Alejandro
Rodríguez García*
*
Coordinador de Gabinete en la Dirección de Psicopedagogía de la
Secretaría de Educación Jaliso.
El trabajo
es una de las actividades de mayor significación en la vida adulta. Las
personas dedican gran parte del tiempo al trabajo y con el obtienen o intentan
obtener una serie de satisfacciones personales y materiales. Sin embargo, sus
afectos no son siempre positivos, en ocasiones el trabajo se convierte en causa
de tensión, conflicto personal y fuertes antagonismos sociales. Ante
estos hechos de gran trascendencia, se justifica plenamente estudiar los elementos
y factores determinantes de la formación vocacional de los hombres y
mujeres de hoy.
Este
interés no puede reducirse exclusivamente a mejorar el nivel de competencia
laboral, ni a ajustar las características de los individuos al trabajo,
o viceversa, sino a comprender la evolución de la compleja formación
vocacional de los seres humanos, que se manifiesta en el desempeño ocupacional
y en la secuencia de decisiones que van configurando su carrera vocacional.
Las
carreras vocacionales no sólo tienen una relevancia personal, tienden
además un impacto social determinado. El recurso más preciado
de una sociedad es el recurso humano. La optimización en el empleo de
este recurso podrá mejorar la calidad de vida en una comunidad. Pero,
no por ello nos debemos limitar a diseñar estrategias de alta selección
de individuos para que aquellos más capaces logren su pleno desarrollo.
Más bien pensemos en distribuir de tal modo las tareas para que las minorías
y los grupos marginados tengan acceso al mundo del trabajo.
El
término formación vocacional es un constructo hipotético
que se refiere a las cualidades del desempeño de un individuo en una
ocupación. Es un término cuyos parámetros de evaluación
se determinan convencionalmente. Las normas sociales vigentes en cada contexto,
ya sea escolar o laboral, establecen los ideales de desempeño con los
que se juzga una actuación determinada.
Las
cualidades del desempeño se infieren de las características observables
del comportamiento, son susceptibles de modificación y se adquieren gradualmente
en las diferentes etapas del desarrollo de un individuo, conforme éste
es expuesto a condiciones ante las cuales debe realizar tareas determinadas.
El
trabajo es un fenómeno social que tiene claras repercusiones sociales
y puede ser estudiado a la luz de diferentes disciplinas, es un objeto de estudio
multidisciplinario. Las contribuciones de la psicología en torno a este
tema pueden ubicarse dentro de tres grandes líneas de investigación:
a). La elaboración de modelos teóricos y marcos de referencia
conceptuales que permitan una mayor comprensión de la formación
vocacional; b). La elaboración de instrumentos de evaluación que
permitan identificar y medir las variables relevantes en la formación
vocacional de los individuos, que hagan posible su contrastación empírica;
c). La elaboración de programas de acción que permitan una evaluación
de sus efectos sobre la formación vocacional.
En
el desempeño de toda ocupación, tanto en contextos escolares como
laborales, está presente la formación vocacional. Las personas
desempeñamos actividades programadas y específicas y la forma
en que realizamos esas actividades indicará precisamente si contamos
o no con una sólida formación vocacional.
Super1
afirma que las personas que tienen una sólida formación vocacional
se enfrentan con tareas apropiadas a la etapa de su vida de modo que logran
obtener los resultados deseados con mayor probabilidad. En este sentido, la
formación vocacional no se limita a la elección de una carrera
universitaria o técnica. Aún en un contexto familiar puede aplicarse
el concepto, aunque con un sentido más amplio, puesto que las actividades
requeridas en el hogar difieren notablemente en sus criterios de ejecución
e implicaciones socioafectivas.
En
contextos escolares la formación vocacional es presumiblemente la variable
más importante en el logro de un desempeño académico positivo,
entendido éste no sólo como la obtención de buenas calificaciones
sino como el logro de un desempeño íntegro, que incluye interacciones
sociales diversas, actitudes, disposiciones, valores morales y conocimiento
científico.
Autores
como Castaño López2 se refieren
a la relación que existe entre la formación vocacional y el desempeño
académico con otros términos, afirma que el estudio último
de su proyecto de vida determina rendimiento académico de los individuos
e influye en su grado de adaptación y satisfacción escolar.
La
formación vocacional se inicia en el contexto familiar en la medida en
que dicho ambiente fortalece cierto sistema de valores y costumbres. En algunos
ambientes familiares los jóvenes no consideran dentro de sus prioridades
la toma de decisión vocacional y esperan que, a su tiempo, actúen
las contingencias y disposiciones del sistema familiar. Valorando la importancia
que tiene su intervención, los padres de familia deberían adoptar
una postura definida en lo concerniente a la distribución de recursos
económicos para la formación educativa de sus hijos y también
respecto al mantenimiento del desempeño escolar de sus hijos en un nivel
aceptable, que les permita ser promovidos.
Por
su parte, el profesor tiene el deber de formar en sus alumnos hábitos
positivos que desarrollen en ellos normas de valor, honestidad y solidaridad
que fortalezcan su identidad. Esto es importante si consideramos que los medios
masivos de comunicación crean de la noche a la mañana mensajes
que inducen a expectativas crecientes, de manera que los jóvenes ya no
se contentan con la posición social que les ha correspondido afrontar
sino que pretenden adquirir un nivel de vida propio de patrones idealizados,
de países económicamente más desarrollados. Esta situación
es producto de la gran industria publicitaria que se desarrolla aceleradamente
gracias al complejo sistema competitivo que regula.
Los
valores que fomentan los medios publicitarios contribuyen a legitimar las aspiraciones
y las transforma en una motivación significativa del comportamiento.
Los jóvenes que se encuentran situados en los niveles más bajos
de la pirámide de estratificación son quienes están más
propensos a los efectos torbellino de expectativas, sobre todo por su capacidad
para participar simbólicamente en contextos socioculturales que le son
ajenos, pero que les permiten liberarse temporalmente de las responsabilidades
de su situación vivencial concreta.
Los
alumnos dan valor a su estancia en la escuela en función del logro de
motivaciones inmediatas: las presiones familiares, la búsqueda de afecto
y de reconocimiento. Además, como los alumnos tienen diferentes experiencias
familiares varían en sus hábitos de cumplimiento de tareas, en
sus relaciones afectivas y consecuentemente reaccionan de distinto modo a las
exigencias de la vida escolar. Y es en la búsqueda de sus satisfacciones
como van configurando su proyecto de vida, el cual se va moldeando en función
de sus experiencias, expectativas, recursos disponibles y la imagen que tengan
de ellos mismos.
Más
adelante, al dejar la escuela, los alumnos han de adaptarse a la complejidad
del mundo laboral. Para ello es necesario que, en su momento, tomen decisiones
que podrán colocarlos en una situación inestable o estable, dependiendo
de si al hacer la elección consideraron los factores personales y sociales
más relevantes. Crites3 considera como
factores personales: las capacidades, los intereses, y el conocimiento que se
tiene sobre las actividades propias de la ocupación que nos interesa.
La
elección ocupacional que hace un joven no está dada de una vez
por todas, es producto de un proceso en el que va seleccionando algunas alternativas
al tiempo que descarta otras. Y es en el período crítico de la
adolescencia cuando los escolares requieren de la ayuda de sus padres y de profesionistas
especializados que los induzcan a la reflexión y les faciliten el acopio
de información que sea pertinente a las circunstancias en que se encuentran.
El
proceso de orientación vocacional debe comenzar en casa porque, de otra
manera, cuando los alumnos reciben una orientación tardía la encuentran
ajena, además de que muchas veces la información se desliga de
sus condiciones y necesidades concretas, induciéndoles a tomar una decisión
sin fundamentos o precipitada.
Otras
variables relacionadas estrechamente con la formación vocacional son
la motivación hacia el estudio y el desempeño académico,
relaciones que poco se han estudiado con profundidad. En principio creo que
la motivación hacia las actividades escolares es algo que los profesores
promovemos o limitamos con la dinámica misma de trabajo a que acostumbramos
a nuestros alumnos. El grado de dificultad, la novedad y la utilidad que tienen
las actividades escolares harán que éstas sean motivantes o aversivas.
Y esto debemos comprenderlo mejor para que nuestra práctica docente,
en cualquier nivel, sea efectiva. Por una parte, el profesor debe solicitar
a sus alumnos tareas que en cierta medida no puedan realizar y que precisamente
quiere que aprendan; pero la dificultad no debe ser tan grande que convierta
a la actividad en un evento aversivo que se desee evitar, ya que ello puede
producir una disminución en el potencial de aprendizaje de los alumnos.
Si así sucede, estaremos favoreciendo la hegemonía de sistemas
motivacionales extraescolares incompatibles con un desempeño académico
de calidad.
Considerando
que las variables mencionadas hasta ahora son solo algunas de las que depende
la formación vocacional de los individuos, es claro que los programas
de orientación vocacional que se implementan en los centros educativos
tendrán un menor impacto. Sin embargo, a pesar de las limitantes y de
las contradicciones presentes en el medio familiar y escolar de los jóvenes,
es posible llevar a cabo acciones de orientación que tengan como finalidad
mejorar en aspectos específicos la formación vocacional de los
alumnos.
La
orientación vocacional puede entenderse como un conjunto sistemático
de actividades de aprendizaje que tienen como objetivo desarrollar la formación
vocacional de los individuos. En el mismo contexto escolar pueden presentarse
situaciones que limitan la formación vocacional de los alumnos. Por ejemplo,
cuando se imparte una asignatura sin recurrir a un libro de texto, estamos limitando
a los alumnos en dos aspectos: a). Su práctica de lectura, y b). Su entusiasmo
para recurrir a fuentes de información documental. Una vez terminado
el curso ¿consideró el alumno que la lectura fue un medio de aprendizaje?
¿consideró valioso y útil auxiliarse de un texto? Si no fue
así, creo que en cursos posteriores los alumnos tendrán menos
motivación hacia el trabajo, siendo mayor la posibilidad de un bajo rendimiento
académico y eventualmente de una deserción temprana.
La
experiencia de los alumnos con cada uno de sus profesores es una experiencia
de orientación vocacional, porque cuando los profesores establecen criterios
de desempeño y de evaluación inducen a sus alumnos a un comportamiento
ocupacional con ciertas características, positivas o negativas.
Describiré
ahora algunas dimensiones cualitativas con las que podemos aproximarnos a una
evaluación de la formación vocacional. Se trata de las dimensiones
de eficiencia, de responsabilidad, de moralidad, motivacional y efectiva.
En
la dimensión de eficiencia calificamos al desempeño ocupacional,
en sus extremos, como eficiente o ineficiente, técnicamente se refiere
a la capacidad del individuo para realizar sin error una tarea. Si una persona
muestra un desempeño ineficiente, podrá mejorar su formación
vocacional, en parte, si recibe un entrenamiento para realizar mejor su trabajo,
más aún si se trata de un programa de capacitación, o de
formación. Esta dimensión incluye: a). Las aptitudes verbales
referidas al manejo de símbolos y conceptos; b). Las competencias manuales
que se refieren a la coordinación visomotriz y al trabajo de precisión.
La
segunda dimensión con la que podemos evaluar la formación vocacional
de un individuo es la que se refiere al seguimiento de normas administrativas,
que denomino dimensión de responsabilidad. En ésta se contempla
el uso de procedimientos establecidos en tiempos determinados. No se limita
a la adopción ingenua de normas externas e impuestas, admite la participación
del individuo en el establecimiento y transformación de las normas, en
función del interés colectivo. En esta dimensión se califica
al desempeño ocupacional, en sus extremos, como responsable o irresponsable.
La
tercera dimensión se refiere a la justificación de los medios
y los fines del desempeño ocupacional. Convencionalmente se basa en los
criterios morales y las prácticas de interacción dominantes. En
la dimensión de moralidad, que permite tipificar a un desempeño
ocupacional, en sus extremos, como honesto o corrupto. Los alumnos muestra su
formación vocacional al resolver una prueba, si la responden verazmente
o copiando. El profesor la muestra en su desempeño cotidiano cuando dedica
el tiempo de su clase a enseñar o cuando lo dedica a platicar sobre cosas
superficiales sin relación con la materia que imparte.
La
cuarta dimensión es la motivacional, que permite calificar al desempeño
ocupacional, en sus extremos, como reforzante o aversivo; en este sentido realizar
tareas propias de una ocupación tiene funciones de estímulo para
cada individuo. Así, las experiencias ocupacionales, a largo plazo, incrementan
o desvanecen el interés por desempeñarse mejor en una ocupación.
La deserción escolar encuentra en esta dimensión una explicación
concreta y es sumamente importante.
La
quinta dimensión es la afectiva, es en la que los individuos muestran
su capacidad para afrontar los conflictos que puedan generarse: a). En la interacción
con los compañeros de ocupación, y b). Por la incompatibilidad
entre los intereses personales y las características de la ocupación.
Esta dimensión es eminentemente social y se manifiesta en la aptitud
para interactuar afectiva y positivamente en el trabajo en equipo.
Las
cinco dimensiones descritas nos permiten calificar al desempeño ocupacional
en cualquier contexto y en cualquier etapa del desarrollo del ser humano. Existe,
en principio, una relación directa entre la formación vocacional
y el tipo de desempeño observado en una persona al realizar las tareas
de una ocupación en un contexto específico. Una aproximación
en la evaluación de la formación vocacional debe permitirnos predecir,
en cierta medida, el desempeño futuro de los individuos.
La
formación vocacional no se limita a la cuestión de si los adolescentes
tienen capacidad para determinar que estudiar o en qué trabajan. Alicia
Salvador4 considera que es parte de la formación
integral de los individuos y que está presente a lo largo de todos los
niveles educativos y de trabajo.
Es
claro que a lo largo de la vida de cada individuo existen ciertos agentes sociales
que, sin tener una preparación expresa para ofrecer orientación
vocacional. Desde una edad temprana los niños observan el desempeño
ocupacional de los adultos, aprenden cómo las personas se "ganan
la vida" y el sentido que para ellos tiene el trabajo.
En
sus diferentes edades se solicita a todos los miembros de una comunidad el desempeño
de una ocupación. Las prácticas educativas, ya sean formales o
informales, esperan cierta cualidad en el desempeño del aprendiz. A nivel
laboral, en cualquier tipo de empleo se espera cierta calidad en el desempeño.
En ambos casos, aún con la diversidad de tareas que comprenden, se califica
al desempeño en función de ciertas dimensiones constantes que
indican cómo es la formación vocacional de cada persona.
La
formación vocacional puede evaluarse empleando una estrategia continua
mediante la observación diaria del desempeño ocupacional. A diferencia
de lo anterior, la estrategia de evaluación discreta ocurre cuando se
analizan las decisiones vocacionales que toman los individuos en un momento
determinado de su carrera. Esta distinción es fundamental, no para enfrentar
entre sí ambas estrategias de evaluación, sino para reconocer
sus limitaciones y emplearlas de forma complementaria.
La
sólida o endeble formación vocacional de un individuo se hace
manifiesta en dos momentos: a). Su continuo desempeño ocupacional, y
b). Sus elecciones vocacionales.
La
teoría de Hilton5 centra su atención
en los momentos de decisión y particularmente en la información
que se proporciona a los individuos para que se proporciona a los individuos
para que sus elecciones sean justificadas y certeras, pero olvida tomar en cuenta
las características que hasta ese momento han mostrado en su desempeño
ocupacional.
Tal vez el enfoque de teorías como esa juzgue
que el desempeño cotidiano presenta una variabilidad tal, que resulta
difícil establecer alguna tendencia clara en el comportamiento. Pero,
no podemos aceptar que en una toma de decisión vocacional se haga a un
lado la experiencia y las capacidades desarrolladas como consecuencia de la
misma. Se trata, a mi juicio, de un proceso global y continuo.
El desempeño ocupacional cotidiano de los escolares
ofrece elementos valiosos para comprender la estabilidad de una decisión
vocacional. Probablemente esta distinción entre desempeño cotidiano
y elección vocacional sea lo que produce la creencia de que orientación
vocacional es algo ajeno o impuesto a los alumnos. Si tanto el desempeño
como las elecciones se consideran hechos independientes uno de otro, hacemos
una ruptura en la comprensión integral de la formación vocacional.
Además,
es de suponer que un desempeño ocupacional relativamente positivo favorecerá
una toma de decisiones apropiada. Sin embargo, el desempeño ocupacional
relativamente positivo favorecerá una toma de decisiones apropiada. Sin
embargo, el desempeño ocupacional es dinámico, debe ajustarse
al contexto, a las condiciones externas, y en algunos casos sobreponerse a ellas
precisamente mediante una elección oportuna y justificada.
Desde
la perspectiva de algunas teorías de la elección vocacional, como
la Jordaan,6 se reconoce una secuencia de
etapas en la carrera vocacional.
Las
etapas suponen que la elección es un proceso gradual e irreversible y
dichas teorías formulan una serie de rasgos y factores con los cuales
caracterizan la carrera vocacional. De esta manera, la continuidad más
que referirla al desempeño se dirige hacia la formulación de constructos
hipotéticos que pretenden explicar el desarrollo vocacional en términos
de la estructura de necesidades del individuo.
Estas
teorías postulan que las elecciones prevocacionales y vocacionales dan
forma a un proceso hipotético predecible al que denominan "patrones
de carrera". Por ejemplo, la teoría de Holland7
asume que, en el momento de la elección, interactúa la personalidad
del individuo con un conjunto de fuerzas sociales, culturales y del ambiente.
Holland
propone tipificar los ambientes ocupacionales y los estilos de vida de los individuos
con objeto de determinar la tendencia dominante en ellos y evaluar la correspondencia
que pudiera tener. El modelo hace uso del concepto de consistencia para referirse
a las variaciones de intereses en cada individuo. Y el concepto de homogeneidad
lo refiere al grado de definición de cada tipo, ocupacional o individual.
Una hipótesis central en esta teoría es que los individuos eligen
el campo ocupacional consiste con su orientación personal.
Otra
hipótesis es que a mayor congruencia del patrón más estabilidad
en la elección.
Si
ahondamos más en los conceptos que subyacen a los modelos que suponen
etapas de desarrollo vocacional, encontraremos que dejan un amplio margen de
consideración a las contingencias ambientales, ya sean culturales o socioeconómicas.
La
mayor parte de los inventarios vocacionales, aún los diseñados
en el marco de las teorías de las etapas, emplean una estrategia de evaluación
discreta. La misma que se utiliza en la evaluación de los aspirantes
de primer ingreso en secundaria y preparatoria. Este tipo de evaluación
es de uso común debido a su bajo costo de aplicación y a la simplificación
que hace de los procesos de selección. Pero es necesario señalar
que: a). No existe realmente un acuerdo justificado respecto a qué evaluar
en los aspirantes; b). No existen programas diseñados para nivelar aquellos
alumnos que hayan obtenido un puntaje bajo, y c). Los resultados que describen
la condición de ingreso de los alumnos no se analizan con objeto de aproximarnos
a una explicación sobre los determinantes de los mismos.
Lo
anterior nos coloca necesariamente en una posición comprometida, especialmente
si laboramos en un contexto escolar. ¿Cómo es posible que en cierto
nivel educativo se continúe con una práctica de enseñanza
que no les asegure a los alumnos continuar al siguiente nivel?
No
es un problema administrativo que se supere con la disposición del pase
automático. Se trata de un problema en la formación de los alumnos
que, de ser reconocido, obliga a mejorar las prácticas de enseñanza
en todos los niveles.
Esta
aproximación, centrada más en la evolución de la formación
vocacional de los alumnos que en las elecciones vocacionales, tiene como objetivo
analizar los factores que producen dificultades y crisis en el desempeño
ocupacional en individuos de cualquier edad. No se limita a planear los insumos
de información que requieren los individuos para tomar decisiones vocacionales.
Para
concluir señalaré algunos puntos que considero son importantes:
a). La formación vocacional puede ser un eje alrededor del cual la práctica
psicopedagógica puede definir propósitos, establecer estrategias,
y vincularse con las exigencias de la vida cotidiana de los individuos; b).
La psicología debe seguir construyendo teórica y prácticamente
en el estudio de la formación vocacional; c). La formación vocacional
es un proceso continuo que no debemos reducir a momentos de decisión
vocacional. Y se manifiesta en el desempeño ocupacional diario; d). Todas
las interacciones sociales, formales e informales, tienen un efecto de diversa
índole y magnitud en la formación vocacional de los individuos.
Las
reflexiones que hagamos en torno a la formación vocacional nos llevarán
a acciones cuya utilidad será mayor si tenemos una concepción
clara sobre lo que es, sobre la importancia que tiene para un individuo y la
comunidad, y sobre todo si tenemos una actitud académica de constante
renovación, que evite dejar nuestras experiencias tras el cajón
de un escritorio o en la memoria almacenada producto de muchos años de
servicio.
Notas
1. Super, D. E. "Las dimensiones
de la madurez vocacional", en: Revolución de Psicología
General y Aplicada. 1977. p. 23, 149, 1067-1076.
2. Castaño López Mesas, C. Psicología
y Orientación Vocacional. (Un enfoque interactivo). Marova. Madrid,
1983.
3. Crites, J. O. Psicología Vocacional.
Piadós. Buenos Aires, 1974.
4. Salvador, A. "Dimensiones psicológicas
y sociales relacionadas con la madurez vocacional", en: Revista de Psicología
y Pedagogía Aplicadas. (No. 15, 1984). pp. 11-39.
5. Hilton, T. L. "Career decisión-marking",
en: Journal of counsil Psychology. (No. 9, 1962). pp. 291-298.
6. Jordaan, J. P. "Life stages as organizing
modes of career development". Teacher´s College Press. New York, 1974.
7.
Holland, J. L. La elección vocacional. Teoría de las carreteras.
Edit. Trillas, México, 1978.