
La docencia: un espacio para la reafirmación
de la masculinidad de los profesores
(Este trabajo se inscribe en el proyecto de investigación: Masculinidad y
formación inicial de profesores en el Estado de México, en proceso desde 1993. Agradezco
los comentarios del Dr. Gilberto Silva, de Pedro Cabrera y de los integrantes del Taller
Educación y Género).
Moisés Contreras Hernández*
* Profesor investigador de la Escuela Normal en Tlalnepantla; fundador y
coordinador del Taller Educación y Género en dicha institución y coordinador de
Publicaciones y Divulgación Académica de la Fundación SNTE para la Cultura del Maestro
Mexicano.
Y entonces me pregunto cómo he vivido odiándome con tanta ternura. Cómo he crecido cuidándome de mis propios sentimientos para no ser un mariquita cualquiera que a veces tiene miedo, que en veces siente que no puede consigo mismo ni con el mundo que a fuerza de chantajes y mentiras he tragado sin darme cuenta; de qué manera me he esforzado por convertir en olvido todo el dolor de ser el superhombre pobrenombre, el supergenio vilidiota, el supersabio peorignorante, el supermacho subimpotente en el concurso nacional de sementales de barriada, el supercampeón infraderrotado de telenovela en los últimos treinta y tantos años, el superhéroe mil veces conquistado, el supermago hiperhechizado de sus pócimas y filtros, el eterno proveedor hambriento. Y entonces me doy cuenta que el mucho amor que me decía era peor mentira, muerte y nada vida. Y entonces resulta que me canso de ser hombre.
Encuadre
En las décadas más recientes, la educación pública y con ella la escuela se
convirtieron en problemas de carácter nacional,1 no
sólo porque ellas expresan la suma de aspiraciones sociales sino porque no garantizan el
cumplimiento de la esperanza que representan, es decir, la educación y la escuela no
pueden, por sí mismas, responder totalmente a las expectativas de la dinámica social; la
educación como proceso y la escuela como institución dependen de la estructura de la
sociedad global. La educación pública como derecho universal es muy reciente. Dos hechos
determinan su aparición. Por un lado, el cambio científico tecnológico que impulsa la
primera revolución industrial produce una transformación cualitativa en las relaciones
productivas y en consecuencia impone nuevas formas de organización en todos los ámbitos;
por otro, La declaración de los derechos universales del hombre plantea la necesidad de
una institución encargada de asegurar la transmisión de la herencia social a la vez que
certifique la cualificación de los sujetos para integrarse el campo productivo;
actividades que la familia tradicional no podría cumplir. Los dos procesos condujeron a
la universalización de la educación y por consiguiente el nacimiento de la escuela como
una institución social y socializante; misma que, al paso del tiempo, se convirtió en
sustituta formal de la familia y en representante de un sistema socioeconómico y
político determinado. Frente a la familia, la escuela una institución muy joven
apenas un poco más de doscientos años,2 es
la encargada del mayor y más importante proyecto humano: potenciar la dignidad de vivir
en plenitud para el aquí y el ahora. En este sentido, la escuela como la familia son
instancias de lo social donde se expresan, instituyen, refuerzan e institucionalizan las
relaciones de poder, los sistemas simbólicos e ideológicos, en los cuales los contenidos
del género se juegan siempre desde la lógica referencial del sexo, es decir, lo social
adquiere carta de legitimación "natural", por tanto, de destino manifiesto, de
identidad prescrita.
I. De la familia y la escuela
Al considerar que la educación es la segunda tradición, toda vez que expresa la cultura
social, los maestros son por extensión, los segundos padres y la escuela el segundo
hogar. En este tenor, los maestros y maestras son los padres y madres intelectuales,
respectivamente.3 Los atributos parentales se extienden a
los maestros: cuidado, atención, construcción de la identidad, trascendencia, ethos y
filosofía, conocimientos y saberes.
Esquema A. La docencia como cautiverio |
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Madreesposa |
Maestra |
Monja |
Prostituta |
Loca |
Presa |
Cuerpo materno. |
Cuerpo del saber. |
Cuerpo sagrado. |
Cuerpo público del saber. |
Cuerpo del desequilibrio. |
Cuerpo cautivo. |
Da la vida con su cuerpo. |
Transmite un conocimiento. |
Da muestras de fe y sumisión del cuerpo de Diós. |
Da placer a los otros. |
Cuerpo de la sinrazón, da compasión y provoca repulsión. |
Transgrede la norma social, representación del castigo y del delito. |
Produce y posee alimento. |
Produce y posee el alimento del conocimiento. |
Posee y da muestras de "fe, esperanza y caridad" para lograr santidad y no caes en el pecado. |
Posee el cuerpo que alimenta el placer de los otros. |
Contradice la realidad del deber ser, de los modelos. Es vista como desviación, desequilibrio, anormalidad. |
Transforma la vida cotidiana de afuera en vida cotidiana de la esperanza. |
Transforma el alimento para que lo asimilen, digieran bien y no haga daño a la familia. |
Utiliza el conocimiento, le incorpora el juicio crítico, valores, productos de su formación para que el alumno, según su juicio, no fracase. |
Renuncia a tener, sentir, pensar para sí, y le incorpora el valor religioso de los buenos actos "servidora divina". |
Renuncia a su propio placer para dárselo a los otros. |
Renuncia a la vida social "normal"; constituye el modelo negativo para comparar. El resultado del "no debe ser" |
Al castigar la transgresión le incorpora la aspiración de la limpieza de la culpa, el castigo como pago a la pena cometida. |
| Se da un momento ritual al constituirse en madreesposa legitimada: el matrimonio civil o eclesial Madreesposa. | Se da un momento ritual en el que se le reconoce como maestra: "graduación" Madre intelectual. | Se da en un momento ritual parecido al matrimonio conyugal religioso, en donde se le reconoce como esposa divina (por casarse con Diós), como madre espiritual. | El momento de pago cumple y garantiza su función social. Madre del placer; muestra del placer. | Se da un momento ritual de encierro donde pasa del estado de vida normal a la legitimación de su locura mediante el diagnóstico realizado y determinado por la palabra médica. Madre de la locura. | Momento ritual donde la ley examina su delito y determina su castigo (condena) y pasa a ser presa. |
| Se viste de blanco como símbolo de pureza y castidad. Se enviste del vestido de la fecundidad. | Se enviste del traje del saber que oculta su cuerpo sexuado. | Viste traje de novia en el ritual. El hábito es un vestido largo sin ajustes que ocilta las formas y movimientos del cuerpo; la cabeza también se cubre. | Viste traje llamativo que muestra su cuerpo: entallado, corto, con abertura, etc. Exhibe y provoca el deseo sexual. | Viste bata-uniforme que la identifica con las locas. Muestra la enfermedad, lo anormal. | Porta uniforme. Se enviste del vestido del castigo. Muestra la culpa. |
| Anillo de boda como signo de propiedad y unión. Es señora de... | Anillo de graduación. Misión profesional y adscripción al gremio. | Anillo de bodas, rosario, libro de oraciones. Cabello corto, misión confesional y adscripción a una cofradía religiosa. | Aretes, anillos, collares, etc. Se maquilla; cabellos sueltos, se mueve mucho al caminar, luce su cuerpo. | Tiene el cabello corto. Número de uniforme, placa de identificación. | Tiene el cabello corto. Número del uniforme, que es el mismo de ella. |
| El trabajo doméstico que realiza es socialmente considerado como inherente a su naturaleza femenina, por tanto, es no asalariado. | El trabajo docente como inherente a la condición de su naturaleza femenina. Por extensión, es devalorado y de bajo salario. | El trabajo de la monja se da desde la condición de servicio y renuncia de la naturaleza femenina desde lo sagrado, por tanto, no hay salario. | No se considera trabajo lo que realiza porque corresponde al cuerpo. El salario tiene sentido pecaminoso, fruto del pecado. | Degradada socialmente. Sujeto de contradicción; sin tiempo ni expectativas propias. No produce ni gana salario. En todo caso el trabajo es terapia ocupacional. | Adscripción a una institución donde le aplican castigos severos por haber quebrantedo la norma. Pago de la libertad por la transgresión de la norma. |
| Cuidado de la familia: Cuidar y educar. | Enseña y reafirma valores, la tradición social; hereda la cultura; cuidado de la sociedad. | Vive y enseña a vivir para lo sagrado. Cuidado de Diós. | Cuidado del placer humano. | Inherente al ser mujer. Tiene un función diferente fuera de la norma, del código social legitimado. No corresponde al estereotipo; cuidadora de la salud mental. | El encierro como pago al delito cometido. Cuida la libertad. |
| En la casa la madreesposa, junto con los miembros que viven en ella se recrean de lo cotidiano, de la vida diaria, del hábito, del uso y la costumbre. | La maestra en la escuela, en el aula, maneja el conocimiento cotidiano, lo pragmático, hacer por hacer sustituye a la reflexión. | La monja en el convento es donde recrea y reconstruye su cuerpo en espiritualidad sagrada. Lo cotidiano es el acto de fe de lo divino. | En la calle, hotel, prostíbulo, casa de citas, etc., se vive publicamente el problema del placer del otro. Ella proporsina gozo a quienes lo solicitan y pagan. El acto sexual sustituye al placer. | En el hospital o el manicomio se resguarda la loca, como prptección social; "signo de otra naturaleza: pierde su identidad, su nombre de sujeto social. El acto de la locura sustituye a la razón. | La cárcel es el espacio de vida de la presa, luga donde se le vigila, castiga y corrige por el delito cometido. Está sujeta a atender la orden del otro. El acto carcelario sustituye la libertad. |
| Todo pasa en el interior de ella, desde la reproducción hasta las expectativas. Vive, contradictoriamente, su soledad acompañada. | En la soledad del aula, vive, contradictoriamente, su soledad acompañada. | Repetición de preceptos y actos de fe. En la intimidad con lo sagrado, suponiendo que lo posee | Vive la soledad del acto sexual en su propia fantasía. | Soledad de la razón. | Soledad de la libertad. |
Estas características se concretan a través de la
clase y el estrato social correspondientes (relaciones de poder y producción); del corpus
ideológico (creencias, usos y costumbres), y lenguajes (formas comunicativas y
simbólicas). La escuela es, al igual que la familia, un espacio de cautiverio,4 en tanto síntesis cultural que define el tipo de
adscripción a un modelo de relaciones de poder, eminentemente estereotipado (ver esquema
a).5 Este espacio se caracteriza por ser endogámico,
privado e íntimo, en el que predominan la norma y el deber ser individualista y
egocéntrico en función del sacrificio que ello exige; limitado hacia adentro y
configurador de una doble marginación al enfrentarse al mundo público. En él predomina
la subjetividad emocional, fundamentalmente romántica y acrítica, en oposición a la
racionalidad; desde este sentido, la valoración que los sujetos hacen del trabajo que
realizan se efectúa desde su propia mirada interna, siempre dependiente. En el espacio de
cautiverio feminizado y feminizante se desarrollan los procesos de identidad, con la
consecuente reelaboración de las imágenes masculinas y femeninas, predeterminadas por
los procesos de socialización establecidos. Cada sujeto expone, de una u otra forma, lo
que es en sí como persona, también lo que de sí mismo desconoce como síntesis de lo
social. Pone en juego su biografía y lo que constituyen, según la norma, sus marcas de
identidad. Es por eso que más allá de los contenidos académicos, de los planes y
programas de estudio, de las condiciones materiales en que se desarrolla la enseñanza, de
los equipos y apoyos para la docencia, se encuentran los elementos que constituyen a cada
sujeto, su mundo axiológico, su cosmovisión, su actitud ética y política. Antes que la
posesión de una licencia social o una etiqueta ahora títulos nobiliarios
académicos se encuentra el entramado íntimamente humano que da sentido a las
acciones de los sujetos, lo que les permite inscribirse al hacer social, las diversas
lecturas que de lo real poseen, de la valoración y voluntad en cómo ejercen su
posibilidad de vida, de trabajo, de goce y realización. Por esto afirmo que la escuela
y con ella el trabajo de la docencia es el lugar donde la elección
profesional confiesa sus rasgos biográficos, vocacionales, históricos y de
responsabilidad personal. El maestro encuentra en la escuela un ambiente tan parecido al
del seno familiar: la madre es la imagen articuladora que confirma y rechaza
simultáneamente los estereotipos intergenéricos; al mismo tiempo, el padre
confirma su presencia como una ausencia presente, y por tanto, el deber ser del hombre se
asume por el otro como el deseo de conocimiento del padre y la necesidad de separación de
la madre. Estos mitos, refuncionalizados constantemente en las relaciones familiares,
refuerzan lo más reaccionario del ser hombre. La competencia que se desarrolla en la
escuela está sustancialmente diferenciada desde los mitos genéricos, es decir, el hombre
docente se encontraría en nula competencia en la actividad docente, ya que se enfrenta
con pocos hombres, mismos que a su vez son espejos de su propia identidad, hipo e
hipervalorizada; convive con niños y mujeres, sujetos que, por ideología, son de por sí
sujetos devaluados, los unos porque son proyectos de lo humano y las otras porque son
mujeres. El hombre expresa en la docencia el conjunto de rasgos que, si bien no le
pertenecen genéricamente desde lo ideológico, son atributos de su condición humana
(ternura, amor, comprensión, tolerancia, entre otros). La puesta en marcha y el
perfeccionamiento de dichos atributos en el trabajo docente no pone en riesgo su
masculinidad, antes bien, se convierten en facultades altamente valoradas, tanto por los
mismos hombres como por las mujeres. Las relaciones escolares transitan, sin darse cuenta,
desde los preceptos del género, hasta las formas en que se constituyen los seres humanos
en las instituciones sociales. Los dos grandes ejes analíticos (familia/género, Esquema
B) permiten a su vez dos grandes bloques actitudinales (Esquema C):
a). reforzamiento de lo que podríamos denominar masculinismo, en el
que la sobrevaloración del ser hombre se expresaría como autoridad vs autoritarismo,
masculinidad vs machismo, voluntad vs voluntarismo, racionalidad vs racionalismo;
b). reforzamiento de la masculinidad femenina, en la que los rasgos y
actitudes masculinas están pinturadas de feminidad, por ejemplo: amor y ternura con
racionalidad; paciencia y tolerancia con firmeza y fuerza; creatividad e inventiva con
pragmaticidad y utilitarismo. Desde este marco de consideraciones, planteo: la reflexión
de los procesos de desarrollo de la identidad intergenérica,
que se ponen en marcha en las escuelas de formación de docentes,
tratando de ver cómo se asumen las diferencias genéricas; cómo se mira el profundo
cambio producido en las relaciones sociales de las últimas décadas; qué procesos se
desarrollan a través de la feminización de la sociedad por medio de lo que he denominado
"la revancha histórica de las mujeres" y "la culpa histórica de los
hombres"; qué dimensiones sociales adquiere el hecho de haberse constituido la
escuela y la práctica profesional del magisterio, en un espacio privilegiado de mujeres;
cuál es la imagen de hombre y mujer que ahora se debate en los centros educativos; en
suma, y en forma determinante, con qué constructo social de hombre y de mujer se llevan
al cabo los procesos de enseñanza y de aprendizaje en la escuela.
II. De las clases sociales y los géneros
Quién educa, a quién se deberá formar y para qué deberá hacerlo, son las preguntas
que deben responderse, de acuerdo con las exigencias del nuevo orden social. De tal forma
que al tipo de ocupación corresponderá un tipo de educación y ésta, a un proyecto de
sociedad. En este sentido podemos hablar de dos redes o tipos de escolaridad,6 "cada red orientada a una población específica, con
un contenido ideológico y de entrenamiento particular para así incorporar a cada tipo de
población en lugares concretos de la división del trabajo..."7 Así como las redes expresan una forma de división social, el género
expresa otra, sólo que ésta apela a ciertas características sociales construidas
históricamente que se asumen como naturales, de tal forma que la diferencia sexual
facultaría per se un conjunto de habilidades, destrezas y cualidades propias de cada uno
de los sexos y, en consecuencia, de los géneros.8 El
género legitimaría a la red y ésta justificaría la desigualdad; el uso del poder y el
sentido de "destino manifiesto": pobreza y género es igual a dependencia y
discriminación negativa. A modo de propuesta sintética, considerando las dos
perspectivas analíticas red educativa y de género expongo la existencia de
actividades educativas y laborales conocidas como "blandas o duras". Las
primeras, corresponderían a las mujeres y las segundas, a los hombres. Unas se encaminan
a la reproducción de vida social cotidiana, en función de la clase social a la que se
pertenezca; además apuntarían a un tipo de actividad eminentemente pragmática,
utilitaria, de rutina, y se expresarían en labores de cuidado y atención primaria de los
procesos educativos y de salud-enfermedad, así como del área de servicios. Las otras
actividades laborales corresponden a la industria hiperespecializada; al desarrollo
científico tecnológico de frontera; a la educación superior, principalmente de
posgrado; al control político y económico, entre otras funciones y determinaciones.9 En el esquema c se ilustra la relación entre la red y el
género, respecto del proyecto social específico que se desprende, en nuestro caso, de
los elementos del proyecto civilizatorio que permanecen en aquél. Asimismo, se muestra
cómo los elementos definen el tipo de educación y, por tanto, las instituciones a que da
lugar el conjunto de elementos puestos en juego.
Aunque desde 1984, por decreto, la formación para la docencia es una
profesión de red larga 1985 para el Estado de México, su inserción en el
sistema de enseñanza superior no la faculta como tal, antes bien, depende del marco del
artículo tercero: sin autonomía relativa; sin recursos financieros propios; después del
estatuto de licenciatura, con objetivos de formación diseminados en el campo de la
ambigüedad y desde el paradigma universitario; sin tradición en investigación educativa
en y para la docencia; sin vinculación entre las propias instituciones formadoras de
maestros y con respecto de otras instituciones de educación superior; sin articulación
con la educación básica, misma que constituye e instituye su campo laboral, existe poca
esperanza. Hoy por hoy, el subsistema de formación de maestros en México se debate entre
la tradicionalidad y la modernidad lo mismo sucede en casi todo el sistema educativo
mexicano, entre la norma y sus fronteras, entre la eficiencia y la incapacidad,
entre el entusiasmo y la frustración acumulativa, entre el sexismo y la intolerancia.
III. De los sujetos de la docencia y sus condiciones objetivas
El trabajo docente, y con él la educación básica y la formación de maestros10 estaría comprendido en el campo de red corta y de
actividad blanda, toda vez que posee las características centrales de ellas, a saber:
a). las clases sociales menos favorecidas pueden acceder a este tipo de
educación y de trabajo;
b). el capital cultural de dichas clases es muy limitado;
c). se prioriza la atención educativa formativa;
d). se pone énfasis en el cuidado, protección y salud del otro;
e). se insiste en la transmisión de valores, de usos y de costumbres
tradicionales;
f). se desarrolla en espacios íntimos y privados, aunque éstas se
lleven al cabo en áreas públicas;
g). se hace hincapié en la realización y trascendencia personal en la
realización del otro;
h). la paciencia, ternura, comprensión, amor, son características
esenciales;
i). la mística de servicio, el apostolado y el sacrificio articulan el
trabajo y la formación, y, finalmente,
j). la dependencia ritualizada es el ordenador de las relaciones.11
Diversos estudios relativos al origen de clase de los maestros y
estudiantes en formación en las escuelas normales12
apuntan a ubicar a éstos en la clase media baja (Cuadros 1 y 2), debido a que los grupos
sociales y laborales que predominan son:
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a). Étnico/campesino.
b). Campesino en proceso de proletarización.
c). Obreros.
d). Burócratas (entre los que se incluye el mismo magisterio).
e). De servicios.
Calvo (1979; 1994), Reyes y Zúñiga (1994), Contreras (1991)
demuestran a través de la escolaridad, el origen de la familia y la ocupación de
los padres, (Cuadros 3 y 4) que el capital cultural que poseen los estudiantes
normalistas es muy limitado y se inscribe en la lógica de los conocimientos y actitudes
adquiridos por la educación escolar; ésta, en muchos casos, es muy deficiente; asimismo,
los usos y costumbres tradicionales sufren metamorfosis profundas, que se expresan, a
través de la aculturación indiscriminada, una tremenda inseguridad de clase, actitudes
críticas y políticas inmediatistas, de generación espontánea y con altos componentes
fundamentalistas.
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A la vez, dichas investigaciones permiten considerar
el proceso migratorio al que se vieron expuestas las familias en las últimas
décadas como un factor importantísimo para analizar el trabajo docente, ya que el
fenómeno urbano y la descampesinización han cambiado radicalmente la configuración
social, cultural, política y económica del México contemporáneo. A partir de lo
anterior, la hipótesis que sostengo se expresa de la siguiente manera: los maestros
generalmente devienen de familias migrantes, de núcleos parentales en proceso de
proletarización, o son clasemedieros altamente feminizados.13
Las condiciones estructurales de atracción y push pull (atracción y expulsión)
identificados por los estudios urbanos (Singer, 1984; Castells, 1974; entre otros) aunados
a las motivaciones personales de la población en tránsito, configuran a partir de
1940 la errancia obligada de grupos sociales básicamente campesinos en
el interior del país y fuera de él.14 En el Estado de
México, para 1993, el 84.4% porcentaje superior a la media nacional de la
población, habitaba en zonas urbanas; la migración anual era de 200 000 personas.15 Cada sujeto que se ve forzado a migrar, deberá
aprender, desde la añoranza, a renunciar a su origen para sobrevivir. Lo que está
ocurriendo en el sujeto migrante es un proceso de bipartición social: cuerpo y espíritu
divididos, cada uno de ellos para sí mismos.16 Los
datos derivados de la antropología latinoamericana y mexicana permiten identificar dos
fenómenos relevantes:
a). ser aldeano significa, por definición, pertenecer a una familia;
b). implica protección y cooperación esenciales dentro del núcleo
parental, sin las cuales el individuo se siente desprotegido y aislado, por lo que es
presa fácil de cualquier forma de agresión, discriminación negativa y explotación.
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El hijo próximo maestro será criado dentro de la familia bajo la férula de su madre, que lo cuidará de sí mismo y del padre y lo impulsará a reafirmar una masculinidad, ahora feminizada, saturada de prejuicios y chantajes, distorsionada e investida de reproches. Las ramificaciones de la familia consanguínea mexicana se expanden y solidifican vía el compadrinazgo,17 abriendo, de esta forma, el manto protector necesario para la sobrevivencia. Al mismo tiempo, la estructura de dominación política del Estado mexicano se fundamenta en la consanguinidad y en la afinidad, de tal forma que las relaciones de poder configuran un doble ordenador instituyente a través de las relaciones parentales altamente sexistas y la sobrevivencia del sistema político e ideológico hegemónicos.
IV. Docencia: un espacio para la reafirmación de la
masculinidad
La hipótesis que orienta nuestro trabajo concibe a la docencia como un ámbito de
reafirmación de la masculinidad, en cuanto se adscribe a una actividad de cautiverio,18 en la que la "revancha histórica de las
mujeres"19 y la "culpa histórica de los
hombres"20 reeditan el juego de paradigmas de los
géneros, toda vez que la hegemonía del capitalismo financiero se impone en todos los
órdenes de la organización social y determina las transformaciones científico
tecnológicas, las revoluciones armadas y el desdibujamiento de las fronteras nacionales;
en este sentido, la estructura de la familia y la sociedad mexicanas ha cambiado
profundamente en las tres últimas décadas.21 Para el
maestro hombre, el trabajo docente representará el espacio para la reafirmación de su
condición de género, creada desde lo masculino y reforzada por lo femenino; también el
lugar donde logrará recuperar su masculinidad atrofiada. Lo masculino encuentra en la
escuela un ámbito que recrea y fortalece una serie de "características
prejuiciosas" que, si bien forman parte de la sociovisión que del mundo masculino se
tiene, no resultan pertinentes para el sujeto que las vive. La identidad masculina de los
maestros se inicia en la familia, continúa en la escuela dentro de los marcos
sexistas de la sociedad y hallará más tarde su mayor expresión en la formación
profesional. El futuro docente encuentra en la escuela Normal el cautiverio de las mujeres
donde él, como hombre, por el simple hecho de serlo, dará cuidado, protección y
valoración a la escuela y a la formación profesional. En la escuela volverá al mundo
femenino inicial, donde las competencias, habilidades y destrezas serán adornadas con
lenguajes en diminutivo, recetarios sentimentaloides, uniformes y actitudes moralinos,
moños y manteles, servidumbre y autoritarismo; también reafirmará, vía el cautiverio,
el adocenamiento masculinista: exhibición de cualidades como mitomanías, misoginia
disfrazada y a la revancha, homofobia a ultranza atractiva desde el escarnio y
liderazgo fatuo, altamente apolítico, o bien, oportunismo burocratizante. Estas
características masculinas, construidas históricamente, se enfrentan con las nuevas
mitomanías feminizadas, en un juego de identidades pervertidas durante el proceso
escolar. La propuesta que hago, apunta a estudiar el origen de los maestros y estudiantes
normalistas, para identificar y explicar cómo se expresan los diacríticos masculinos en
la escuela. En este sentido, ¿cuál es la imagen de identidad a la que se adscriben los
estudiantes que se forman y profesores que laboran en los centros de enseñanza? A nivel
de propuesta es posible incursionar desde dos vías analíticas:
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a). desde las maestras, los sujetos recibirán los
contenidos acerca de una masculinidad amenazada de mitos y una feminidad sobrecargada de
prejuicios;
b). de los maestros, tendrán un juego de escisiones: masculinidad a la
defensiva, soledad a fuerza de silencio e incapacidad para establecer su definición
genérica.
V. De los estudiantes normalistas en el Estado de México
En el caso concreto del Estado de México (Cuadros 5 y 6) observamos que en la relación
campo-ciudad la elección de la docencia es valorada de manera diferenciada:
a). respecto del género, la relación es 32.88% de hombres y 67.11% de
mujeres;
b). mientras en el área industrial conurbada las mujeres se orientan
en un 80.87% hacia la docencia, en la zona rural indígena el porcentaje es
sustancialmente diferente, 51.27% es de hombres y 48.72% de mujeres.22, 23
Entonces, ¿qué hacen los hombres en una profesión altamente femenina
y tan devaluada socialmente? El número elevado de mujeres docentes no conduce de manera
automática a la feminización de la profesión, sin embargo, nadie vive con independencia
de la reedición social de su biografía, tampoco fuera del desarrollo histórico. La
mujer expresa en la escuela lo más conservador de su condición genérica; también, el
conjunto de diacríticos desarrollados por el feminismo. El hombre juega con sus mitos
genéricos tradicionales y con los nuevos estereotipos desarrollados a partir de la crisis
del modelo intergenérico dominante. Ambos, hombre y mujer, desarrollan en la docencia un
juego de espejos entre tradición y modernidad, por desgracia, también y sin darse
cuenta, los signos de la inmediatez, del prejuicio y de las mitomanías. Volviendo a la
regionalización socioeconómica del Estado de México, parece que:
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a). Las condiciones estructurales, determinan la
orientación y elección de la carrera, es decir, a mayor industrialización, menor
atracción masculina (-19.12%) hacia la elección del magisterio y, a menor
industrialización, mayor atracción masculina (51.27%); es decir, que la variación
diferencial entre el medio urbano (-61.75%,) y el medio rural (+2.54%) es del orden del
-59.21% masculina. Es importante señalar que en el medio rural el magisterio constituye
una salida importante y valorada, tanto por la familia como por la comunidad y el propio
individuo.
b). Si la zona tiene mayor componente indígena, la atracción
masculina es superior a cualquiera de los rubros socioeconómicos (+51.37%), incluso
existe predominancia de los hombres (+2.54), caso diferente a todo el subsistema educativo
estatal, en el que predominan las mujeres. Cabe resaltar que: mientras en educación
primaria hay un 32.88% de hombres, en preescolar el porcentaje es 0.5% (aunque las
escuelas Normales para ambos géneros fueron fundadas en el siglo xxi), es decir, sólo el
29.41% son hombres, de un total de 93 176; de éstos el 70.58% corresponde al rubro de
mujeres, y se nota una variación del -41.17% con respecto de la elección masculina.
(Cuadro 5).
c). El concepto de masculinidad se modifica en la medida en que cambia
la estructura socioeconómica y cultural. Lo anterior tiene correspondencia con la
valoración del ser maestro que se posee en las comunidades más depauperadas, ya que esta
profesión representa una salida ocupacional de alta seguridad y de prestigio, toda vez
que implica o garantiza:
I). ser un trabajador de la cultura, del saber o del conocimiento;
II). seguridad en el empleo: se puede ingresar al campo laboral aún antes de concluir los
estudios de formación inicial y, una vez realizados éstos, obtener una plaza;
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III). potencialización del empleo, y por tanto, incremento del salario
(multiempleo y plurisalario): la función docente se puede realizar en cualquier tiempo y
horario (vacaciones, fines de semana, doble o triple jornada); lugar y entidad pública o
privada (en casa, escuela, sistema educativo "federal o estatal") y
modalidad (escolarizada, semiescolarizada, a distancia, por televisión, audio o video);
IV). salario bajo pero constante que, además, se puede compensar con otra serie de
actividades económicas y de servicios, que se realizan dentro de los espacios escolares;
d). alto número de tiempos libres (vacaciones y días festivos),
permisos con goce de sueldo (9 al año), así como una jornada laboral corta;24
e). posibilidad de acceder a un estatus diferente en su misma comunidad
o en otras comunidades. El ser docente permitiría obtener:
I). una mejoría a través de vínculos matrimoniales, si es que la familia del cónyuge
es propietaria de tierras, comercios, o detenta cierto poder político;
II). movilidad socioeconómica por medio de relaciones parentales: hemos observado cómo
los maestros devienen de familias de maestros; es notorio observar cómo se forman
extensas redes familiares en las cuales sus miembros llegan a tener incidencia profunda en
las burocracias educativas, sindicales y del poder político local y regional; no son
escasos los de carácter nacional;
III). cambio de estatus por relaciones de compadrinazgo, tanto filial como profesional, y,
finalmente,
IV). los maestros se casan entre ellos, lo cual hace al magisterio una profesión, en el
sentido parental, profundamente endógama;25
f). ingresos colaterales indispensables, aunque no suficientes: seguro
de vida, atención médica, pago de vacaciones, aguinaldo y jubilación;
g). en muchos casos se observa que los maestros pueden trabajar en otra
serie de actividades los bajísimos salarios y la jornada laboral corta son
condicionantes; asimismo, les es posible continuar trabajando después de la
jubilación en otros centros escolares, públicos o privados;
h). la profesión magisterial es de alta longevidad, aunque los
profesores presenten una enorme serie de trastornos físicos y mentales, debido a la
sobrecarga de trabajo y al enorme desgaste físico, emocional y psicológico a que se ven
expuestos desde muy jóvenes;26
i). facilidad para escalar la estructura burocrática y sindical,
eminentemente meritocrática. En este sentido, cabe señalar que una de las formas aviesas
desarrolladas a partir del estatuto de licenciatura de la educación Normal lo constituye
el credencialismo en que se han enfrascado los profesores en servicio, que se han visto
devaluados ante las exigencias de actualización y superación profesionales, inauguradas
por el imaginario de la universitación de la formación inicial, desarrollado en las
Normales;
j). posibilidad de revaloración de la familia o de la comunidad de
origen del profesor, en la inteligencia que el ser docente lleva implícito el ethos de
origen, (en el caso mexicano deviene de la herencia mesoamericana que, a diferencia de la
multiculturalidad árabejudeocristiana y de la aculturación del llamado mundo occidental,
representado por el culturalismo americanizador) y revalora el sentido social de la
educación colocando en el centro de ella al ser humano integral.
Notas
1. "Actualmente se habla de la educación
más como un problema que como un logro. Esto no siempre fue así. Todavía en los años
sesenta, se hablaba de que entre las grandes realizaciones del México posrevolucionario
se encontraba el sistema educativo nacional. Veinte años después es ya un lugar común,
en los discursos de las más altas autoridades políticas y educativas del país y en la
llamada opinión pública, referirse al deterioro de la educación..."
Aurora Loyo: "Los fines y objetivos de la educación en los albores del nuevo
milenio", Documentos de trabajo para su discusión. Primer Congreso Nacional de
Educación "Educación pública de calidad y trabajo docente profesional: el
compromiso sindical", México 1994, snte/Fundación snte para la Cultura del Maestro
Mexicano, A. C. p. 1.
2. En nuestro país la universalización de la educación
se establece a partir de la Reforma de 1857. Las características que se apuntan, si bien
son consideradas generales en todos los países, en México adquieren el sello específico
que le otorga nuestro desarrollo histórico y cultural.
3. Estas categorías las hemos venido trabajando en el
Taller Educación y Género desde 1992; (Contreras, 1994). La tesis de licenciatura en
educación primaria sobre mujeres solas en educación normal de Verónica Arellano y
Alicia Lugo (1995) apunta hacia esta propuesta.
4. Marcela Lagarde: Los cautiverios de las mujeres. De
madreesposas, putas, presas, monjas y locas. México, 1990, Facultad de Filosofía y
Letras, unam. En el Taller Educación y Género proponemos que la docencia es uno más de
los cautiverios desarrollados por Lagarde
5. Silvia Cruz Cruz, desarrolla en su proyecto de tesis
la propuesta de uso de los espacios escolares en función de la construcción del cuerpo,
en la cual demuestra cómo la docencia es uno más de los cautiverios que propone Marcela
Lagarde.
6. Chistian Baudelot y Roger Establet: La escuela
capitalista, México, 1976, Siglo XXI.
7. Beatriz Calvo: "El estudiante normalista: su
origen de clase y su relación con el Estado", et. al., Educación y escuela.
México, 1994, sep/Nueva Imagen. Tomo i. Es recomendable revisar, de la misma autora,
Educación normal y control político, CIESAS, México, 1979.
8. Moisés Contreras Hernández: "Los retos de una
utopía: la responsabilidad de una profesión", Encuentro Estatal de Investigación
Educativa organizado por Educación Jalisco, a través del Sistema de Superación
Magisterial en el Programa de Formación y Posgrado, Guadalajara, Jalisco, 7 de julio de
1994.
9. Liliana Morales: "La mujer en la educación
superior en México", en: Universidad Futura, Universidad Autónoma Metropolitana,
Volumen 1, Número 1, México, noviembre, 1988-febrero, 1989; de la misma autora: "La
mujer que sabía latín: la mujer en la educación superior en México, El cotidiano,
Núm. 53, México, marzo-abril, 1993. Las estadísticas y los censos nacionales (anuies,
sep, inegi) demuestran cómo el fracaso escolar, entendido como la incapacidad para el
ingreso, permanencia y egreso, así como la devaloración de la calidad educativa es más
alta entre las mujeres que entre los hombres.
10. SEP/ANUIES. Datos básicos de educación normal en
México. México s/f. dgenam. Aunque en 1600 don Gaspar Zúñiga y Acevedo, conde de
Monterrey, expide la "Ordenanza de los maestros del nobilísimo arte de leer,
escribir y contar", no es sino hasta 1822, cuando la Compañía Lancasteriana
promueve la formación de maestros. Las primeras escuelas normales que se fundan en
México se ubican, curiosamente, en los centros mineros, como Oaxaca (1824), Zacatecas
(1825), San Luis Potosí (1849), Guanajuato (1871) y Estado de México (1882), entre otros
lugares.
11. Elizabeth Badinter: xy. La identidad masculina,
Madrid, 1993, Alianza; Moisés Contreras Hernández: "Proyecto de estrategias
docentes para la formación de profesores de educación básica" (1994, en prensa) ,
"Los retos de una utopía... (1994)" y, "La formación de profesores en el
Estado de México en el contexto de la práctica educativa" (1995).
12. Calvo, 1979 y 1994; Reyes y Zúñiga, 1994;
Contreras, 1991 y 1994 a, c, d y e; y Velázquez, 1995; Elizondo, 1993; Sandoval, 1994;
Arellano y Lugo, 1995; Cruz Cruz, 1995; Schmelkes, 1994; Silva Ruiz, 1994; Ezpeleta, 1989;
Fernández, 1992.
13. Al respecto, los años cuarenta y cincuenta marcan
un parteaguas en el proceso de desarrollo del país, toda vez que el cambio de proyecto de
nación surgido de la Revolución mexicana se orienta hacia la inserción al modelo de
capitalismo dependiente, bajo la ilusión del desarrollismo industrializador. Éste nos
permite identificar ciertos elementos para replantearnos las condiciones que impulsarán
el cambio de relaciones sociale