Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 8

(ocho)

SECCIÓN

páginas

de la 09 a la 11 de 76

... nosotros los profes

Guadalajara, México - Diciembre de 1995

Principal | Índice


Si nuestra educación fuera un cuento de hadas...

Ma. Martha Collignon*

* Profesora-investigadora de la Unidad Académica de Ciencias de la Comunicación del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).

El mundo del teatro es un reto constante;

cada día hay que superar lo del día anterior

para aspirar a los buenos papeles.

Brianda Domecq.

Y si quisiéramos hablar de educación desde una perspectiva nueva habría que superar de alguna manera lo que ya antes se ha dicho, sin desconocer o mejor aún, reconociendo lo que otros han dicho, vivido, gritado y hasta abandonado. Porque la educación, como proceso humano y social, se da en un espacio histórico y cultural determinado, con sujetos concretos, que juegan y viven de sus expectativas, intereses e inquietudes. ¿Qué y cómo hablar de ello de otra manera cuando el mundo actual se nos presenta tan cambiante y complejo? ¿Cómo explorar, una vez más, la relación que nos aparece entre educación y género? ¿Cómo jugar con la realidad para comprender el trabajo educativo desde otras perspectivas significativas?

Si partimos del hecho de que los actos de enseñar y de aprender son independientes entre sí, y que sólo cuando en ciertos escenarios y momentos se conjuntan y dan por resultado la educación, entonces podremos hablar de los actores de este proceso como sujetos cambiantes y libres.

Quienes de alguna manera tenemos la fortuna de estar relacionados con la docencia y por consecuencia tenemos vínculos con los estudiantes, siempre nos encontramos con que nuestra actividad, aun siendo en esencia permanente, cambia, porque nosotros cambiamos y los alumnos también. En ocasiones trabajamos con grupos de estudiantes nuevos, y en otras ocasiones continuamos con el mismo grupo y avanzamos con él; resulta asombroso y apasionante a la vez ver, palpar y constatar la paradoja del cambio en la permanencia, es decir, son y somos otros y en el fondo, en esencia, los mismos pero distintos. Por los procesos de transformación humana y social tenemos la facilidad de permanecer en el cambio.

Hablar de educación es hablar de procesos de construcción de conocimiento, de ese conocimiento dinámico que nos permite a todos y cada uno de nosotros relacionarnos con el medio y con los otros con quienes nos ha tocado vivir. Ya no podemos seguir entendiendo la educación como un proceso de transmisión de conocimientos, de uno a otro, primero porque el conocimiento no se transmite, sino que se construye; y segundo porque esa construcción es una operación interna individual. En ese proceso de construcción intervienen, entre otros factores, la voluntad, la intención, los intereses y las expectativas de cada sujeto involucrado. Como educadores conviene preguntarnos, desde esta perspectiva, cómo es que los sujetos con los que uno trabaja (en el aula, por ejemplo) aprenden, desde dónde "leen" la información que uno les proporciona o facilita, cómo es que la "interpretan" y porqué algunos alumnos aprenden unas cosas y otros otras. Aquí es donde entra en juego lo que se ha llamado esquemas de interpretación, marcos de referencia; porque cada uno de nosotros (eternos aprendices de y en este mundo) "interpreta" el mundo de distinta manera. Hay que considerar que ese sujeto individual está inmerso en un contexto inmediato y mediato (la esfera de lo social) que lo influye y le ofrece un repertorio de menús de lectura y de formas de relación con el mundo circundante, así para los educadores lo interesante es, no sólo reconocer este hecho, sino aprovecharlo y explorarlo en los procesos educativos con el objeto de lograr las metas educativas que nos hemos planteado.

La educación formal en cualquier nivel (sea básica, media o superior) establece, a partir de una lectura y valoración del capital cultural acumulado a lo largo de nuestra historia, ciertos contenidos programáticos que deben ser cubiertos por el estudiante para acreditar el nivel correspondiente, y eso implica para el docente una responsabilidad ante la institución y ante los propios estudiantes. El profesor, para responder a este compromiso con la institución educativa –y en último término con el sistema educativo–, se enfrenta a una tarea de grandes dimensiones: si aceptamos que el conocimiento se construye y no se trasmite, entonces el trabajo docente estaría centrado en provocar, orientar y facilitar el acceso de los estudiantes a ese capital de conocimientos legitimado (construido por otros a lo largo de la historia), para que ellos lo comprendan, analicen, manipulen, y en definitiva lo construyan para interpretar la realidad en la que están inmersos.

De esta manera la educación bien podría convertirse en un juego pedagógico,(1) como bien lo ha denominado Daniel Prieto, a través del cual y sólo de esa manera, el estudiante, junto con el profesor, entra en relación con el conocimiento, lo manipula, lo negocia, lo construye.(2) Lo interesante es saber cómo es que lo hace, con qué recursos lúdicos se enfrenta a este juego, cómo lo juega y qué resultados obtiene. Si bien el desarrollo intelectual de un sujeto está relacionado con períodos de desarrollo físico y emocional, aquél tiene un contenido específico que se concreta en las llamadas estructuras mentales que se van perfilando, armando y modificando al entrar en contacto con los nuevos datos –información– que se obtienen del exterior: sea la escuela, los amigos, la familia, el medio social. Estos datos carecen en si mismos de un sentido, es el sujeto mismo quien va trabajándolos a partir de sus propias estructuras de pensamiento (llámense intereses, cultura, valores, etc.) y los incorpora con y por el significado que él mismo ha construido, de tal manera que cada sujeto va construyendo su propia "ciudad interna" señalizada por sus propios significados. Ahora bien esos significados de dónde surgen? El proceso de significación es un proceso interno a través del cual un sujeto construye un sentido de aquello observado:(3) es un proceso por medio del cual un sujeto relaciona datos aislados y les da un nuevo sentido, es un proceso de búsqueda de relaciones nuevas, distintas a lo anterior, que permita comprender el mundo y la realidad (tanto interna como externa) de otra manera, más afín a los intereses, expectativas y necesidades del sujeto. Este proceso resulta indispensable, y al mismo tiempo inevitable, para formar parte de una sociedad o grupo social determinado; de ahí los llamados significados comunes: aquellos que compartimos de una u otra manera al pertenecer a un grupo, comunidad, nación. Aún cuando esos significados, esa construcción del sentido depende de cada sujeto, de su propio trabajo de construcción, el proceso de construcción parte de bases y significados comunes, sociales, compartidos; en última instancia parte de la cultura, se alimenta de ella y al mismo tiempo la influye y la modifica con sus construcciones de sentido personal.

Esos marcos de referencia, a partir de los cuales "miramos" la realidad y le damos sentido, se van construyendo con el paso del tiempo y a través de las relaciones con el otro. La existencia de las diversas formas individuales de ver el mundo es indiscutible, pero estas formas coexisten con una serie de significados compartidos, que al adquirir esta característica permiten la aparición y cohesión de diversos grupos: mujeres, hombres, niños, adultos, mexicanos, italianos, homosexuales/lesbianas, heterosexuales, sanos, enfermos, etc. Esos significados son nuestros "lentes", nuestros ojos y al mismo tiempo nuestros códigos de relaciones.

Dichos marcos están relacionados estrechamente con el género y la identidad de cada sujeto. Sabemos que al nacer las personas nos distinguimos básicamente por las características físicas que nos muestran al mundo de una determinada forma: sexo masculino o sexo femenino. Estas características físicas se han convertido en una base que la sociedad interpreta y desde ahí se han ido construyendo una serie de "características" propias del sexo, lo cual, histórica y culturalmente ha llevado a conformar lo denominado "género": masculino o femenino. Este aspecto incorporado a nuestras vidas es esencialmente de carácter cultural, de ahí que exista, desde la perspectiva de una sociedad determinada, lo propiamente femenino y lo propiamente masculino.(4.) Los diferentes espacios de socialización del niño permite que éste vaya incorporando modelos de acción y lectura del mundo; y estos modelos aunque de alguna manera permanecen en nuestras estructuras de pensamiento a lo largo de nuestra vida: adolescencia, juventud, madurez, vejez, son dinámicos, flexibles, susceptibles de cambio. Y en esta permanencia y en este cambio, al mismo tiempo, es en donde la sociedad fortalece y transforma sus esquemas de organización política, económica y social.

De tal manera que al incorporar estos esquemas y modelos de acción a nuestras vidas adquirimos, por decirlo de alguna manera, una forma de "ver" el mundo y lo que en él sucede; lo vemos desde nuestra feminidad o masculinidad. Estos modelos de lectura e interpretación se van construyendo a través del tiempo y de la acción de diversos agentes sociales como son la familia, la religión, el estado, la escuela, etc. Y cuando el individuo interactúa con estos agentes sociales va aprendiendo estas formas de relacionarse con el mundo, son sus semejantes y con los productos de la acción de otros (expresiones culturales, desarrollo económico, etc.); el sujeto incorpora y construye sus propios marcos de referencia que si bien pueden ser modificados a través de las experiencias personales, son puntos de partida para ver, leer, entender, interpretar, juzgar y actuar en el mundo.

En la literatura femenina, aunque no exclusivamente, hay una serie de referencias a esta forma de entender el mundo desde la feminidad, aludiendo a los cambios a través del tiempo y las diferencias entre las sociedades de algunos continentes, enfatizando cómo la cultura nos va marcando el ritmo y el rumbo.

La mujer, dijo Beatriz mientras su madre la miraba con aquella cara de no–entiendo–nada–a–esta–nueva–generación, la mujer debe optar en tanto que el hombre puede disfrutar ambas cosas, familia y profesión. Es una sencilla cuestión de matemáticas: las horas del día, menos las horas dedicadas a una profesión seria, menos las horas invertidas en el hogar, menos las horas para comer, menos las horas de dormir nos da aproximadamente a menos veinticuatro. Déficit de horas obliga a opción; es tan simple como eso. ¿Entiendes?...(5)

Al trabajar con grupos de estudiantes en realidad nos enfrentamos a grupos de referentes, de significados sobre ciertos aspectos de la vida. Así es como podemos entender cómo es que a ciertos alumnos les interesa más trabajar o estudiar ciertos temas y a otros no. Nuestro trabajo docente también tiene marcos de referencia (intereses, expectativas, necesidades) y significados construidos por nosotros mismos. Nuestra acción para y con otros influye en esos marcos de referencia (en los propios y los ajenos) al trabajar nueva información, nuevos datos; de tal manera que al actuar nosotros contribuimos a reforzar o a transformar los significados sociales establecidos. Por ello es interesante la perspectiva que considera la educación como un proceso de y para el cambio de estructuras , esquemas y significados, en lo que a género se refiere, porque podemos enfrentarnos nosotros mismos y nuestros estudiantes a otras formas de ver y entender la feminidad y la masculinidad, no sólo como roles naturalmente establecidos, rígidos y contrapuestos, sino como escenarios de acción dinámicos, flexibles y complementarios en los cuales hombres y mujeres se pueden mover libremente, reconociendo diferencias mas no status de superioridad ni inferioridad.

 

Notas:

1. Daniel Prieto habla de cómo la educación podría ser un verdadero juego si somos capaces de involucrar al otro –al alumno– como un sujeto libre de actuar en el proceso educativo.

2. La expresión "juego pedagógico" resulta doblemente atrayente: por un lado el juego en el sentido de un placer, lúdico, pero organizado, con objetivos y resultados concretos; por otro lo pedagógico, desde la perspectiva de una ciencia que busca resultados efectivos de transformación de estructuras mentales.

3. Se utiliza el término observación en sentido amplio, el cual incorpora aspectos de experiencias y vivencias personales que adquieren sentido por el hecho de experimentarlas y valorarlas a nivel individual como valiosas.

4. Lo cual es relativamente sencillo identificar desde las primeras etapas de la vida infantil, en las cuales el juego se convierte en un espacio para la apropiación de roles y significados propios de cada género; por ejemplo el juego de té y muñecas para las niñas, y juegos con armas y cochecitos para los niños.

5. Brianda Domecq. Bestiario Doméstico. FCE. México, 1982. p. 49.

Principal | Índice