Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 6

(seis)

SECCIÓN

páginas

de la 28 a la 29 de 60

... el rollo

Guadalajara, México - Marzo de 1995

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Perspectivas educativas para el niño sordo

Arturo Flores Esparza*

* Licenciado en Educación Especial en el Area de Audición y Lenguaje. Es Coordinador Académico e Investigador de la Escuela Normal Superior de Especialidades de Jalisco (ENSEJ).

Muchas veces nos hemos topado con ellos: en la calle, en el camión, en el mercado... Nos llaman la atención por los cordones que penden de sus oídos, por la forma en que "manotean" o por esos sonidos que emiten que parecen palabras, pero que casi no entendemos. ¿Quiénes son?

 

Los niños sordos

Son llamados de diversos modos, siendo el más común el de sordomudos. A lo largo de este trabajo trataremos de acercarnos un poco a conocer algo de su mundo y a desechar una serie de prejuicios muy comunes. Lo primero será el analizar el porqué de su problema.

Lo único que tienen en común todos ellos es el daño en el órgano de la audición, la mayoría de las veces de forma permanente y más o menos severo, lo cual les impide captar y procesar la mayoría de los estímulos auditivos, causado por diversas circunstancias.

Corte teórico del oído

El oído está compuesto por una serie de estructuras anatómicas muy complejas, cuya principal función es la de captar y transformar los estímulos sonoros provenientes del medio, para conducirlos a las estructuras nerviosas encargadas de su análisis. Para su estudio se divide en tres partes llamadas: oído externo, oído medio y oído interno. (figura 1).

El oído externo está compuesto por la oreja o pabellón auricular y el conducto auditivo externo. La oreja es un cartílago con diferentes pliegues recubierto de piel, en tanto que el conducto auditivo externo es un pequeño tubo de aproximadamente 2 a 3 cm. de largo.

Al final del conducto, y sirviendo de división entre el oído externo y el medio, se localiza el tímpano o membrana timpánica, es semicircular y mide entre 9 y 13 mm. de diámetro. En el oído medio, también llamado caja timpánica, se localizan tres de los huesos más pequeños del cuerpo humano, denominados: martillo, yunque y estribo; el primero de ellos adosado a la pared interna del tímpano. (figura 2).

Caja timpánica

Esta caja timpánica se comunica con la nasofaringe a través de la trompa de Eustaquio, conducto membranoso-muscular a través del cual se realiza la aireación de la caja.

Finalmente llegamos al oído interno, delicada serie de estructuras óseas, cartilaginosas y membranosas localizadas al final de la caja timpánica. Aquí se localizan dos órganos diferentes: por un lado, los llamados conductos semicirculares, encargados del control del equilibrio corporal; y la cóclea o caracol, órgano propio de la audición.

Centrémonos en la cóclea. Este es un tubito enrollado en forma de caracol, de ahí su nombre, dentro del cual se localiza el órgano de Corti, que son conjuntos de células nerviosas encargadas de procesar sonidos específicos a intensidades específicas, es decir, podemos pensar que cada sonido se representa en un lugar específico del caracol: los sonidos más agudos en la parte más externa y los sonidos graves en la parte más interna del caracol. (figura 3).

Los daños que se pueden presentar, tanto en el oído externo como en el oído medio, son remediables la mayoría de las veces, ya sea por medicamentos y/o por cirugía; en cambio los daños al oído interno no tienen solución, ya que son causados por muerte del tejido nervioso existente en el órgano de Corti.

Dos vistas del oído interno

Este daño provoca que no se escuchen sonidos de x tono e intensidad; mientras más grupos neuronales sean destruidos, mayor intensidad requerirán los sonidos para ser percibidos. Pero no sólo eso, sino que, lo que se alcance a captar será en forma muy distorsionada.

Rara vez se destruye por completo el caracol, por lo que no podemos hablar de "sordos" en el sentido de personas que no oyen nada, pues aún con distorsión y debilidad los niños siempre alcanzarán a oír algo, por lo que sería más correcto hablar de "personas hipoacústicas", pero para fines educativos se ha convenido en llamar "hipoacústicos" a aquellos niños que a pesar del problema auditivo, alcanzan a captar la lengua oral y por lo tanto les es fácil aprender este sistema de comunicación, y "sordos" a aquellos que no alcanzan a escuchar la lengua oral y por lo tanto requieren de una atención más especializada.

 

Auxiliares auditivos

Una gran ayuda son los auxiliares auditivos eléctricos, pequeños amplificadores que, como su nombre lo indica, ayudan al oído amplificando los sonidos que llegan del medio.

Los hay de diversos tipos:

  1. De caja. Consisten en una pequeña caja que se coloca sobre el pecho y se conecta a las bocinas, que van dentro de la oreja, a través de pequeños cables.

  2. De curveta. Es más pequeño que el anterior. Se coloca detrás de la oreja y se conecta a través de un pequeño tubo a la oreja.

  3. Intraauriculares. Es aún más pequeño, ya que todo el aparato se coloca dentro de la oreja y el conducto auditivo externo.

Estos auxiliares sólo amplifican el sonido hasta cierto nivel y no son la panacea que soluciona el problema auditivo completo, ya que una vez que se le adapta al niño, se hace necesario un período de entrenamiento para enseñarle a oír, a fin de que le saque el máximo provecho, que será la posibilidad de identificar algunos sonidos que favorezcan la integración al mundo sonoro.

 

Perspectivas educativas

La atención educativa de estos niños la podemos contemplar desde dos aspectos diferentes: el aprendizaje de un sistema de lengua convencional y los aprendizajes escolares en particular.

Al ser el oído el medio fundamental a través del cual se adquiere la lengua oral, este proceso se ve alterado en el niño sordo. Sin embargo, no es imposible que llegue a dominarlo, ya que con un buen auxiliar auditivo y la atención especial adecuada, puede llegar a comunicarse en forma oral de manera competente.

El aprendizaje de la lengua oral para el niño sordo es mucho más que la simple manera de pronunciar las palabras: es ante todo, la adquisición de signos lingüísticos y de las reglas que dominan este sistema para lograr una comunicación eficiente.

Se toma como base la recepción del lenguaje a través del entrenamiento de los restos auditivos y de la lectura labio-facial, para, a partir de ahí, enseñarle a articular los diferentes fonemas y secuencias de ellos que componen las palabras.

Es un trabajo muy arduo y a largo plazo, implica condiciones idóneas, así como el compromiso del grupo familiar en el cual se encuentra inmerso el niño.

En muchos niños se utiliza además el lenguaje manual como sistema de comunicación. Este sistema adquiere relevancia cuando el niño convive con otros niños sordos, ya que se convierte en una forma natural de comunicación entre ellos, a la par que es un sistema de comunicación más sencillo de aprender y puede servir de base para el aprendizaje de la lengua oral.

Este es un sistema muy completo y reúne todas las características de cualquier otro sistema de comunicación humana.

Para los aprendizajes escolares, cuando no existe un problema agregado como podría ser deficiencia mental o algún otro similar, en lo general se siguen los programas de la escuela regular, sólo que con adecuaciones, adiciones o sustituciones de contenidos programáticos, para adaptarlos a las características específicas de los niños sordos.

Estos aprendizajes se pueden trabajar en escuelas especiales, que cubren todo el proceso educativo regular, desde intervención temprana, preescolar, primaria, aunque el objetivo es desde el primer momento brindarle las herramientas necesarias para que en determinado momento se pueda integrar a una escuela regular y continúe su proceso educativo más allá de la primaria. Para aquellos que por sus características o problemáticas no es posible su integración, se continúa en instituciones especiales para brindarles una capacitación laboral que les permita integrarse productivamente a la sociedad.

Son condiciones fundamentales para que estos niños se integren a escuelas regulares:

  1. Ante todo, la posibilidad de interactuar con el maestro de grupo de la escuela regular y los demás niños que asisten a este grupo. Esta interacción estará condicionada, aunque no en forma determinante, por el dominio del sistema de lengua oral y de los conocimientos escolares necesarios para cubrir los contenidos específicos del grado escolar correspondiente.

  2. La aceptación de parte del maestro y de los compañeros. Esta aceptación se logra por el conocimiento que ambos tengan de la problemática del niño sordo y de sus posibilidades, ya que con el apoyo suficiente él puede acceder a los mismos conocimientos que los demás niños de su edad.

  3. El compromiso y apoyo por parte del personal que conforma la escuela especial. El brindarle las herramientas y los conocimientos necesarios para su integración, así como el continuar este apoyo cuando se integre a la escuela regular, son compromisos ineludibles de estos profesionales.

  4. El apoyo por parte del grupo familiar. Este apoyo se brinda desde el momento en que se detecta que el niño tiene un problema específico de audición, cuando se le da un auxiliar auditivo adecuado, cuando la familia se compromete con el trabajo que se desarrolla en la escuela especial, así como cuando lo apoya en su paso por la escuela regular.

Como podemos ver, no es un trabajo fácil, pero si se le apoya en tiempo y forma adecuados, él llegará a ser, no un sujeto sordo, sino una persona productiva para sí misma, para su familia y para la sociedad.

No es mucho lo que necesita, sólo el aprecio, conocimiento y aceptación de todos nosotros.

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