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Flores como tumbas
Erika Ramírez Díez
1
Bastante
tengo ya
con
mirarme
arrancada
de la tierra,
vivir
en la angustia del destierro,
para
aceptar la muerte fresca
por
racimos
No
quiero flores
Ninguna sed alcanzaría
construirles su lluvia,
conseguirles sol y sombras,
inventar la tierra
para domar el ruido de su muerte
A presenciar exterminio
no
respondo
Nunca su muerta haría
enamorarme
No
rajaría memorias de raíces
No
olvidaría los huecos de su polvo
¿Quién
soy yo
para enterrar su vida?
¿Acaso soy la tierra revivida?
Por
cada flor un ojo
de la muerte
asomaría a mi vida
Deflorada
"Gran
Vía":
alguien me robó una rosa
recién regalada
2
Él
seguro supo
que ser testigo
de la muerte más hermosa de la vida
deshojaría de hojas mis palabras
Quiso ahuyentarme otra vez la muerte
y descansarla en paz en otra tierra
Llegó y sustrajo
el clavo de ataúd que cada día
la vida funeraria me construye
Soy joven
La rosa que vino y se llevaron
alcanzó a quitarme
algunos años de éstos
tan antiguos
3
No
fue el diamante más grande
No fueron restos del tesoro de Moctezuma
Tampoco el Picasso más Picasso
No fue el rincón más mío de mí misma
Fue una rosa
fresca, enceguecedora, iridiscente
la que se atrevió a merecer
quien liberó de las cortinas la luz entera
y se robó la muerte de su vida
4
Cómo
fue que empezamos
a aceptar flores como tumbas
mentiras como flores
vidas como intentos
Desde dónde nos creció el cabello
las pestañas, las uñas,
los tacones
los hijos
el
silencio
Cuándo se nos fue instalando el sueño
se nos llenó la hoja de palabras huérfanas
Cuántos
ojos entrecerrados cabrán en la memoria
Qué
muerte desenhebró nuestras palabras