Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 7

(siete)

SECCIÓN

páginas

de la 03 a la 03 de 64

... nosotros los profes

Guadalajara, México - Diciembre de 1995

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Las educadoras: juntas pero no revueltas

Sonia Ibarra Ibarra*

* Investigadora de El Colegio de Jalisco.

Las maestras de preescolar, guardan un sello de distinción, la imagen que les caracteriza es de jovialidad, fino encanto, "clase" y sobre todo, el ser "buena onda", pues no asoma todavía en su práctica docente, la militarización, el autoritarismo ni el abuso de poder que priva en la educación primaria, por lo que la mayoría de nosotros guardamos un grato recuerdo de nuestra maestra de esta etapa. El mismo ambiente de trabajo en preescolar es distinto, pues hay más camaradería y menos grilla en este grupo, así como mayor disposición y voluntad para el desempeño de la labor docente.

Según Atala Apodaca, maestra del periodo post-revolucionario, los orígenes de los jardines de niños en Jalisco se ubican a fines del siglo XIX, con la participación de Aurelio Ortega, quien en 1882, "siendo munícipe, luchó incansablemente en unión de otros benefactores por establecer escuelas de primer grado, o sea lo que hoy se llama ‘Jardines de Niños’".(1)

Más tarde, Enrique Laubscher despertó el interés al respecto, al invitar a maestros de la entidad a visitar en Veracruz el jardín de niños "Esperanza", fundado por él.

Así iniciaron la educación preescolar, maestras interesadas en la nueva modalidad: Ma. de Jesús Romo de Vivar, Concepción Trejo, Dolores Trejo, Dolores Híjar y Delfina Shuster, quienes fundaron la Sociedad de Educadoras "Rosaura Zapata" a fin de prepararse en educación preescolar.

En cuanto a la capacitación de educadoras en forma sistemática por parte del Estado, Angélica Peregrina establece tres intentos de capacitación formal para las educadoras: en 1914, con Laura Apodaca como directora de la Escuela Normal; en los años veinte con María Helena Chanes, y en 1935 al crearse el primer jardín de niños en Guadalajara.(2)

Es hasta 1939 cuando la Escuela Normal asume la capacitación para maestras de Jardines de niños a cursarse en dos años, con la participación de las profesoras Aurora Sánchez Gutiérrez, Ma. Dolores Híjar Medina, María Jaime Franco, Dolores Jaramillo, Carmen Torres Vélez y los profesores Aurelio Gaytán Durán y Carlos Stahl. Sólo tres generaciones egresaron de este proyecto, pues fue suprimida la carrera y reabierta en el año 1949, cuando dirigía la Escuela Normal la profesora Concepción Becerra de Celis.

Tras una nueva supresión, resurge esta carrera en 1961 gracias a las gestiones de la profesora Amparo Rubio de Contreras, y con el apoyo del siguiente cuerpo docente: Aurora Sánchez de Rovelo, Carmen Cordero, Octavio Vargas, Magdalena Peredo, Alicia Plascencia, Alfonso Hurtado, Tomás Escobedo, Ofelia Carrillo, Rosario Arias, Graciela Gómez, Isabel Armas, Carmen Valdez, Elena Cárdenas, Guillermo Peña, Belia Elena Vargas y Arturo Rivas Sáinz.(3)

Se convirtieron así, las educadoras, en una élite de la Escuela Normal, un grupo que fue tomando poco a poco forma y personalidad.

El perfil de la educadora fue definiéndose: los detalles femeninos y delicados se hicieron notar, un uniforme peculiar, de buen gusto, patrones de "niñas bien" en el vestir y en el actuar, derroche de expresiones artísticas, ingenio, destreza y sobre todo, creación de maravillas con pequeños objetos de desuso.

El reducido número les permitió también guardar mayores lazos solidarios entre sí y cierta hermeticidad con respecto a los grupos de normalistas, sobre todo de las futuras maestras, porque con los varones era válido alternar, sobre todo con los bien parecidos.

Así, "juntas, pero no revueltas", las educadoras permanecieron en la Escuela Normal de Jalisco hasta 1978, año en que se mudaron a la Escuela Normal Superior de Jalisco donde estuvieron un breve lapso, para finalmente establecerse en la Escuela Normal de Educadoras en 1980, donde actualmente se forman licenciadas en educación preescolar. Arandas y Unión de Tula se han incorporado también a la tarea de formar educadoras, así como las Escuelas Regionales de Ciudad Guzmán, Colotlán, San Antonio Matute y Estipac, que anexaron dicha carrera, a fin de satisfacer las necesidades del Estado en ese renglón.

Así entre el "pim pon", "jugaremos en el bosque...", "pares y nones", "naranja dulce", "el patio de mi casa", juegos dactilares, muñecos de guiñol, rompecabezas, supermasa, plastilina, panderos, cascabeles, lotería, memoramas, palitos, corcholatas y demás, mezclados con Decroly, Piaget, Freud, Wallon, Vigotsky y Winicott, las educadoras aprenden a trabajar y a diseñar proyectos, tomando en cuenta la opinión de los niños y sus características, y luchando por hacerlos participar y tomar decisiones; esos niños que les hablan de tú y que al llegar a la escuela primaria irremediablemente "las echarán de menos" cuando tengan que pedir permiso para moverse, hablar, y opinar, y cuando poco a poco olviden el "pim pon", "el padre Abraham", "la rueda de San Miguel" y el "acitrón".

 

Notas

1. Apodaca, Atala. Boletín de educación. No. 2. Guadalajara, octubre de 1956.

2. Peregrina, Angélica. La Escuela Normal de Jalisco en su centenario (1892-1992). El Colegio de Jalisco. México, 1992.

3. Ibíd., pp., 129-130.

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