
La educación ambiental en la formación
de docentes
(Extracto del planteamiento de la tesis de maestría: "La
educación ambiental como proceso formativo y operativo en los alumnos de la Escuela 680
de San Sebastián El Grande, Mpio. de Tlajomulco de Zúñiga, como alternativa de
formación")
María de los Angeles González Pelayo*
* Directora de la Escuela Urbana Nº 525 en Ixtlahuacán del Río, Jal.
Este trabajo de investigación fue realizado en el poblado de San
Sebastián El Grande, municipio de Tlajomulco de Zúñiga, donde se aplicaron encuestas a
los docentes que laboran en las distintas escuelas de nivel básico (preescolar, primaria
y secundaria); quedando en evidencia, con la muestra obtenida, que el docente posee un
nivel de información ecológica por debajo de lo requerido y que debido a ello, las
actitudes prácticas al respecto también presentan incongruencia con el discurso
elaborado en base a las necesidades de preservación del medio ambiente.
Aunque las entrevistas a los alumnos, padres de familia y comunidad en
general, partieron de la Escuela primaria Urbana Nº 680 de esta población, también se
incluyeron a los alumnos de 5º y 6º de las otras primarias del lugar, así como de las
escuelas secundaria y técnica; obteniéndose también en su graficación, porcentajes
alarmantes de desinformación y escasa o nula práctica de actividades ecológicas.
Por los alcances que tienen las instituciones formadoras de docentes,
éstas deben redimencionar sus tareas en relación a la educación ambiental. Recordemos
que el primigenio contacto que establecen las escuelas normales con sus alumnos se
ensancha a partir del contacto de estos ya convertidos en maestros con la
infancia y adolescencia escolar que les corresponderá atender.
El impacto es entonces expansivo y se extiende aun más allá, si
tomamos en cuenta lo que implica además el contacto de los alumnos de las escuelas
preescolares y primarias con sus familias y en general con la comunidad.
Además, porque en los tiempos actuales, el problema del conocimiento y
tratamiento equilibrado de los entornos naturales es de urgente observancia, debido al
acelerado grado de deterioro que nuestro ambiente natural y por lo tanto social está
resistiendo.
Las acciones de educación ambiental pueden plasmarse en un orden a
diferentes niveles de espacio, tiempo y profundidad de estudio. La principal necesidad
práctica es poner en juego diferentes alternativas de solución a los problemas
ambientales ante circunstancias dadas. Es decir, convertirla en un conocimiento sustentado
en una noción participativa.
Conforme el hombre lleva una vida más sedentaria, los factores
ambientales son más determinantes en su comportamiento, por lo cual tiene que desarrollar
una cultura que transforme pero, que en aras del progreso no destruya y que los
ecosistemas se conserven para su provecho y relativa comodidad. La educación ambiental
trata de ponderar en alto grado formas de vida más naturales, no sólo en aspectos como
agricultura orgánica y la observancia de principios ecológicos en las actividades
productivas del hombre (agricultura, industria, servicios), sino en el proceder del hombre
consigo mismo.
El deterioro del ambiente tiene relación directa con la forma en que
la sociedad aprovecha y distribuye los recursos naturales. La naturaleza ha sido explotada
pensando solamente en satisfacer necesidades inmediatas, pero sin prever las consecuencias
a largo plazo. Ha sido considerada como una fuente inagotable de recursos que se
encuentran a disposición de los hombres.
Pero, la naturaleza está regida por leyes que regulan su
funcionamiento y cada uno de los elementos que la conforman guardan relación estrecha con
los demás y sólo puede mantenerse si están presentes todos los elementos en equilibrio.
El factor determinante en el deterioro del medio ambiente es la forma
de producción de la sociedad, sus intereses materiales físicamente dominan sobre los
criterios de conservación, por lo tanto, es la propia sociedad civil, quien debe jugar el
papel más importante en la conservación y el cuidado del medio ambiente. En este
problema la escuela pública tiene una responsabilidad cada vez más evidente. Las
instituciones formadoras de docentes, espacio al que le corresponde el contacto educativo
con el futuro maestro, deben replantearse curricularmente el problema de la educación
ambiental no sólo como disciplina de estudio, sino como elemento para el trabajo
pedagógico en las propias aulas de las escuelas normales, así como también en los
propios espacios de trabajo escolar de los maestros con los niños.
Es poco lo que podemos hacer en forma individual para resolver los
problemas de contaminación y deterioro ambientales, las posibles soluciones tienen que
emprenderse en forma global y organizada, para ésto las escuelas formadoras de docentes
deben realizar, a través de sus equipos de investigación, una indagación en diferentes
instancias e instituciones para conocer en concreto las condiciones ambientales que privan
en Jalisco. Es importante porque no basta la teoría sobre lo ambiental; hace falta el
conocimiento real y objetivo de nuestro entorno. Lo primero es contar con la información
acerca de cómo funciona la naturaleza, cómo la han explotado los hombres y cuáles han
sido las consecuencias de esa explotación. Pero sobre todo, debemos considerarnos como
parte de la naturaleza. A partir de aquí, es necesario establecer una referencia obligada
con lo que sucede en nuestro Estado.
Por ello, la importancia que requiere que el individuo adquiera la
capacidad de comprender y valorar los aspectos físicos y biológicos, tecnológicos y
económicos que permitan y condicionen su propia evolución y con los cuales se
interrelacionan constantemente influyendo en forma decisiva en su salud; debe ser meta
prioritaria de toda institución educativa la adquisición de una educación ambiental que
tienda a la formación y fortalecimiento de una conciencia ecológica.
Una verdadera educación ambiental requiere redefinir la relación
hombre-naturaleza, en la cual el hombre se asiente y forme parte de ella y no concebirse
irracionalmente como dueño de la misma; para llegar a esta actitud de respeto y
pertinencia se requiere adquirir un conocimiento dinámico del intercambio que existe
entre los elementos bióticos, abióticos y sociales que conforman su habitat.
La preocupación que se tiene sobre la temática no es exclusiva ni de
nuestro espacio ni de nuestro tiempo, pues la alarma es tanto de carácter mundial como
añeja. La línea que nos ocupa, específicamente se refiere a la de alternativa de
formación y a partir de ella se ofrece una base de acción. Una vez que el maestro
"se ha formado", al concluir los estudios requeridos para ejercer la docencia
incluyendo los lineamientos de Educación Ambiental al ubicarse en el grupo
escolar, se lograrán óptimos resultados al aplicar las sugerencias programáticas que
incluye el contenido curricular del nivel en que se desempeñan (preescolar, primaria,
secundaria o técnica); asimismo al activar el proceso y llevar a cabo las actividades
operativamente, tanto dentro del aula como fuera de ella: en el plantel escolar, en la
comunidad (influyendo en las familias modificando su actitud dentro de los hogares), se
logrará formar conciencia de la gravedad del problema y el aceptar que la prevención o
solución se encuentra en todos y cada uno de los habitantes. Es precisamente este
encadenamiento el que posibilitará que la escuela se convierta en promotora comunitaria
de la defensa de los recursos naturales.
Una práctica docente encaminada a la defensa del ambiente no debe ser
sólo teórica, el profesor como ser social está sujeto a partir de la comprensión, en
las relaciones escolares que en realidad son sociales y en vinculación natural con sus
discípulos, debe iniciar el sentido de la investigación en forma participativa al partir
desde el análisis de los programas y situaciones concretas y permanentes, en cuanto que
al obtener resultados que no siempre serán definitivos ni acabados pero que sí presenten
una estrategia vincular entre la investigación naturaleza-docencia
investigación y currículum.
A tal efecto, el motivo fundamental que la integración de la
educación ambiental al proceso educativo exige, es que se realicen modificaciones y
agregados tanto de contenido como de forma en el currículum.
Un nuevo enfoque en la enseñanza sobre la teoría y práctica de
nuestro entorno debe partir inicialmente de una redefinición en la práctica docente en
las instituciones formadoras de docentes, disminuyendo el tiempo de las clases tipo
conferencias y aumentar en forma profesional la práctica como lo establece la
investigación participativa de la cual Boris Yopo define como "un método de trabajo
educativo que pretende romper e innovar sustancialmente el conjunto de técnicas
tradicionales que han imperado fuertemente en el ámbito y quehacer de la capacidad y
educación".
La práctica docente debe considerarse, ante todo, como una práctica
social, ya que uno de los fines de la educación es tratar de dar respuesta a las
aspiraciones socio-culturales de la colectividad y las necesidades específicas del
desarrollo individual; o para decirlo en términos del artículo 3º constitucional:
"La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las
facultades del ser humano",1 más adelante añade:
"Contribuirá a la mejor convivencia humana por los elementos que aporte a fin de
robustecer en el educando, junto con el aprecio para la dignidad de la persona y la
integridad de la familia, la convicción del interés general de la sociedad",2 y que: "Determinará los planes y programas de
estudio de la educación primaria, secundaria y normal para toda la República",3 por ende, la función del maestro es de agente
socializador y transformador que propicia la apertura de espacios democráticos para
resolver los problemas que afectan las condiciones de vida del grupo social y de cada
sujeto en particular.
Con la inclusión de la investigación participativa en los planes y
programas de estudio se trata de dar un carácter más vivo al proceso de educación; el
aspecto formal de ésta, se lleva a cabo en la escuela, institución facultada por la
sociedad para formar a las generaciones venideras en aquellos aspectos considerados
valiosos y necesarios para integrarse a la comunidad a la que pertenece. La finalidad de
la educación es tratar de dar respuesta a las aspiraciones socio-culturales de la
colectividad y las necesidades específicas del desarrollo individual.
La formación docente tiene además que ir más allá de una estrategia
curricular. Una vez concluidos los estudios, es importante que el profesor recién
egresado sea ubicado, para su desempeño profesional, en su ámbito de origen; si el
docente pertenece a la comunidad en que trabaja, será un factor de motivación el
realizar los trabajos necesarios para prevenir o solucionar las problemáticas del aspecto
ecológico que se presenten dentro de su propio contexto.
La apropiación de técnicas de aprendizaje necesarias y convenientes
para llevar a cabo dentro de la labor educativa el trabajo ambiental, no sólo darán al
maestro una seguridad y confianza sobre lo que está haciendo, sino que el alumno
trabajará con un sentido armónico al no sentir que las lecciones se dan en forma
improvisada o simplemente rutinaria, sino que su maestro realmente sabrá lo que está
haciendo y sobre todo que domina la forma en que deberá realizarlo. Lo ambiental no
termina pues en el aula; es necesario un seguimiento, y para ello se requiere que las
autoridades educativas implementen programas, cursos, talleres, etc., que se desarrollen a
lo largo del año con una secuencia y frecuencia determinadas por las necesidades e
intereses de la educación misma. Dichas actividades complementarias deben ser organizadas
tanto como parte de la formación en las instituciones formadoras de docentes como en los
contenidos programáticos de las escuelas de educación básica.
No solamente son necesarias las diferentes dinámicas de grupo que el
docente puede implementar en cada una de las actividades a desarrollar en base a las
sugeridas en los contenidos programáticos del curso, sino que además el uso de los
diferentes materiales didácticos de que se puede valer para darle un carácter más firme
tanto a la exposición como a la apropiación del conocimiento mismo; la actividad para el
trabajo ambiental debe ser un taller que incluya un proceso de reflexión permanente que
tenga a la vista lo real, lo objetivo, la naturaleza, la sociedad y pueda actuar sobre
ellas. No con un carácter filantrópico, sino como una actividad militante, crítica y
propositiva.
Notas
1. 2º párrafo del Artículo 1º del
Decreto que reforma a los artículos 3º y 31, fracción I, de la Constitución Política
de los Estados Unidos Mexicanos.
2. Ibidem. Tomado del inciso C.
3. Ibidem. Referido en el punto núm. III.