
La capacitación y actualización de docentes: un proceso permanente
Francisco Rafael Millán Vega*
*Profesor de las maestrías del Sistema de Superación Magisterial
(SISUMA) y del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM);
secretario de Cultura y Recreación de la Sección 47 del Sindicato Nacional de
Trabajadores de la Educación (SNTE).
Se entiende la capacitación y actualización de docentes
como aquellos espacios de trabajo académico que permiten a los profesores recuperar sus
saberes y prácticas, ponerse en contacto con los de otros y conocer o reconocer nuevos
aspectos de la práctica docente con lo cual los maestros están en posibilidades de
desarrollar más eficazmente su labor.
Un sistema educativo que no cuente con los mecanismos para la
actualización y capacitación de su personal operativo de manera permanente, cae
irremisiblemente en la obsolescencia; nuestro sistema educativo aún es de esos.
El que la labor requerida implique en Jalisco, a más de 50,000
profesores distribuidos en 9316 escuelas, nos dice que la tarea es de largo plazo, pero lo
urgente es encarrilarla, establecerla para más allá de la vida sexenal.
A pesar de que el sistema educativo jalisciense cuenta con algunas
instancias que en cierto momento han logrado apuntalarlo, en la actualidad no se permite
una estrategia consolidada y consistente. Instancias como los Centros de Actualización
del Magisterio y la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), en el sistema federalizado,
han cumplido esta labor; los supervisores técnicos, Mejoramiento Profesional y algunas
direcciones del antiguo sistema estatal también han hecho lo suyo. Más recientemente con
propuestas como Rincones de Lectura, Actividades Culturales (PACAEP), Grupos de Apoyo
Psicopedagógico Integrado (GAPI), Centro de Atención Psicopedagógica de Educación
Preescolar (CAPEP) y la Dirección de Psicopedagogía han intentado apoyar aspectos
específicos de capacitación a docentes. Uno de los déficit mayores está en las zonas
marginadas, aún cuando acciones con programas que atienden varios aspectos como el
novedoso Programa para Abatir el Rezago Educativo (PARE), están intentando coadyuvar en
esta problemática. Habrá pues que apuntalar y apoyar estos servicios yendo a la esencia:
la práctica docente cotidiana y real de los profesores.
Intentando precisar, el servicio educativo principalmente se concretiza
con la labor del profesor en el grupo, en el ejercicio de la docencia, en la forma
en que encauza los procesos de formación de sus alumnos.
Si atendemos a los estudios que sobre la docencia se tienen y que
surgen principalmente a partir de los años 70 (en nuestro país en los 80s y
en nuestro estado apenas empiezan), cuando se reconoce que no eran suficientes los
estudios sobre eficiencia educativa, sólo a partir de los resultados de la instrucción y
con metodologías predominantemente cuantitativas (por ejemplo: promedio de calificaciones
o seguimiento escolar y laboral de los estudiantes), se concluye que hay que ver a los
profesores y a los alumnos en la acción, en su cotidianidad, a través de acercamientos
que también se interesen por lo cualitativo, lo interpretativo, lo hermenéutico, o sea
con los qués y porqués de lo que se dice y hace en el aula.
Como producto de este tipo de trabajos se reconocen de manera más
documentada cuestiones del profesor en el aula, como su soledad, su autonomía y la gran
velocidad con la que debe tomar decisiones en el proceso de la clase; este tipo de labor
-la docencia-, es desgastante y complicada en sí, a esto hay que aunarle otros factores
como el control político de las direcciones, el aislamiento del salón y la escuela de su
entorno social, así como la falta de análisis de la realidad que se vive en las
escuelas, como objeto de estudio, como temática escolar.
Pero sobre todo hay que analizar la persistencia secular de un estilo
de docencia basado en la palabra y la acción del profesor, el salón rectangular
con hileras de mesabancos y pizarrón al frente, y el trabajo casi uniforme de todo el
conjunto de alumnos a la voz del profesor.
La atención de la docencia se torna más urgente cuando
nuestras principales instituciones, las Normales de Jalisco, mantienen una planta docente
donde la mayor parte no problematizan su práctica ni el trabajo con los futuros
profesores y donde los esfuerzos y recursos institucionales se quedan en lo cosmético:
bastoneras, escoltas, concursos, orfeón, rondalla, grupo folklórico, material didáctico
costoso, ceremonias ostentosas.
La docencia, las formas de trabajo con los alumnos, es el espacio
educativo que más hay que estudiar y movilizar; la propuesta de la Maestría en
Intervención de la Práctica Educativa del Sistema de Superación Magisterial (SISUMA),
parece oportuna aunque evidentemente predomine una selección extraacadémica para la
asignación de los asesores o cuando menos ciertos vetos políticos. Un análisis teórico
y metodológico de esta opción se hace necesario.
A continuación se esbozan una serie de acciones que en conjunto y
sistemáticamente implementadas pondrían en marcha un necesario y profundo proceso de
actualización y capacitación docente que buena falta hace:
* Apoyar proyectos alternativos de capacitación propuestas por las
escuelas y por instancias académicas o sujetos independientes.
* Propiciar espacios permanentes donde los profesores revisen
críticamente su forma de concebir el conocimiento y lo que esto implica en términos de
la acción del profesor y principalmente del alumno.
* Apoyar proyectos de investigación que estudien procesos de
formación docente en las distintas regiones del estado.
* Apoyar iniciativas de escuelas que presenten planes propios y
sugerentes de actualización permanente.
* Formar Comités Técnicos que analicen y evalúen iniciativas de
capacitación y actualización docente que sean innovadores.
* Apoyar iniciativas de docentes o de escuelas que se comprometan a
experimentar técnicas y materiales alternativos, propiciando su estudio sistemático.
* Establecer apoyos de asesoría y recursos, a tesis que estudien
aspectos de la cotidianidad escolar y de los procesos de formación docente.
* Promover eventos, como encuentros entre docentes, donde desde un
esquema de discusión horizontal se intercambien y analicen experiencias docentes.
* Solicitar a las escuelas su plan para la utilización de recursos de
apoyo que soliciten, que implique innovaciones, nuevos usos, etc.
* Alentar a los profesores a estudiar en la UPN y las distintas
Normales, carreras afines o posgrados.
* Alentar el estudio de los problemas escolares que surgen en la
cotidianidad escolar, así como de las experiencias de atención puestos en práctica.
* Reconocer que los profesores tienen distintos niveles y formas de
significar sus vivencias, sus variadas formaciones y experiencias, por lo que se hace
necesario establecer distintas opciones: asesorías individuales, cursos, apoyos en el
aula, etc.
* Promover comités de evaluación académica institucionales con fines
de superación profesional, no coercitivas, ni políticos.
* Alentar la promoción de Consejos Técnicos y Academias que planteen
innovaciones en la organización académica.
* Publicar trabajos de experiencias de profesores y reportajes sobre
escuelas con innovaciones; sin panegíricos idealistas, sino enfatizando las luces y
sombras de su acción docente.
* Propiciar círculos de lectura magisterial donde se promuevan el
gusto por la lectura y la preparación académica, pues el profesor que no lee no puede
transmitir lo que no le interesa ni practica.
* Promover que los estudiantes normalistas hagan prácticas y apoyos de
asistencia a docentes que propicien el rescate del estilo docente de profesores de
reconocida trayectoria.
* Propiciar acercamientos a las escuelas para estudiar y apoyar a la
docencia sin caer en atosigamientos.
* Iniciar evaluaciones institucionales profundas de las instituciones
formadoras y actualizadoras de docentes.
A partir de estas propuestas, eligiendo lo posible, parece factible
pensar en la instalación de un proceso permanente de actualización y capacitación
magisterial.