Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 8

(ocho)

SECCIÓN

páginas

de la 66 a la 67 de 76

... el recreo

Guadalajara, México - Diciembre de 1995

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Sor Juana Inés de la Cruz:

su producción literaria y su condición de mujer

Angélica Cecilia López Santana*

* Egresada de la Escuela Normal Superior de Jalisco, este artículo forma parte de su trabajo de tesis.

Sor Juana Inés de la Cruz

 

Escribir acerca de Sor Juana Inés de la Cruz, para una revista como la tarea, resulta una empresa hasta cierto punto complicada en la medida de que la obra de la monja es sumamente vasta, así como lo que se ha escrito con relación a ella por parte de los sorjuanistas, quienes se han dedicado a estudiarle de manera acuciosa y constante, y han organizado mesas redondas, encuentros, seminarios, congresos y eventos diversos para discutir los aspectos más relevantes y sobresalientes de su vida y producción literaria. Consciente de esta situación, en las siguientes líneas destacaré algunos de los aspectos más importantes de su vida y de su obra, pero sobre todo, resaltando el papel que juega su condición de género en estos aspectos.

Una de las mujeres pioneras en abrirse paso dentro de la sociedad y la cultura nacionales es Juana de Asbaje Ramírez de Santillana "Sor Juana Inés de la Cruz"; ella nació el 12 de noviembre de 1651 en San Miguel de Nepantla, localidad situada a 22 kms. del pueblo de Amecameca, casi en el límite sur del Estado de México. Sus padres fueron Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca e Isabel Ramírez de Santillana. Su vida se desarrolla en la época colonial de México (s. XVII), que se caracteriza por considerar que el conocimiento y el estudio estaban vedados para la mujer por calificarla poco o nada inteligente, dejando estos espacios de manera casi exclusiva para los varones.

Además de su condición de mujer, Sor Juana tuvo que padecer el estigma de ser considerada "hija natural". Situación que se explica en virtud de su tiempo, las circunstancias y el ambiente cortesano y conventual en que se movió durante toda su vida.

Mostró su precocidad en su interés por las letras desde temprana edad, pues aprendió a leer y escribir a los tres años; entre los seis o siete insistía a su madre la vistiera como varón para, de esa manera asistir a la Universidad (únicamente a los hombres les era permitido estudiar). La madre se opuso pero la tenacidad de Juana pudo más pasado el tiempo. A los ocho años de edad Sor Juana compuso para una festividad, una Loa al Santísimo Sacramento, con el cabal requerimiento de un poema de ese tipo; por premio: un libro; riqueza por la que tuvo una permanente afición.

A esta edad se traslada a México a casa de una tía materna. Allí tomó lecciones de latín, las cuales no llegaron a veinte cuando ya ella lo había aprendido bien.

Poco después, cumplidos los trece años, estuvo en la corte virreinal; luego de breve estancia fue apreciada, admirada y querida por la Virreina Leonor Carreto, Marquesa de Mancera, a causa de su simpatía, desenvolvimiento, astucia y belleza. En la misma, fue sujeta a un examen por aproximadamente cuarenta hombres de letras, teólogos, filósofos, matemáticos, historiadores, poetas y humanistas, del que salió avante demostrando su sabiduría e ingenio. Quienes la conocían la admiraban.

Desde la infancia buscó refugio en la poesía, y lo encuentra en la biblioteca de su abuelo materno Pedro Ramírez, de quien recibe sus libros; obras de clásicos españoles que lee ávidamente. El dominio del latín le permite ampliar sus conocimientos; estudia ciencias: la atrae la filosofía y a ella se orienta definitivamente al entrar en el Convento de San Jerónimo (en el año de 1668, a la edad de 17 años). Logra con firme voluntad, convertir su celda en biblioteca, la cual constaba aproximadamente con cuatro mil ejemplares de diversas materias (considerase la más grande biblioteca de ese entonces en la Nueva España) y laboratorio donde adquiere los conocimientos que desea para saciar su sed de saber. En dicho convento fue archivista y contadora, varias veces fue propuesta para Abadesa cargo que no aceptó, porque le gustaba más estar con sus libros.

Puede decirse que fue la autora oficial del virreinato: damas y señores acuden a ella frecuentemente, con peticiones que la obligan a escribir y le imponen la tarea literaria. Sor Juana vivió con el pensamiento la existencia de otras mujeres, se sintió desposada y viuda. Las experiencias ajenas, más que las propias, en asuntos de amor le permiten situarse en el lugar de la celada novia, la esposa o la viuda, cuyos sentimientos interpreta con ágil imaginación y fina sensibilidad; intuye, adivina lo que parcialmente le han confiado.(1) Tal vez en algún momento sintió y vivió situaciones parecidas, aunque no tan plenas, pues no se puede con certeza escudriñar la vida de esta gran mujer, ya que a lo largo de la misma aparecen contradicciones: su nacimiento, el motivo por el cual ingresó al convento, y sus verdaderos sentimientos.

En 1691, cuatro años antes de morir, escribió una carta autobiográfica en la cual la monja se define y se defiende; la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, en que narra su vida, expresa las razones que la motivan a escribir, a estudiar, defiende su ansia de conocimiento, manifiesta su pretensión de no dañar a nadie por el hecho de querer saber; la Respuesta es un gran desahogo espiritual. A pesar de su callada rebeldía, durante años soportó con estoicismo las críticas y las calumnias, y lo había hecho como un ejercicio para su paciencia, porque ésta "vence tolerando y triunfa sufriendo".(2)

Sor Juana tuvo estrecha relación con Carlos de Sigüenza y Góngora escritor y científico de esa época, quien la visitó constantemente en el convento; del tío de Carlos Sigüenza, Luis de Góngora y Argote, recibió influencia culterana en sus escritos. Sor Juana fue la única persona que pudo combinar las dos corrientes literarias opuestas de su época, manejándolas perfectamente, con un ingenio único (el culteranismo de Góngora y Argote y el conceptismo creado por Francisco de Quevedo). Al realizar lo anterior se sitúa como la exponente de un barroco auténtico con características plenas de este estilo, por su rebuscamiento, extravagancia en las formas, desengaño, pesimismo, entre otras.

La lírica de Sor Juana recibe múltiples influencias, emplea, como Lope, diversos moldes; soneto, lira, romance; sigue de cerca a Calderón en su teatro. Fue influida por Góngora en algún romance endecasílabo; por Lope en los romances filosóficos-morales. Pone humorismo singular a sus ovillejos y es conceptista en varios de sus mejores sonetos. Se muestra personal en sus liras, endechas, silvas y en los villancicos, que hace como por juego(3) y en los cuales refiere el vocabulario característico de los indígenas y negros.

Sor Juana cultivó también el género dramático a la manera de Calderón, haciendo suyas las formas más difíciles, con destreza formal "inimitable"; así realiza tres autos sacramentales: El divino Narciso, El mártir del Sacramento San Hermenegildo y El cetro de José, todos ellos acompañados de loas; escribió también dos comedias de capa y espada Los empeños de una casa y Amor es más laberinto.

La prolífica pluma de Sor Juana recorrió múltiples formas literarias y de entre las tres silvas que realizó se destaca el poema filosófico, literario y científico que consta de 975 versos, Primero sueño, en el centra su interés en la teoría del conocimiento.

Acorde con el carácter oscurantista de su época fue criticada por escribir poemas amorosos (profanos), llegando al extremo de padecer algunas penas en las que le fue prohibido leer y escribir en un período de tres meses dice ella: por órdenes de "una prelada muy santa y muy cándida que creyó que el estudio era cosa de inquisición y me mandó que no estudiase",(4) y a causa de las "persecuciones" y "calumnias" provenientes de algunos clérigos y laicos, que probablemente se sentían molestos por la fama que iba adquiriendo esta mujer extraordinaria.(5) Aunque nadie impidió que ella, si bien no tomara los libros estudiara física y química observando y meditando en cambios que sufrían los alimentos al ser procesados y sometidos al fuego o diversos métodos culinarios, así como también la matemática era empleada al observar las líneas paralelas de su celda y meditar sobre la perspectiva arquitectónica, realizar suposiciones lógicas al ver girar un trompo y comprobar si eran circulares o espirales las trayectorias que dibujaba el mismo en el piso. De esta manera comprobó ser tenaz por el afán de conocer el mundo y sus misterios.

Alrededor del año de 1689 habría caído en manos de Sor Juana una de las ediciones de las Obras del Padre Vieyra, que circulaba por entonces. Después de leer este sermón, parece haberle impresionado el orgulloso desafío del jesuita portugués. Sea por este motivo, o porque el tema le resultó de interés, lo cierto es que Sor Juana discurrió sobre el asunto ante sus oyentes del locutorio. Uno de ellos, personaje encumbrado, le manifestó su deseo de ver por escrito esos discursos que, dice ella, "allí hice de repente sobre los sermones de un excelente orador, alabando algunas veces sus fundamentos, otras disintiendo y siempre admirándome de su sin igual ingenio".(6)

Cumplió la monja con la palabra que había dado "a quien no podía desobedecer"(7) y redactó apresuradamente en forma epistolar, una crítica al referido sermón; quien lo solicitó prometió no darlo a conocer a la luz pública, pero fue expuesto este documento con un prólogo llamado Carta Atenagórica, por el Obispo de Puebla Manuel Fernández de Santa Cruz, quien insta a Sor Juana a dedicarse a sus labores propias del convento y dejarse de escribir cosas de su no incumbencia. El mismo Manuel Fernández de Santa Cruz decía que Sor Juana con sus escritos había cometido "crímenes" censurables y que en particular la crítica del Sermón del Orador jesuita era una obra "herética" en su fondo y "bárbara" en su forma.(8)

Cuando las censuras a la actitud literaria de Sor Juana llegaban a tales extremos; apareció la edición suelta de la Carta Atenagórica con la carta de Sor Filotea de la Cruz, seudónimo bajo el cual se ocultaba el Obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz. La poetisa decidió entonces responder al obispo en un apasionado documento autobiográfico y polémico, en el que, arrastrada por el calor de sus argumentos, respondía a sus "perseguidores" y, lo que es más a su reciente impugnador.(9)

Sor Juana es considerada como un personaje de excepcional brillantez y templanza, ya que aspira al conocimiento y se cultiva, lográndolo en alto grado. Cumple las metas que se propuso igualando y rebasando la sabiduría de muchos personajes sobresalientes de su época.

Sin duda que, las condiciones sociales, políticas y culturales en las que desarrolla la obra y la vida la poetisa de Nepantla, han cambiado de manera significativa hasta nuestros días, verdad de Perogrullo. Sin embargo, ese espíritu oscurantista y persecutorio en contra de la mujer sigue emboscado en ciertos espacios de la sociedad y la cultura. Los espacios ganados por Sor Juana en favor de una sociedad menos machista y discriminatoria, deben ser ampliados en el presente con la participación decidida de las mujeres y los hombres, procurando que las condiciones de justicia e igualdad sean parejas para los dos sexos, independientemente de su condición de género.

 

Notas

1. Francisco Monteverde. Obras Completas, Sor Juana Inés de la Cruz. Ed. Porrúa. México, 1992. p. X.

2. Respuesta a Sor Filotea de la Cruz. Ed. Hispánicas. México, 1990. p. 69.

3. Monteverde. Op. cit. p. XIV.

4. Respuesta a Sor... Op. cit. p. 50.

5. Merlo, Juan Carlos. Obras Escogidas, Sor Juana Inés de la Cruz. Ed. Bruguera. Barcelona, España, 1972. pp. 38.

6. Ibíd.. p. 39.

7. Ídem.

8. Ibíd.. p. 41.

9. Ídem.

 

Bibliografía

CASTAÑÓN, Adolfo y coautores. Historia de la Literatura en México. Ed. Somos, S. A. México.(Fascículo).

CRUZ, Sor Juana Inés de la. Respuesta a Sor Filotea de la Cruz. Ed. Hispánicas. México, 1990.

MERLO, Juan Carlos. Obras Escogidas, Sor Juana Inés de la Cruz. Ed. Bruguera. Barcelona, España.

MONTEVERDE, Francisco. Obras Completas. Sor Juana Inés de la Cruz, Ed. Porrúa. México, 1992.

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