
Las acciones educativas: consideraciones para su evaluación
Beatriz Plascencia Abundis*
* Investigadora y docente en la Escuela Normal de Jalisco.
I
En el ámbito educativo se presenta como una constante, el problema de
la evaluación de las acciones educativas.
Esta situación se relaciona con la interpretación y empleo que se
hace del concepto, que a su vez orienta el sentido de las acciones que al respecto se
realizan. Así encontramos que es frecuente el uso indistinto de evaluar para referirse a
acciones de medir, calificar o acreditar. La evaluación se emplea con fines
administrativos y sirve para legitimar decisiones del grupo en el poder; es realizada por
"expertos" que se encuentran al margen de las actividades que son evaluadas.
En cuanto a la evaluación del aprendizaje realizado a través de la
planta de profesores, es indiscutiblemente una de las actividades fundamentales que
realiza la escuela. Dadas las características ideológicas que presenta es, quizá el
proceso que más claramente refleja el poder de decisión que el ejercicio de esta
función implica y; se presenta como un aspecto controversial y poco representativo de los
logros alcanzados por el estudiante.
Por la importancia y dificultades que implica, resulta pertinente el
análisis y reflexión de los fundamentos teóricos de la evaluación, como un recurso que
propicie la revisión y nuevos planteamientos, a partir del concepto de hombre, del
aprendizaje, del conocimiento de la docencia.
Este artículo se orienta al análisis de la evaluación y su relación
con los conceptos ya señalados; el interés surge del acercamiento a la realidad
educativa que nos lleva a considerar imprescindible dejar de concebir al niño, joven o
adulto como una bodega de almacenamiento y emisión de información; y al aprendizaje como
un proceso mecánico, como un resultado acabado, como un estado del sujeto, como algo que
se conquista, para buscar entender las condiciones internas y externas del aprendizaje,
las bases del proceso grupal, etc. Como única forma posible para reconstruir
efectivamente el concepto y el proceso de la evaluación.
II
Sin perder de vista que cada una de las teorías pedagógicas requiere
una mayor extensión para agotar su estudio, y debido a que no es ese el fin de este
trabajo presento sólo dos posturas teóricas opuestas entre sí, para su análisis.
a). Una primera postura teórica tiene el fundamento de las teorías
antropológicas esencialistas, a las que pertenece el hombre intemporal. En ella el hombre
es imperfecto, inacabado, busca a través de la educación alcanzar el ideal de
perfección. Esta teoría se relaciona con la teoría pedagógica tradicional, la cual
explica al conocimiento como algo acabado que se trasmite; afirmación que supone la
posibilidad de que lo que es poseído por alguien, pueda ser dado a otro por algún medio.
El aprendizaje es un proceso que propicia en el estudiante el conocimiento que le es
transmitido por el profesor.
La mente es algo pasivo y la memorización es un elemento central del
aprendizaje.
El contenido es algo fragmentado que tiene relación con los supuestos
del aprendizaje y se reflejan en los principios de la enseñanza programada, dividiendo un
contenido en pasos breves de memorización. En relación a la motivación , no es
considerada importante, puesto que el conocimiento tiene valor por sí mismo, más
importante es la extensión de la información cubierta en un tiempo determinado.
La función del docente consiste en transmitir el conocimiento a
través de la exposición, la actitud del alumno es pasiva, de dependencia y acriticidad.
El docente ante la gran cantidad de contenidos, se preocupa más por
cubrirlos, que por el proceso de aprendizaje que se está generando en los estudiantes.
El estudiante en esta situación se satura de información y no toma
conciencia del tipo de conductas que va interiorizando.
Los planes de estudios elaborados según esta concepción, señala
Taba, requieren del docente sólo el dominio de un saber determinado, están realizados
con el objeto de lograr la eficiencia administrativa y propician la enseñanza mecánica.
La evidencia de la eficiencia se traduce en memorización de nociones,
conceptos, principios y procedimientos que se pueden medir. La relación maestro-alumno se
da en condiciones de poder, en la medida en que el maestro es el poseedor del saber y
además es quien acredita el aprendizaje del alumno a través de una calificación.
La asignación de la calificación reproduce una serie de vicios
sociales, propicia que el docente se coloque en la posición de juez desde donde dictamina
el éxito o fracaso de sus alumnos; además valida o invalida su conducta y sus valores.
Por otra parte las expresiones numéricas que se utilizan para
"determinar el aprendizaje, no son empleados dentro de la misma lógica del número,
ya que carecen de la propiedad numérica que representan... el número desprendido de sus
propiedades deje entrever no sólo la falta de rigor científico, sino el aspecto
ideológico con que es empleado".1
A partir de esta concepción de evaluación se da la propuesta de
programación por objetivos conductuales. Este concepto se plantea en términos de
conductas unívocas, observables y medibles.
b). La segunda postura teórica se fundamenta en las corrientes
antropológicas de la existencia, del hombre persona, del hombre total.
En esta segunda postura se parte de que el conocimiento se elabora o se
construye por los objetos que intentan conocer. El conocimiento es producto de sucesivas
aproximaciones a la realidad, objeto de estudio, reflexionando en torno a ella pero
también ejerciendo acción sobre ella. Por lo anterior no puede ser considerado como algo
dividido en comportamientos, fragmentos o recortes de la realidad, como algo aislado
descontextualizado.
Por el contrario, el conocimiento posee una estructura, una organicidad
y una dimensión social.
El acceso al conocimiento es posible en la medida en que éste sea
producido a través de la acción reflexiva entre sujetos y realidad.
El aprendizaje es entendido más como un proceso, que como un
resultado. "Todo aprendizaje consiste en una serie de acciones orientadas hacia
determinadas metas. Estas acciones son todas relación del ser humano ante estímulos
externos e internos, en su permanente adaptación al medio. Se trata de acciones
simbólicas: analizar, relacionar, generalizar, etc., operaciones manuales: manipular
objetos, reunir materiales, etc.; así como valoraciones y formas de relación con el
medio social... Una persona aprende cuando se plantea dudas, formula hipótesis, retrocede
ante cientos obstáculos, arriba a conclusiones parciales, etc. Es decir, cuando se
producen reestructuraciones en su conducta".2
La docencia debe ser entendida entonces como una acción de orientación, de
asesoría, de labor conjunta con los estudiantes, encaminada hacia la elaboración del
conocimiento. El alumno sólo tiene acceso al conocimiento construyéndolo mediante un
proceso de reflexión y en ese proceso interactúa con el profesor, con el grupo y con la
realidad que es objeto de conocimiento.
La acción del docente, encaminada a la producción de aprendizajes
socialmente significativos en los alumnos, genera también cambios en él, ya que le
posibilita aprender de la experiencia de enseñar, por la confrontación de su teoría con
la práctica. La participación de los alumnos en este proceso es decisiva y significa
también que éstos, durante el aprendizaje, "enseñaron", es decir,
intervinieron en los procesos de aprender del profesor. La evaluación es entendida como
"indagación o investigación, como una actitud, como una línea de trabajo y no como
un estudio único, sino múltiples análisis concretos."3
Este proceso de análisis crítico, de reflexión y de síntesis conceptual y
valorativo tiene un carácter fundamentalmente axiológico y lleva a emitir un juicio
evaluativo en el mismo sentido. Ambos, el análisis y la síntesis permiten trabajar,
pensar, decidir, en la línea de comprender y valorar mejor el proceso; también permiten
afirmar la necesidad de consolidar o de modificar y en qué sentido, si en los aspectos de
contenido o de proceso.
Las acciones que se desarrollan como parte del proceso de evaluación
están orientadas a recuperar la dimensión social del acontecer grupal; no sólo para
describirla, sino para aportar elementos de interpretación de la situación que permita
no sólo hacer una lectura correcta de la realidad imperante, sino que propicie la
producción de conocimientos y la transformación de la realidad, es decir, se trata de
una relación dialéctica de teoría y práctica que derive en una verdadera praxis.
La evaluación al ser una actitud inherente al proceso didáctico,
está condicionada por circunstancias y características propias del "aquí y
ahora" en que está inmerso este proceso. La evaluación del aprendizaje y del
proceso didáctico, visto así, requiere estar fundamentado en un marco teórico y
operativo que oriente todas las acciones que tengan que llevarse a cabo.
Al concebir la evaluación como proceso, requiere además, de
lineamientos metodológicos que la hagan posible en una situación concreta de docencia.
También se requiere reconocer y comprender el proceso de aprendizaje
individual y grupal, a partir de una serie de juicios que si bien se fundamentan en
elementos objetivos, tienen una parte subjetiva, tal como la reconocen las teorías del
conocimiento al referirse a la relación sujeto-objeto como condición del conocimiento
humano.
Acorde con esta forma de entender la evaluación, se plantea como
opción, una metodología participativa por considerar que ésta concibe efectivamente a
la evaluación como un proceso donde los involucrados asumen alternativamente el rol de
sujetos y objetos de la evaluación. Esta circunstancia les permite desempeñar un papel
activo y decisivo en todos los momentos importantes del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Sin perder de vista que la evaluación dé resultados fundamentales en
el proceso, es una cuestión particularmente difícil en el terreno de las ciencias
sociales y, por ende, en la educación, sobre todo si se pretende cuantificar los
resultados.
Esto implica considerar que los instrumentos que se relacionan para la
evaluación deben ser los más abiertos, globalizadores, flexibles y dinámicos que sea
posible, sustentados en criterios de evaluación organizados, que permitan establecer
mecanismos capaces de rescatar los aspectos más importantes de la experiencia, y de la
participación de todos los elementos involucrados en el proceso de
enseñanza-aprendizaje.
Notas
1. BENEDITO, Gloria. "La
medición en psicología", en: Barriga, Angel. Currículum y Didáctica,
p. 59. UNAM. México. [Mecanograma].
2. RODRÍGUEZ, Azucena. "El proceso de aprendizaje
en el nivel superior y universitario", en: Colección Pedagógica
Universitaria, 2 pp. 8 y 9.
3. ALBA, Alicia de. Conferencia impartida el 2 de julio
de 1988 en la Facultad de Geografía de la Universidad de Guadalajara (U. de G.).