
Perspectivas educativas para el niño sordo
Arturo
Flores Esparza*
* Licenciado
en Educación Especial en el Area de Audición y Lenguaje. Es Coordinador Académico
e Investigador de la ENSEJ.
Muchas veces nos hemos topado con ellos: en la calle, en el camión, en el mercado... Nos llaman la atención por los cordones que penden de sus oídos, por la forma en que "manotean" o por esos sonidos que emiten que parecen palabras, pero que casi no entendemos. ¿Quiénes son?
Los niños
sordos
Son llamados de diversos
modos, siendo el más común el de sordomudos. A lo largo de este trabajo
trataremos de acercarnos un poco a conocer algo de su mundo y a desechar una
serie de prejuicios muy comunes. Lo primero será el analizar el porqué de su
problema.
Lo único que tienen en común todos ellos es el daño en el
órgano de la audición, la mayoría de las veces de forma permanente y más o menos
severo, lo cual les impide captar y procesar la mayoría de los estímulos auditivos,
causado por diversas circunstancias.
El oído está compuesto por una serie de estructuras anatómicas
muy complejas, cuya principal función es la de captar y transformar los estímulos
sonoros provenientes del medio, para conducirlos a las estructuras nerviosas
encargadas de su análisis. Para su estudio se divide en tres partes llamadas:
oído externo, oído medio y oído interno. (figura 1).
El oído externo está compuesto por la oreja o pabellón auricular
y el conducto auditivo externo. La oreja es un cartílago con diferentes pliegues
recubierto de piel, en tanto que el conducto auditivo externo es un pequeño
tubo de aproximadamente 2 a 3 cm. de largo.
Al final del conducto, y sirviendo de división entre el oído
externo y el medio, se localiza el tímpano o membrana timpánica, es semicircular
y mide entre 9 y 13 mm. de diámetro. En el oído medio, también llamado caja
timpánica, se localizan tres de los huesos más pequeños del cuerpo humano, denominados:
martillo, yunque y estribo; el primero de ellos adosado a la pared interna del
tímpano. (figura 2).
Esta caja timpánica se comunica con la nasofaringe a través
de la trompa de Eustaquio, conducto membranoso-muscular a través del cual se
realiza la aireación de la caja.
Finalmente llegamos al oído interno, delicada serie de estructuras
óseas, cartilaginosas y membranosas localizadas al final de la caja timpánica.
Aquí se localizan dos órganos diferentes: por un lado, los llamados conductos
semicirculares, encargados del control del equilibrio corporal; y la cóclea
o caracol, órgano propio de la audición.
Centrémonos en la cóclea. Este es un tubito enrollado en
forma de caracol, de ahí su nombre, dentro del cual se localiza el órgano de
Corti, que son conjuntos de células nerviosas encargadas de procesar sonidos
específicos a intensidades específicas, es decir, podemos pensar que cada sonido
se representa en un lugar específico del caracol: los sonidos más agudos en
la parte más externa y los sonidos graves en la parte más interna del caracol.
(figura 3).
Los daños que se pueden presentar, tanto en el oído externo
como en el oído medio, son remediables la mayoría de las veces, ya sea por medicamentos
y/o por cirugía; en cambio los daños al oído interno no tienen solución, ya
que son causados por muerte del tejido nervioso existente en el órgano de Corti.
Este daño
provoca que no se escuchen sonidos de x tono e intensidad; mientras más
grupos neuronales sean destruidos, mayor intensidad requerirán los sonidos para
ser percibidos. Pero no sólo eso, sino que, lo que se alcance a captar será
en forma muy distorsionada.
Rara vez se destruye por completo el caracol, por lo que
no podemos hablar de "sordos" en el sentido de personas que
no oyen nada, pues aún con distorsión y debilidad los niños siempre alcanzarán
a oír algo, por lo que sería más correcto hablar de "personas hipoacústicas",
pero para fines educativos se ha convenido en llamar "hipoacústicos"
a aquellos niños que a pesar del problema auditivo, alcanzan a captar la lengua
oral y por lo tanto les es fácil aprender este sistema de comunicación, y "sordos"
a aquellos que no alcanzan a escuchar la lengua oral y por lo tanto requieren
de una atención más especializada.
Auxiliares
auditivos
Una gran ayuda son los auxiliares auditivos eléctricos, pequeños amplificadores
que, como su nombre lo indica, ayudan al oído amplificando los sonidos que llegan
del medio.
Los hay de diversos tipos:
a). De caja. Consisten en una pequeña caja que se coloca sobre el pecho
y se conecta a las bocinas, que van dentro de la oreja, a través de pequeños
cables.
b). De curveta. Es más pequeño que el anterior. Se coloca detrás de la
oreja y se conecta a través de un pequeño tubo a la oreja.
c). Intraauriculares. Es aún más pequeño, ya que todo el aparato se coloca
dentro de la oreja y el conducto auditivo externo.
Estos auxiliares sólo amplifican el sonido hasta cierto nivel
y no son la panacea que soluciona el problema auditivo completo, ya que una
vez que se le adapta al niño, se hace necesario un período de entrenamiento
para enseñarle a oír, a fin de que le saque el máximo provecho, que será
la posibilidad de identificar algunos sonidos que favorezcan la integración
al mundo sonoro.
Perspectivas
educativas
La atención educativa de estos niños la podemos contemplar desde dos aspectos
diferentes: el aprendizaje de un sistema de lengua convencional y los aprendizajes
escolares en particular.
Al ser el oído el medio fundamental a través del cual se
adquiere la lengua oral, este proceso se ve alterado en el niño sordo. Sin embargo,
no es imposible que llegue a dominarlo, ya que con un buen auxiliar auditivo
y la atención especial adecuada, puede llegar a comunicarse en forma oral de
manera competente.
El aprendizaje de la lengua oral para el niño sordo es mucho
más que la simple manera de pronunciar las palabras: es ante todo, la adquisición
de signos lingüísticos y de las reglas que dominan este sistema para lograr
una comunicación eficiente.
Se toma como base la recepción del lenguaje a través del
entrenamiento de los restos auditivos y de la lectura labio-facial, para, a
partir de ahí, enseñarle a articular los diferentes fonemas y secuencias de
ellos que componen las palabras.
Es un trabajo muy arduo y a largo plazo, implica condiciones
idóneas, así como el compromiso del grupo familiar en el cual se encuentra inmerso
el niño.
En muchos niños se utiliza además el lenguaje manual como
sistema de comunicación. Este sistema adquiere relevancia cuando el niño convive
con otros niños sordos, ya que se convierte en una forma natural de comunicación
entre ellos, a la par que es un sistema de comunicación más sencillo de aprender
y puede servir de base para el aprendizaje de la lengua oral.
Este es un sistema muy completo y reúne todas las características
de cualquier otro sistema de comunicación humana.
Para los aprendizajes escolares, cuando no existe un problema
agregado como podría ser deficiencia mental o algún otro similar, en lo general
se siguen los programas de la escuela regular, sólo que con adecuaciones, adiciones
o sustituciones de contenidos programáticos, para adaptarlos a las características
específicas de los niños sordos.
Estos aprendizajes se pueden trabajar en escuelas especiales,
que cubren todo el proceso educativo regular, desde intervención temprana, preescolar,
primaria, aunque el objetivo es desde el primer momento brindarle las herramientas
necesarias para que en determinado momento se pueda integrar a una escuela regular
y continúe su proceso educativo más allá de la primaria. Para aquellos que por
sus características o problemáticas no es posible su integración, se continúa
en instituciones especiales para brindarles una capacitación laboral que les
permita integrarse productivamente a la sociedad.
Son condiciones fundamentales para que estos niños se integren
a escuelas regulares:
1. Ante todo, la posibilidad de interactuar con el maestro
de grupo de la escuela regular y los demás niños que asisten a este grupo.
Esta interacción estará condicionada, aunque no en forma determinante, por el
dominio del sistema de lengua oral y de los conocimientos escolares necesarios
para cubrir los contenidos específicos del grado escolar correspondiente.
2. La aceptación de parte del maestro y de los compañeros.
Esta aceptación se logra por el conocimiento que ambos tengan de la problemática
del niño sordo y de sus posibilidades, ya que con el apoyo suficiente él puede
acceder a los mismos conocimientos que los demás niños de su edad.
3. El compromiso y apoyo por parte del personal que conforma
la escuela especial. El brindarle las herramientas y los conocimientos necesarios
para su integración, así como el continuar este apoyo cuando se integre a la
escuela regular, son compromisos ineludibles de estos profesionales.
4. El apoyo por parte del grupo familiar. Este apoyo
se brinda desde el momento en que se detecta que el niño tiene un problema específico
de audición, cuando se le da un auxiliar auditivo adecuado, cuando la familia
se compromete con el trabajo que se desarrolla en la escuela especial, así como
cuando lo apoya en su paso por la escuela regular.
Como podemos ver, no es un trabajo fácil, pero si se le apoya
en tiempo y forma adecuados, él llegará a ser, no un sujeto sordo, sino una
persona productiva para sí misma, para su familia y para la sociedad.
No es mucho lo que necesita, sólo el aprecio, conocimiento
y aceptación de todos nosotros.