
Derechos humanos, menores callejeros y educación
Ricardo Fletes Corona*
*Investigador de El Colegio de Jalisco.
¿Cuál es la relación que existe entre los menores callejeros y
educación? En el presente escrito trataré de comunicar algunas reflexiones al respecto,
o sea, la relación existente entre unos sujetos, los "callejeros", y un
proceso, la educación.
El concepto callejero es descriptivo, refiere a la persona que
anda mucho tiempo en la calle o vive en ella. Por supuesto, tiene connotaciones
peyorativas. En este caso me refiero a los menores de edad que han hecho de la calle su
lugar de residencia o, en el mejor de los casos -o en el menos peor-, el lugar donde
transcurre la mayor parte de su vida.
En el trabajo con menores callejeros es comúnmente aceptada una doble
clasificación de menores de este tipo, los denominados menor en la calle y menor de
la calle. El primero hace referencia a aquél que una parte del día realiza actividades
en la vía pública con el objeto de obtener algunas monedas y contribuir a su propia
manutención y la de su familia; asiste a la escuela y en no pocos casos es irregular y
presenta bajas calificaciones, mantiene relación con su familia o alguno de sus
familiares. En el caso del menor de la calle, se considera que es aquel que ha roto
el contacto con su familia, ha abandonado definitivamente la escuela, todo su tiempo
transcurre en la calle u otros espacios públicos, está ligado a problemas de adicción y
a la comisión de infracciones.
Independientemente del tipo de menor de que se trate, las implicaciones
que tiene el hecho de que estos menores vivan, toda o parte de su vida en la calle,
implica toda una serie de retos y necesidades que toca diferentes campos de las ramas del
conocimiento, entre ellas, la jurisprudencia, psicología, trabajo social, educación,
comunicación, medicina, etcétera, más aún, evidencian a las sociedades que los
engendran y los abandonan a su suerte.
Por otra parte, si educar es, en su acepción más amplia, guiar,
conducir, de manera organizada la transmisión de conocimientos, habilidades, valores
¿cómo se puede imaginar que un menor callejero viva un proceso educativo si su
educación es al libre albedrío, de sentido común, en la calle, sin un sistema definido?
Además, ¿quién lo educa?, ¿cómo se educa? Se puede argumentar, idílicamente, que
estos menores aprenden de la vida misma, de la vida en la calle y que por lo tanto
desarrollan todas las habilidades necesarias para ello. Pero hay que preguntarse acerca
del precio que tienen que pagar estos menores para desarrollar las habilidades para
sobrevivir en un medio en donde impera la ley de la selva, expuestos a todo tipo de
abusos. El precio que deben pagar los menores, en conclusión, es muy elevado.
Aquí la cuestión viene a ser cómo se educa un menor que vive en la
calle y, sin necesidad de hacer un mayor análisis, muy fácil se comprende que ni hay
método, ni hay guía, por lo tanto, la calle no es el lugar donde mejor se puede educar
un menor. Bien podríamos decir que es el peor, en donde las condiciones existenciales son
patéticas y las educacionales francamente ausentes.
¿Qué esperamos entonces como resultado?, ¿por qué solemos pedir a
estos menores que dominen habilidades de lecto-escritura, de matemáticas, de "buenos
modos", si es lo que seguramente menos les hemos ofrecido? Dicho en otras palabras,
¿qué les estamos dando hoy para exigirles mañana?
Parece que a fuerza de verlos cotidianamente en las calles de la
ciudad, los hemos identificado como parte misma del ambiente, y no es así; hemos olvidado
que estos menores son seres humanos, miembros de una sociedad de fin de siglo, que
teóricamente tienen más derechos que obligaciones pero que, prácticamente es lo
contrario, es decir, hacen más de lo que se supone deben y están capacitados para hacer:
sobreviven en la calle.
Como no es muy válido sólo hacer reflexiones, sin llegar a por lo
menos alguna proposición, vale decir que, en principio, hacer un esfuerzo mayor al actual
es la tarea, pues hay que poner condiciones diferentes, muy diferentes para estos menores.
Obviamente, la cuestión de los callejeros trasciende el ámbito meramente educativo y se
seguirá presentando mientras las condiciones sociales y económicas que lo originan se
mantengan.
Como una propuesta inicial, y sin que ello implique un enorme esfuerzo
más allá del espacio escolar, bien podemos iniciar comentando con nuestros alumnos en el
salón de clases al respecto, ver qué opinan ellos; aprovechar la frescura y sinceridad
de sus ingeniosas ideas. También podemos debemos conocer los 54 artículos de
la Convención Sobre los Derechos del Niño (que en cualquier oficina de la Comisión
Nacional de Derechos Humanos los podemos obtener), difundirlos, darlos a conocer a los
padres de familia y a los alumnos.
Entonces, la relación entre educación y menores callejeros es
mínima; sería deseable y es necesario que se estreche cada vez más, iniciando, como lo
propongo en el mismo salón de clases y la escuela, con los padres de familia, con los
educadores mismos. Esa sería una contribución sobre todo en el aspecto preventivo del
problema, con las generaciones actuales, tanto a nivel de padres de familia como con
alumnos. Estos últimos en un futuro próximo podrán influir y exigir que no haya menores
que vivan de y en la calle, a condición de que logremos despertar su receptividad hacia
este problema social; tarea que sólo lograremos si iniciamos difundiendo información
sobre los derechos de los niños, lo que a su vez, sin duda, contribuirá al desarrollo de
una cultura de los derechos humanos, de la cual los menores deben ser los más
favorecidos.