
Sor Juana en Querétaro
Arturo
Santana*
* Asesor de
la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), Unidad Querétaro.
Desde el
extremo del agotamiento del barroco hispanoamericano seduce aún la existencia
y obra de Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695). La más lúcida
de las hijas del convento de Santa Paula, de la Orden de San Jerónimo,
extiende y enriquece vigorosamente la última etapa literaria del Siglo
de Oro español, con una producción vasta y diversa, y una actitud
de franca adhesión racionalista que contribuyen a la quiebra de la intolerancia
del dogma católico de sus coetáneos y sorprende a sus lectores
de siempre.
Los innumerables estudios y versiones biográficas,
no exentos de vacíos, acerca del periplo intenso de la monja mexicana
destacan con énfasis determinante la atmósfera de la vida social,
cultural y política que padecieron las colonias americanas respecto a
la metrópoli europea, para delimitar el escenario histórico de
una actitud intelectual y artística ejemplar contra la irracionalidad
de la hierocracia católica de la Nueva España.
Con hábitos y prácticas de la jurisprudencia
renacentista los teólogos de la intransigencia asumen, paralelamente,
la defensa de los preceptos medievales de la religión y de los principios
políticos fundamentales para la salvaguarda eclesiástica, no sin
el riesgo de ampliar las diferencias con el absolutismo del poder virreinal
y hacer más arduo el proceso hacia el nuevo rumbo de la modernidad.
La segunda mitad del XVII americano contiene estructuras
radicalmente opuestas a la vigencia histórica de las ruinas del absolutismo
confesional personificado en el tribunal del Santo Oficio, en cuyas prácticas
inquisitoriales contra la libertad de conciencia se gesta el clima de intolerancia
contra el genio de Sor Juana.
Muy cerca del tercer centenario del fallecimiento de
Juana Ramírez de Asbaje surge una propuesta dramática de Coral
Aguirre, con el asombro de quien atestigua el impacto de un evento extraordinario
y ofrece su versión. La cruz en el espejo (Premio Fondo Nacional de las
Artes 1987, Argentina) es una obra que reanima el tono de una discusión
intermitente, por cuanto incide, esencialmente, justo en el umbral de una conjetura:
Sor Juana Inés en el banquillo, sujeta a un proceso del tribunal de la
Santa Inquisición. Bien ante la pista de las sugerencias (Schon, Wallace,
Méndez Plancarte), o bien como premisa para su elaboración, nuestra
dramaturga y pedagoga teatral, construye una extensión inteligente y
profundamente emotiva a partir de las perspectivas más claras de las
evidencias documentales. Sin embargo, especulaciones históricas aparte,
Coral Aguirre se inscribe en la trayectoria de la condición femenina
para armar un texto mayúsculo, afín con la avidez vital de aquella
monja extraordinaria.
La obra, recién estrenada por la Unión
de Teatristas Independientes de Querétaro (UTIQ) ofrece un amplio espectro
de lecturas que enriquece el panorama de la cultura teatral del centro de la
República.
Constituida apenas en febrero de 1993 como síntesis
de una convocatoria a los teatristas locales, la UTIQ se involucró en
la aventura de la construcción de un ambicioso proyecto cultural orientado
hacia el "estudio, experimentación, realización y difusión
del teatro en todas sus expresiones". Y manos a la obra, los cuatro grupos
integrantes (TAI, CET, Banqueta y Crearte) eligieron la pieza de Coral Aguirre
para signar su primera representación.
Inicialmente, una idea escénica de Abelardo Rodríguez,
identificó en el Museo Regional de Querétaro, el escenario propicio
para el montaje, toda vez que el inmueble reune con precisión inmejorable
las exigencias del texto. Más allá de esa consideración
debe acentuarse la circunstancia de una situación adversa para el futuro
de La cruz en el espejo si se reconoce lo improcedente de su montaje
en un foro convencional.
Nueve meses de trabajo constante, carencias de insumos
básicos, obstáculos externos (e internos) fueron insuficientes
para impedir el impacto del estreno. Sor Juana Inés de la Cruz (Ruth
de la Colina) protagoniza un episodio candente en la historia de la pugna entre
la razón y la fé. Gradual, pero de modo irreversible, el oscurantismo
católico y patriarcal persigue, acosa, impone al entendimiento y a las
pasiones profundas de la monja, de la mujer, el cerco de la pulcritud a una
conciencia que se descubre en la libertad. La abjuración de Sor Juana,
en el centro de la representación, cierra el nudo de un complejo referencial
contundente que subraya la estrategia de la dramaturga y la lectura de Ramiro
Cardona y Gustavo Silva en la dirección. Entre otros méritos de
la puesta, la UTIQ reclama la recuperación del punto de vista de un público
itinerante que persigue al guía durante la mutación de escenarios:
pasillos y corredores; escalinatas y columnas; y el patio central a la interperie
de la torre de San Francisco, anexa en punto de las campanas y flagelaciones.
La inmediatez del público y los actores, la mayoría de los cuales
actúa por primera vez, le imprime un énfasis familiar a la actuación
excelente de Ruth de la Colina y a la caracterización certera y lúcida
de Gustavo Silva (el Arzobispo Francisco Aguilar y Seijas). El auto de fe, la
revuelta popular y la abjuración destacan por la profunda complejidad
de su realización, prácticamente inéditas en la historia
del teatro local.
La línea argumental de La cruz en el espejo
se intensifica con la incorporación de binomios antitéticos y
soporta la estructura de la propuesta. Lo divino y lo humano, la fe y la razón,
la represión y la libertad son constantes en el itinerario escénico,
hábilmente trazado para integrarse en el perfil del conjunto actoral
y en la cantera barroca del recinto magnífico del Museo Regional; el
espacio como elemento soporte del espectáculo teatral.
Ambiciosa
si se lee desde una concepción "holística" del arte
dramático la realización de La cruz en el espejo abre amplias
perspectivas de desarrollo actoral a los integrantes de la UTIQ y satisface
con entusiasmo las espectativas francas desde su constitución. El sustrato
de esta experiencia demanda el más amplio apoyo de las instancias de
promoción cultural correspondientes, y el insustituible ademán
gozoso del respetable.