Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 7

(siete)

SECCIÓN

páginas

de la 60 a la 61 de 64

la pizarra

Guadalajara, México - Diciembre de 1995

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¿Qué se escribe o dibuja en una pizarra?

Prácticamente todo lo que la imaginación o la destreza pueda.

la pizarra

la sección de correspondencia de la tarea, pretende que los compañeros profesores hagan de este espacio su pequeña tribuna. Gracias.

La escuela: ¿empresa, cárcel, cuartel militar o manicomio?

Sr. Director

Estas reflexiones que presento a su consideración tienen el propósito de expresar algunas de las prácticas que he observado en el desempeño profesional de los docentes en nuestro medio, no pretendo con ello hacer una generalización, ni mucho menos una descalificación de quienes de manera esforzado trabajan por elevar la calidad de la enseñanza. Pretendo si acaso, que sirva como crítica para quienes han optado por esta tarea. Mucho agradeceré que estas líneas sean incluidas en su revista.

En la actualidad, casi cualquier persona maneja el término “escuela”. En la plática cotidiana de muchas madres, no dejan de aparecer las aventuras y vida escolar de sus hijos; el adolescente, por lo general, no odia nada más que todo lo que involucro la escuela, excepto los compañeros y las “pintas”; el universitario nada anhela más que la Universidad le otorgue su título... Pero, ¿qué es la escuela?

El término escuela deriva del latín schola, que significa lugar de ocio, ocio como fundamento de la cultura, lugar de trabajo intelectual. Puede definirse, fuera de lo etimológico y de manera general, como una agencia social o institución encargada del servicio de educación sistemática.

En mi opinión, para hacer una definición válida de la “escuela”, es necesario que resulte de una tarea muy personal y a través de la propia vivencia; porque finalmente cada quien es producto y lleva consigo, su propia escuela.

Mi escuela, es todo aquel campo espacio-temporal, personal o colectivo, que brinda experiencias potencialmente utilizables en la vida intrapsíquica (personal) y social. Con esta definición, incluso queda comprendida la “escuela de la vida”.

De manera implícita o explícita, queda asentado que la escuela tiene, en principio, como instancias definitorias, un tiempo y un lugar. En segundo término, se adjetiva el campo espacio-temporal como “personal” y “colectivo”, lo que hace referencia a un individuo y a su conjunto; así, quedan instauradas la dinámica intrapsíquica (en términos de procesos, procesos psicológicos), y la dinámica social, que habla de la cultura, de sistemas en transacción. En tercer lugar, hace referencia a la utilidad de los acontecimientos (experiencias) que se dan en la escuela, conformándose una meta multivariable que atiende a las necesidades de filogenia y ontogenia del ser humano, desde las más básicas para la sobrevivencia, hasta aquellas que promueven la espiral del desarrollo.

Pero, ¿en dónde quedó la escuela, la que es escenario de las aventuras de los niños, de la que se hacen “la pinta” los adolescentes, de la que esperan los universitarios su título?. Bueno, esa escuela, que también es un campo delimitado en tiempo y espacio, y proveedor de experiencias potencialmente útiles, tiene elementos especiales que hacen necesario que se denomine escuela de instrucción o escuela de educación sistematizada.

Temporalmente se divide en cinco estadios, con una carga anual específica: preprimaria, primaria, secundaria, preparatoria (bachillerato) y superior (universidad).

Espacialmente, queda limitada a las construcciones específicamente diseñadas (o que funcionen) como el ambiente físico construido para el proceso de educación sistematizado.

Los individuos que actúan dentro de la escuela, tienen roles bien definidos: aquellos que conforman la parte administrativa, como director(a), subdirector(a), administrador(a), secretarias(os); aquellos que conforman el cuerpo docente: profesores y asesores; aquellos que se encargan de la disciplina: prefectos; de los servicios adicionales como psicólogos, bibliotecarios; del mantenimiento del plantel: intendentes, velador, reparadores, etcétera; y aquellos a los que se les incluye: los alumnos.

Se habla, entonces, de una instancia con estructura jerarquizado, con división de trabajo, con necesario reconocimiento social y reconocimiento legal; con documentos que fundamenten lo administrativo, lo educativo y lo disciplinario.

La dinámica total de la institución está encaminada al cumplimiento de los objetivos generales y específicos, establecidos en los programas y cartas didácticas que conforman la carga de instrucción contenida en cada estadio escotar. Técnicamente es lo que se denomina como “proceso de enseñanza-aprendizaje”, y que responde en lo práctico, al funcionamiento de director-subdirector-administrador-cuerpo secretarial-profesores-asesores-prefectos-bibliotecarios-psicólogos-intendentes y alumnos, para que estos últimos obtengan conocimientos y habilidades específicas.

Al señalarse un proceso y una finalidad específica en cada estadio de instrucción, y más aún, en cada institución educativa, es necesario dejar en evidencia que detrás de este proceso hay métodos que atienden a una filosofía en particular, que va en función de los fines que se quieren alcanzar, por lo cual, cada escuela sostendrá sus propias normas y valores “dentro del marco social”. Una escuela necesita el reconocimiento social, pero debe reconocer su existencia; por ello, siempre estará directamente regulada e influenciada por la sociedad, con sus virtudes y vicios, con sus conveniencias, libertades y restricciones.

Así pues, en una compleja lógica, la escuela es causa y efecto en el acontecer de una sociedad, de una nación. Observaremos, entonces, nuestra realidad y tendremos un panorama bastante claro del mexicano como alumno y como ciudadano.

¿No es verdad que el modo de producción dominante en nuestra época, finales del siglo XX y antesala del XXI, es el capitalismo? Entonces, por qué no concebir la escuela como una empresa; en donde hay transformación de la materia prima, pero eso cuesta; y se sostiene la producción en serie como ideal, igual que las escuelas. Hay competencia entre las diferentes instituciones escolares existentes, casi como Coca Cola y Pepsi. La escuela, como la empresa, satisface la demanda social; está a la moda, a la vanguardia, forma parte de lo “chic”. Se venden los uniformes, las ideas, los títulos; por lo tanto, alguien es dueño y cobra la mayor parte. También existen los que trabajan y se les paga muy poco: igual que en la empresa.

Y ahora que menciono, lo de uniforme, ¿qué al entrar a una cárcel, no es lo que hacen?, además se recibe un número. Curiosamente recuerdo haber sido el número 51 al ingresar a la secundaria. Divertidas coincidencias.

Estar en la cárcel es estar coartado de tu libertad, no importa tanto el motivo, ni sí es cierto o no, el hecho es que no eres libre, deambulas en un espacio limitado, vigilado, con tu uniforme y tu número con el que respondes. Me acuerdo, que cuando pequeño, en la escuela, no podía jugar en donde yo quería, correr por todos lados, gritar. Siempre había cercas en los lugares más interesantes; en donde me podría haber divertido y aprendido, siempre estaba vigilado.

Y qué tal mi primer día de escuela, yo no comprendía muy bien, pero mi mamá me había dejado con otra mujer, que dizque “miss” o maestra, pero seguramente yo había hecho algo malo para dejarme abandonado y encerrado.

Estar en la cárcel es enseñarse a ver entre los barrotes, por detrás de ellos, nunca fuera de su contención... y es que estar en la escuela es enseñarse a decir que uno quiere ser alguien en la vida, no se sabe por qué ni para qué, pero siempre hay que estar detrás de ese “alguien” en la vida. Pero nunca delante de él.

Estar en la cárcel, como en la escuela, es acatar órdenes, tareas, horarios, castigos, injusticias; es aceptar que uno es menos (por castigo o por no saber)... estar en la cárcel, como en la escuela es estar controlado por la sociedad, ser modelado para, al salir, poder funcionar.

Ya no uso uniforme, pero fui el número 51, quiero ser alguien en la vida me siento sofocado, veo pizarrones por todos lados a manera de jaula. Jaula... aula. Curiosa coincidencia.

Al hablar de uniforme, de restricción y de una profunda obediencia, también puede darse la idea de estar describiendo la dinámica de un cuartel militar. Aquí, son pocos los que tienen el poder y dan órdenes, limitan al punto de extinción, el libre albedrío de quienes se encuentran dentro de este sistema. En la escuela, como en el cuartel militar, hay roles muy definidos, existe una jerarquía, las relaciones son verticales (con excepciones escolares). La misión de los militares es defender o hacer prevalecer el orden nacional, la defensa del pueblo, la permanencia del estado, la constancia de los intereses de ciertos sectores sociales.

¿Qué la escuela no asegura la contención y moldeamiento de alumnos con ciertas características que la sociedad exige para ser futuros ciudadanos o soldados?

¿Acaso esto no puede funcionar como sistema de defensa?

La madre tiene hijos modelo (“estudiosos”, “disciplinados”, “mandables”), gracias a la escuela. El empresario brinda trabajo a técnicos o profesionistas, preparados sólo para tener un desempeño un poco menor en cantidad y calidad que una máquina, pero nunca pensante ni crítico. El presidente tiene millones de buenos y aguantadores ciudadanos. Así, el soldadito de mamá, el soldadito del maestro, el soldadito del empresario aseguran la permanencia de la cultura.

¡Que insistencia por introyectarnos una realidad!

Se ha señalado que en el niño y en el adolescente actúan sistemas que podrían ser homologados a sistemas psicóticos. Niños y niñas quieren todo para ellos, no hay lógica ni tiempo, se es impaciente, se reacciona de la manera más inesperada, “se vive en un mundo de fantasía”, el límite entre lo real y lo no real es casi imperceptible; para los niños no hay normas, hay necesidades para ser satisfechas de inmediato. Ser niño es pertenecer al mundo infantil, a otro mundo. Ser niño es ser por naturaleza, experto en símbolos.

Para el adulto, un niño es aquel al que se le debe de educar, se le debe de enseñar; al niño hay que adentrarlo a la realidad, sacarlo de su mundo; y un medio es llevarlo a la escuela. Así como al esquizofrénico se le lleva al manicomio para intentar su integración a la realidad.

El niño progresa en la escuela, como el psicótico en el manicomio.

Finalmente: ¿soy alumno en calidad de usuario, reo, soldado o paciente psiquiátrico?

Francisco Javier Salazar Aguilar,

estudiante del 7º semestre de la licenciatura en Psicología del ITESO.

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