Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 8

(ocho)

SECCIÓN

páginas

de la 46 a la 48 de 76

... el rollo

Guadalajara, México - Diciembre de 1995

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¿Masculinidad o masculinidades?

Alfonso Hernández*

* Psicólogo, profesor de la Escuela Normal Superior de Especialidades e investigador del Centro de Estudios de Género (CEG) de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

Siempre me ha desagradado ser un hombre... incluso la expresión ‘¡Sé hombre!’

me agrede como algo insultante, injurioso. Quiere decir: Sé idiota, insensible, obediente, soldadesco,

y deja de pensar. La Masculinidad... una mentira odiosa y castradora... que es por su propia naturaleza

destructiva, emocionalmente perjudicial y socialmente dañina.

Paul Therox(1)

A pesar de que en la última década se ha hablado con más frecuencia de la masculinidad y por supuesto de la feminidad, es decir, del género, se hace necesario clarificar lo que en este artículo se entiende por género: es aquello que diferencia culturalmente a los sexos, es decir lo no biológico, sino aquellas prácticas socioculturales que distinguen a los individuos en masculino y femenino; esto evitará la confusión de lo que se conoce como "hombría" (sexo biológico) y lo que se conoce como masculinidad (género) que es de carácter histórico, socialmente construido e incorporados ambos factores en forma individual por el sujeto.

Al hablar de lo masculino es indispensable hablar de lo femenino en el sentido histórico, ya que el movimiento feminista, ha influido de una manera sólida en el surgimiento de movimientos reivindicadores de la masculinidad, no en el sentido de movimientos de revancha, sino en el sentido de un aprendizaje, de revelarse a un modelo único de masculinidad impuesto por la ideología predominante y que tanto ha costado a los hombres en lo individual o agrupados en minorías, que han tratado de sacudirse dicho modelo sin renunciar a ser ellos mismos.

La masculinidad, como un estereotipo, va siempre unida a determinadas cualidades, sobre todo asociadas con la fuerza, la violencia, la agresividad y la idea de que es necesario estar probando y probándose continuamente que se "es hombre".

De aquí que generalmente se aborde al hombre partiendo de dicho estereotipo, sin embargo, hay nuevas aportaciones a la investigación de los hombres desde la perspectiva de lo masculino, a partir de características positivas.

¿...y las mujeres? Ellas empezaron mucho antes que los hombres a descubrir que no hay sólo una forma de ser ellas, que hay diferentes formar de ser mujer, mientras que los hombres nos quedábamos asidos, prácticamente "agarrados" a nuestro modelo de "ser hombre", hasta fechas recientes en que se ha admitido y se ha hecho respetar por otros hombres que también hay otras formas de "ser" de la masculinidad que son válidas, aunque no correspondan al modelo homofóbico predominante en la actualidad. Esto se ha aprendido en gran parte de los movimientos feministas, del feminismo y sus traspiés, y por supuesto de sus aciertos, entre otros, el de "atreverse" que es una característica muy asociada al género masculino, pero parece que las mujeres la tienen más presente a través de su vida.

Entre los investigadores se ha encontrado la dificultad, de que a pesar de que el mundo del hombre es el de la esfera pública, éste como sujeto individual no habla de sí, sino que habla de "los hombres", de los otros, y menos de sus sentimientos; otros, han encontrado que ahora el hombre(2) se ha animado a hablar de sí mismo y aún más: que se está revelando a ser ese "superhombre" que corresponde al modelo, (y por lo tanto deseado e inalcanzable) de "ser atractivo, fuerte, proveedor, propenso a la violencia y la agresividad, protector de las mujeres, el que todo lo sabe y todo lo puede"; esto va de la mano con el concepto de hombre y de "poder" del que habla Foucault "que establece que donde existe el poder hay resistencia".(3) En este caso se da no sólo de parte de las mujeres dicha resistencia al modelo patriarcal, sino de los propios hombres al ver que ya no es posible llenar un modelo tan difícil de asumir en la época actual en que la situación socioeconómica y política ha obligado a la transición en los roles de género asignados.

Pero vayamos a lo que es ser masculino hoy día. En este mundo cambiante se dice que el hombre está transformándose, y que actualmente no sólo se está en un momento de transición, sino en una verdadera crisis. Más aún, como lo dice K. Thompson: "la masculinidad no está en crisis , sino que la masculinidad podría no existir".(4)

Pero, ¿cómo es que puede hacerse esta afirmación? Thompson lo plantea en el sentido de que "La masculinidad como algo monolítico (hombría) no existe: sólo hay masculinidades, muchos modos de ser hombre".(5)

Estos modos de ser hombre y por lo tanto de masculinidades nos llevan a concluir que además del modelo predominante "hay tantas formas masculinas de fracasar como formas masculinas de tener éxito".(6)

Dentro de estas formas de ser hombre se incluyen los grupos minoritarios que han surgido a últimas fechas, entre otros, los que pudieran llamarse profeministas, pero que las feministas prefieren llamar "masculinistas"; también los llamados "guerreros de fin de semana", los grupos de hombres gays; y por supuesto, los que proponen y mantienen el modelo predominante de la masculinidad tradicional (agresividad, fuerza, valentía, etc.).

El hecho de considerar o partir de que hay sólo una masculinidad en singular, nos impide generalmente darnos cuenta de la variedad y gran riqueza de la experiencia de la masculinidad, ya que cuando uno cae en esta posición de señalar que sólo hay una forma de masculinidad se corre el riesgo de volverse fundamentalista y por lo tanto, caer en la intolerancia. El hecho de juzgar que sólo hay una masculinidad y que ésta es la "correcta" nos dejaría a una gran cantidad de hombres, (por no decir a la mayoría) fuera de lo "correcto". Ya se ha visto, que juzgar al hombre o a la mujer desde esa forma maniquea nos lleva a formas de discriminación desde las más sutiles, hasta las más burdas y que van en contra de los derechos humanos (de hombres y de mujeres). Recuérdese el caso de algunos centros de diversión y de otro tipo, en los cuales no se permite la entrada a las personas por no llenar requisitos (gente "bien" o gente "bonita") de feminidad o masculinidad socialmente impuestos por los grupos hegemónicos, cayendo así en el campo del racismo y la intolerancia a los diferentes, llámense éstos: afeminados, gays, lesbianas, morenos, negros, etc. En fin, grupos minoritarios y no tan minoritarios como serían los pobres.

El caer en ese tipo de absolutismo, también nos lleva a pensar que entonces habría que considerar que efectivamente sí hay "masculinidades" pero tratadas desde un punto de vista axiológico, de lo que es correcto, "bueno" y de lo que es "malo"; por lo tanto para los grupos predominantes en tanto que detentan el poder habría sólo un tipo correcto y por lo tanto "bueno" de masculinidad; los otros, serían incorrectos y "malos", siendo que en la sociedad se dan infinidad de modelos.

Sin embargo y a pesar de que estamos en una sociedad patriarcal y homo/lesbofóbica en que el amplio abanico de la masculinidad se ve reducido a sólo una opción pública (la correcta) y a otras clandestinas y/o privadas o solamente aceptadas por minorías o pequeños grupos cerrados, tornan muy difícil la elección conciente de pertenecer a un grupo cuyo referente no sea el "correcto" el "normal" o el "bueno".

Como dice la periodista Cristiane Collange en su libro No es fácil ser hombre, "cuando sólo hay un modelo en el escaparate, la elección es muy sencilla",(7) ni siquiera parece opción, ya que no había más. Pero ahora se está viendo en los jóvenes y en algunos no tan jóvenes, que se están atreviendo a ser diferentes o negándose a ser como sus padres fueron –ya sea por elección propia o porque no había más opción– como en el caso de los hombres actualmente desempleados y que se ven "obligados" por la situación socioeconómica a realizar el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos. O aquellos que ven "invadido" su campo de trabajo por las mujeres, que aumentan cada vez más los porcentajes de las obreras, las contadoras, etc., con la consecuencia económica de que en lugar de que las mujeres obtengan los mismos ingresos por el mismo trabajo, provocan aparentemente que dicho trabajo desempeñado por ellas se abarate. Así mismo, algunos hombres han desafiado a sus grupos familiares y sociales de referencia al asumir ciertas actividades que usualmente realiza la mujer, sobre todo en el ámbito de lo doméstico y en el cuidado de los hijos. Esto se observa en los jóvenes universitarios y otros pertenecientes a la clase media; sin embargo, si esto se hace público en su grupo familiar o en otros grupos sociales como en el trabajo, por ejemplo, hay un efecto de represión; entre su grupo de iguales, es más aceptado este tipo de masculinidad. Esto lo plantea Rafael Ramírez mas claramente cuando habla de que "los encuentros entre los hombres están trabajados por el poder, la competencia y el conflicto potencial; por supuesto no se excluye la capacidad para establecer relaciones de compañerismo, cooperación, lealtad y afectividad, pero estas ocurren en el marco de las relaciones de poder y significa sobreponerlas al juego del poder. Desde la niñez uno aprende a darse a respetar, a responder a las agresiones y a defenderse tanto física como verbalmente; a demostrar invulnerabilidad, valor y control. Crecemos en un ambiente en el que se nos exige la afirmación constante de esos atributos definitorios de la masculinidad. Las exigencias de lo masculino son muchas, existen variaciones en la forma de demostrarlo, que dependen de la clase social, religión, grupo de edad, condición física y mental y de los grupos de referencia, como los grupos de trabajo, instituciones educativas, vecindario y grupos de pares".(8)

Algunos investigadores –entre ellos Bly–, hablan de una nueva masculinidad en que se busca lo "profundo masculino";(9) es decir, el hombre firme, más no duro, que acepte sus emociones, sentimientos y sufrimientos, que descubra esa riqueza emocional y esa intensidad espiritual que posee pero que no muestra, porque no se lo permite ni se le permite, por no corresponder al modelo masculino predominante.

Esta imagen de la masculinidad, unida a cualidades positivas que propone Bly y las propuestas por H. Kaje,(10) en que invitaba a los hombres a acudir a cosas distintas a su trabajo o actividad para apoyar su identidad personal y valorarse mejor a sí mismos, están apoyando ahora, a grupos que buscan una nueva identidad que los lleve al reencuentro de sí mismos.

Otros estudiosos de las masculinidades como Meade(11) sostienen que en este momento nos encontramos al término de un período histórico en que se está acabando el dominio establecido por el arquetipo del hombre-rey, (o como diría Elizabeth Badinter(12) el hombre-divinidad), y que en este momento, propicio para la aparición de movimientos reivindicadores de lo masculino, se puede llegar a los excesos; es decir, a la formación de movimientos dogmáticos e ideológicos que recuerdan en alguna forma al movimiento feminista en sus albores, con aquellas consignas más de tipo mítico que real de "las mujeres sí, los hombres no".

Por último, ¿qué es lo que pretenden los movimientos reivindicatorios de las masculinidades actualmente?

No se pretende luchar "contra" las mujeres o el feminismo, ya que no se les ve como movimientos antagónicos, sino como grupos coincidentes en cuando menos dos puntos básicos: el de ampliar los conceptos de democracia y de igualdad, y en el objetivo de tratar de "construir una explicación teórica que les permita transformar sus vidas" de una forma menos dolorosa y desde la práctica en lo cotidiano, para forjarse una nueva identidad, que como hombres les impida seguir siendo opresores.

 

Notas

1. Thompson, Keith. Ser Hombre. Ed. Kairós. Barcelona, 1993. p. 25.

2. Kaufman, Michael. Hombres. Placer poder y cambio. CIPAF. Santo Domingo, 1989.

3. Ramírez, Rafael. Dime capitán. Ediciones Huracán. Puerto Rico, 1993. p. 128.

4. Thompson, Keith. Ibíd. p. 11.

5. Ibíd. p. 12.

6. Ídem.

7. Collange, Christiane. No es fácil ser hombre. Sudamericana-Planeta. Argentina, 1986. p. 33.

8. Ramírez, Rafael. Ídem.

9. Thompson, Keith. Ibíd. p. 13.

10. Ibíd. p. 19.

11. Ibíd. p. 20.

12. Badinter, E. ¿Existe el amor maternal? Paidós-Pomaire. Barcelona, 1981.

 

Bibliografía

BADINTER, Elizabeth. Y la identidad masculina. Alianza Editorial. Madrid, 1993.

__________, ¿Existe el amor maternal? Historia del amor maternal. Siglos XVII al XX. Paidós-Pomaire. Barcelona, 1981.

BLY, Robert. Hombres de hierro. Los retos de iniciación masculina del nuevo hombre. Planeta. México, 1992.

BOURDIEU, Pierre. "La domination masculine", en: Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 84. París, 1990.

COLLANGE, Christiane. No es fácil ser hombre. Sudamericana-Planeta. 1986.

GILMORE, David. Hacerse hombre. Concepciones culturales de la masculinidad. Paidós. Barcelona, 1994.

HERNÁNDEZ, Alfonso. "La masculinidad, ¿poder o dolor?", en: La Ventana, revista del Centro de Estudios de Genero de la Universidad de Guadalajara. Guadalajara, Méx.

KAUFMAN, Michael. Hombres. Placer, poder y cambio. CIPAF. Santo Domingo, 1989.

__________, "Men, feminism, and men’s contradictory experiences of power", en: Harry Brod y Michael Kaufman, Theorizing masculinities. Sage Publications. Londres, 1994.

KIMMEL, Michael. "La producción teórica sobre la masculinidad: nuevos aportes", en: Fin de siglo, Género y cambio civilizatorio. ISIS Internacional. Chile, 1992. [Ediciones Las Mujeres, núm. 17].

________, "Masculinity as homofobia: fear, shame and silence in the construction of gender identity", en: Manhood: the american quest. Harper Collins. New York, 1994.

RAMÍREZ, Rafael. Dime capitán. Ediciones Huracán. Puerto Rico, 1993.

THOMPSON, Keith. Ser Hombre. Kairós. Barcelona, 1993.

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