
Formación inicial de maestros para los servicios de educación básica*
* Ponencia del Consejo Mexicano de
Investigación Educativa (COMIE, A. C.), para el Foro de Consulta Popular sobre
Formación, Nivelación, Actualización y Superación Profesional de Maestros de
Educación Básica, para la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo; su lectura
y coautoría estuvieron a cargo de la investigadora:
El trabajo que se presenta fue elaborado por el Consejo Mexicano de
Investigación Educativa (COMIE), Asociación Civil que agrupa a 150 investigadores
educativos de diferentes instituciones del país y que entre otras finalidades busca
fomentar una investigación de calidad y pronunciarse sobre temas educativos de interés
para la comunidad de investigadores educativos, particularmente los que atañen a su
trabajo profesional.
El texto que a continuación se expone, forma parte de un documento
más amplio titulado "Algunas propuestas de política educativa", con el que el
COMIE se suma al esfuerzo reflexivo y propositivo en torno a la mejora de la calidad de
nuestro Sistema Educativo Nacional. Aquí solamente se consideran las recomendaciones
correspondientes a la formación de docentes.
Conviene aclarar que se parte de elementos de diagnóstico mínimos y
se enfatiza lo correspondiente a recomendaciones; asimismo, cabe señalar que las
propuestas que se vierten fueron elaboradas de manera colectiva, son fruto del consenso
entre los investigadores y se encuentran respaldadas por investigación educativa de
carácter teórico, diagnóstico, evaluativo, experimental y de investigación-acción.
Recomendaciones sobre la formación de docentes de educación básica
No puede soslayarse el problema de que, durante los años más agudos de la crisis, el
sector de los profesores fue sensiblemente afectado de múltiples formas: disminución de
su salario real y de las condiciones materiales para un adecuado desempeño de sus
actividades y tareas educativas, ausencia de políticas efectivas de formación, y
desvalorización de su imagen y prestigio social. Estos factores, entre otros, han
afectado negativamente el interés y la motivación de los docentes para la realización
de sus funciones y actividades.
La formación inicial de maestros es crucial para una política
educativa de mediano y largo plazo. Sin embargo, la formación inicial de maestros está
en crisis desde hace varios años; este aspecto de la educación nacional aparece
claramente como el campo más descuidado por las políticas educativas recientes. No ha
habido concertación entre las tareas de las diferentes instituciones encargadas de la
formación nacional (Normales y UPN). Se ha mantenido una indefinición, inclusive legal,
de instituciones, como la UPN, que han jugado un papel importante en la formación
docente. La elevación de la formación magisterial a nivel licenciatura, que se llevó a
cabo en 1984, en plena crisis económica, cuando los salarios de los docentes comenzaron a
sufrir el grave deterioro de su poder adquisitivo, restó atractivo a la profesión y
redujo sensiblemente la matrícula en las normales, de manera tal que en muchos sitios el
egreso de estas escuelas actualmente no es suficiente para garantizar la oferta de
maestros que el sistema educativo requiere, y en muchos estados se ha tenido que recurrir
a la contratación de maestros habilitados con estudios de preparatoria y hasta
secundaria. Las instituciones de formación inicial de maestros siguen siendo cotos de
poder burocrático y clientelar en lugar de asumir plenamente su papel de instituciones
académicas de nivel de educación superior. Sus directivos y docentes muestran
deficiencias académicas. La investigación en las escuelas Normales es inexistente o de
calidad insuficiente. Las escuelas Normales se encuentran cerradas a otro tipo de
profesionales, y desvinculadas a otras instituciones de educación superior. Existe un
evidente desfase entre los programas de estudio en las normales, así como entre los
planteamientos de modernización educativa en cuanto al tipo de personas y ciudadanos que
se quiere formar y la calidad de la formación que reciben los maestros. Las normales se
encuentran alejadas de la problemática real y diversa del quehacer docente, y la
formación impartida no garantiza un buen ejercicio profesional.
Por otra parte, la actualización, superación, capacitación y
nivelación de los docentes también adolece de serios problemas. No ha podido superarse
el modelo ineficiente de cursos cortos y aislados y de formación en cascada, que muestra
claros signos de agotamiento. Se siguen aplicando medidas generales y homogéneas para la
actualización y capacitación sin atender la diversidad de situaciones en las que
trabajan los maestros en México.
Habría que revisar los criterios de formación y actualización de la
recién instaurada Carrera Magisterial, pues en los hechos desestimula los estudios de
posgrado de los docentes. Actualmente vale más un curso de capacitación de una semana,
como es el caso del PAM, que los estudios de licenciatura en la UPN; además, el nivel de
especialización carece de valor.
Ahora bien, tanto la formación inicial de maestros como la
capacitación en servicio han descuidado notablemente las funciones directivas. Existe un
rezago notable en el ámbito de la gestión institucional y de la gestión de mando medio,
desconocen o conocen sólo superficialmente, las propuestas de cambio en las prácticas de
enseñanza y en la gestión pedagógica, y, en ocasiones, en lugar de apoyar su puesta en
práctica, la obstaculizan. Los criterios mediante los cuales se accede a los puestos
directivos no garantizan que se cuente con personal capacitado y con aptitudes de
liderazgo para realizar estas funciones.
Dada la grave problemática de la formación inicial y en servicio de
profesores y persona directivo en la educación básica, proponemos lo siguiente:
Reformar integralmente la educación Normal y sus instituciones en un
horizonte temporal de mediano plazo, con metas muy definidas en cuanto a la formación del
profesorado, renovación de la infraestructura, fortalecimiento de bibliotecas,
elaboración de materiales curriculares. Los sistemas de formación básica de maestros
deben reformularse a la luz de los objetivos de la educación básica y en función de las
necesidades educativas específicas de diferentes sectores de la sociedad.
México debe garantizar la oferta de maestros que el desarrollo de la
educación básica requiere, claramente en los niveles preescolar y secundaria, pero
también en el nivel primaria. Ello implica devolverle su atractivo a la carrera docente.
Una entre varias estrategias necesarias para lograr este objetivo puede consistir en
reducir la duración de la fase semiescolarizada de la formación inicial de docentes e
introducir una fase semiescolarizada, con tutoría directa, autoestudio y periodos de
formación intensiva, durante la cual el alumno se encuentre ya fungiendo como maestro y
recibiendo por ello un salario o una beca. No se certificaría al maestro hasta que no
hubiera demostrado su capacidad como docente. Esta medida tendría la ventaja adicional de
acercar las escuelas Normales a la problemática real y diversificada del ejercicio
docente en el país.
Los planes de estudio reformados de las escuelas Normales deben incluir
una dosis mucho mayor de prácticas, que deben ser un eje constante a lo largo de la
carrera. Es necesario incorporar prácticas educativas en diferentes sectores y en
distintos tipos de escuelas, así como el estudio de metodologías de trabajo adecuadas
para cada uno de ellos y el manejo de contenidos relevantes para cada situación. Debe
fortalecerse el dominio de las disciplinas que serán objeto de enseñanza de los
profesores, así como de las didácticas específicas (la enseñanza de las matemáticas,
de la lectoescritura, de las ciencias naturales y sociales, etc.).
Abrir instituciones formadoras de docentes a profesionales de otras
áreas para que enriquezcan la docencia. A la vez, promover entre las instituciones de
educación superior, el diseño e implementación de programas para la actualización y
profesionalización de docentes de educación básica.
Para que la investigación en las normales se desarrolle, deben
establecerse las condiciones institucionales mínimas en cuanto al personal que se pueda
dedicar a esta tarea, iniciando de manera experimental en número limitado de
instituciones y con un plan de expansión paulatina.
Es necesario racionalizar en cada estado, la red de instituciones
encargadas de la formación inicial y su papel en la actualización de los docentes e
invertir en el recurso financiero existente con un programa de formación a mediano plazo;
redefinir los criterios de acceso, promoción y permanencia de los docentes en las
normales; realizar un análisis detallado de la situación de laboral de los actuales
docentes y, si es oportuno, diseñar un sistema de jubilación y/o retiro en buenas
condiciones, que permita contratar nuevo personal con nuevos criterios. Los recursos
liberados por esta racionalización deben invertirse en el mejoramiento de la calidad de
la formación inicial.
Abrir diversas vías de formación continua, a través de un
currículum flexible, que pudiera ser cubierto por un maestro en servicio en instituciones
diversas (UPN, universidades, escuelas Normales). Para ello conviene concebir un sistema
modular que incluya cursos, talleres, programas de autoestudio dirigido, en un sistema de
créditos. Debe permitirse la acreditación de conocimientos con base en el estudio
personal o en grupo.
Conviene que se revalore el posgrado (especialización, maestría,
doctorado) en el Sistema de Carrera Magisterial, tanto aquellos impartidos por escuelas
Normales y la UPN, como los que ofrezcan otras instituciones de educación superior.
Parece promisorio el Programa de Actualización del Maestro acordado
recientemente. La eficacia de un sistema de actualización tiene que basarse en
estrategias organizativas distintas de la escuela, comprendida como la unidad básica del
sistema educativo, y de los programas formativos mismos. Para lograr esto, recomendamos:
a). el trabajo a partir del intercambio de experiencias y la
autoevaluación del material, centrado en el lugar de trabajo, la escuela; y
b). el trabajo a partir del intercambio del material cuidadosamente
diseñado por especialistas.
La combinación entre ambas formas es deseable. No debe perderse de
vista que es necesario aplicar medidas que conduzcan a la atención diferenciada de los
maestros según sus necesidades específicas de trabajo.
Centrar la actualización de los docentes en la práctica y por la
escuela permite una verdadera participación de los maestros en su propia formación, con
la consecuente capacidad de fortalecer su autoestima, y conduce a la identificación de un
proyecto común, del cual cada maestro se siente responsable.
A todo esto puede ayudar la revisión y reorientación del
funcionamiento de los consejos técnicos escolares y de zona, como instrumentos
privilegiados de actualización y capacitación de directores y maestros.
En lo inmediato, es necesario atender formativamente a los directivos,
supervisores escolares y cuadros medios administrativos y académicos del sistema
educativo. Esta formación deberá orientarse al desarrollo y fortalecimiento de
conocimientos y habilidades para una gestión institucional y pedagógica eficiente y
eficaz; para dotar de nuevos contenidos y formas de trabajo a las funciones de dirección
y supervisión escolares y para involucrar a estos cuadros en el apoyo a los procesos de
cambio en la enseñanza y en la gestión institucional.
Por otro lado, recomendamos discutir de manera conjunta los programas
de formación de maestros y los criterios de Carrera Magisterial, entendiendo esta última
en forma más amplia que la actual estructura de estímulos individuales al desempeño. Si
se concibe la carrera de un maestro como una trayectoria compuesta por su formación
inicial, la manera en que se incorpora al servicio, su desempeño posterior y su
formación continua, desemboca en la triple necesidad de mejorar su formación inicial,
dar atención a las condiciones en que se desarrolla el trabajo docente e introducir
elementos de evaluación continua o competitividad en las sucesivas etapas de la carrera.
Esto implicaría entre otras cosas, establecer criterios y respetarlos para la asignación
de las plazas iniciales y otorgar a la escuela mayores posibilidades para seleccionar a
los maestros recién egresados de la normal con base en sus necesidades educativas.
En este mismo orden de ideas, proponemos la creación de un sistema
nacional de estímulos y reconocimientos individuales y colectivos, destinados a
fortalecer y a acrecentar la imagen social de los docentes, así como incentivar su
formación y actualización. Para ello, debe pensarse en modalidades que permitan incluir
el alto número de docentes que por sus condiciones laborales no pueden acceder al Sistema
de Carrera Magisterial. Sería conveniente la modificación de los criterios y mecanismos
de acceso a los puestos de dirección, supervisión y mandos medios administrativos y
académicos del sistema educativo. El acceso a plazas de maestro de grupo puede realizarse
a través de un sistema de concurso.