Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 8

(ocho)

SECCIÓN

páginas

de la 58 a la 61 de 76

... el rollo

Guadalajara, México - Diciembre de 1995

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Género y la salud del docente: una visión alternativa

Alberto Ibarra García*

* Unidad Departamental de Docencia de la Subdirección de Investigación y Estudios de Posgrado de la Dirección General de Normales y Mejoramiento Profesional, Secretaría de Educación de Jalisco.

En el presente trabajo intentamos hacer un análisis de la problemática de salud-enfermedad que afecta a las y los docentes de educación primaria. Abordaremos dicha problemática a través del enfoque de género, en un marco teórico explicativo del deterioro de la salud de los individuos, en especial de la mujer. Mencionaremos las funciones múltiples de las maestras, las relaciones entre sí y cómo esto repercute en su salud, con la intención de desarrollar propuestas de prevención y manejo más integrales para dicho grupo social.

 

Enfoque de género

El concepto de género, ha ido ganando espacio en los últimos años; sobre todo, en el vocabulario de los investigadores en ciencias sociales, en un intento por señalar una serie de características que cada sociedad construye y que diferencian a los hombres de las mujeres. Al decir género, hablamos de una serie de actividades, comportamientos, deseos, valores, roles, etc., que rebasan a la referencia de lo puramente biológico. Género y sexo no son sinónimos; el significado de este último término se refiere a las características biológicamente determinadas del hombre y la mujer (que generalmente son invariables); sin embargo, no hay que perder de vista que como especie hombre y mujer, tienen más parecido que diferencias.

Es importante señalar que no se pretenden negar las diferencias biológicas entre el hombre y la mujer, sino, reconocer la categoría de género como una diferencia entre los sexos tomando en cuenta tanto lo biológico como lo social; o sea, que nos encontramos no sólo con la diferencia biológica, sino también con la constante clasificación de lo masculino y lo femenino, división que se atribuye a la biología pero que, a excepción de la función reproductiva, es puramente cultural.

Así entonces las variaciones de género en su gran mayoría, son una interpretación social del sexo biológico, es decir, son construcciones culturales. Dicha construcción tiene el rasgo de establecer una diferenciación no neutra entre hombre y mujer que implica valoraciones que atribuyen mayor importancia y valía a las características y actividades asociadas con el hombre.(1) Como resultado del proceso histórico de dicha construcción social, podemos apreciar las desigualdades hombre-mujer en esferas como la educación, el trabajo y la salud entre otras; es ahí donde surgen los estudios de género.

Si bien es cierto que las relaciones de género tienen diversas expresiones según la cultura y el momento histórico, también lo es la constante que presentan, la dominación de un sexo sobre el otro a través de la repartición de tareas y funciones sociales. El sexo entonces, no ha sido más que el pretexto, es la construcción de género la que origina las desigualdades.

 

Salud y género

En el aspecto de salud, el enfoque de género intenta superar la explicación orgánico-biologicista de los procesos patológicos, así como la concepción reduccionista de la salud de la mujer al ámbito reproductivo. Las situaciones concretas de género, establecen diferencias en procesos patológicos entre hombres y mujeres.

Las investigaciones sobre el enfoque de género y salud son escasas (sobre todo si se comparan con otros enfoques), aunque con una intención es muy clara: tratar de explicar cómo intervienen las condiciones y relaciones de género en el proceso de determinación de la salud-enfermedad,(2) y no sólo limitarse a conocer los indicadores de enfermedades que afecten principal o exclusivamente a un sexo. También dentro de la relación entre género-salud, puede ser analizada la relación mujer-salud, a través del papel que ésta juega de preservar la salud del resto de la población ya sea incorporada al sector médico o en el hogar; es decir, como mera promotora de salud. Esta última situación la dejaremos de lado en este artículo.

Los enfoques epidemiológicos tradicionales, no profundizan en la etiología, prevalencia e incidencia de alteraciones de la salud entre los dos sexos, pues dan énfasis a la causalidad orgánica como explicación a los problemas de salud de un grupo. Se ha llegado a determinar la etiología social de las enfermedades, partiendo de la distribución de riqueza (estratos socioeconómicos), lo que resulta incompleto para explicar algunas de las alteraciones de salud en las mujeres, por lo que resulta necesario incorporar nuevas categorías que nos lleven a conocer mejor dicha realidad. Así mismo desde el enfoque de género, resulta insuficiente utilizar los índices de mortalidad como un indicador de salud-enfermedad de una población, ya que éstos tratan del final de un proceso mórbido, y por lo tanto no reflejan las variaciones de la calidad de vida de las personas que permanecen vivas.

En este sentido, a partir de 1992 la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha reconocido que las mujeres presentan en forma desproporcionada, más problemas de salud previsibles que los hombres, consecuencia de la desigualdad que existe en relación a la posición social y económica en casi todas las culturas.(3) Otra diferencia importante que se ha observado entre hombres y mujeres, es que éstas últimas tienden a reportar un aumento en los años de vida, pero el hecho de vivir más tiempo, no se traduce como vivir mejor, ni tener mejores condiciones de salud,(4) esta mayor morbilidad se manifiesta en una incidencia más alta de transtornos agudos, una mayor prevalencia de enfermedades crónicas (no mortales) y en niveles más elevados de discapacidad en el corto y en el largo plazo.(5)

Podemos señalar, entre otras, algunas condiciones biológico-sociales que intervienen de manera importante en las variaciones de salud entre hombres y mujeres, como serían: la función reproductiva, el trabajo doméstico y la actividad productiva, factores que tienen que ver con valoraciones sociales de género y que, en el caso concreto de las docentes, abordaremos más adelante.

 

Salud del docente

En relación a este punto, Ibarra y Ramírez,(6) nos muestran a través de un perfil de salud del maestro, el tipo de enfermedades que se presentan con más frecuencia en este sector de la población. En un estudio realizado en docentes de educación primaria, destacan las alteraciones de los órganos fonéticos, las de tipo vascular, las de fondo psicológico, y de la vista.

Cuadro 1. Alteraciones de la salud más frecuentes en maestros de primaria

 

No. de
casos

%

Evol.
aguda

Evol.
crónica

Evol.
recurrente

Disfagia

36

60

3

11

23

Várices

33

55

0

33

0

Alt. reumáticas

28

46

0

28

0

Ardor de ojos y lagrimeo

24

40

0

15

9

Disfonía

21

35

1

7

13

Cefalea/migraña

18

30

0

13

5

Gastritis/úlcera

16

26

0

15

1

Edema de extrem. inferiores

15

25

0

15

0

Astigmatismo

15

25

0

15

0

Astenia/adinamia

14

23

0

8

6

Psicodermatosis

13

21

2

6

5

Hipoacisia

12

20

2

10

0

Colitis

10

16

0

10

0

Miopía

10

16

0

10

0

Hipermetropía

9

15

0

9

0

Elaborado por Ibarra y Ramírez, 1995.

Es de destacar también, la poca incidencia de enfermedades cuya evolución es de tipo aguda, ya que la mayoría de las patologías encontradas se presentan con un desarrollo de tipo crónico (de más de 15 días), a excepción de las de los órganos fonéticos que suelen manifestarse de manera recurrente, es decir, sanan pero al corto tiempo vuelven a presentarse, (Cuadro 1). Lo anterior puede ser traducido como un deterioro lento y progresivo del estado de salud de los docentes.

Por otro lado, hay que tomar en cuenta en la salud del docente, ciertos factores de riesgo como son los hábitos, que en su caso no son muy favorables, y llaman la atención, sobre todo por el ejemplo que a través de ellos se da a los alumnos (función formadora). Destacan entre los hábitos negativos: los alimenticios (horario y tipo de alimento) que conllevan serias deficiencias nutritivas e higiénicas; la poca actividad físico-deportiva (solo el 26 % completa más de 90 min./semana); la obesidad (28 %) y el tabaquismo (18 %).(7)

Llama la atención la significativa elevación en la frecuencia de algunas de las enfermedades encontradas en los docentes, sobre todo si la comparamos con perfiles de salud de otros grupos con características laborales diferentes. Tal es el caso que reporta Domínguez O.(8) de trabajadores del IMSS, (ver Cuadro 2). Lo anterior nos hace pensar, que la recurrencia de las alteraciones de la salud que presentan los docentes, son propias de dicho sector laboral.

Examinar las enfermedades de un sector como el de los maestros, al margen de su proceso laboral, patrones de conducta y de los roles sociales asignados al hombre y a la mujer, solo nos proporcionaría una visión parcial (biológica) del problema, lo que nos lleva a buscar las siguientes relaciones:

 

Salud y trabajo docente

Hay autores como C. Laurell,(9) que encuentran que la afinidad entre la actividad laboral y la etiología de ciertos fenómenos patológicos no es temporal ni accidental, sino algo que se desarrolla de manera prolongada y que determinan el origen y la evolución de diversas manifestaciones patológicas. A partir de ambos supuestos, resulta importante desentrañar las características específicas de cada actividad laboral. Para el caso de los docentes, Ibarra y Ramírez,(10) encontraron que las características del trabajo docente, predisponen a alteraciones de su salud. Acciones físicas del quehacer docente cotidiano como estar de pie (3:10 hrs. por turno) y hablar (2:35 hrs. por turno) favorecen a alteraciones del aparato fonético y vasculares, principalmente. Queda por determinar la posible relación de alteraciones cuyo fondo es psicológico y su relación con las acciones cotidianas que realizan los docentes en su trabajo.

 

Género y salud docente

Cuadro 2. Perfil en trabajadores del IMSS

Enfermedades

Porcentaje

Obesidad

31.6

Hipertensión arterial

17.4

Úlcera péptica

8.9

Várices

7.4

Artritis

4.1

Cardiopatía

3.5

Diabetes mellitus

2.2

Otras

24.9

Fuente: Coordinación del Programa de Fomento a la Salud para los Trabajadores del IMSS, 1988.

La primera característica que observamos al explorar el gremio magisterial, es su distribución por niveles en relación al sexo: en el preescolar, casi en su totalidad son mujeres; en el resto de la educación básica, sigue presentándose una proporción alta de mujeres, pero en los puestos de responsabilidades mayores, se ubican hombres. En la educación superior, la proporción hombre-mujer, se invierte y los puestos de responsabilidad son ocupados prácticamente por hombres, lo anterior nos señala que las características del trabajo (por nivel), van a influir en el estado de salud de manera diferente en cada sexo.

En este apartado nos referiremos principalmente a las maestras por ser mayoría en el gremio magisterial, así como por estar en condiciones de desventaja en lo que a salud se refiere. Es cierto que aún cuando los profesores, tanto hombres como mujeres, compartimos muchas condiciones similares, hay situaciones concretas de género que establecen diferencias en los procesos de enfermedad que padecen unos y otros; los roles y comportamientos que desempeñan cada uno en la sociedad constituyen una de esas diferencias.

Actualmente hay un debate en torno a los prejuicios vs. beneficios para la salud, que ocasiona la actividad laboral en las mujeres; beneficios sobre todo en relación a la autoestima y el apoyo social.(11) En contraparte, no podemos ocultar que el trabajo produce tensión y desgaste. En la actividad docente hay que "lidiar" con niños, padres y madres de familia, directores, supervisores, inspectores y compañeros, más la responsabilidad propia del trabajo; si agregamos las horas extras intraescolares y las que se prolongan en casa por cumplir con requisitos de planificación, calificación y demás trabajos administrativos, acciones todas estas que podemos considerar como factores que deterioran la salud del docente.

Algunos autores han encontrado que las tasas de morbilidad y mortalidad de algunas enfermedades crónicas en mujeres trabajadoras es menor a las de la población en general o a las de amas de casa.(12) En otros estudios, no se encontraron diferencias significativas entre amas de casa y mujeres trabajadoras, en lo que respecta a factores de riesgo y enfermedades cardiovasculares. Esto nos lleva a pensar que el quehacer del hogar es igual o más destructivo para la salud que las funciones laborales. Hay que señalar que en las investigaciones antes mencionadas, por un lado, no toman en cuenta que las características de cada trabajo varían, y para el caso de los docentes, si predisponen a ciertas alteraciones crónicas de la salud; por otro, la suma de ambas funciones provoca daño en la salud de las maestras.

Es la misma Debert-Ribeiro(13) quien señala: " La combinación del trabajo y las responsabilidades familiares pueden ejercer suficientes presiones en las mujeres al punto de provocar efectos desfavorables para su salud física" (modelo del estrés en el empleo), esto nos lleva a pensar en el espacio doméstico, como un conjunto de condiciones epidemiológicamente destructivas;(14) además, poco estudiadas.

Aunque en la época actual de crisis las maestras se han corresponsabilizado económicamente en el hogar, las relaciones genéricas continúan igual.

En el caso de las maestras al incorporarse al sistema productivo remunerado, no quedan exentas de "sus obligaciones" en el hogar. En "sus horas libres", siguen teniendo responsabilidades tales como: las labores domésticas y el cuidado de los hijos, entre otras, sin que el hombre se responsabilice de la parte que le corresponde. Rutinas como arreglar la casa, alistar a los hijos para la escuela, lavar, ir a la tienda, etc., siguen siendo contempladas como actividades "naturales" de la mujer, socialmente poco valoradas ya que no son consideradas como trabajo.

Las maestras combinan su actividad laboral, que en más de la mitad de ellas es de doble plaza, con el quehacer del hogar y el rol de madre-esposa. Alteraciones tales como; cefaleas/migrañas, gastritis/úlcera, colitis, las cuales podemos relacionar con el estrés, son de prevalencia casi exclusiva de las mujeres, en menor proporción las várices y el edema de extremidades inferiores.(15)

Es consecuencia de los roles sociales asignados a las maestras como madres, aunados a su trabajo, la falta de tiempo y energía, llevan a que los "malos hábitos" prevalezcan: la calidad nutritiva, el lugar y los horarios de los alimentos y la poca actividad físico-deportiva se convierten en factores importantes de riesgo para la salud de las docentes.

Existen otros factores más del orden de lo biológico, que agravan la situación del sexo femenino como son los embarazos y los cambios hormonales y el uso de anticonceptivos, mismos que predisponen a una mayor incidencia de várices.

Lo anterior nos muestra claramente la marcada diferencia en cuanto a los factores responsables de la aparición y evolución de las enfermedades, presentes en casi la mitad de la humanidad y en la mayoría de la población docente: las mujeres maestras.

Por último, queremos señalar que entre los propósitos que subyacen en este trabajo, están los de intentar elevar la calidad de vida de las y los docentes y aspirar a una sociedad más equitativa y sana.

A través de la categoría de género hemos mostrado la posibilidad de un enfoque alternativo para interpretar e incidir en la salud de la población, en este caso del sector magisterial. Dicha visión nos amplía el ámbito de salud de la mujer a más allá de lo reproductivo-materno; esto debe ser tomado en cuenta en la planificación del quehacer del sector salud, para no quedar en intentos de buena voluntad más que en programas bien definidos.

Dada la función social del docente, es importante la creación de espacios dentro y fuera de la escuela, donde los maestros (principalmente las maestras), participen más activa y decididamente en la promoción de su salud, la de sus alumnos y la de su familia.

En relación al autocuidado de la salud, podemos señalar acciones para prevenir las alteraciones que más frecuente aquejan a los docentes, tales como: cuidados generales de los órganos fonéticos (técnicas para el mejor uso de la voz), medidas para evitar várices y edema de extremidades inferiores (uso de media elástica y ejercicios físicos), mejorar sus hábitos; disminuir el tabaquismo, aumentar la actividad deportiva, eliminar malos hábitos alimenticios, en cuanto a horarios, calidad nutritiva e higiene.

Por otro lado, un aspecto muy importante que nos llama la atención a partir del enfoque de género, es que en instituciones como la escuela se continúen reproduciendo relaciones sociales que privilegian a lo masculino sobre lo femenino (sexismo), lo que origina la desigualdad de género. Consideramos que es ahí donde se puede romper con la transmisión de valores sexistas, e incidir en esa relación dominio-subordinación.

 

Referencias bibliográficas

1. Gómez, Elsa. Género, mujer y salud en Las Américas. (Publicación científica No. 541), Organización Panamericana de la Salud. Washington, 1993. p. X.

2. Breilh, Jaime. Género poder y salud. Ibarra Editores-CEAS-UTN. Ecuador, 1994. p. 57.

3. Guerra Carlyl. Género, mujer y salud en Las Américas. (Publicación científica No. 541), Organización Panamericana de la Salud. Washington, 1993. [Prólogo].

4. De los Ríos, Rebecca. "Género, salud y desarrollo: un enfoque en construcción", en: Género, mujer y salud en Las Américas. (Publicación científica No. 541). Organización Panamericana de la Salud. Washington, 1993. p. 11

5. Gómez, Elsa. Op. cit. p. XV.

6. Ibarra, Ramírez. Naturaleza y condiciones de trabajo como causa de alteraciones de la salud física y psicológica en profesores de educación primaria. Educación Jalisco, DGNyMP, Tomo VII. Foro de Intercambio de Investigación Educativa. México, 1995.

7. Ídem.

8. Domínguez, Octaviano. "Fomento a la salud en los trabajadores del IMSS", en: Revista Cuestión Social del IMSS. México, 1988.

9. Laurell, Asa Cristina. "Proceso de trabajo y salud", en: Cuadernos Políticos, No. 17, UAM. México, 1978.

10. Ibarra, Ramírez. Ibídem.

11. Debert-Ribeiro. "La mujer y la enfermedad crónica en América Latina", en: Género, mujer y salud en Las Américas. (Publicación científica No. 541). Organización Panamericana de la Salud. Washington, 1993. p. 91.

12. Laurell, Asa Cristina. Ibídem.

13. Debert-Ribeiro. Ibíd.. p. 90

14. Breilh, Jaime. Op. cit. p. 62.

15. Ibarra, Ramírez. Ibídem.

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