares.
En la escuela, aún cuando no existe ninguna base legal o norma
explícita para la división por sexos, el hecho de ser hombre o mujer conlleva
generalmente un trato diferenciado y la mayoría de las veces no reflexionado por parte de
los maestros. ¿Nos hemos preguntado en cuántos procesos de formación profesional de
este tipo han participado los docentes? evidenciando así sus propias concepciones y
valoraciones que intervienen en los procesos educativos: selección y asignación de
materias, deportes, tareas escolares y extraescolares, expectativas de éxito y fracaso en
el desempeño de actividades, premios y castigos, libros de texto, materiales didácticos,
uso del tiempo y el espacio (en el aula y en el recreo), actitudes y acciones cotidianas
de profesores y directivos hombres o mujeres, organización de roles y jerarquías...
Sin duda, dos de los actores que en estas instituciones (familia y
escuela) y en estos procesos desempeñan un papel protagónico son los padres y madres de
familia y los profesores y profesoras de educación primaria, quienes a la vez fueron
hijos de familia y alumnos; ello les da seguramente una historia muy rica en opiniones,
vivencias, experiencias, conflictos y deseos frente a estas situaciones cotidianas en que
han participado y participan. Los padres-docentes prácticamente han pasado su vida en los
ámbitos familiares y escolares, teniendo como función importante en ambos la formación
de valores, normas y actitudes en los niños. ¿Cuáles son sus propias historias de vida
que les confiere un habitus?, de acuerdo con Bourdieu como: "sistemas de
disposiciones durables y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas para
funcionar como estructuras estructurantes"4 Habitus
que caracterizan prácticas acordes con la estructura social que los generó, pero no por
ello como meras ejecuciones, ya que la situación presente permite, asimismo, reorganizar
las disposiciones adquiridas en prácticas transformadoras.
A través de historias de vida de padres-docentes hemos encontrado una
información muy significativa acerca de su identidad de género, tanto en hombres como en
mujeres. De acuerdo a Sonia Reynaga5 "La historia de
vida consiste en el relato detallado de la imagen que construye un individuo de sus
acciones y experiencias como sujeto social. (...) Concebir historias de vida es concebir
un proceso de interacción entre biografía personal, institución y estructura
social". En este estudio se conformó la historia de vida de 12 sujetos (5 hombres y
7 mujeres), teniendo como eje de su estructuración las relaciones de género y las
valoraciones respecto a éste a partir de su pasado, su presente y su proyección futura
tanto familiar como escolar, relacionado todo ésto con su contexto institucional y
social. Algunos aspectos interesantes son los siguientes:
Respecto al espacio social de los docentes en términos generales
podemos ubicarlos en la clase media pero originarios de clases bajas: campesinos, obreros
y empleados menores. Han visto en la educación un medio de ascenso socioeconómico, aún
cuando actualmente cuestionan esta posibilidad en ellos mismos, es básicamente en la
educación donde centran las esperanzas de un futuro mejor para sus hijos. Piensan que sus
descendientes sí van a lograr una profesión bien remunerada económica y socialmente.
Asimismo, son personas que han logrado algunos bienes materiales: casa,
muebles, automóvil... a costa de fuertes sacrificios físicos, psíquico-sociales:
trabajan hasta tres turnos, muchos estudian la licenciatura, no tienen servicio
doméstico, gran parte de su salario lo tienen comprometido para el pago de deudas, raras
veces vacacionan (cuando lo hacen "prefieren" visitar familiares); los días de
descanso laboral tienen otros trabajos que realizar: domésticos, reparaciones, pagos,
etc. y además están convencidos de que sólo con base en estos y otros sacrificios
podrán darles a sus hijos una vida mejor (la mayoría tienen la sensación que sus padres
no hicieron lo suficiente por ellos ni en lo afectivo ni en lo económico), para que no
les pase como a ellos que tuvieron que "empezar desde abajo".
En relación a ésto, Bourdieu caracteriza el espacio social de los
"pequeño burgueses"; aún cuando lo hace a partir de otra sociedad, considero
puede aportar elementos que orientan la reflexión acerca de estos padres-docentes al
expresar entre otras ideas que "el pequeño burgués es el hombre del placer y del
presente diferidos, que se tomará más tarde, cuando tenga tiempo,
cuando haya terminado de pagar, cuando haya terminado los
estudios, cuando los hijos crezcan, o cuando se jubile. Es
decir, con la mayor frecuencia, cuando sea demasiado tarde, cuando, habiendo entregado a
crédito su vida, ya no habrá tiempo para recuperar sus fondos y será necesario, como
suele decirse rebajar sus pretensiones o mejor, desistir de ellas.
No existe reparación para un presente perdido (a causa de) un pasado enteramente definido
por su tensión hacia el futuro".6
La organización familiar de estos padres-docentes se caracteriza por
ser familias:
De la zona metropolitana de Guadalajara.
De subcultura urbana.
Pertenecientes a los estratos medios.
Nucleares neolocales constituidas por padres e hijos.
De matrimonio único monogámico actual.
Con pareja casada por lo civil y la iglesia.
De desarrollo intermedio: en etapa de procreación y
socialización de niños y adolescentes.
Cuyo ingreso familiar constituye la base de su capacidad de
compra y consumo.
Pequeñas (de dos a cinco miembros).
Donde trabajan ambos miembros de la pareja (excepto un caso).
Los integrantes de estas familias tienen sus principales y casi
exclusivas relaciones sociales entre ellos mismos. Por ejemplo: van y vienen juntos a la
misma escuela los padres y los hijos (principalmente las madres docentes), salen a hacer
las compras y los pagos, arreglan la casa, hacen algunas visitas, generalmente a la casa
materna, todos hacen las tareas escolares de los hijos, etc.
Al respecto, Philipee Ariés hace referencia a la relación entre la
historia de la familia y la historia urbana, plantea que, con el crecimiento demográfico
y el "desarrollo" de las ciudades, los espacios de convivencia, de privacía
(como los cafés, las caminatas y las reuniones de barrio) comenzaron a desaparecer.
Entonces las demandas afectivo-sociales se centraron casi exclusivamente en la familia. La
pareja y sus hijos llegaron a ser el único objeto de amor, en este pequeño círculo
social se centraron los afectos y esperanzas. La vida del hombre y de la mujer
(trabajadora) se polarizó entre el trabajo y la familia y para los hijos entre la escuela
y la familia, generándose una tendencia a monopolizar a sus miembros, lo cual ha
provocado dificultades e intolerancias al interior de ésta.
Esto se refleja en gran medida en nuestros casos estudiados: el
cónyuge y los hijos son el centro de las expectativas, deseos, frustraciones, desde los
cuales se vive el presente y se proyecta el futuro; son casi inexistentes otros ámbitos y
sujetos de interacción que pudiesen servir como catalizadores de los conflictos internos
y externos de los padres/madres docentes. Cabe preguntarnos si como gremio magisterial
pudiesen implementarse espacios de identificación personal y profesional, y aún de
atención a casos especiales que demandan apoyo (la mayoría de los entrevistados tanto
hombres como mujeres al ahondar en sus relaciones pensaron en esta posibilidad). Ello
seguramente contribuiría a mejorar las relaciones familiares y escolares, particularmente
respecto a la convivencia intragénero.
En este espacio social, escolar y familiar realizan sus prácticas
cotidianas estos padres/madres-docentes, las cuales respecto a su identidad de género se
caracterizan por los siguientes indicadores:
Todos los hombres ingresaron al magisterio por su situación
económica poco solvente o como carrera intermedia para acceder a otra; ya en la práctica
le encuentran aspectos positivos que les ha propiciado continuar en ella y tenerle
aprecio.
En las mujeres también influye la situación económica, pero
desde que ingresaron le ven varias ventajas como el tener más tiempo para el cuidado de
los hijos, poder estar con ellos en la misma escuela, fines de semana, vacaciones, etc.,
contar con las licencias de maternidad.
En el hogar el hombre "ayuda" a la mujer, en el
trabajo (ingreso económico) la mujer "ayuda" al hombre.
La mayoría de las mujeres desean liberarse de cargas de trabajo
para dedicarse más al hogar, mientras los hombres desean cambiar de trabajo para tener
otro mejor remunerado y de mejor prestigio social.
Tanto en hombres como en mujeres sigue prevaleciendo la idea de
que los juguetes, juegos y oficios más adecuados para el hombre son los que se relacionan
más con una interacción con el mundo y para las mujeres los que posibilitan más las
relaciones humanas; por ejemplo: enfermera, médica, trabajadora social, maestra, etc.
En general, tanto a hombres como a mujeres no les gusta la idea
de que sus hijos e hijas fuesen profesores de educación básica, la consideran una
profesión noble pero con pocas posibilidades de ascenso socioeconómico.
Respecto a la educación sexual, todos han hablado con sus hijos
y alumnos sobre estos temas a diferencia de sus familias de origen y de sus tiempos de
estudiantes, pero consideran que la libertad sexual no es adecuada para las mujeres. Un
elemento de cambio significativo es que tampoco la consideran deseable en el hombre.
En varios casos de las mujeres maestras, el esposo casi no
aporta al ingreso familiar, incluso a veces es agresivo con la familia. Sin embargo, ellas
expresan que no se quieren separar de porque les da mucha tristeza que sus hijos no tengan
padre. La figura paterna es muy valorada por ambos.
En su desempeño profesional todos aseguran no hacer
diferenciaciones en el trato a niñas y niños; apenas reconocen que debe haber ciertas
diferencias en las actividades deportivas, donde las más fuertes y agresivas son aquellas
"propias" de los hombres. Sin embargo, tanto en estudios enfocados al análisis
de los textos escolares como en los etnográficos que evidencian las prácticas cotidianas
de la escuela, se han documentado marcadas distinciones de género en los procesos
educativos tanto de enseñanza-aprendizaje como de interacción social.
A manera de conclusión podemos afirmar, que la situación
socioeconómica de las últimas décadas ha propiciado numerosos cambios en las dinámicas
familiares y escolares y en las concepciones que sobre el género se tenían
tradicionalmente, al requerirse que la mujer trabaje y perciba la necesidad de capacitarse
para acceder a puestos mejores. Esto ha generado asimismo que las tareas domésticas
también sean compartidas por ambos sexos, por lo menos en los casos analizados. De la
misma manera en términos generales las decisiones respecto a permisos, compras, salidas,
educación de los hijos, son compartidas, aunque sigue prevaleciendo la idea y las
prácticas de que las actividades públicas son más propias para el hombre y las privadas
(dentro del hogar) para la mujer. Uno de los aspectos que conserva la casi exclusividad
masculina son los puestos de representación política, respecto a los cuales ambos sexos
consideran que en nuestro contexto es muy difícil cambiar esta situación, aún cuando en
el magisterio la mayoría de trabajadores son mujeres.
Es conveniente pues, realizar estudios más finos que nos posibiliten
no sólo evidenciar estas diferencias de las cuales ya tenemos numerosos datos y
estadísticas sino también comprender la lógica de construcción, reproducción y
transformación de estos procesos con la finalidad de tener elementos confiables para, por
lo menos, realizar una revisión y reelaboración de los libros de texto desde una
perspectiva más integral del ser humano, más integrativa, de género. Implementar una
propuesta de capacitación y formación de docentes donde se incluyan estos temas de
manera vivencial y participativa, para que a su vez los profesores implementen talleres
para padres/madres y alumnos. Revaloración del papel que padres y docentes tienen en la
socialización de los niños y en los sistemas de valores que construyen, a través de los
cuales sientan las bases para un desarrollo mutilado y conflictivo o por el contrario, uno
que se caracterice por relaciones de género sanas e integrales.
Notas
1. Fueron aproximadamente 60 sujetos, la mayoría
profesores-alumnos de la ensj y de la upn, con los cuales se aplicó un cuestionario con
preguntas abiertas y se realizaron entrevistas no estructuradas, algunas individuales y
otras colectivas.
2. Podríamos ubicar sus inicios en Freud por una parte y
Marx y Engels por otra, aún cuando su auge se ubique en las tres últimas décadas del
presente siglo, en muchos casos teniendo como base de análisis o de crítica a los
primeros. Esto no contradice el hecho de que haya habido desde mucho antes movimientos y
manifestaciones en pro de los derechos y reivindicaciones de la mujer. Situación tan
apremiante que en muchos casos ha propiciado la politización y la subjetividad de los
estudios emprendidos.
3. Asunto aparte y no menos importante lo constituyen
esas zonas donde se ubican otras preferencias sexuales, en las que tanto la familia como
la educación tienen un papel decisivo para su conformación y también para la postura
asumida ante tales situaciones.
4. Bourdieu, Pierre. El sentido práctico. p. 92
5. Reynaga, Sonia. "Las historias de vida" en
Renglones No. 25 abril-julio 1993. iteso. p. 10.
6. Bourdieu, Pierre. La distinción. Se refiere a esta
caracterización en las páginas 333 a 357.