Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 7

(siete)

SECCIÓN

páginas

de la 52 a la 52 de 64

... el recreo

Guadalajara, México - Diciembre de 1995

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El espíritu romántico como fundamento fantástico

Sergio Guillermo Figueroa Buenrostro*

* Profesor-Investigador, asistente "C", de la maestría en "Literaturas del Siglo XX", que se imparte en la División de Estudios de la Cultura (DEC) del Departamento de Estudios Literarios (DEL), de la Universidad de Guadalajara (UDG). Correo electrónico del autor: buenrostro64@uol.com.mx

La literatura fantástica nace como género en la época del romanticismo, aunque es indudable que, como afirma Borges, surge con las primeras manifestaciones literarias de la antigüedad La Iliada, La Odisea, y La Biblia.

El movimiento romántico contemporáneo, floreció en la primera mitad del siglo XIX y fue de gran importancia para la cosmovisión artística de un mundo dominado por los grandes avances de la ciencia que no permitía el paso libre de la imaginación, herencia del siglo XVIII, donde imperaba el racionalismo y, por consiguiente, el realismo, no la fantasía.

Con el advenimiento de la ciencia se logró crear una concepción científica del orden racional y necesario de los fenómenos, después del reconocimiento de un determinismo estricto en el encadenamiento de las causas y los efectos. La Revolución Francesa, que muchos creyeron que anunciaba la anhelada Edad de la Razón por el excesivo énfasis del lado racional del hombre, fue atacada de muchas maneras distintas y en varios terrenos. La revolución no trajo nada positivo para el espíritu romántico, sólo se había logrado crear una siniestra nueva época donde ya no existía la posibilidad de los milagros. La única característica positiva era ese espíritu combativo de búsqueda y aventura. Había que reaccionar ante ese monstruo con una evasión de la vida cotidiana.

Varios poetas desdeñaban ese tormento de la razón limitante aseverando que preferían el sentimiento y la fe a el ojo y el cristal de aumento del sabio. Leopardi colocaba las más altas cualidades del corazón por encima de la razón. Coleridge sostuvo que sólo el hombre de profundos sentimientos podía alcanzar los pensamientos profundos.

Se intentó entonces mantener un equilibrio entre las facultades racionales e intuitivas del hombre, dándole un enfoque nuevo a la naturaleza por medio de una característica esencial: lo irracional. La intuición como forma estética de creación era la mejor manera de atacar ese racionalismo que conducía a la desilusión de la idea de progreso y el derrumbamiento de la esperanza. Novalis en Alemania, Charles Nodier en Francia colocaron la intuición como fuentes de la visión humana por encima de la razón.

Los artistas jóvenes y rebeldes del siglo XIX consideraron que la mejor manera de plasmar su deseo de ruptura con la mentalidad, lo cotidiano y el racionalismo a ultranza era potenciar estéticamente lo fantástico y lo maravilloso.

De este énfasis estético de lo fantástico el género del terror adquiere consistencia y comienza a ser considerado como forma culta. Lo sobrenatural, la leyenda tenebrosa y la balada del terror triunfan con el empuje de la literatura gótica.

El género fantástico quiere recuperar las metamorfosis clásicas y los esquemas mitológicos para provocar el estremecimiento de lo desconocido. Se fascinaban más por lo incierto que por lo cierto, el estado salvaje por la naturaleza cultivada, lo derruido por la construcción ejemplar. Se reivindica el sentimiento, el instinto y la emoción ante una sociedad para la cual la locura era todavía una monstruosidad.

Aún así hubo contradicciones no resueltas por el movimiento romántico: los sueños utópicos para el futuro al lado de una nostalgia del pasado; un marcado nihilismo acompañado por un ferviente anhelo de fe; La pugna entre la nueva religión y las nuevas ideologías.

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