
Género y la salud del docente: una visión alternativa
Alberto Ibarra García*
* Unidad Departamental de Docencia de la Subdirección de
Investigación y Estudios de Posgrado de la Dirección General de Normales y Mejoramiento
Profesional, Secretaría de Educación de Jalisco.
En el presente trabajo intentamos hacer un análisis de la problemática de salud-enfermedad que afecta a las y los docentes de educación primaria. Abordaremos dicha problemática a través del enfoque de género, en un marco teórico explicativo del deterioro de la salud de los individuos, en especial de la mujer. Mencionaremos las funciones múltiples de las maestras, las relaciones entre sí y cómo ésto repercute en su salud, con la intención de desarrollar propuestas de prevención y manejo más integrales para dicho grupo social.
Enfoque de género
El concepto de género, ha ido ganando espacio en los últimos años; sobre todo,
en el vocabulario de los investigadores en ciencias sociales, en un intento por señalar
una serie de características que cada sociedad construye y que diferencian a los hombres
de las mujeres. Al decir género, hablamos de una serie de actividades, comportamientos,
deseos, valores, roles, etc., que rebasan a la referencia de lo puramente biológico.
Género y sexo no son sinónimos; el significado de este último término se refiere a las
características biológicamente determinadas del hombre y la mujer (que generalmente son
invariables); sin embargo, no hay que perder de vista que como especie hombre y mujer,
tienen más parecido que diferencias.
Es importante señalar que no se pretenden negar las diferencias
biológicas entre el hombre y la mujer, sino, reconocer la categoría de género como una
diferencia entre los sexos tomando en cuenta tanto lo biológico como lo social; o sea,
que nos encontramos no sólo con la diferencia biológica, sino también con la constante
clasificación de lo masculino y lo femenino, división que se atribuye a la biología
pero que, a excepción de la función reproductiva, es puramente cultural.
Así entonces las variaciones de género en su gran mayoría, son una
interpretación social del sexo biológico, es decir, son construcciones culturales. Dicha
construcción tiene el rasgo de establecer una diferenciación no neutra entre hombre y
mujer que implica valoraciones que atribuyen mayor importancia y valía a las
características y actividades asociadas con el hombre.1
Como resultado del proceso histórico de dicha construcción social, podemos apreciar las
desigualdades hombre-mujer en esferas como la educación, el trabajo y la salud entre
otras; es ahí donde surgen los estudios de género.
Si bien es cierto que las relaciones de género tienen diversas
expresiones según la cultura y el momento histórico, también lo es la constante que
presentan, la dominación de un sexo sobre el otro a través de la repartición de tareas
y funciones sociales. El sexo entonces, no ha sido más que el pretexto, es la
construcción de género la que origina las desigualdades.
Salud y género
En el aspecto de salud, el enfoque de género intenta superar la explicación
orgánico-biologicista de los procesos patológicos, así como la concepción
reduccionista de la salud de la mujer al ámbito reproductivo. Las situaciones concretas
de género, establecen diferencias en procesos patológicos entre hombres y mujeres.
Las investigaciones sobre el enfoque de género y salud son escasas
(sobre todo si se comparan con otros enfoques), aunque con una intención es muy clara:
tratar de explicar cómo intervienen las condiciones y relaciones de género en el proceso
de determinación de la salud-enfermedad,2 y no sólo
limitarse a conocer los indicadores de enfermedades que afecten principal o exclusivamente
a un sexo. También dentro de la relación entre género-salud, puede ser analizada la
relación mujer-salud, a través del papel que ésta juega de preservar la salud del resto
de la población ya sea incorporada al sector médico o en el hogar; es decir, como mera
promotora de salud. Esta última situación la dejaremos de lado en este artículo.
Los enfoques epidemiológicos tradicionales, no profundizan en la
etiología, prevalencia e incidencia de alteraciones de la salud entre los dos sexos, pues
dan énfasis a la causalidad orgánica como explicación a los problemas de salud de un
grupo. Se ha llegado a determinar la etiología social de las enfermedades, partiendo de
la distribución de riqueza (estratos socioeconómicos), lo que resulta incompleto para
explicar algunas de las alteraciones de salud en las mujeres, por lo que resulta necesario
incorporar nuevas categorías que nos lleven a conocer mejor dicha realidad. Así mismo
desde el enfoque de género, resulta insuficiente utilizar los índices de mortalidad como
un indicador de salud-enfermedad de una población, ya que éstos tratan del final de un
proceso mórbido, y por lo tanto no reflejan las variaciones de la calidad de vida de las
personas que permanecen vivas.
En este sentido, a partir de 1992 la Organización Mundial de la Salud
(OMS), ha reconocido que las mujeres presentan en forma desproporcionada, más problemas
de salud previsibles que los hombres, consecuencia de la desigualdad que existe en
relación a la posición social y económica en casi todas las culturas.3 Otra diferencia importante que se ha observado entre hombres y mujeres,
es que éstas últimas tienden a reportar un aumento en los años de vida, pero el hecho
de vivir más tiempo, no se traduce como vivir mejor, ni tener mejores condiciones de
salud,4 esta mayor morbilidad se manifiesta en una
incidencia más alta de transtornos agudos, una mayor prevalencia de enfermedades
crónicas (no mortales) y en niveles más elevados de discapacidad en el corto y en el
largo plazo.5
Podemos señalar, entre otras, algunas condiciones biológico-sociales
que intervienen de manera importante en las variaciones de salud entre hombres y mujeres,
como serían: la función reproductiva, el trabajo doméstico y la actividad productiva,
factores que tienen que ver con valoraciones sociales de género y que, en el caso
concreto de las docentes, abordaremos más adelante.
Salud del docente
En relación a este punto, Ibarra y Ramírez,6 nos
muestran a través de un perfil de salud del maestro, el tipo de enfermedades que se
presentan con más frecuencia en este sector de la población. En un estudio realizado en
docentes de educación primaria, destacan las alteraciones de los órganos fóneticos, las
de tipo vascular, las de fondo psicológico, y de la vista.
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Es de destacar también, la poca incidencia de
enfermedades cuya evolución es de tipo aguda, ya que la mayoría de las patologías
encontradas se presentan con un desarrollo de tipo crónico (de más de 15 días), a
excepción de las de los órganos fonéticos que suelen manifestarse de manera recurrente,
es decir, sanan pero al corto tiempo vuelven a presentarse, (Cuadro 1). Lo anterior puede
ser traducido como un deterioro lento y progresivo del estado de salud de los docentes.
Por otro lado, hay que tomar en cuenta en la salud del docente, ciertos
factores de riesgo como son los hábitos, que en su caso no son muy favorables, y llaman
la atención, sobre todo por el ejemplo que a través de ellos se da a los alumnos
(función formadora). Destacan entre los hábitos negativos: los alimenticios (horario y
tipo de alimento) que conllevan serias deficiencias nutritivas e higiénicas; la poca
actividad físico-deportiva (solo el 26 % completa más de 90 min./semana); la obesidad
(28 %) y el tabaquismo (18 %).7
Llama la atención la significativa elevación en la frecuencia de
algunas de las enfermedades encontradas en los docentes, sobre todo si la comparamos con
perfiles de salud de otros grupos con características laborales diferentes. Tal es el
caso que reporta Domínguez O.8 de trabajadores del IMSS,
(ver Cuadro 2). Lo anterior nos hace pensar, que la recurrencia de las alteraciones de la
salud que presentan los docentes, son propias de dicho sector laboral.
Examinar las enfermedades de un sector como el de los maestros, al
margen de su proceso laboral, patrones de conducta y de los roles sociales asignados al
hombre y a la mujer, solo nos proporcionaría una visión parcial (biológica) del
problema, lo que nos lleva a buscar las siguientes relaciones:
Salud y trabajo docente
Hay autores como C. Laurell,9 que encuentran que la
afinidad entre la actividad laboral y la etiología de ciertos fenómenos patológicos no
es temporal ni accidental, sino algo que se desarrolla de manera prolongada y que
determinan el origen y la evolución de diversas manifestaciones patológicas. A partir de
ambos supuestos, resulta importante desentrañar las características específicas de cada
actividad laboral. Para el caso de los docentes, Ibarra y Ramírez,10 encontraron que las características del trabajo docente, predisponen
a alteraciones de su salud. Acciones físicas del quehacer docente cotidiano como estar de
pie (3:10 hrs. por turno) y hablar (2:35 hrs. por turno) favorecen a alteraciones del
aparato fonético y vasculares, principalmente. Queda por determinar la posible relación
de alteraciones cuyo fondo es psicológico y su relación con las acciones cotidianas que
realizan los docentes en su trabajo.
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Género y salud docente
La primera característica que observamos al explorar el gremio magisterial, es su
distribución por niveles en relación al sexo: en el preescolar, casi en su totalidad son
mujeres; en el resto de la educación básica, sigue presentándose una proporción alta
de mujeres, pero en los puestos de responsabilidades mayores, se ubican hombres. En la
educación superior, la proporción hombre-mujer, se invierte y los puestos de
responsabilidad son ocupados prácticamente por hombres, lo anterior nos señala que las
características del trabajo (por nivel), van a influir en el estado de salud de manera
diferente en cada sexo.
En este apartado nos referiremos principalmente a las maestras por ser
mayoría en el gremio magisterial, así como por estar en condiciones de desventaja en lo
que a salud se refiere. Es cierto que aún cuando los profesores, tanto hombres como
mujeres, compartimos muchas condiciones similares, hay situaciones concretas de género
que establecen diferencias en los procesos de enfermedad que padecen unos y otros; los
roles y comportamientos que desempeñan cada uno en la sociedad constituyen una de esas
diferencias.
Actualmente hay un debate en torno a los prejuicios vs. beneficios para
la salud, que ocasiona la actividad laboral en las mujeres; beneficios sobre todo en
relación a la autoestima y el apoyo social.11 En
contraparte, no podemos ocultar que el trabajo produce tensión y desgaste. En la
actividad docente hay que "lidiar" con niños, padres y madres de familia,
directores, supervisores, inspectores y compañeros, más la responsabilidad propia del
trabajo; si agregamos las horas extras intraescolares y las que se prolongan en casa por
cumplir con requisitos de planificación, calificación y demás trabajos administrativos,
acciones todas estas que podemos considerar como factores que deterioran la salud del
docente.
Algunos autores han encontrado que las tasas de morbilidad y mortalidad
de algunas enfermedades crónicas en mujeres trabajadoras es menor a las de la población
en general o a las de amas de casa.12 En otros
estudios, no se encontraron diferencias significativas entre amas de casa y mujeres
trabajadoras, en lo que respecta a factores de riesgo y enfermedades cardiovasculares.
Esto nos lleva a pensar que el quehacer del hogar es igual o más destructivo para la
salud que las funciones laborales. Hay que señalar que en las investigaciones antes
mencionadas, por un lado, no toman en cuenta que las características de cada trabajo
varían, y para el caso de los docentes, si predisponen a ciertas alteraciones crónicas
de la salud; por otro, la suma de ambas funciones provoca daño en la salud de las
maestras.
Es la misma Debert-Ribeiro13 quien
señala: " La combinación del trabajo y las responsabilidades familiares pueden
ejercer suficientes presiones en las mujeres al punto de provocar efectos desfavorables
para su salud física" (modelo del estrés en el empleo), ésto nos lleva a pensar en
el espacio doméstico, como un conjunto de condiciones epidemiológicamente destructivas;14 además, poco estudiadas.
Aunque en la época actual de crisis las maestras se han
corresponsabilizado económicamente en el hogar, las relaciones genéricas continúan
igual.
En el caso de las maestras al incorporarse al sistema productivo
remunerado, no quedan exentas de "sus obligaciones" en el hogar. En "sus
horas libres", siguen teniendo responsabilidades tales como: las labores domésticas
y el cuidado de los hijos, entre otras, sin que el hombre se responsabilice de la parte
que le corresponde. Rutinas como arreglar la casa, alistar a los hijos para la escuela,
lavar, ir a la tienda, etc., siguen siendo contempladas como actividades
"naturales" de la mujer, socialmente poco valoradas ya que no son consideradas
como trabajo.
Las maestras combinan su actividad laboral, que en más de la mitad de
ellas es de doble plaza, con el quehacer del hogar y el rol de madre-esposa. Alteraciones
tales como; cefaleas/migrañas, gastritis/úlcera, colitis, las cuales podemos relacionar
con el estrés, son de prevalencia casi exclusiva de las mujeres, en menor proporción las
várices y el edema de extremidades inferiores.15
Es consecuencia de los roles sociales asignados a las maestras como madres,
aunados a su trabajo, la falta de tiempo y energía, llevan a que los "malos
hábitos" prevalezcan: la calidad nutritiva, el lugar y los horarios de los alimentos
y la poca actividad físico-deportiva se convierten en factores importantes de riesgo para
la salud de las docentes.
Existen otros factores más del orden de lo biológico, que agravan la
situación del sexo femenino como son los embarazos y los cambios hormonales y el uso de
anticonceptivos, mismos que predisponen a una mayor incidencia de várices.
Lo anterior nos muestra claramente la marcada diferencia en cuanto a
los factores responsables de la aparición y evolución de las enfermedades, presentes en
casi la mitad de la humanidad y en la mayoría de la población docente: las mujeres
maestras.
Por último, queremos señalar que entre los propósitos que subyacen
en este trabajo, están los de intentar elevar la calidad de vida de las y los docentes y
aspirar a una sociedad más equitativa y sana.
A través de la categoría de género hemos mostrado la posibilidad de
un enfoque alternativo para interpretar e incidir en la salud de la población, en este
caso del sector magisterial. Dicha visión nos amplía el ámbito de salud de la mujer a
más allá de lo reproductivo-materno; ésto debe ser tomado en cuenta en la
planificación del quehacer del sector salud, para no quedar en intentos de buena voluntad
más que en programas bien definidos.
Dada la función social del docente, es importante la creación de
espacios dentro y fuera de la escuela, donde los maestros (principalmente las maestras),
participen más activa y decididamente en la promoción de su salud, la de sus alumnos y
la de su familia.
En relación al autocuidado de la salud, podemos señalar acciones para
prevenir las alteraciones que más frecuente aquejan a los docentes, tales como: cuidados
generales de los órganos fonéticos (técnicas para el mejor uso de la voz), medidas para
evitar várices y edema de extremidades inferiores (uso de media elástica y ejercicios
físicos), mejorar sus hábitos; disminuir el tabaquismo, aumentar la actividad deportiva,
eliminar malos hábitos alimenticios, en cuanto a horarios, calidad nutritiva e higiene.
Por otro lado, un aspecto muy importante que nos llama la atención a
partir del enfoque de género, es que en instituciones como la escuela se continúen
reproduciendo relaciones sociales que privilegian a lo masculino sobre lo femenino
(sexismo), lo que origina la desigualdad de género. Consideramos que es ahí donde se
puede romper con la transmisión de valores sexistas, e incidir en esa relación
dominio-subordinación.
Referencias bibliográficas
1. Gómez, Elsa. Género, mujer y
salud en las américas. (Publicación científica No. 541), Organización Panamericana
de la Salud. Washington, 1993. p. X.
2. Breilh, Jaime. Género poder y salud. Ibarra
Editores-CEAS-UTN. Ecuador, 1994. p. 57.
3. Guerra Carlyl. Género, mujer y salud en las
américas. (Publicación científica No. 541), Organización Panamericana de la Salud.
Washington, 1993. [Prólogo].
4. De los Ríos, Rebecca. "Género, salud y
desarrollo: un enfoque en construcción", en: Género, mujer y salud en las
américas. (Publicación científica No. 541). Organización Panamericana de la Salud.
Washington, 1993. p. 11
5. Gómez, Elsa. Op. cit. p. XV.
6. Ibarra, Ramírez. Naturaleza y condiciones de
trabajo como causa de alteraciones de la salud física y psicológica en profesores de
educación primaria. Educación Jalisco, DGNyMP, Tomo VII. Foro de Intercambio de
Investigación Educativa. México, 1995.
7. Idem.
8. Domínguez, Octaviano. "Fomento a la salud en los
trabajadores del IMSS", en: Revista Cuestión Social del IMSS. México, 1988.
9. Laurell, Asa Cristina. "Proceso de trabajo y
salud", en: Cuadernos Políticos, No. 17, UAM. México, 1978.
10. Ibarra, Ramírez. Ibídem.
11. Debert-Ribeiro. "La mujer y la enfermedad
crónica en América Latina", en: Género, mujer y salud en las américas.
(Publicación científica No. 541). Organización Panamericana de la Salud. Washington,
1993. p. 91
12. Laurell, Asa Cristina. Ibídem.
13. Debert-Ribeiro. Ibid. p. 90
14. Breilh, Jaime. Op. cit. p. 62.
15. Ibarra, Ramírez. Ibídem.