Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 8

(ocho)

SECCIÓN

páginas

de la 12 a la 12 de 76

... nosotros los profes

Guadalajara, México - Diciembre de 1995

Principal | Índice


La condición de la mujer en la sociedad

Verónica Jiménez Martínez*

* Delegada Estatal de Mujeres en Acción por México, A. C. Secretaria de Acción Social del Comité Ejecutivo de la Sección 47 del SNTE Jalisco.

Que las mujeres hablemos de la condición actual de la mujer en una sociedad como la nuestra, representa dos cosas: un gran compromiso y la oportunidad de plantear algunas reflexiones en torno al sexo femenino y su aportación al mejoramiento y transformación de la realidad social.

El tema de la mujer ha sido tópico a abordar en todos los tiempos; hablar de la mujer es hacer referencia al sexo femenino, a quienes compartimos condiciones históricas similares aunque no en la misma situación de vida.

Si de educación se trata, desde el punto de vista cuantitativo (matrícula, cobertura, deserción, etc.), la desigualdad de oportunidades por sexo, aunque se presenta en la cotidianidad, no constituye algo relevante, pero sí lo es la discriminación que el sistema educativo hace a la mujer a través de sus contenidos y prácticas pedagógicas.

Los contenidos educativos que se trasmiten diferencian explícita o implícitamente actividades entre los sexos. Así mismo, desde la óptica de las opciones de capacitación-trabajo también se reafirma esta discriminación. En las escuelas técnicas, por ejemplo, la educación alternativa ofrece igualdad de acceso pero no de oportunidades, con una clara tendencia a orientar a las mujeres para que cubran las necesidades del sector servicios. Esta situación es observable objetivamente por el lugar que ocupa la mujer en el mundo laboral y cultural, donde el crecimiento de su nivel académico no siempre va acompañado de una mejor ubicación en puestos de dirección ni de mejoras en su salario. Agréguese a esto el problema que significan las barreras culturales de las tradiciones y costumbres, que se convierten en obstáculos que mediatizan su educación. Así, "ser mujer" es ser infravalorada.

En el renglón salud, estadísticamente sabemos que la expectativa de vida de las mujeres es mayor que la de los hombres; con este único criterio podríamos suponer que las condiciones de salud de las mujeres son las más favorables, cuando en realidad esperanza de vida no es igual a calidad de vida.

Dada la importancia del estado de salud y de nutrición en el caso de las que son madres, los servicios de salud se centran principalmente en la gestación, parto y prestaciones relacionadas con la maternidad; mientras que su planificación debería sujetarse a las transformaciones experimentadas por el papel de la mujer en el seno de la familia y de la sociedad, a lo largo de toda su vida.

Además, hemos sido las únicas destinatarias de las campañas anticonceptivas, donde la salud reproductiva ha provocado que las mujeres estemos contempladas en las políticas gubernamentales como las principales responsables de la planificación familiar y aquí, deberían ser dirigidas a la pareja.

Asomándonos a la realidad, más allá de la conjunción mujer-maternidad, existen otras realidades: las enfermedades infecciosas, el SIDA entre ellas, cáncer de mama y útero, anemias, complicaciones como consecuencia de la práctica de abortos, amén de violaciones, acoso sexual, violencia intrafamiliar.

Alejan del bienestar social a las mujeres el desempleo y el subempleo, circunstancia que les deja sin seguridad social. Así, trabajando en puestos mal remunerados, sin estar debidamente consideradas ni tener posibilidades en el mundo laboral, muchas ocupan puestos en los que no tienen mayores posibilidades de acceso laboral y profesional.

Dentro del ámbito familiar, es en la mujer en quien se descargan las más importantes tareas y por ello, su quehacer político se ha visto impedido, cuando debería ser en el hogar donde se dieran las primeras y permanentes lecciones de igualdad con el otro sexo.

El doble papel que la mujer realiza como madre y trabajadora debe hacer reflexionar a toda la sociedad para ir en la búsqueda y ampliación de medidas de protección, fuentes de trabajo, mayor participación social y política; de otra forma, el país no podrá alcanzar el desarrollo ni la productividad que necesita ya que, como dijera el pensador Francois Fourier a principios del siglo pasado, "todo cambio en una época histórica puede medirse por el progreso de las mujeres hacia la libertad". En coincidencia con él Norberto Bobbio señaló, apenas hace unos años, que la mejor forma de medir el avance de una sociedad es analizando la condición de las mujeres.

El XI Censo de Población y Vivienda, realizado en 1990, reveló que México contaba con 86 millones de habitantes, de los cuales el la mitad somos mujeres, dato que nos habla de la fuerza de trabajo potencial que está en nuestras manos, no así de la pauta de dirección ni de los espacios en el campo político.

Si bien es cierto que las mujeres hemos avanzado en participación política, lo es también que nosotras mismas hemos sido blanco del ataque de algunas mujeres; de aquí que en algunos casos, el mayor enemigo de una mujer sea otra. Es fundamental insistir, en que todas debemos solidarizarnos con nuestras causas comunes e ir a la conquista progresiva de cargos políticos y de puestos de toma de decisión. Puestos a los que han arribado las menos haciendo oír su voz por las más; falta que adoptemos una actitud de suma y soporte para con las mujeres que han logrado llegar.

Es necesario levantar las voces como una, pronunciándonos por:

  • ¡Sí al reconocimiento del trabajo de las mujeres!,

  • ¡No a los actos discriminatorios!,

  • ¡Sí al feminismo en pro de la colectividad!,

  • ¡Sí al equilibrio de las tareas en el hogar y la corresponsabilidad!,

  • ¡Bien por la evolución del discurso y las reflexiones sobre el feminismo y que mejor que se transite del discurso a la acción!

Principal | Índice