Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 7

(siete)

SECCIÓN

páginas

de la 15 a la 16 de 64

... nosotros los profes

Guadalajara, México - Diciembre de 1995

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La docencia como investigación participativa

(Este trabajo fue presentado como conferencia en "Ecos del Encuentro Estatal de Investigación Educativa", 1994)

María del Carmen Gabriela Flores Talavera*

* Estudiante de segundo año en la maestría en Ciencias de la Educación del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM).

El presente trabajo tiene la finalidad de describir de manera sencilla cómo el maestro frente al grupo realiza investigación, las capacidades que posee para realizarla y las limitaciones de que padece para que sus trabajos puedan tener trascendencia.

Desde mi punto de vista, el trabajo docente en sus jornadas cotidianas es arduo, considero que debe ser reconocida la labor desempeñada, porque además de impartir su cátedra, desarrolla otras funciones fuera de su competencia profesional, como son las administrativas, comerciales, de apoyo psicológico, trabajo social, de prefectura, etc.

Sin descuidar el panorama actual de las actividades del docente, consideramos, por experiencias personales que se puede hacer investigación educativa por los mismos profesores de grupo; y que de hecho se hace al realizar "pequeños experimentos" y repetirlos al año siguiente en otras circunstancias o en otro turno y comparar resultados, sacar conclusiones y emitir generalizaciones parciales, esto dentro del ámbito escolar que es donde se expresan todas las características de la comunidad en la cual está inserta la escuela, donde confluyen las ideas de todas las clases y tipos de personas que acuden a ella.

Sin querer generalizar demasiado, se considera que todos los maestros hacemos investigación participativa, cada vez que expresamos: —"Voy a probar ahora X método"; —"¿Me funcionará si lo hago de esta forma?"; —"Creo que con estos niños ahora haré esto, a ver qué pasa"; éstas y otras muchas frases pasan por las mentes de los maestros y en muchas ocasiones las llegan a formular verbalmente, buscando apoyo, ayuda o comentarios que reafirmen sus hipótesis, justificando su futura labor, sin imaginar que están haciendo investigación participativa.

Estos pequeños ensayos de investigación se van sumando hasta convertirse en la experiencia que le da al docente la seguridad de continuar su labor, es ahí donde la teoría y la práctica se integran en una sola, porque cada uno de nosotros elaboramos nuestras propias teorías en torno al proceso enseñanza-aprendizaje, que se fue conformando en la misma práctica docente.

Es el profesor del grupo el que tiene en sus manos el material con el cual el investigador desea trabajar, y es él, el que debe hacer este trabajo, nadie puede ni debe hacerlo en su lugar, el maestro es quien, comprometido con su rol social de agente de cambio, debe vincular su práctica docente con la investigación, pues al transformar su propia práctica docente irá transformando el contexto social, involucrando en este cambio a todos los que tienen que ver con la educación, (alumnos, maestros, padres, autoridades).

Sin embargo, existen obstáculos que es necesario franquearlos, tales como el egoísmo o la poca autoestima. Nos hemos conformado con hacer de nuestra experiencias una teoría propia, negamos la posibilidad de compartir nuestros descubrimientos porque los consideramos inaplicables por otros compañeros, disfuncionales en otros terrenos con otros niños y subestimamos nuestra tarea. No se pretende decir, que no haya errores, sino que también nos negamos esa otra alternativa de autoevaluación y co-evaluación por compañeros que pueden ayudar dando una luz distinta a nuestro camino.

El hecho de que el docente y el investigador posean las mismas cualidades (curiosidad, creatividad e imaginación), que el docente experimente a investigar, nos llevan a creer que debe seguir haciéndolo, pero con el compromiso de utilizar formas más sistemáticas y metódicas, registrando observaciones, anotando las experiencias, las hipótesis que nazcan, evaluando los resultados del análisis de su propia práctica; y sobre todo, haciendo consciente toda esta secuencia de actos que se han venido realizando sin valorar su actuación.

Ahora bien, un gran obstáculo que hay que salvar es el de la formación académica, no es fácil de la noche a la mañana, hacer del docente un gran investigador, no porque no posea las cualidades necesarias, o porque sus experimentos dejen de ser valiosos para la práctica docente, sino porque el método, la formación, el enfoque no son los adecuados para que haya trascendencia en sus investigaciones; debe haber sistematización y lógica en las actuaciones del docente, así como una continua evaluación del proceso, que, puntualicemos, debe ser permanente; comprometernos realmente con la ciencia social y no olvidar fácilmente el por qué comenzamos haciendo determinada actividad. Creo firmemente en la necesidad de formar investigadores docentes desde las escuelas Normales.

De aquí se desprende un cuestionamiento importante, ¿Por qué los maestros desertamos tan pronto de nuestra tarea investigativa? Se considera que porque nuestras autoridades no dan el justo reconocimiento a la labor investigativa, se insiste en que es cuestión de formación, ¿Cómo nos reconocen algo que ellos mismos desconocen cómo hacerlo? Creo que los pocos maestros que llevan a cabo la vinculación de su práctica docente con la investigación lo hacen por gusto. Pero ¿Cuántos hay que no lo hacen porque no saben cómo hacerlo y que pueden aportar una cantidad rica en conocimientos?

Otro factor importante es el tiempo. La mayoría de los docentes, desertamos de nuestra tarea investigativa por falta de tiempo, aunque sigamos teniendo la preocupación no nos ponemos a sistematizar por escrito nuestros resultados, pues ello lleva tiempo; escribir las conclusiones lleva tiempo, ordenar ideas por escrito lleva tiempo, muchos docentes no lo tenemos. Además otro factor muy vinculado con el tiempo es el económico.

Por otro lado, se ha generalizado la idea de que el maestro de grupo tiene una actividad muy fácil, que sólo cuida a los niños y que en algunas ocasiones no les enseña nada, sin embargo, no se reflexiona acerca del sinfín de actividades y tareas que el maestro tiene que realizar a lo largo de su jornada de trabajo, sin contar el hecho de que algunos tienen dos plazas.

La propuesta gira en torno a la formación del docente que egresa de la normal básica, la tendencia debería ir encaminada a formar metodológicamente un espíritu científico con capacidad crítica hacia la propia práctica docente, haciendo esto muy consciente y subrayo el término porque es la única manera de hacer investigación educativa trascendente.

En conclusión, podemos plantear que existe en el docente un gran potencial, que sólo le falta el rigor metodológico y la formación científica necesaria para que los resultados de sus investigaciones tengan validez y trascendencia; que el docente trabaja con el material humano que el investigador desea tener, que son muchas las ventajas y que, salvadas algunas limitaciones y despertando más concientizados de nuestras potencialidades como investigadores, podemos mejorar el nivel académico de la educación de los niños mexicanos.

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