Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 7

(siete)

SECCIÓN

páginas

de la 36 a la 38 de 64

... el rollo

Guadalajara, México - Diciembre de 1995

Principal | Índice


Formación inicial de maestros para los servicios de educación básica

(Ponencia del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, COMIE, para el Foro de Consulta Popular sobre Formación, Nivelación, Actualización y Superación Profesional de Maestros de Educación Básica, para la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo)

La lectura y coautoría estuvieron a cargo de la investigadora María Luisa Chavoya Peña*

* Profesora Investigadora del Departamento de Estudios en Educación (DEEDUC) de la Universidad de Guadalajara. Doctora en Educación por la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA). Miembro del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE).

El trabajo que se presenta fue elaborado por el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), Asociación Civil que agrupa a 150 investigadores educativos de diferentes instituciones del país y que entre otras finalidades busca fomentar una investigación de calidad y pronunciarse sobre temas educativos de interés para la comunidad de investigadores educativos, particularmente los que atañen a su trabajo profesional.

El texto que a continuación se expone, forma parte de un documento más amplio titulado "Algunas propuestas de política educativa", con el que el COMIE se suma al esfuerzo reflexivo y propositivo en torno a la mejora de la calidad de nuestro Sistema Educativo Nacional. Aquí solamente se consideran las recomendaciones correspondientes a la formación de docentes.

Conviene aclarar que se parte de elementos de diagnóstico mínimos y se enfatiza lo correspondiente a recomendaciones; asimismo, cabe señalar que las propuestas que se vierten fueron elaboradas de manera colectiva, son fruto del consenso entre los investigadores y se encuentran respaldadas por investigación educativa de carácter teórico, diagnóstico, evaluativo, experimental y de investigación-acción.

 

Recomendaciones sobre la formación de docentes de educación básica

No puede soslayarse el problema de que, durante los años más agudos de la crisis, el sector de los profesores fue sensiblemente afectado de múltiples formas: disminución de su salario real y de las condiciones materiales para un adecuado desempeño de sus actividades y tareas educativas, ausencia de políticas efectivas de formación, y desvalorización de su imagen y prestigio social. Estos factores, entre otros, han afectado negativamente el interés y la motivación de los docentes para la realización de sus funciones y actividades.

La formación inicial de maestros es crucial para una política educativa de mediano y largo plazo. Sin embargo, la formación inicial de maestros está en crisis desde hace varios años; este aspecto de la educación nacional aparece claramente como el campo más descuidado por las políticas educativas recientes. No ha habido concertación entre las tareas de las diferentes instituciones encargadas de la formación nacional (Normales y UPN). Se ha mantenido una indefinición, inclusive legal, de instituciones, como la UPN, que han jugado un papel importante en la formación docente. La elevación de la formación magisterial a nivel licenciatura, que se llevó a cabo en 1984, en plena crisis económica, cuando los salarios de los docentes comenzaron a sufrir el grave deterioro de su poder adquisitivo, restó atractivo a la profesión y redujo sensiblemente la matrícula en las normales, de manera tal que en muchos sitios el egreso de estas escuelas actualmente no es suficiente para garantizar la oferta de maestros que el sistema educativo requiere, y en muchos estados se ha tenido que recurrir a la contratación de maestros habilitados con estudios de preparatoria y hasta secundaria. Las instituciones de formación inicial de maestros siguen siendo cotos de poder burocrático y clientelar en lugar de asumir plenamente su papel de instituciones académicas de nivel de educación superior. Sus directivos y docentes muestran deficiencias académicas. La investigación en las escuelas Normales es inexistente o de calidad insuficiente. Las escuelas Normales se encuentran cerradas a otro tipo de profesionales, y desvinculadas a otras instituciones de educación superior. Existe un evidente desfase entre los programas de estudio en las normales, así como entre los planteamientos de modernización educativa en cuanto al tipo de personas y ciudadanos que se quiere formar y la calidad de la formación que reciben los maestros. Las normales se encuentran alejadas de la problemática real y diversa del quehacer docente, y la formación impartida no garantiza un buen ejercicio profesional.

Por otra parte, la actualización, superación, capacitación y nivelación de los docentes también adolece de serios problemas. No ha podido superarse el modelo ineficiente de cursos cortos y aislados y de formación en cascada, que muestra claros signos de agotamiento. Se siguen aplicando medidas generales y homogéneas para la actualización y capacitación sin atender la diversidad de situaciones en las que trabajan los maestros en México.

Habría que revisar los criterios de formación y actualización de la recién instaurada Carrera Magisterial, pues en los hechos desestimula los estudios de posgrado de los docentes. Actualmente vale más un curso de capacitación de una semana, como es el caso del PAM, que los estudios de licenciatura en la UPN; además, el nivel de especialización carece de valor.

Ahora bien, tanto la formación inicial de maestros como la capacitación en servicio han descuidado notablemente las funciones directivas. Existe un rezago notable en el ámbito de la gestión institucional y de la gestión de mando medio, desconocen o conocen sólo superficialmente, las propuestas de cambio en las prácticas de enseñanza y en la gestión pedagógica, y, en ocasiones, en lugar de apoyar su puesta en práctica, la obstaculizan. Los criterios mediante los cuales se accede a los puestos directivos no garantizan que se cuente con personal capacitado y con aptitudes de liderazgo para realizar estas funciones.

Dada la grave problemática de la formación inicial y en servicio de profesores y persona directivo en la educación básica, proponemos lo siguiente:

Reformar integralmente la educación Normal y sus instituciones en un horizonte temporal de mediano plazo, con metas muy definidas en cuanto a la formación del profesorado, renovación de la infraestructura, fortalecimiento de bibliotecas, elaboración de materiales curriculares. Los sistemas de formación básica de maestros deben reformularse a la luz de los objetivos de la educación básica y en función de las necesidades educativas específicas de diferentes sectores de la sociedad.

México debe garantizar la oferta de maestros que el desarrollo de la educación básica requiere, claramente en los niveles preescolar y secundaria, pero también en el nivel primaria. Ello implica devolverle su atractivo a la carrera docente. Una entre varias estrategias necesarias para lograr este objetivo puede consistir en reducir la duración de la fase semiescolarizada de la formación inicial de docentes e introducir una fase semiescolarizada, con tutoría directa, autoestudio y periodos de formación intensiva, durante la cual el alumno se encuentre ya fungiendo como maestro y recibiendo por ello un salario o una beca. No se certificaría al maestro hasta que no hubiera demostrado su capacidad como docente. Esta medida tendría la ventaja adicional de acercar las escuelas Normales a la problemática real y diversificada del ejercicio docente en el país.

Los planes de estudio reformados de las escuelas Normales deben incluir una dosis mucho mayor de prácticas, que deben ser un eje constante a lo largo de la carrera. Es necesario incorporar prácticas educativas en diferentes sectores y en distintos tipos de escuelas, así como el estudio de metodologías de trabajo adecuadas para cada uno de ellos y el manejo de contenidos relevantes para cada situación. Debe fortalecerse el dominio de las disciplinas que serán objeto de enseñanza de los profesores, así como de las didácticas específicas (la enseñanza de las matemáticas, de la lectoescritura, de las ciencias naturales y sociales, etc.).

Abrir instituciones formadoras de docentes a profesionales de otras áreas para que enriquezcan la docencia. A la vez, promover entre las instituciones de educación superior, el diseño e implementación de programas para la actualización y profesionalización de docentes de educación básica.

Para que la investigación en las normales se desarrolle, deben establecerse las condiciones institucionales mínimas en cuanto al personal que se pueda dedicar a esta tarea, iniciando de manera experimental en número limitado de instituciones y con un plan de expansión paulatina.

Es necesario racionalizar en cada estado, la red de instituciones encargadas de la formación inicial y su papel en la actualización de los docentes e invertir en el recurso financiero existente con un programa de formación a mediano plazo; redefinir los criterios de acceso, promoción y permanencia de los docentes en las normales; realizar un análisis detallado de la situación de laboral de los actuales docentes y, si es oportuno, diseñar un sistema de jubilación y/o retiro en buenas condiciones, que permita contratar nuevo personal con nuevos criterios. Los recursos liberados por esta racionalización deben invertirse en el mejoramiento de la calidad de la formación inicial.

Abrir diversas vías de formación continua, a través de un currículum flexible, que pudiera ser cubierto por un maestro en servicio en instituciones diversas (UPN, universidades, escuelas Normales). Para ello conviene concebir un sistema modular que incluya cursos, talleres, programas de autoestudio dirigido, en un sistema de créditos. Debe permitirse la acreditación de conocimientos con base en el estudio personal o en grupo.

Conviene que se revalore el posgrado (especialización, maestría, doctorado) en el Sistema de Carrera Magisterial, tanto aquellos impartidos por escuelas Normales y la UPN, como los que ofrezcan otras instituciones de educación superior.

Parece promisorio el Programa de Actualización del Maestro acordado recientemente. La eficacia de un sistema de actualización tiene que basarse en estrategias organizativas distintas de la escuela, comprendida como la unidad básica del sistema educativo, y de los programas formativos mismos. Para lograr esto, recomendamos:

a). el trabajo a partir del intercambio de experiencias y la autoevaluación del material, centrado en el lugar de trabajo, la escuela; y

b). el trabajo a partir del intercambio del material cuidadosamente diseñado por especialistas.

La combinación entre ambas formas es deseable. No debe perderse de vista que es necesario aplicar medidas que conduzcan a la atención diferenciada de los maestros según sus necesidades específicas de trabajo.

Centrar la actualización de los docentes en la práctica y por la escuela permite una verdadera participación de los maestros en su propia formación, con la consecuente capacidad de fortalecer su autoestima, y conduce a la identificación de un proyecto común, del cual cada maestro se siente responsable.

A todo esto puede ayudar la revisión y reorientación del funcionamiento de los consejos técnicos escolares y de zona, como instrumentos privilegiados de actualización y capacitación de directores y maestros.

En lo inmediato, es necesario atender formativamente a los directivos, supervisores escolares y cuadros medios administrativos y académicos del sistema educativo. Esta formación deberá orientarse al desarrollo y fortalecimiento de conocimientos y habilidades para una gestión institucional y pedagógica eficiente y eficaz; para dotar de nuevos contenidos y formas de trabajo a las funciones de dirección y supervisión escolares y para involucrar a estos cuadros en el apoyo a los procesos de cambio en la enseñanza y en la gestión institucional.

Por otro lado, recomendamos discutir de manera conjunta los programas de formación de maestros y los criterios de Carrera Magisterial, entendiendo esta última en forma más amplia que la actual estructura de estímulos individuales al desempeño. Si se concibe la carrera de un maestro como una trayectoria compuesta por su formación inicial, la manera en que se incorpora al servicio, su desempeño posterior y su formación continua, desemboca en la triple necesidad de mejorar su formación inicial, dar atención a las condiciones en que se desarrolla el trabajo docente e introducir elementos de evaluación continua o competitividad en las sucesivas etapas de la carrera. Esto implicaría entre otras cosas, establecer criterios y respetarlos para la asignación de las plazas iniciales y otorgar a la escuela mayores posibilidades para seleccionar a los maestros recién egresados de la normal con base en sus necesidades educativas.

En este mismo orden de ideas, proponemos la creación de un sistema nacional de estímulos y reconocimientos individuales y colectivos, destinados a fortalecer y a acrecentar la imagen social de los docentes, así como incentivar su formación y actualización. Para ello, debe pensarse en modalidades que permitan incluir el alto número de docentes que por sus condiciones laborales no pueden acceder al Sistema de Carrera Magisterial. Sería conveniente la modificación de los criterios y mecanismos de acceso a los puestos de dirección, supervisión y mandos medios administrativos y académicos del sistema educativo. El acceso a plazas de maestro de grupo puede realizarse a través de un sistema de concurso.

Principal | Índice