
Modernización Educativa:
interpretaciones de una maestra de educación primaria
María Gabriela Rodríguez Reyna*
*Maestra de grupo en la escuela Urbana núm. 251.
Actualmente está muy de moda hablar de modernización y más
específicamente en nuestro medio de modernización educativa; acerca de ello ha sido
dados los puntos de vista de politólogos, economistas, sociólogos y una lista grande de
especialistas y gentes interesadas en ello. También los maestros opinamos y tenemos
nuestro particular punto de vista, lo que continúa son las interpretaciones personales de
alguien que ha vivido esta última reforma educativa, con ciertas expectativas, después
de haber presenciado los resultados de la aplicación (?) de la tecnología educativa.
Nos cuestionamos lo anterior porque consideramos que tal reforma no fue
ampliamente conocida e interpretada por los maestros implicados en ella, por lo que -y
esto es una interpretación personal que la realidad evidencia- consideramos interesante
aportar nuestras opiniones al respecto ya que tenemos la responsabilidad de llevar a cabo
el programa de modernización educativa, proponiendo que ésta se conozca más a fondo, ya
sea con la implementación del seguimiento del PAM o con el interés personal de cada
maestro por conocer más al respecto.
Interpretaciones
Hacer un comentario acerca de la modernización implica reconocer que el término
modernización es vago, impreciso y de uso polisémico; de lo que se desprenden las
diferentes interpretaciones que se le dan y las diversas posturas que se adoptan al
respecto.
El Diccionario Enciclopédico Durvan y El gran diccionario
enciclopédico de Selecciones del Readers Digest1
coinciden al definir al término como la "acción de modernizar", a su vez,
modernizar significa "dar forma o aspecto moderno a cosas antiguas". Como estas
definiciones no son tan específicas, encontramos que moderno significa "que existe
desde hace poco tiempo; que ha sucedido recientemente; lo que en cualquier tiempo se ha
considerado contrapuesto a lo clásico".2
Al traspolar el significado del término modernización a la
educación, entenderíamos que se pretende dar forma o aspecto moderno a la educación
antigua o tradicional; pero en la realidad no se considera que sólo se pretenda dar la
forma o el aspecto solamente, ya que el discurso político pretende que los cambios
propuestos en la modernización educativa sean a fondo y de calidad.
Esto nos lleva a considerar qué tanto el maestro se identifica con el
discurso; qué tanto se autodescubre como parte de, como protagonista y promotor
responsable; si se considera a sí mismo como agente del cambio propuesto por la
modernización educativa; es decir, hasta donde llega su compromiso, si es que ya lo ha
adquirido con el PEAM inicialmente o con el seguimiento al PAM.
A estas alturas, ¿ya el maestro habrá descubierto que la
modernización educativa no son recetas para hacer nuestro trabajo al pie de la letra?,
¿habrá asumido su papel creativo como dosificados de los contenidos de aprendizaje que
han de desarrollarse cotidianamente?, ¿habrá entendido al fin que la modernización
educativa es igual a transformación educativa; o sea que ya no nos podemos regir por los
patrones petrificados y obsoletos anteriores, para dar cabida a las innovaciones, y que su
participación en el cambio es esencial?
Tal vez el maestro ya es moderno y no se ha dado cuenta cuando realiza
su práctica docente haciendo cambios benéficos para sus alumnos; cuando en vez de planas
y pizarrones llenos de mecanizaciones, de copias y repeticiones de palabras, anima al
alumno a reflexionar y a descubrir el conocimiento, a reinventarlo y a disfrutar de la
lectura en vez de sufrirla; cuando trata al alumno como un ser activo y no como receptor
solamente; cuando lo incita a investigar y no le da el conocimiento ya hecho; cuando
propicia la creatividad y no la repetición; cuando lo integra al proceso y no lo deja
como espectador solamente; en fin, cuando lo enseña a pescar para que coma toda la vida
(autodidacta) y no sólo le da un pescado para saciar su hambre momentánea de saber
(dependiente). El que un maestro llegue a lograr lo anterior en su práctica es
manifestación de una ética profesional sana, que no requiere de modas sexenales en la
educación, ni de influencias externas para realizar con profesionalismo su trabajo; más
aún, ni siquiera el bajo salario frena o desilusiona su quehacer.
Claro que se debe mencionar que no es la generalidad del magisterio
quienes realizan de tal manera su labor, pocos han sido quienes se han
"adelantado" a la modernidad educativa.
Un aspecto que es clave en el tema que nos ocupa es el salario. Muchos
maestros nos preguntamos si también el sueldo será modernizado y hasta que nivel, ¿en
realidad con el salario de un maestro con categoría "A" puede éste modernizar
y elevar su calidad de vida y la de su familia?
Es interesante destacar que la modernización educativa tiene -como ya
es conocido por muchos- la finalidad de elevar la calidad de la educación y coincidimos
con José Angel Pescador Osuna y Eduardo Maliachi, quienes equiparaban a la calidad de la
educación, significa por consecuencia, elevar la calidad de vida y no sólo la de los
alumnos y sus familias sino también la de los docentes3
ya que personalmente se considera que un salario que pague la labor del verdadero maestro
no existe, pero sí sería muy conveniente que se otorgue un salario justo aunque no sea
"modernizado" pero que sí satisfaga ampliamente las necesidades del docente y
sus familias, lo que redundaría positivamente en su labor puesto que no sólo trabajaría
por su vocación, como "apóstol y mártir de la educación" (que sí los hay)
sino que además estaría no sólo animado y motivado, sino que además comprometido al
cien por ciento con la educación ya que un buen salario le permitiría dejarse de ser
"chambista" o de buscar el complemento de sus sustento por otros medios nada
magisteriales.
El cambio debe ser total, debe partir desde la formación de maestros,
pasando por los maestros en servicio y las autoridades educativas quienes hoy más que
nunca deben reconocer que:
La modernización es concebida como un instrumento de transformaciones educativas profundas; un cambio cualitativo y un movimiento con múltiples exigencias.4
Esas múltiples exigencias serán resueltas con el trabajo unido del magisterio sin distinguir el estatus que se tenga dentro de la estructura del sistema educativo; no importa si se posee un alto puesto administrativo o si se es auxiliar de educadora, el compromiso es el mismo, la meta debe ser común: que los cambios lleguen a quienes más los necesiten; que se favorezca realmente al que lo requiera más; porque en el magisterio bien pagado y apoyado se da la fuerza que se requiere para la transformación propuesta en la modernización educativa. En relación con lo anterior Ramiro Reyes Esparza afirma:
La fuerza del magisterio deriva de que es el sector responsable de la concreción del proyecto y en su actividad se materializa o no todo el esfuerzo previo que ha dado lugar a una nueva propuesta educacional.5
La pregunta a lo anterior es ¿hasta qué grado los
maestros descubrimos (sin hacer caso del discurso político) que somos los podemos llevar
adelante el desarrollo y la realización del programa de la modernización? ¿realmente
sabremos lo que ello implica?
Por nuestra parte consideramos que en la generalidad del magisterio se
desconocen los alcances que lo anterior representa, de lo contrario ya se hubiera tomado
conciencia y se hubiera manifestado alguna conducta a favor o en contra.
Conclusiones
Hoy más que nunca se evidencia la necesidad de que el maestro esté informado de los
cambios que se realicen en el ámbito educativo, ya que esto le permitirá hacer
aportaciones valiosas a su práctica docente, lo que redundará en beneficios para sus
alumnos.
Hoy más que nunca el maestro debe sentirse protagonista clave en la
transformación educativa del país; puesto que de ello depende la calidad que se pretende
lograr.
Hoy más que nunca el maestro debe asumir su responsabilidad en el aula
de clases aplicando los principios de la modernización; pero también debe estar
consciente de que para realizar tal labor debe contar con los apoyos necesarios y
suficientes y no sólo en relación con su sueldo, sino también con los recursos
didácticos y materiales que le permitirán hacer un trabajo de calidad; ya que no podemos
llamar modernizada una escuela donde ni siquiera los pizarrones sirven y no se conocen los
avances tecnológicos que pueden apoyar a la educación.
Podríamos hablar, habla y hablar, en relación con la modernización
educativa, pero es preferible que hablen los hechos y que juzguen los resultados.
Notas:
1. Diccionario enciclopédico Durvan.
Tomo 6, Durvan de ediciones, España, 1973. p. 88; y Gran Diccionario Enciclopédico
Ilustrado de Selecciones del Readers Digest, Editora mexicana, México, 1981.
p. 2493.
2. Ibid., pp. 89 y 2494.
3. José Angel Pescador y Eduardo Maliachi. "Hacía
una concepción nacional sobre la calidad de la educación", en: Graciela Ruano Ruano
(comp.), El reto del futuro: mejorar la calidad de la educación. Antología:
educación y sociedad, pass. Taller tipográfico ISIDM, Guadalajara, 1993. s. p.
4. Secretaría de Educación Pública. "Informe
sobre la educación en México", en: (Antología) Problemas de la educación en
México. Programa de especialización en investigación educativa/CIPS. Guadalajara,
1991. p. 339.
5. Ramiro Reyes Esparza. "La postura del magisterio
frente a la modernización", en revista Cero en conducta, núms. 18 y 19,
marzo-junio de 1990. p. 4.