
Algunos principios de intervención lingüística en los sujetos con Síndrome Down
Carmen García Estrada*
* Licenciada en Educación Especial en el Area de Audición y Lenguaje.
Catedrática de la ENSEJ.
Mongólicos, Trisómicos, Down, Deficientes...
Son algunos de los adjetivos con los que se denomina a una de las alteraciones genéticas
más frecuentes, y uno de los diagnósticos médicos que más preocupan a los padres de
los niños que lo presentan.
Esta anomalía cromosómica denominada Sindróme Down, es responsable
de las modificaciones cerebrales y de los diversos problemas y alteraciones que afectan el
desarrollo psíquico y fisiológico de estos individuos; se presenta en uno de cada 600
nacimientos.
Si bien es cierto que estos niños presentan deficiencia mental, es
necesario hacer énfasis en que ésta puede ser moderada o severa, pero no profunda, lo
que los hace tener mayores perspectivas educativas.
Conforme pasa el tiempo las preocupaciones de los padres y educadores
se van centrando en diferentes aspectos; al inicio: la postura, la hipotonicidad, las
enfermedades respiratorias; después: la deambulación, el aprendizaje y el lenguaje.
Saber si el niño con Síndrome Down podrá hablar o no, es quizá la
mayor inquietud entre los padres. Es frecuente escucharlos decir: "entiende todo,
pero no habla nada, ¿será que nunca lo hará?". Para responder a esta pregunta hay
que considerar las características del lenguaje de dichos niños.
Estudios comparativos entre el desarrollo del lenguaje de los niños
normales y niños con Síndrome Down, han permitido reconocer que las etapas de
adquisición por las que cursan, son las mismas en ambos casos; sólo que de forma
extremadamente lenta para estos últimos.
Iniciaremos describiendo el balbuceo como primera manifestación
expresiva: mientras que en los niños normales se presenta alrededor del tercer mes de
vida, en los otros se empieza a hacer presente hasta los 6 meses.1 Sin ser, necesariamente, el antecedente de la primera palabra, dado que
existe entre ésta y el balbuceo, un período prolongado de silencioque puede o no
presentarse. En algunos, este balbuceo permanece hasta los primeros años. Las primeras
palabras se presentan con una intencionalidad comunicativa, apoyada en el lenguaje gestual
y mímico, alrededor de los tres años y medio; éstas, son usadas como holofrases por
mucho tiempo, aun cuando no sean articuladas correctamente, permitiendo la comunicación
de manera más o menos efectiva entre los padres y los niños.
La etapa de dos palabras se presenta hasta los cuatro o cuatro y medio
años, mientras que en los demás esta etapa se manifiesta a los veintitrés meses.
Después de esta etapa y hasta los seis años y medio, el niño con Síndrome Down forma
frases telegráficas de cuatro y cinco palabras, logrando formar enunciados con la forma
sintáctica correcta hasta los nueve o diez años; mientras que en los niños normales
ésto se presenta alrededor de los treinta meses.
La articulación fonológica se encuentra alterada, pero se ha
observado que los patrones que siguen son los mismos que en los demás niños al adquirir
este subsistema; es decir, no son errores de articulación sino estrategias de
adquisición; así pues, la sustitución, la omisión, la asimilación, la duplicación de
fonemas común en los niños pequeños, se hace manifiesta en los sujetos Down
durante más tiempo; además, en la mayoría de las ocasiones esta articulación está
condicionada por las características del aparato fonoarticulador de los mismos, dado que
su lengua es grande y con poca movilidad, su paladar ojival y su laringe un poco más baja
que la nuestra; por ello, su articulación puede parecer borrosa y su voz muy grave, sin
que ésto limite la comunicación.
A nivel lingüístico, su vocabulario es pobre, manejan pocos verbos
dada la carga semántica que conllevan, además de lo difícil que se vuelve la
conjugación en sus limitadas estructuras sintácticas; el grado de comprensión es mayor
que el de expresión, pero está condicionada a la estimulación del medio, a la
organización de su sistema nervioso, a la forma en que los padres se dirigen a él, a la
experiencia del sujeto con los objetos de conocimiento y a la oportunidad con que hayan
sido intervenidos, entre otros. La intervención temprana es precisamente uno de los
elementos que aporta mayores bases para la estructuración del lenguaje materno y de otros
aprendizajes. Esta debe iniciar muy precozmente y deberá prolongarse durante los primeros
años para favorecer la comprensión del lenguaje gestual, la imitación y la producción
espontánea. Sindo ésto un principio básico, no es lo único que debe considerarse;
algunos otros, en el terreno de la intervención lingüística, son los que se enumeran:
1. Toda intervención lingüística debe ser de naturaleza evolutiva,
es decir, considerar el desarrollo del lenguaje normal como pauta.
2. Dada la recurrencia de las infecciones laringeas y ópticas que
presentan los niños con Síndrome Down, su capacidad auditiva puede verse disminuída,
por ello, es importante que se le sensibilice a los sonidos y se le adiestre adecuadamente
en la discriminación auditiva.
3. La articulación correcta de los fonemas debe ser propiciada
respetando las estrategias que usa el niño, preparando adecuadamente el aparato
fonoarticulador, dándole tonicidad y mejorando la movilidad.
4. Debe involucrar a los padres de familia en forma amplia, buscando
que el padre sea un "terpeuta adjunto".
5. Debe favorecer la comprención del lenguaje y la producción de
enunciados de varias palabras. Esto no quiere decir que el lenguaje deba simplificarse al
máximo, sino que debe adecuarse a la capacidad del niño e irse incrementando.
6. Se desarrollará una base semántica estructural apoyada en la
experiencia del sujeto, el uso del lenguaje mismo y la información que los padres puedan
ofrecer al niño sobre su lengua.
7. Considerará el desarrollo de estructuras sintácticas más
elaboradas, respetando el proceso de adquisición.
8. Recordar que lo importante es la comprensión y la comunicación por
cualquier medio, y no sólo el habla, por lo que sería conveniente darle al niño una
perspectiva comunicativa total.
Cada uno de estos principios están propuestos para que los padres de
familia y los educadores mejoren las herramientas con las que pueden ayudar a estos
niños.
El lenguaje es una representación abstracta de la realidad y un medio
de comunicación por excelencia, ayudemos a estos sujetos a expresar lo que viven, lo que
sienten y lo que quieren.
Nota
1. Las edades que se manejan en el presente
artículo se encuentran de acuerdo al promedio, esto no quiere decir que todos los niños
presenten sus emisiones en estas mismas edades.