
Modernización educativa: ¿optimismo o escepticismo?
José
Luis Gómez Chávez*
*
Secretario de Trabajo y Conflictos de Nivel Primaria de la Sección 47
del SNTE.
A propósito
de la modernización de la sociedad mexicana y partiendo desde luego del
hecho irrefutable de que sólo se puede lograr adecuando la educación
a los tiempos actuales que vivimos; esto es, en pocas palabras la modernización
educativa.
Para
nadie es desconocido que la educación es eje fundamental de las transformaciones
sociales, por ello resulta muy saludable, desde cualquier perspectiva, observar
y analizar a contraluz de los últimos acontecimientos, vertiginosos por
cierto, cuales han sido sus efectos entre el magisterio y ante la sociedad en
su conjunto.
Según
algunas teorías sociológicas, el hombre, tanto individual como
colectivamente, tiene una tendencia natural, espontánea a resistirse
a los cambios, a las innovaciones y no lo hace porque se oponga a la obtención
de mejores formas de vida, sino más bien por temor, por incertidumbre
y muchas veces por inseguridad ante lo supuestamente desconocido.
Quizá
sea la principal razón para que exista una legión de escépticos,
de críticos y detractores del proceso de modernización educativa
en el que nos encontramos inmersos.
Afortunadamente
es mayor el número de aquellos que con optimismo mesurado creemos que
las posibilidades de éxito en la tarea modernizadora, con el concurso
de todos saldrá avante para beneficio de México y de los mexicanos.
En
este marco contextual, es necesario un análisis profundo acerca de la
educación, con la frialdad que esto requiere, pero sin despojarlo de
la calidez humana de quienes en ella estamos involucrados.
Partimos de que la modernización educativa no
es, o mejor dicho, no debe ser una moda sexenal, un invento o capricho de alguien,
o simplemente un lujo que nos queremos otorgar; de que es, en realidad una necesidad,
urgente además, que debemos satisfacer, pues de otra forma estaríamos
destinados al atraso, el anquilosamiento y a sus naturales consecuencias de
sojuzgamiento y mayor dependencia.
De
este análisis surgen espontáneamente algunas cuestiones:
¿Terminará
o continuará este afán modernizador al margen de procesos político-electorales,
de situaciones financieras o presupuestales tanto internas como externas?
¿No
se estará forzando la evolución normal que debe seguir todo proceso
social, saturando y hasta congestionando de información, de obligaciones
y tareas diversas a los protagonistas de la educación, principalmente
a los maestros?
¿No
se estará confundiendo el concepto de urgencia y apresuramiento con el
de precipitación?
¿Con
lo anterior, no se estará generando entre los maestros una mayor actitud
de escepticismo ante los cambios propuestos y con ello alentar la falta de credibilidad?
¿En
realidad se buscará la sistematización constante y permanente
de los objetivos de la modernización educativa?
¿Realmente
se alcanzará el reconocimiento social y el salario profesional para el
maestro, actor principal en el proceso educativo?
¿Verdaderamente
estaremos dispuestos todos a romper inercias y abandonar el inmovilismo para
abrirle paso a la innovación y la creatividad, para así poder
impulsar cambios y transformaciones que por su profundidad marquen nuevos derroteros
en la educación?
Obviamente
cada uno de nosotros tiene sus propias opiniones, pero en un sencillo ejercicio
de reflexión analicemos en secuencia cronológica los hechos y
acciones que hemos vivido en los últimos meses:
Firma del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación
Básica (ANMEB), el 18 de mayo de 1992.
Curso
del PEAM (Programa Emergente de Actualización del Magisterio) en el mes
de agosto de 1992. (Existe una opinión generalizada de que hubo deficiencias
en su desarrollo).
Firma
del Acuerdo Estatal, el día 29 de noviembre de 1993.
Acuerdo
final sobre normatividad y lineamientos generales de Carrera Magisterial, el
día 14 de enero de 1993. (Hubo rumores y distorsiones en la información).
Proceso
de tramitación y exámenes para el ingreso a Carrera Magisterial
(febrero a julio de 1993. Analicemos techo financiero, operatividad, etc.).
Cada
uno de los puntos mencionados requiere obligadamente un análisis exhaustivo
que en este espacio resulta sumamente difícil establecer, por eso destacamos
con insistencia que este alud de hechos como se han presentado, implican el
riesgo que conlleva todo proceso, más aún cuando hablamos de la
educación, si se realiza como tal, parece a contracorriente y a marchas
forzadas contra el tiempo.
La
educación no se modernizará por el decreto, tampoco en un espacio
de tiempo tan reducido, desde luego entendemos que lo realizado hasta ahora
es sólo el inicio de una gran tarea que implica constancia, corresponsabilidad,
actitudes nuevas, perseverancia, concientización y sobre todo, reiteramos,
esfuerzo conjunto, permanente, organizado y sistemático.
Si
estamos despertando a la conciencia del pueblo mexicano en la búsqueda
de calidad y la excelencia educativa, desleal sería truncar sus aspiraciones
y expectativas.
Ojalá
que la modernización educativa no concluya con el período
gubernamental.
Los
padres de familia, los maestros, la sociedad entera reclaman una mejor educación.
Obligado y legítimo es cualquier esfuerzo que hagamos en la consecución
de tan alto y noble propósito.
Finalmente
consideramos que en este sentido los maestros en su generalidad están
cumpliendo y con optimismo han aceptado el gran reto de la modernización
educativa, para comprobarlo basta con ver el esfuerzo por superarse profesionalmente
que los maestros realizan, asistiendo a las instituciones formadoras de docentes
como la Escuela Normal Superior de Jalisco (ENSJ), la de Especialidades (ENSEJ),
las Unidades de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) en Jalisco y
las demás instituciones donde se cursan posgrados.
Más
aún, veamos la extraordinaria respuesta del magisterio ante la Carrera
Magisterial, tema que por su complejidad analizaremos en otra oportunidad. Los
maestros por su origen, por su formación humanística y profesional
y por su vocación, tienen claridad en la concepción de este gran
compromiso social.
Quede
pues constancia de nuestro modesto reconocimiento al esfuerzo realizado por
los maestros de Jalisco.