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Guadalajara, México - Marzo de 1995 |
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Los pensionados, los jubilados y el SNTE “La sabiduría y esfuerzo radica en ustedes (los miembros de la tercera edad) y con ello nos han demostrado lo bonito que es la vida cuando se vive con cariño y entrega”. José Timoteo Campechano Silva Sr. Director: Quiero iniciar esta carta citando al actual presidente municipal de Tonalá, Jalisco, porque considero que puede contribuir a la reflexión del tema de los pensionados y jubilados que poco o nada se ha abordado, no sólo en términos de su discusión, sino también de su solución; por eso, ruego a usted tenga a bien incluir estas líneas en la sección de correspondencias de La Tarea. Con la creación de la Dirección de Pensiones del Estado de Jalisco, hace alrededor de 40 años, se creo también una incipiente protección social para la burocracia en activo, que redundaría en beneficios futuros para pensionados y jubilados que fueran alcanzando ese status. Es innegable que esta medida gubernamental, elevada a ley desde su inicio, perseguía fines justos y nobles al posibilitar los préstamos hipotecarios y asegurar un oportuno retiro, con ello se incentivo grandemente al trabajador oficial. Pero, ¿cuál es la realidad de hoy en el sector de pensionados y jubilados del ámbito educativo, principalmente?, ¿en qué lugar nos han colocado el Gobierno del Estado, el SNTE y la sociedad misma? En cuanto al primero, nos reconoce como pensionados o jubilados a través de la Dirección de Pensiones; otro tanto hace el sindicato; y en cuanto a la sociedad, ya he destacado en primerísimo lugar la opinión del Lic. Campechano, expresada el día 17 de agosto del presente año. Aunque esta opinión se refiera a la tercera edad y pueda ser una de muchas que la sociedad aporte, quiero, a partir de ella, hacer algunas puntualizaciones:
Quiero repetir aquí la última parte de la intervención que tuve el 27 de abril, ante el entonces candidato a la presidencia de la república por el PRI, hoy presidente electo de México, con motivo de su comparecencia ante las Secciones 16 y 47 del SNTE. Destaco que me tocó hablar a nombre de los jubilados y pensionados, hombres y mujeres, de la Sección 47. En dicha intervención traté de expresar nuestras aspiraciones económicas y sociales en correspondencia con nuestra triste situación, voluntaria y conscientemente escogida por nuestra vocación, pero exenta de la malicia y el dolo con que actúan los gobiernos estatal y nacional. Agradezco el respaldo y apoyo de nuestro secretario general Profr. y Lic. Jorge A. Hernández Castillón y ratifico mi fe en el candidato y la plataforma política de mi partido: “Señor Candidato: necesitamos los jubilados y pensionados de la educación, así como de las otras fuentes institucionales y privadas: justicia social. Ni para qué el desglose de privaciones, de carencias; no tenemos nada, lo necesitamos todo. Queremos conquistar nuestra condición de personas, de entidades humanas dignas y con honor. Descartamos ‘mejores sueldos pensionarios’. Exigimos pensiones y jubilaciones justas, exentas de toda discriminación. Demandamos que con imaginación y talento se diseñen otras alternativas para que podamos completar nuestros ingresos: como la instrumentación y financiamientos para construir microempresas y cooperativas manejadas por los jubilados, porque estamos seguros, y en usted dispuestos a fincar esa seguridad, que así como nosotros amamos a México, México también nos ama”. Si la palabra jubilación viene de júbilo, en realidad no existe ni por asomo ese sentimiento; existen eso sí, tristeza, desilusión, cobardía ante la vida, sentimientos en nada jubilosos, producto del rechazo familiar y social, la frialdad e indiferencia del gobierno y la tibieza del SNTE, y entiéndase: no digo irresponsabilidad. Si el trabajador en activo capta el panorama de hoy, debe escoger la opción más conveniente para su futuro retiro: luchar en el presente en favor de los compañeros retirados; porque recuerden ‘el que por otro pide por sí aboga’, o de plano desistir en la consecución del retiro, a menos que la fatalidad obligue. Guadalajara, Jal., agosto de 1994. Atentamente: Profr. Ignacio Jiménez Ramírez |
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