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Guadalajara, México - Diciembre de 1995 |
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La capacitación y actualización de docentes: un proceso permanente Francisco Rafael Millán Vega* * Profesor de las maestrías del Sistema de Superación Magisterial (SISUMA) y del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM); secretario de Cultura y Recreación de la Sección 47 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Se entiende la capacitación y actualización de docentes como aquellos espacios de trabajo académico que permiten a los profesores recuperar sus saberes y prácticas, ponerse en contacto con los de otros y conocer o reconocer nuevos aspectos de la práctica docente con lo cual los maestros están en posibilidades de desarrollar más eficazmente su labor. Un sistema educativo que no cuente con los mecanismos para la actualización y capacitación de su personal operativo de manera permanente, cae irremisiblemente en la obsolescencia; nuestro sistema educativo aún es de esos. El que la labor requerida implique en Jalisco, a más de 50,000 profesores distribuidos en 9316 escuelas, nos dice que la tarea es de largo plazo, pero lo urgente es encarrilarla, establecerla para más allá de la vida sexenal. A pesar de que el sistema educativo jalisciense cuenta con algunas instancias que en cierto momento han logrado apuntalarlo, en la actualidad no se permite una estrategia consolidada y consistente. Instancias como los Centros de Actualización del Magisterio y la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), en el sistema federalizado, han cumplido esta labor; los supervisores técnicos, Mejoramiento Profesional y algunas direcciones del antiguo sistema estatal también han hecho lo suyo. Más recientemente con propuestas como Rincones de Lectura, Actividades Culturales (PACAEP), Grupos de Apoyo Psicopedagógico Integrado (GAPI), Centro de Atención Psicopedagógica de Educación Preescolar (CAPEP) y la Dirección de Psicopedagogía han intentado apoyar aspectos específicos de capacitación a docentes. Uno de los déficit mayores está en las zonas marginadas, aún cuando acciones con programas que atienden varios aspectos como el novedoso Programa para Abatir el Rezago Educativo (PARE), están intentando coadyuvar en esta problemática. Habrá pues que apuntalar y apoyar estos servicios yendo a la esencia: la práctica docente cotidiana y real de los profesores. Intentando precisar, el servicio educativo principalmente se concretiza con la labor del profesor en el grupo, en el ejercicio de la docencia, en la forma en que encauza los procesos de formación de sus alumnos. Si atendemos a los estudios que sobre la docencia se tienen y que surgen principalmente a partir de los años 70 (en nuestro país en los 80s y en nuestro estado apenas empiezan), cuando se reconoce que no eran suficientes los estudios sobre eficiencia educativa, sólo a partir de los resultados de la instrucción y con metodologías predominantemente cuantitativas (por ejemplo: promedio de calificaciones o seguimiento escolar y laboral de los estudiantes), se concluye que hay que ver a los profesores y a los alumnos en la acción, en su cotidianidad, a través de acercamientos que también se interesen por lo cualitativo, lo interpretativo, lo hermenéutico, o sea con los qués y porqués de lo que se dice y hace en el aula. Como producto de este tipo de trabajos se reconocen de manera más documentada cuestiones del profesor en el aula, como su soledad, su autonomía y la gran velocidad con la que debe tomar decisiones en el proceso de la clase; este tipo de labor -la docencia-, es desgastante y complicada en sí, a esto hay que aunarle otros factores como el control político de las direcciones, el aislamiento del salón y la escuela de su entorno social, así como la falta de análisis de la realidad que se vive en las escuelas, como objeto de estudio, como temática escolar. Pero sobre todo hay que analizar la persistencia secular de un estilo de docencia basado en la palabra y la acción del profesor, el salón rectangular con hileras de mesabancos y pizarrón al frente, y el trabajo casi uniforme de todo el conjunto de alumnos a la voz del profesor. La atención de la docencia se torna más urgente cuando nuestras principales instituciones, las Normales de Jalisco, mantienen una planta docente donde la mayor parte no problematizan su práctica ni el trabajo con los futuros profesores y donde los esfuerzos y recursos institucionales se quedan en lo cosmético: bastoneras, escoltas, concursos, orfeón, rondalla, grupo folklórico, material didáctico costoso, ceremonias ostentosas. La docencia, las formas de trabajo con los alumnos, es el espacio educativo que más hay que estudiar y movilizar; la propuesta de la Maestría en Intervención de la Práctica Educativa del Sistema de Superación Magisterial (SISUMA), parece oportuna aunque evidentemente predomine una selección extraacadémica para la asignación de los asesores o cuando menos ciertos vetos políticos. Un análisis teórico y metodológico de esta opción se hace necesario. A continuación se esbozan una serie de acciones que en conjunto y sistemáticamente implementadas pondrían en marcha un necesario y profundo proceso de actualización y capacitación docente que buena falta hace:
A partir de estas propuestas, eligiendo lo posible, parece factible pensar en la instalación de un proceso permanente de actualización y capacitación magisterial. |
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