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¿Y los niños del 22 de abril?
Rafael
Garduño Montaño*
* Maestro de la Secundaria Federal No. 61 "Simón Bolívar"
Siempre
es difícil empezar a hablar de un problema educativo, y más aún
cuando su origen está inmerso en un fenómeno de múltiples
alcances. Resulta
también difícil precisar los daños que arroja la tragedia
del 22 de abril en nuestra ciudad, a un año de distancia.
Como
ciudadano asistí al llamado de otros ciudadanos afectados por una tragedia
de brutales dimensiones. Al igual que muchos más por fortuna
intentamos develar lo oculto por los escombros, en este caso, lo que llamo "desastre
educativo" y que afectó aproximadamente a una población escolar
de 2000 alumnos (según datos de la SEP), e impidió seguir funcionando
a alrededor de 100 escuelas ubicadas en la zona.
Los
niveles de afectación en dicha población escolar iban desde haber
perdido un compañero que vivía en el área de explosiones
hasta la pérdida parcial o total de la vivienda y los familiares.
En
el afán de "cumplir" con el calendario escolar, los alumnos tuvieron
que enfrentarse a una situación y circunstancias diferentes; se abrieron
las escuelas cercanas no afectadas para atender a una población escolar
siniestrada, que sufrió pérdidas materiales, y hasta de sus nexos
sociales.
...
Pues él quería mucho a su escuela, él dice que no lo
cambie... les gusta el barrio, ellos añoran estar aquí, entonces,
es más, dice Pipo que si entra a la escuela entra con Nachito, y
en la que está y no en otra porque si no, no va a ir....
Estamos
tres grupos en un solo salón y los demás en el patio.
Niños
damnificados, Escuela
Carrillo Puerto.
Las
explosiones en el Sector Reforma alteraron no sólo su infraestructura,
y el flujo cotidiano de actividades sociales, económicas, también
interrumpieron un proceso de enseñanza-aprendizaje que acentuó
los problemas educativos ya existente y seguramente abrió otros más.
De esto, lamentablemente poco se sabe, pues los niños fueron trasladados
a albergues, casas familiares, y otros fuera de la ciudad.
Es decir, el problema se trasladó con ellos,
sin poder implementar un programa de apoyo y ayuda de acuerdo con sus necesidades.
Poco se sabe sobre los niveles y formas de afectación
ya que todas las acciones de las instituciones educativas estuvieron más
bien orientadas a mantener la idea de "regresar a la normalidad".
...
O sea, yo estaba sentado en la puerta de la casa, cuando explotó,
sentí como un sueño y cuando desperté, estaba aterrado
al borde de la banqueta, y grité a unos señores que pasaron.
Me sacaron descalabrado. Me asusté mucho...
Niño Daniel de León Andrade, Escuela Abel Ayala.
No
es posible señalar en este escrito todos los problemas que se desprenden
del problema educativo, pues van desde el estado físico de las escuelas,
maestros que trabajan y vivían en esa zona, otros que sólo laboraban
ahí; problemas psicológicos, pedagógicos, de salud, etc.
Sin embargo, ante el problema central, niños
y niñas que vivían a lo largo del paisaje que trazaron las explosiones,
el espacio que compartían con su familia, posteriormente viviendo en
albergues, de arrimados, o rentando lejos del barrio sin más explicación;
la primordial atención que recibieron se redujo a la entrega de boletas
para acreditar el año.
Los niños del 22 de abril necesitaban mucho más.
Grabaron en su memoria toda imagen y testimonio del desencanto...
Yo
cuando sea grande quiero ser doctora para ayudar a la gente...
Brenda, Nicolás Bravo y Gante.
No he visto a muchos de mis amigos del barrio, ¿pues ya qué
queda? (del barrio)
Adrián G. Morales, Escuela Abel Ayala.
¿Si tuviera que pedir un deseo? Pediría que ya se acabara
todo esto y estar bien en mi casa otra vez...
César, Bartolomé y Gante.
Los acontecimientos suscitados después del 22 de abril mostraron la incapacidad, que por sí mismo tiene el sistema educativo, para hacer frente a una crisis que se genera en la emergencia, llámese 22 de abril, Carrera Magisterial, Modernización Educativa, Programa Psicopedagógico y muestran igualmente la necesidad de coordinar esfuerzos entre el gobierno, los maestros, grupos interdisciplinarios, ciudadanos comprometidos, para dar a los niños que hoy están ahí esperando, algo de sus sociedad, que pronto esperará algo de ellos.
...
Cuando yo sea grande quiero ser bombero y doctor pa ayudar.
Niño damnificado, Matías Romero y Gante.
... Yo creo que los de PEMEX tienen la culpa, porque sabían que
esto iba a explotar y no nos avisaron...
Niño damnificado, Colonia Atlas.
Yo no me quiero
ir de aquí, pero dice mi papá que nos vamos a ir, porque aquí
ya no sirve para vivir.
Magdalena, Colonia Atlas.