
La condición de la mujer en la sociedad
Verónica Jiménez Martínez*
* Delegada Estatal de Mujeres en Acción por México, A. C. Secretaria
de Acción Social del Comité Ejecutivo de la Sección 47 del SNTE Jalisco.
Que las mujeres hablemos de la condición actual de la mujer en una
sociedad como la nuestra, representa dos cosas: un gran compromiso y la oportunidad de
plantear algunas reflexiones en torno al sexo femenino y su aportación al mejoramiento y
transformación de la realidad social.
El tema de la mujer ha sido tópico a abordar en todos los tiempos;
hablar de la mujer es hacer referencia al sexo femenino, a quienes compartimos condiciones
históricas similares aunque no en la misma situación de vida.
Si de educación se trata, desde el punto de vista cuantitativo
(matrícula, cobertura, deserción, etc.), la desigualdad de oportunidades por sexo,
aunque se presenta en la cotidianidad, no constituye algo relevante, pero sí lo es la
discriminación que el sistema educativo hace a la mujer a través de sus contenidos y
prácticas pedagógicas.
Los contenidos educativos que se trasmiten diferencian explícita o
implícitamente actividades entre los sexos. Así mismo, desde la óptica de las opciones
de capacitación-trabajo también se reafirma esta discriminación. En las escuelas
técnicas, por ejemplo, la educación alternativa ofrece igualdad de acceso pero no de
oportunidades, con una clara tendencia a orientar a las mujeres para que cubran las
necesidades del sector servicios. Esta situación es observable objetivamente por el lugar
que ocupa la mujer en el mundo laboral y cultural, donde el crecimiento de su nivel
académico no siempre va acompañado de una mejor ubicación en puestos de dirección ni
de mejoras en su salario. Agréguese a ésto el problema que significan las barreras
culturales de las tradiciones y costumbres, que se convierten en obstáculos que
mediatizan su educación. Así, "ser mujer" es ser infravalorada.
En el renglón salud, estadísticamente sabemos que la expectativa de
vida de las mujeres es mayor que la de los hombres; con este único criterio podríamos
suponer que las condiciones de salud de las mujeres son las más favorables, cuando en
realidad esperanza de vida no es igual a calidad de vida.
Dada la importancia del estado de salud y de nutrición en el caso de
las que son madres, los servicios de salud se centran principalmente en la gestación,
parto y prestaciones relacionadas con la maternidad; mientras que su planificación
debería sujetarse a las transformaciones experimentadas por el papel de la mujer en el
seno de la familia y de la sociedad, a lo largo de toda su vida.
Además, hemos sido las únicas destinatarias de las campañas
anticonceptivas, donde la salud reproductiva ha provocado que las mujeres estemos
contempladas en las políticas gubernamentales como las principales responsables de la
planificación familiar y aquí, deberían ser dirigidas a la pareja.
Asomándonos a la realidad, más allá de la conjunción
mujer-maternidad, existen otras realidades: las enfermedades infecciosas, el SIDA entre
ellas, cáncer de mama y útero, anemias, complicaciones como consecuencia de la práctica
de abortos, amén de violaciones, acoso sexual, violencia intrafamiliar.
Alejan del bienestar social a las mujeres el desempleo y el subempleo,
circunstancia que les deja sin seguridad social. Así, trabajando en puestos mal
remunerados, sin estar debidamente consideradas ni tener posibilidades en el mundo
laboral, muchas ocupan puestos en los que no tienen mayores posibilidades de acceso
laboral y profesional.
Dentro del ámbito familiar, es en la mujer en quien se descargan las
más importantes tareas y por ello, su quehacer político se ha visto impedido, cuando
debería ser en el hogar donde se dieran las primeras y permanentes lecciones de igualdad
con el otro sexo.
El doble papel que la mujer realiza como madre y trabajadora debe hacer
reflexionar a toda la sociedad para ir en la búsqueda y ampliación de medidas de
protección, fuentes de trabajo, mayor participación social y política; de otra forma,
el país no podrá alcanzar el desarrollo ni la productividad que necesita ya que, como
dijera el pensador Francois Fourier a principios del siglo pasado, "todo cambio en
una época histórica puede medirse por el progreso de las mujeres hacia la
libertad". En coincidencia con él Norberto Bobbio señaló, apenas hace unos años,
que la mejor forma de medir el avance de una sociedad es analizando la condición de las
mujeres.
El XI Censo de Población y Vivienda, realizado en 1990, reveló que
México contaba con 86 millones de habitantes, de los cuales el la mitad somos mujeres,
dato que nos habla de la fuerza de trabajo potencial que está en nuestras manos, no así
de la pauta de dirección ni de los espacios en el campo político.
Si bien es cierto que las mujeres hemos avanzado en participación
política, lo es también que nosotras mismas hemos sido blanco del ataque de algunas
mujeres; de aquí que en algunos casos, el mayor enemigo de una mujer sea otra. Es
fundamental insistir, en que todas debemos solidarizarnos con nuestras causas comunes e ir
a la conquista progresiva de cargos políticos y de puestos de toma de decisión. Puestos
a los que han arribado las menos haciendo oír su voz por las más; falta que adoptemos
una actitud de suma y soporte para con las mujeres que han logrado llegar.
Es necesario levantar las voces como una, pronunciándonos por:
- ¡Sí al reconocimiento del trabajo de las
mujeres!,
- ¡No a los actos discriminatorios!,
- ¡Sí al feminismo en pro de la
colectividad!,
- ¡Sí al equilibrio de las tareas en el hogar
y la corresponsabilidad!,
- ¡Bien por la evolución del discurso y las
reflexiones sobre el feminismo y que mejor
que
se transite del discurso a la acción!