
La docencia como investigación participativa
María del Carmen Gabriela Flores Talavera*
Este trabajo fue presentado como conferencia en Ecos del
Encuentro Estatal de Investigación Educativa, 1994.
*Estudiante de segundo año en la maestría en Ciencias de la Educación del Instituto
Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM).
El presente trabajo tiene la finalidad de describir de manera sencilla
cómo el maestro frente al grupo realiza investigación, las capacidades que posee para
realizarla y las limitaciones de que padece para que sus trabajos puedan tener
trascendencia.
Desde mi punto de vista, el trabajo docente en sus jornadas cotidianas
es arduo, considero que debe ser reconocida la labor desempeñada, porque además de
impartir su cátedra, desarrolla otras funciones fuera de su competencia profesional, como
son las administrativas, comerciales, de apoyo psicológico, trabajo social, de
prefectura, etc.
Sin descuidar el panorama actual de las actividades del docente,
consideramos, por experiencias personales que se puede hacer investigación educativa por
los mismos profesores de grupo; y que de hecho se hace al realizar "pequeños
experimentos" y repetirlos al año siguiente en otras circunstancias o en otro turno
y comparar resultados, sacar conclusiones y emitir generalizaciones parciales, ésto
dentro del ámbito escolar que es donde se expresan todas las características de la
comunidad en la cual está inserta la escuela, donde confluyen las ideas de todas las
clases y tipos de personas que acuden a ella.
Sin querer generalizar demasiado, se considera que todos los maestros
hacemos investigación participativa, cada vez que expresamos: "Voy a probar
ahora X método"; "¿Me funcionará si lo hago de esta
forma?"; "Creo que con estos niños ahora haré esto, a ver qué
pasa"; éstas y otras muchas frases pasan por las mentes de los maestros y en muchas
ocasiones las llegan a formular verbalmente, buscando apoyo, ayuda o comentarios que
reafirmen sus hipótesis, justificando su futura labor, sin imaginar que están haciendo
investigación participativa.
Estos pequeños ensayos de investigación se van sumando hasta
convertirse en la experiencia que le da al docente la seguridad de continuar su labor, es
ahí donde la teoría y la práctica se integran en una sola, porque cada uno de nosotros
elaboramos nuestras propias teorías en torno al proceso enseñanza-aprendizaje, que se
fue conformando en la misma práctica docente.
Es el profesor del grupo el que tiene en sus manos el material con el
cual el investigador desea trabajar, y es él, el que debe hacer este trabajo, nadie puede
ni debe hacerlo en su lugar, el maestro es quien, comprometido con su rol social de agente
de cambio, debe vincular su práctica docente con la investigación, pues al transformar
su propia práctica docente irá transformando el contexto social, involucrando en este
cambio a todos los que tienen que ver con la educación, (alumnos, maestros, padres,
autoridades).
Sin embargo, existen obstáculos que es necesario franquearlos, tales
como el egoísmo o la poca autoestima. Nos hemos conformado con hacer de nuestra
experiencias una teoría propia, negamos la posibilidad de compartir nuestros
descubrimientos porque los consideramos inaplicables por otros compañeros, disfuncionales
en otros terrenos con otros niños y subestimamos nuestra tarea. No se pretende decir, que
no haya errores, sino que también nos negamos esa otra alternativa de autoevaluación y
co-evaluación por compañeros que pueden ayudar dando una luz distinta a nuestro camino.
El hecho de que el docente y el investigador posean las mismas
cualidades (curiosidad, creatividad e imaginación), que el docente experimente a
investigar, nos llevan a creer que debe seguir haciéndolo, pero con el compromiso de
utilizar formas más sistemáticas y metódicas, registrando observaciones, anotando las
experiencias, las hipótesis que nazcan, evaluando los resultados del análisis de su
propia práctica; y sobre todo, haciendo consciente toda esta secuencia de actos que se
han venido realizando sin valorar su actuación.
Ahora bien, un gran obstáculo que hay que salvar es el de la
formación académica, no es fácil de la noche a la mañana, hacer del docente un gran
investigador, no porque no posea las cualidades necesarias, o porque sus experimentos
dejen de ser valiosos para la práctica docente, sino porque el método, la formación, el
enfoque no son los adecuados para que haya trascendencia en sus investigaciones; debe
haber sistematización y lógica en las actuaciones del docente, así como una continua
evaluación del proceso, que, puntualicemos, debe ser permanente; comprometernos realmente
con la ciencia social y no olvidar fácilmente el por qué comenzamos haciendo determinada
actividad. Creo firmemente en la necesidad de formar investigadores docentes desde las
escuelas Normales.
De aquí se desprende un cuestionamiento importante, ¿Por qué los
maestros desertamos tan pronto de nuestra tarea investigativa? Se considera que porque
nuestras autoridades no dan el justo reconocimiento a la labor investigativa, se insiste
en que es cuestión de formación, ¿Cómo nos reconocen algo que ellos mismos desconocen
cómo hacerlo? Creo que los pocos maestros que llevan a cabo la vinculación de su
práctica docente con la investigación lo hacen por gusto. Pero ¿Cuántos hay que no lo
hacen porque no saben cómo hacerlo y que pueden aportar una cantidad rica en
conocimientos?
Otro factor importante es el tiempo. La mayoría de los docentes,
desertamos de nuestra tarea investigativa por falta de tiempo, aunque sigamos teniendo la
preocupación no nos ponemos a sistematizar por escrito nuestros resultados, pues ello
lleva tiempo; escribir las conclusiones lleva tiempo, ordenar ideas por escrito lleva
tiempo, muchos docentes no lo tenemos. Además otro factor muy vinculado con el tiempo es
el económico.
Por otro lado, se ha generalizado la idea de que el maestro de grupo
tiene una actividad muy fácil, que sólo cuida a los niños y que en algunas ocasiones no
les enseña nada, sin embargo, no se reflexiona acerca del sinfín de actividades y tareas
que el maestro tiene que realizar a lo largo de su jornada de trabajo, sin contar el hecho
de que algunos tienen dos plazas.
La propuesta gira en torno a la formación del docente que egresa de la
normal básica, la tendencia debería ir encaminada a formar metodológicamente un
espíritu científico con capacidad crítica hacia la propia práctica docente, haciendo
ésto muy consciente y subrayo el término porque es la única manera de hacer
investigación educativa trascendente.
En conclusión, podemos plantear que existe en el docente un gran
potencial, que sólo le falta el rigor metodológico y la formación científica necesaria
para que los resultados de sus investigaciones tengan validez y trascendencia; que el
docente trabaja con el material humano que el investigador desea tener, que son muchas las
ventajas y que, salvadas algunas limitaciones y despertando más concientizados de
nuestras potencialidades como investigadores, podemos mejorar el nivel académico de la
educación de los niños mexicanos.