
La escuela y los modelos sexistas
Mercedes Palencia Villa*
* Asesora de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), Unidad 141,
Guadalajara.
La niña aprende que si acepta las renuncias más profundas
llegará a ser todopoderosa y se complace en su masoquismo, que le promete supremas
conquistas (...) Blanca Nieves, como muerta dentro de un ataúd de
cristal, La Bella Durmiente, atada, desvanecida y todo un cortejo de tiernas
heroínas enseñan a su tierna hermana el fascinante prestigio de la belleza martirizada,
abandonada y resignada (...) No es asombroso que mientras el hermano juega a ser
héroe, ella juegue a ser mártir.
Simone de Beauvoir, El segundo sexo.
En los últimos años las mujeres hemos entrado en el campo del trabajo
fuera del hogar; asimismo, es cada vez mayor el número de chicas que ingresan a la
universidad, sin embargo, en las cuatro paredes del hogar seguimos reproduciendo los
mismos modelos sexistas de antaño.
Así por ejemplo, los fines de semana se convierten en el trabajo no
remunerado de muchas mujeres, de tal manera que nuestra vida es una doble jornada laboral,
ya que tenemos la mayor responsabilidad en los quehaceres del hogar y pensamos que la
"ayuda" que nos da nuestro marido es suficiente para sentirnos orgullosas de las
nuevas generaciones.
El rol que asumimos las mujeres lo hemos aprendido desde muy pequeñas,
desde la literatura clásica infantil, los juegos destinados a niñas y niños, hasta los
mensajes subliminales de los medios de comunicación, en donde las mujeres más bellas,
dulces y dóciles son las mejores candidatas para encontrar un hombre audaz, fuerte que
nos protegerá toda la vida, como señala Montserrat Moreno:
Los modelos de comportamiento actúan como organizadores inconscientes de la acción y es esta característica inconsciente, lo que los hace más difícilmente modificables. Se transmiten de generación en generación y siglo tras siglo a través de la imitación de conductas y de actitudes que no llegan a explicarse verbalmente ni por escrito, pero que son sabidas por todos y compartidas por casi todos.1
No nos debe extrañar que dentro de nosotras mismas
exista una gran carga moral, constituida a través de nuestra historia infantil, en la
cual aprendimos a jugar a las muñecas, a las comiditas a sentirnos una fuente inagotable
de generosidad y que mientras más dábamos más nos parecíamos a Blanca Nieves
o a la Cenicienta.
Asimismo, ¿quién no recuerda haber observado en alguna ocasión el
sufrimiento de lo niños por no llorar, por no ser "marica", porque su
jerarquía varonil se venía abajo al pertenecer a otra menor que es la de las mujeres?
Sobre este mismo tema Kohlberg afirma:
...los conceptos básicos infantiles sobre el rol sexual son resultado de la interpretación activa de un determinado orden social que utiliza categorías sexuales de acuerdo a modelos culturalmente universales (...) No obstante, la necesidad de preservar una imagen de sí misma estable y positiva hace que la niña se vaya ajustando a los modelos femeninos de la jerarquía.2
Por lo tanto podemos afirmar que los modelos
sexistas son producto de un medio cultural y para ejemplificar esto, cito en primer
término a Platón, filósofo que opinaba: "De los hombres creados al principio, los
que obraron una conducta cobarde e injusta, renacieron en la segunda generación como
mujeres".3 Muchos siglos después, Henrik Ibsen
escribió y presentó en 1879 su célebre obra teatral Casa de muñecas, en la cual Nora,
la protagonista principal, abandona a su marido e hijos, cansada de ser manejada por su
cónyuge y con el fin de buscar su vocación, causó escándalo y rechazo en la sociedad
de su tiempo, situación que ha variado a través de los años, pues el desarrollo
cultural que hemos alcanzado nos permite justificar la actitud de Nora y considerar que
Ibsen fue un visionario que se adelantó a su época. En ese mismo sentido, Freingold
(1988) ha indicado que: "...las diferencias cognitivas de género parecen ir
desapareciendo a lo largo de los años que se ha investigado".4
Cotidianamente utilizamos un lenguaje que ha prevalecido bajo una
cultura sexista, en virtud de que se excluye el género femenino en presencia del
masculino; ejemplo de lo anterior es lo siguiente: en cualquier auditorio en donde se
encuentren en su mayoría mujeres y pocos hombres, es tradicional hablar en género
masculino; se dice "los maestros o los niños", evidenciando que se incluye en
este conjunto al sexo femenino. Sin embargo, si el conductor se equivoca y dice
"maestras" al no darse cuenta que hay algún maestro por ahí, pedirá
disculpas, por lo que manifiesta con esa acción una serie de valores culturales, en donde
excluir a un hombre es homogeneizarlo con las mujeres, marcando una menor jerarquía
social.
Alguien podría afirmar que esto no tiene la mayor importancia, ya que
nos hemos acostumbrado desde siempre a utilizar este tipo de lenguaje, sin embargo, son
los primeros aprendizajes inconscientes que las niñas asumen como propios, aunados a todo
lo que implica ejercitarlos, según lo aclara Montserrat Moreno al afirmar que:
La niña debe aprender su identidad sexolingüística para renunciar inmediatamente a ella. Permanecerá toda su vida frente a una ambigüedad de expresión a la que terminará habituándose, con el horizonte del discurso un individuo de sexo masculino, sea cual sea la especie a la que pertenezca.5
¿Qué papel juega la escuela ante esa realidad
cultural? Después de reflexionar sobre este uso masculinizado del lenguaje, ¿podremos
las maestras y los maestros seguir excluyendo a las niñas cuando hablamos?
Dicen que para muestra basta un botón, y si tomamos el libro renovado
de primer grado de primaria y lo abrimos en la primera lección, hallamos la imagen que
abarca dos páginas en donde se encuentran niños y niñas con un gran letrero en la parte
superior que señala: "Los niños".
Asimismo, si continuamos analizando el papel que juegan los roles
femenino y masculino en el propio texto, encontramos lo siguiente:
En "La Casa" (pp. 30-31), se muestra una serie de imágenes
alusivas a las actividades en el hogar, por lo que mamá lava ropa, el papá llega del
trabajo, el abuelo lee el periódico, la abuela riega las plantas y el niño se desplaza
en un triciclo, mientras la niña juega a las muñecas, para destacar el rol maternal que
le corresponderá desarrollar en la edad adulta.
Sin embargo, si analizamos el tema "Los oficios en la ciudad"
(p. 124-125), veremos que se incluye a la mujer en el campo laboral, apareciendo imágenes
de arquitecta, maestra, enfermera, bibliotecaria, etcétera.
Lo anterior, evidencia la realidad de nuestra vida social, como ya
mencioné, en donde en el contexto más inmediato que es la familia, prevalecen los mismos
roles culturales y en consecuencia no se han modificado de manera sustancial.
Si retomamos en este mismo libro los temas históricos, encontraremos
la siguiente información:
Cristóbal Colón, la Revolución Mexicana en donde se habla de dos
personajes: Porfirio Díaz y Francisco I. Madero; la Expropiación Petrolera, en donde el
único personaje es Lázaro Cárdenas y antes en la época de La Reforma sólo se destaca
la figura de Benito Juárez.
Los personajes son hombres, situación que no nos debe extrañar ya que
en buena medida la Historia está escrita por hombres, y las imágenes y patrones de
héroes se reafirman en los niños, para relegar a las niñas a un papel secundario. En el
único episodio histórico donde pude encontrar alusión al sexo femenino fue un tema de
la Constitución Mexicana en donde afirma que: "...todos los niños y las niñas
de México (nótese el orden para citar), tienen derecho a asistir a la escuela".
p. 94 6
Por lo cual, la escuela sigue su papel de reflejo de la sociedad y no
de cambio. Si bien es cierto que la vida familiar es determinante, también lo es que el
entorno escolar podría ser una instancia de reflexión y pluralidad en donde tanto
maestras como maestros, podríamos discutir sobre este tema importante y retomar
alternativas que nos permitieran ser mejores tanto las mujeres como los hombres. En este
sentido Montserrat Moreno en su pequeño libro llamado Cómo se enseña a ser niña,
concluye lo siguiente:
La escuela es una caricatura de la sociedad. Por ella pasan, como ningún otro lugar, empequeñecidas por diminutas, todas las ideas que una sociedad quiere transmitir y conservar, todo aquello en lo que cree o en lo que quiere que se crea. La enseñanza elemental está en manos de las mujeres. ¿Hasta cuando vamos a repetir dócilmente la lección que nos dictan?7
Notas:
1. Montserrat Moreno. Cómo se enseña a ser
niña. Edit. Icara. Barcelona, 1986. p. 22. [Primera edición].
2. L. Kohlberg. A cognitive development analysis of
children sex rele concepts and attitudes. University Press. [Traducción: Cas Morata].
3. Montserrat Moreno. "Educación y ciencia: una
doble encrucijada", en: Del silencio a la palabra, Antología
núm. 32. Ministerio de Asuntos Sociales. Barcelona. p. 15.
4. I. Martínez Bonilla A. "Análisis del
currículum oculto y los modelos sexistas", en: Del silencio a la palabra,
Antología núm. 32. Ministerio de Asuntos Sociales. Barcelona. p. 61.
5. Montserrat Moreno, Cómo... op. cit. p. 31.
6. Secretaría de Educación Pública. Libro
integrado de primer grado. SEP. México, 1993.
7. Montserrat Moreno, op. cit. p. 71.