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Golpe bajo
Lourdes
Bueno Macías*
* Catedrática de la Escuela
Normal de Jalisco.
Maestros
golpeadores, maestros que maltratan, maestros que humillan. Existen, no lo podemos
negar. No podemos negar que al igual que en todas las profesiones, hay personas
que no tienen el equilibrio psicológico necesario, pero al igual que
en otras ocupaciones, esto no es la regla, no es la generalidad. No es la media.
Aún
así, un canal televisivo de penetración nacional ha hecho de algunos
casos, que merecen toda la reprobación y su enérgica sanción,
el tratamiento mórbido que les permite captar la atención de su
auditorio y la inserción de más, mucho más anuncios publicitarios
que aumentarán sus ya enormes ingresos.
Esos
casos son reprobables, esos casos no deben existir; esto es definitivo, pero
la labor de miles de maestros que día a día vuelcan en el aula
su preparación, su capacidad, su esfuerzo y su voluntad: merece respeto.
Maestros
que se enfrentan a las carencias propias de su languidescente sueldo y a las
carencias que lo rodean, laborando a veces a cielo abierto, sin aulas, con 50
ó 60 alumnos por curso. Maestros que deben (y lo han hecho) cumplir un
programa de contenidos, con la metodología necesaria para implementar
un programa educacional.
Maestros
cuya vocación los convierte, en la mayoría de las veces, en el
padre o la madre que orienta a jóvenes que en sus hogares no encuentran
respuestas. Maestros que les dan el único soporte que tendrán
esos niños en su lucha por la vida.
Maestros
que han detectado, antes que los padres, problemas de drogadicción, de
conducta, de nutrición, de maltrato familiar, de explotación y
que han sabido canalizarlos para su tratamiento y solución.
Maestros
que han dejado huella en todos nosotros y que, si bien recordamos a alguno que
no llenó esas espectativas, tenemos en la memoria un sitio especial para
una actitud, una mirada, palabras que dichas en el momento preciso nos hicieron
reflexionar, nos hicieron cambiar, revalorar nuestra propia vida.
Por
ello, no es válido que se trate de subir el "rating" televisivo
a nivel nacional, destruyendo una imagen que ya hemos menguado en esta sociedad
de consumo. Por eso no es válido vender aniquilando; no es válido
eliminar los pocos valores que se tienen; no es válido, pero es el recurso
de las mentes pequeñas.
Porque
¿a quién le interesará que la población no tenga modelos
positivos a imitar, a quién le interesará propiciar este caótico
mundo sin valores?
Porque
¿serían capaces, esos "genios televisi-dos" de conseguir
el mismo resultado económico, tratando de construir, de hacer un programa
que destaque la realidad, una y otra cara, sin evadir que existan problemas,
pero que no todo lo que nos rodea es negativo?
¿Será
que esa frase dicha en una entrevista "solo los amolados ven la televisión",
es la confirmación de una infamia que nos pretende hacer a todos cautivos
"amolados"?
¿Podrán
hacer programas que no denigren y continuar teniendo su alto rating,
programas que sin manipular la información del lado oscuro puedan interesar
y vender, sin explotar la miseria humana, cada día, en horario "familiar"?
Quién
sabe, porque para eso se necesita mucha capacidad, mayor inteligencia y una
positiva visión de lo que queremos todos por país y tal vez eso
sea de lo poco que el dinero no les ha podido comprar y hayan perdido en la
abundancia extranjerizante, la conciencia de que un país como México,
tiene en los maestros, hoy todavía, una fuente de valores humanos.