
¿Masculinidad o masculinidades?
Alfonso Hernández*
* Psicólogo, profesor de la Escuela Normal Superior de Especialidades
e investigador del Centro de Estudios de Género (CEG) de la Universidad de Guadalajara
(UdeG).
A pesar de que en la última década se ha hablado con más frecuencia
de la masculinidad y por supuesto de la feminidad, es decir, del género, se hace
necesario clarificar lo que en este artículo se entiende por género: es aquello
que diferencia culturalmente a los sexos, es decir lo no biológico, sino aquellas
prácticas socioculturales que distinguen a los individuos en masculino y femenino; ésto
evitará la confusión de lo que se conoce como "hombría" (sexo biológico) y
lo que se conoce como masculinidad (género) que es de carácter histórico, socialmente
construido e incorporados ambos factores en forma individual por el sujeto.
Al hablar de lo masculino es indispensable hablar de lo femenino en el
sentido histórico, ya que el movimiento feminista, ha influido de una manera sólida en
el surgimiento de movimientos reivindicadores de la masculinidad, no en el sentido de
movimientos de revancha, sino en el sentido de un aprendizaje, de revelarse a un modelo
único de masculinidad impuesto por la ideología predominante y que tanto ha costado a
los hombres en lo individual o agrupados en minorías, que han tratado de sacudirse dicho
modelo sin renunciar a ser ellos mismos.
La masculinidad, como un estereotipo, va siempre unida a determinadas
cualidades, sobre todo asociadas con la fuerza, la violencia, la agresividad y la idea de
que es necesario estar probando y probándose continuamente que se "es hombre".
De aquí que generalmente se aborde al hombre partiendo de dicho
estereotipo, sin embargo, hay nuevas aportaciones a la investigación de los hombres desde
la perspectiva de lo masculino, a partir de características positivas.
¿...y las mujeres? Ellas empezaron mucho antes que los hombres a
descubrir que no hay sólo una forma de ser ellas, que hay diferentes formar de ser mujer,
mientras que los hombres nos quedábamos asidos, prácticamente "agarrados" a
nuestro modelo de "ser hombre", hasta fechas recientes en que se ha admitido y
se ha hecho respetar por otros hombres que también hay otras formas de "ser" de
la masculinidad que son válidas, aunque no correspondan al modelo homofóbico
predominante en la actualidad. Esto se ha aprendido en gran parte de los movimientos
feministas, del feminismo y sus traspiés, y por supuesto de sus aciertos, entre otros, el
de "atreverse" que es una característica muy asociada al género masculino,
pero parece que las mujeres la tienen más presente a través de su vida.
Entre los investigadores se ha encontrado la dificultad, de que a pesar
de que el mundo del hombre es el de la esfera pública, éste como sujeto individual no
habla de sí, sino que habla de "los hombres", de los otros, y menos de sus
sentimientos; otros, han encontrado que ahora el hombre2 se ha animado a hablar de sí
mismo y aún más: que se está revelando a ser ese "superhombre" que
corresponde al modelo, (y por lo tanto deseado e inalcanzable) de "ser atractivo,
fuerte, proveedor, propenso a la violencia y la agresividad, protector de las mujeres, el
que todo lo sabe y todo lo puede"; ésto va de la mano con el concepto de hombre y de
"poder" del que habla Foucault "que establece que donde existe el poder hay
resistencia".3
En este caso se da no sólo de parte de las mujeres dicha resistencia al modelo
patriarcal, sino de los propios hombres al ver que ya no es posible llenar un modelo tan
difícil de asumir en la época actual en que la situación socioeconómica y política ha
obligado a la transición en los roles de género asignados.
Pero vayamos a lo que es ser masculino hoy día. En este mundo
cambiante se dice que el hombre está transformándose, y que actualmente no sólo se
está en un momento de transición, sino en una verdadera crisis. Más aún, como lo dice
K. Thompson: "la masculinidad no está en crisis , sino que la masculinidad podría
no existir".4
Pero, ¿cómo
es que puede hacerse esta afirmación? Thompson lo plantea en el sentido de que "La
masculinidad como algo monolítico (hombría) no existe: sólo hay masculinidades, muchos
modos de ser hombre".5
Estos modos de
ser hombre y por lo tanto de masculinidades nos llevan a concluir que además del modelo
predominante "hay tantas formas masculinas de fracasar como formas masculinas de
tener éxito".6
Dentro de estas formas de ser hombre se incluyen los grupos
minoritarios que han surgido a últimas fechas, entre otros, los que pudieran llamarse
profeministas, pero que las feministas prefieren llamar "masculinistas";
también los llamados "guerreros de fin de semana", los grupos de hombres gays;
y por supuesto, los que proponen y mantienen el modelo predominante de la masculinidad
tradicional (agresividad, fuerza, valentía, etc.).
El hecho de considerar o partir de que hay sólo una masculinidad en
singular, nos impide generalmente darnos cuenta de la variedad y gran riqueza de la
experiencia de la masculinidad, ya que cuando uno cae en esta posición de señalar que
sólo hay una forma de masculinidad se corre el riesgo de volverse fundamentalista y por
lo tanto, caer en la intolerancia. El hecho de juzgar que sólo hay una masculinidad y que
ésta es la "correcta" nos dejaría a una gran cantidad de hombres, (por no
decir a la mayoría) fuera de lo "correcto". Ya se ha visto, que juzgar al
hombre o a la mujer desde esa forma maniquea nos lleva a formas de discriminación desde
las más sutiles, hasta las más burdas y que van en contra de los derechos humanos (de
hombres y de mujeres). Recuérdese el caso de algunos centros de diversión y de otro
tipo, en los cuales no se permite la entrada a las personas por no llenar requisitos
(gente "bien" o gente "bonita") de feminidad o masculinidad
socialmente impuestos por los grupos hegemónicos, cayendo así en el campo del racismo y
la intolerancia a los diferentes, llámense éstos: afeminados, gays, lesbianas, morenos,
negros, etc. En fin, grupos minoritarios y no tan minoritarios como serían los pobres.
El caer en ese tipo de absolutismo, también nos lleva a pensar que
entonces habría que considerar que efectivamente sí hay "masculinidades" pero
tratadas desde un punto de vista axiológico, de lo que es correcto, "bueno" y
de lo que es "malo"; por lo tanto para los grupos predominantes en tanto que
detentan el poder habría sólo un tipo correcto y por lo tanto "bueno" de
masculinidad; los otros, serían incorrectos y "malos", siendo que en la
sociedad se dan infinidad de modelos.
Sin embargo y a pesar de que estamos en una sociedad patriarcal y
homo/lesbofóbica en que el amplio abanico de la masculinidad se ve reducido a sólo una
opción pública (la correcta) y a otras clandestinas y/o privadas o solamente aceptadas
por minorías o pequeños grupos cerrados, tornan muy difícil la elección conciente de
pertenecer a un grupo cuyo referente no sea el "correcto" el "normal"
o el "bueno".
Como dice la periodista Cristiane Collange en su libro No es fácil
ser hombre, "cuando sólo hay un modelo en el escaparate, la elección es muy
sencilla",7
ni siquiera parece opción, ya que no había más. Pero ahora se está viendo en los
jóvenes y en algunos no tan jóvenes, que se están atreviendo a ser diferentes o
negándose a ser como sus padres fueron ya sea por elección propia o porque no
había más opción como en el caso de los hombres actualmente desempleados y que se
ven "obligados" por la situación socioeconómica a realizar el trabajo
doméstico y el cuidado de los hijos. O áquellos que ven "invadido" su campo de
trabajo por las mujeres, que aumentan cada vez más los porcentajes de las obreras, las
contadoras, etc., con la consecuencia económica de que en lugar de que las mujeres
obtengan los mismos ingresos por el mismo trabajo, provocan aparentemente que dicho
trabajo desempeñado por ellas se abarate. Así mismo, algunos hombres han desafiado a sus
grupos familiares y sociales de referencia al asumir ciertas actividades que usualmente
realiza la mujer, sobre todo en el ámbito de lo doméstico y en el cuidado de los hijos.
Esto se observa en los jóvenes universitarios y otros pertenecientes a la clase media;
sin embargo, si ésto se hace público en su grupo familiar o en otros grupos sociales
como en el trabajo, por ejemplo, hay un efecto de represión; entre su grupo de iguales,
es más aceptado este tipo de masculinidad. Esto lo plantea Rafael Ramírez mas claramente
cuando habla de que "los encuentros entre los hombres están trabajados por el poder,
la competencia y el conflicto potencial; por supuesto no se excluye la capacidad para
establecer relaciones de compañerismo, cooperación, lealtad y afectividad, pero estas
ocurren en el marco de las relaciones de poder y significa sobreponerlas al juego del
poder. Desde la niñez uno aprende a darse a respetar, a responder a las agresiones y a
defenderse tanto física como verbalmente; a demostrar invulnerabilidad, valor y control.
Crecemos en un ambiente en el que se nos exige la afirmación constante de esos atributos
definitorios de la masculinidad. Las exigencias de lo masculino son muchas, existen
variaciones en la forma de demostrarlo, que dependen de la clase social, religión, grupo
de edad, condición física y mental y de los grupos de referencia, como los grupos de
trabajo, instituciones educativas, vecindario y grupos de pares".8
Algunos investigadores entre ellos Bly, hablan de una nueva
masculinidad en que se busca lo "profundo masculino";9 es decir, el hombre firme, más
no duro, que acepte sus emociones, sentimientos y sufrimientos, que descubra esa riqueza
emocional y esa intensidad espiritual que posee pero que no muestra, porque no se lo
permite ni se le permite, por no corresponder al modelo masculino predominante.
Esta imagen de la masculinidad, unida a cualidades positivas que
propone Bly y las propuestas por H. Kaje,10 en que invitaba a los hombres
a acudir a cosas distintas a su trabajo o actividad para apoyar su identidad personal y
valorarse mejor a sí mismos, están apoyando ahora, a grupos que buscan una nueva
identidad que los lleve al reencuentro de sí mismos.
Otros estudiosos de las masculinidades como Meade11 sostienen que en este momento
nos encontramos al término de un período histórico en que se está acabando el dominio
establecido por el arquetipo del hombre-rey, (o como diría Elizabeth Badinter12 el hombre-divinidad),
y que en este momento, propicio para la aparición de movimientos reivindicadores de lo
masculino, se puede llegar a los excesos; es decir, a la formación de movimientos
dogmáticos e ideológicos que recuerdan en alguna forma al movimiento feminista en sus
albores, con aquellas consignas más de tipo mítico que real de "las mujeres sí,
los hombres no".
Por último, ¿qué es lo que pretenden los movimientos
reivindicatorios de las masculinidades actualmente?
No se pretende luchar "contra" las mujeres o el feminismo, ya
que no se les ve como movimientos antagónicos, sino como grupos coincidentes en cuando
menos dos puntos básicos: el de ampliar los conceptos de democracia y de igualdad, y en
el objetivo de tratar de "construir una explicación teórica que les permita
transformar sus vidas" de una forma menos dolorosa y desde la práctica en lo
cotidiano, para forjarse una nueva identidad, que como hombres les impida seguir siendo
opresores.
Notas
1. Thompson, Keith. Ser Hombre. Ed. Kairós. Barcelona, 1993. p. 25.
2. Kaufman, Michael. Hombres. Placer poder y cambio. CIPAF. Santo Domingo,
1989.
3. Ramírez, Rafael. Dime capitán. Ediciones Huracán. Puerto Rico, 1993.
p. 128.
4. Thompson, Keith. Ibíd. p. 11.
5. Ibíd. p. 12.
6. Idem.
7. Collange, Christiane. No es fácil ser hombre. Sudamericana-Planeta.
Argentina, 1986. p. 33.
8. Ramírez, Rafael. Idem.
9. Thompson, Keith. Ibíd. p. 13.
10. Ibíd. p. 19.
11. Ibíd. p. 20.
12. Badinter, E. ¿Existe el amor maternal? Paidos-Pomaire. Barcelona, 1981.
Bibliografía
BADINTER, Elizabeth. Y la identidad masculina. Alianza Editorial.
Madrid, 1993.
__________, ¿Existe el amor maternal? Historia del amor maternal. Siglos xvii al xx.
Paidos-Pomaire. Barcelona, 1981.
BLY, Robert. Hombres de hierro. Los retos de iniciación masculina del nuevo
hombre. Planeta. México, 1992.
BOURDIEU, Pierre. "La domination masculine", en: Actes de la recherche en
sciences sociales, Nº 84. París, 1990.
COLLANGE, Christiane. No es fácil ser hombre. Sudamericana-Planeta. 1986.
GILMORE, David. Hacerse hombre. Concepciones culturales de la masculinidad.
Paidós. Barcelona, 1994.
HERNÁNDEZ, Alfonso. "La masculinidad, ¿poder o dolor?", en: La Ventana,
revista del Centro de Estudios de Genero de la Universidad de Guadalajara. Guadalajara,
Méx.
KAUFMAN, Michael. Hombres. Placer, poder y cambio. CIPAF. Santo Domingo, 1989.
__________, "Men, feminism, and mens contradictory experiences of power",
en: Harry Brod y Michael Kaufman, Theorizing masculinities. Sage Publications.
Londres, 1994.
KIMMEL, Michael. "La producción teórica sobre la masculinidad: nuevos
aportes", en: Fin de siglo, Género y cambio civilizatorio. ISIS
Internacional. Chile, 1992. [Ediciones Las Mujeres, núm. 17].
________, "Masculinity as homofobia: fear, shame and silence in the construction of
gender identity", en: Manhood: the american quest. Harper Collins. New York,
1994.
RAMÍREZ, Rafael. Dime capitán. Ediciones Huracán. Puerto Rico, 1993.
THOMPSON, Keith. Ser Hombre. Kairós. Barcelona, 1993.