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... el recreo

Cítese este artículo como: CRUZ Valle, Nicolás: "Danza folklórica, herramienta para la formación integral de los niños", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 20, Guadalajara, Jalisco, México, julio de 2009. pp. 146-151).


Danza folklórica, herramienta educativa para la formación integral de los niños

Nicolás Cruz Valle*
* Licenciado en Educación Primaria, y estudiante del 8° cuatrimestre de la maestría en Ciencias de la Educación en el Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM).

Foto: Nicolás Cruz Valle

Introducción
Muchos han sido los comentarios y señalamientos acerca de la importancia de la danza folklórica en la escuela primaria o en cualquier otro nivel educativo, principalmente si ésta permite el desarrollo y una formación integral en los niños.

     Este género dancístico forma parte de las manifestaciones artísticas que el hombre ha expresado siempre desde sus orígenes. Su práctica puede facilitar el desarrollo de las personas como mejores seres humanos, pues no sólo es bailar por bailar, sino que se adquiere la capacidad de sentir, comunicarse físicamente, expresar emociones y sentimientos, definir su identidad nacional y actuar de manera libre y espontánea ante los demás, con quienes convive de manera cotidiana.

     La danza por sí misma juega ya un papel muy importante en el terreno educativo. Su valor es real en la medida que despierta en el estudiante su propio encanto y lo que de ello resulta: lo torna visible al momento de bailar y poner en práctica su cuerpo con movimientos cadenciosos al ritmo de una pieza musical.

     La danza como expresión artística tiene que atender en su ejecución un aspecto importante, ya que no puede mantenerse alejada ni separada de otra de las manifestaciones que, a la par, también apareció desde sus orígenes, permaneciendo unidas hasta la fecha, me refiero a la música.

     Poner en juego esta dualidad danza-música resulta grato y sorprendente, pues observar y escuchar, a la vez, en una creación conjugada de estas dos manifestaciones, cuerpo humano de por medio, manifiesta la gran diversidad de expresiones y sensaciones que se pueden transmitir por éste; bien como dones naturales o como algo posible de adquirir con el tiempo y con la práctica.

Foto: Nicolás Cruz Valle

     En este artículo pretendo destacar la importancia de la danza folklórica como herramienta educativa para la formación integral de los niños, así como el lugar que ocupa esta disciplina en el Plan y Programas de Estudio 1993, que aún sigue vigente; pese a que, a estas alturas, integrar y formar un grupo de danza folklórica en la escuela sigue siendo un tema controversial, pues se sigue considerando que la danza no aporta grandes beneficios.

     Expertos en la materia, como Laban, nos muestran lo contrario. Laban percibe que los beneficios de la danza, en el terreno educativo, son trascendentales para quien experimenta el placer de bailar, a solas o en grupo –experiencia poco común en las sociedades modernas, también así en las escuelas–, de la cual, gracias a una buena comunicación corporal, emergen aprendizajes a los que se le pueden denominar: alegría del movimiento.


Danza y escuela

Hoy en día la escuela primaria es uno de los espacios donde los niños tienen la oportunidad de conocer el mundo a través de contenidos temáticos que favorecen su aprendizaje.

     En la currícula, además de los conocimientos generales, el alumno tiene también la oportunidad de adquirir habilidades y destrezas que le permitirán formarse íntegramente para estimular su creatividad e imaginación, ampliando sus horizontes culturales; es decir, puede obtener satisfactoriamente una formación que logre distinguirle en una de las asignaturas que conforman el actual Plan de Estudios 1993 de educación primaria, la Educación Artística.

     Esta asignatura dirige su atención hacia el desarrollo de los niños, abordando en sus contenidos los elementos básicos de las cuatro formas de expresión en las que se organiza: “Expresión corporal y danza” es una de ellas y la destaco porque de ésta se desprende la inquietud por escribir este artículo, como una invitación a reflexionar sobre la importancia de la danza folklórica en la escuela, porque cuenta con una perspectiva que incide en el desarrollo y formación integral de los niños y con elementos que le facilitan la convivencia en la sociedad actual, cada vez más demandante y globalizada.

     Muchas de las actividades que realizan los niños en sus juegos tienen relación con las manifestaciones artísticas. Al cantar, pintar, bailar, actuar y representar situaciones diversas, el niño disfruta y expresa sus sentimientos y emociones, creando ambientes favorables que le ayudan a percibir su entorno de manera más profunda y natural.

     Dado que la escuela es una parte medular para su desenvolvimiento, crecimiento y desarrollo, los maestros somos partícipes directos de estos cambios, por lo que nos apoyamos en la estructura temática de las asignaturas que conforman el currículum; así que, si el niño canta, pinta, baila y actúa, entonces es recomendable que la Educación Artística sea tomada en cuenta como una asignatura completamente necesaria para la formación de los alumnos, y no aislada y ajena o como relleno en actividades extracurriculares.

     Así lo establece Aguilar al decir que “la característica peculiar de la asignatura de educación artística es que pone mayor énfasis en la vida emotiva de los alumnos, que muchas veces es menospreciada pero que es fundamental tanto para el desarrollo del individuo como para la propia construcción del conocimiento” (2000: 7).

     De ser cierta esta afirmación, los niños de las escuelas primarias tendrían mayor capacidad de desenvolvimiento en otras áreas, obtendrían mejores resultados en el aprovechamiento escolar y, en términos generales, se estaría hablando de seres humanos completos con capacidades y habilidades que les permitirían un desarrollo personal íntegral, y el reconocimiento cultural que envuelve a factores relacionados con el arte en cualquiera de sus manifestaciones.

     Este enfoque nos permite entender que todas las personas nos expresamos corporalmente de diferentes maneras, desde nuestro nacimiento y hasta el día en que morimos. Se sabe también que cuando el ser humano, como tal, apareció sobre la tierra sus primeras expresiones fueron los movimientos gestuales y corporales en general.

     De todas esas expresiones corporales, se ha comprobado que ninguna ha alcanzado mayores alturas que la danza. Expresión ésta, que hoy por hoy se nos muestra naturalmente consolidada, determinando significativamente las características particulares entre una cultura y otra.

Foto: Nicolás Cruz Valle (detalle)

     Corresponde a la escuela convertirse en el espacio donde se promuevan actividades que contribuyan a desarrollar en los alumnos la percepción, la creatividad, la imaginación, la sensibilidad, la adquisición de valores, la necesidad de pertenecer a un grupo, a tener identidad nacional, y a ejercitarse física, emocional y espiritualmente.

     La danza folklórica mucho puede contribuir a que el cometido propuesto por la Secretaría de Educación Pública (SEP) a través de los libros de apoyo como guía en la Educación Artística se cumpla. Además, cuando se relaciona a ésta con las demás asignaturas se evita, con el fomento de este género dancístico, la entrada de otras culturas y tradiciones ajenas a la nuestra, que, poco a poco, van teniendo entrada a nuestro país, sin ofrecer ventaja alguna.

     Judith Hanna, investigadora de este medio de expresión, define a la danza como “secuencias de movimientos corporales no verbales con patrones determinados por las culturas, que tienen un propósito y un valor estético a los ojos de quienes presencian la danza” (1979: 19).

     Los usos que se la ha dado a este género en la actualidad son diversos, y gracias a los aportes de Gardner se han puesto como evidencia antropológica los siguientes:

“La danza puede reflejar y validar la organización social, puede servir como vehículo para la expresión secular o religiosa, como diversión social o actividad de recreación; como escape y liberación psicológicos, como declaración de valores estéticos, como reflejo de un patrón de subsistencia económica, y por supuesto para propósitos educacionales” (1999: 271).

     Estas evidencias ponen de manifiesto un sin fin de posibilidades para ser aplicadas en la escuela primaria. El maestro a cargo de un determinado grupo de niños, deberá ser quien pondere los usos más apropiados, destacando a esta actividad como la mayor de las expresiones que han acompañado a la humanidad a lo largo su la historia, en todas las épocas y en todas las culturas del mundo.

     En el actual Plan se concibe a la cultura como un proceso individual y colectivo de creación y recreación; un modo de organizar, percibir e interpretar el mundo natural y actual en el que vivimos; una manera de comunicarnos e interrelacionar con el medio físico y social; un proceso del que forman parte las manifestaciones artísticas, donde se ubican: la sonoro-musical (música), gestual-dramática (teatro), plástica (pintura, escultura y arquitectura) y por supuesto, la motriz-dancística (danza).

     La escuela privilegia cada una de estas actividades y les da sentido de acuerdo con las necesidades institucionales que se requieren. Toma en cuenta, además, que todas son adecuadas para trabajar con los alumnos pequeños, sobre todo porque la infancia facilita el aprender cosas nuevas al tener despierto el interés, la curiosidad y el asombro. Recursos que luego aplicará en espacios de su interés personal.

     En este sentido y tomando en cuenta las 4 manifestaciones artísticas antes señaladas, la danza en la escuela ha sido una de las actividades que pocas primarias llevan a cabo. En la mayoría sólo intentan hacer uso de este medio expresivo cuando van a presentar actividades cívicas, culturales y artísticos; sin darse cuenta cabal que los niños son un importante potencial creativo para dar forma y sentido a una pieza musical folklórica. Ello porque la expresión corporal es su principal medio de lenguaje, pero en la práctica está olvidada.

     En el Libro para el maestro de educación primaria, se define a la expresión corporal y danza como: “una disciplina que busca desarrollar el placer por el movimiento, que se traduce en la comunicación de emociones a través del uso creativo del cuerpo” (2001: 27).

     El cuerpo es uno de los principales elementos que los niños utilizan, de diferentes maneras, para expresarse a lo largo de toda su vida, este elemento es el llamado “lenguaje corporal”. Se manifiesta al caminar, en sus actitudes al sentarse, en los movimientos que hace al reír, cuando da o recibe un abrazo o cuando bosteza. Estas acciones forman parte de la expresión corporal cotidiana y se manifiestan en todo momento, desde el interior del niño.

     La utilización del cuerpo, es un elemento necesario que sirve de apoyo en la comunicación. Así también para interpretar piezas musicales con movimientos, pasos y despliegues específicos al representar un baile o danza folklórica.

     Se dice de esta última, que no es tan sólo una frase con cierto costumbrismo, típica o de espectáculo al servicio del turismo –nacional o internacional–; sino una disciplina bien definida. Chamorro, especialista en este género, con destacadas investigaciones etnográficas, dice al respecto que folklore “es una ciencia que se ocupa de diversos campos del conocimiento, tales como la cultura material, la espiritual-mental, la narrativa tradicional, y desde luego, la danza y la música” (2003: 9).

     La práctica actual de la danza y la música folklóricas en las escuelas primarias es una tarea estimulante para quien la practica y para quien la enseña, pues se obtienen resultados en beneficio no sólo de un prestigio cultural y social, sino por lo que significa en términos del rescate y la preservación del folklore nacional y que éste no se deforme ni se pierda, sino por el contrario, que trascienda y que el niño encuentre sentido de pertenencia e identidad nacional.

     La identidad nacional no sólo alude a los rasgos físicos que distinguen a un pueblo de otro, sino al conocimiento de nuestros orígenes y cómo estos se han ido gestando a través del tiempo, para establecer quiénes somos y así reconocernos como una Nación con personalidad propia y diferenciada del resto de los demás pueblos que habitan nuestro planeta. La identidad nos distingue de culturas que amenazan su irrupción con costumbres exóticas y decadentes, algunas enajenantes y fanátizantes, sin ningún beneficio específico.

     La identidad nacional también está conformada por la historia, el territorio, los símbolos patrios, idioma, religión, arquitectura y, por supuesto, la música y la danza, entre otros.

     Es importante que a través de la danza folklórica se forme conciencia en la escuela para enraizar la identidad nacional en los alumnos; pero no sólo eso, sino que tengan la posibilidad de entender y revalorar nuestra cultura. Sólo mediante el aprecio, goce y disfrute de nuestras raíces, podremos defender eficazmente nuestras costumbres y tradiciones.

     La danza folklórica, además de consolidar una identidad nacional en los niños, puede alcanzar otras metas:

“...un potencial dancístico para promover sistemáticamente un amplio desarrollo corporal, creativo y expresivo; un potencial psicopedagógico, es decir la capacidad para detonar procesos de desarrollo en el niño y un potencial educativo que promueva experiencias estéticas que despierten el deseo de disfrutar la danza como futuros bailarines o espectadores de esta”. (Hutchinson, 1995).

     Actualmente se han analizado propuestas metodológicas como alternativas para el Sistema Educativo Nacional que han servido de sustento para que Alejandra Ferreiro y Josefina Lavalle elaboren un Programa de Desarrollo de la Creatividad por Medio del Movimiento y la Danza, y crear con él, los recursos didácticos y coreográficos para su aplicación.

     En este sentido es determinante y prioritario el hacer uso adecuado y considerar con mucha conciencia la práctica de la danza en la escuela primaria. El apoyo a los programas vigentes de Educación Artística, en particular lo referido a la expresión corporal y danza, es uno de los mayores retos que –estoy seguro– muchos maestros deseamos impulsar.

     También debería serlo para todos aquellos docentes creativos e innovadores que quieren encontrar verdadero sentido al folklore nacional. Su difusión, con el apoyo de los niños, lo llevarán a su máximo esplendor, a cualquier rincón del país o fuera de éste, logrando que la danza recupere su valor artístico y se pueda apreciar desde distintas dimensiones.

     Con respecto a la intención de demostrar con argumentos científicos la importancia del arte en la educación, se reconocen las investigaciones de la Universidad de Stanford al representar una importante lucha en distintos frentes. Sus conocidas teorías justifican hoy en día la educación artística como una disciplina que fomenta un aprendizaje global del arte.

     Numerosos estudios se han realizado al respecto, en este sentido es importante mencionar el giro que le ha dado el norteamericano Elliot W. Eisner a la educación artística, destacando su importante papel dentro de las ciencias humanas y, sobre todo, definiendo el ámbito de esta disciplina, que todavía no tiene un reconocimiento especial en nuestro Plan y Programas de estudio, al hacer poco énfasis para su aplicación como asignatura determinante en la formación y desarrollo integral de los alumnos.

     La visión interdisciplinar del hecho artístico se da a partir de la trayectoria académica del profesor Eisner, que le brinda la posibilidad de relacionarse con diferentes profesionales de todos los campos del saber.

     Considerando que el aprendizaje artístico y la experiencia estética forman parte de las expresiones mas sofisticados de la actividad y sentimientos humanos, se han analizado y descrito ciertos conocimientos y líneas de actuación orientadas a la preparación de programas de arte que resultan esperanzadores. Para ello es fundamental hacer énfasis en por lo menos cuatro fuentes del saber, que Eisner (1995) señala muy acertadamente:

Primero: es importante comprender concepciones relacionadas a cuestiones como: ¿por qué enseñar arte? , y ¿cómo justificar el empleo de tiempo, esfuerzo y dinero en esta área concreta de la experiencia humana?

Segundo: ¿cómo se ha justificado la enseñanza de la educación artística en las escuelas públicas de nuestro país?

Tercero: ¿qué tienen que decir las ciencias sociales al respecto de las manifestaciones artísticas en su conjunto y de las condiciones que afectan la capacidad individual de experimentarlas?, y

Cuarto: ¿qué se puede llegar a saber a partir de la práctica del desarrollo curricular, de la enseñanza de arte o educación artística y de su evaluación?

     La danza como arte, en su esencia, es la manifestación artística que recoge los beneficios del ritmo, el movimiento y los aportes que el hombre hace en función de su propia vida, porque la danza es vida y ésta es disfrutar de los recursos que están al alcance del ser humano. Es una de las formas universales de comunicación que permite desarrollar y enriquecer las principales cualidades físicas, la elasticidad, la resistencia, el equilibrio, la imaginación y la expresión.

     Y si hablamos de una parte del folklore, éste tiene que ver con el orgullo nacional por cuanto da realce a los propios valores tradicionales y autóctonos, despertando el amor por lo nuestro, ya que se cultiva, se siente orgullo colectivo y se logran fuertes lazos de unión a causa del conocimiento vivo de una herencia cultural que podemos señalar como nuestra, que nos identifica y da carácter propio.

     En todos los lugares de la tierra el folklore expresará, donde ofrezca el prestigio de su aporte, lo más propio y auténtico para expresar con entusiasmo el orgullo de una raza y un mestizaje con sentimiento nacional.

     Desde esta perspectiva es evidente que utilizar la danza folklórica como herramienta, es una propuesta educativa y cultural que se concreta en actividades creativas, en las cuales cada niño se enriquece, se sensibiliza e imagina, de manera que aprende a escucharse y a apreciarse a sí mismo y a los otros, a expresarse y a compartir sensaciones, sentimientos y visiones del mundo que lo toca, que lo conmueve. No perdamos de vista que, en términos genéricos, todo lo que produce una comunidad es cultura.

     No se pretende la formación de bailarines, sino la formación de personas capaces de construir un lenguaje en movimiento que se relacione con la producción artística y cultural dentro de un marco pedagógico de formación de formadores, y si la escuela es un espacio propicio, sería importante hacer uso de ella, con seres humanos que apenas están conociendo el mundo que los rodea.


Recapitulaciones
Bajo esta mirada, quise señalar los beneficios y la importancia que tiene la danza folklórica y su aplicación en las escuelas primarias para la formación integral de los niños.

     Me propuse destacar el potencial dancístico, psicopedagógico y creativo que tiene la Educación artística, a fin de hacer conciencia en los maestros de la importancia de su práctica en relación con la escuela. Es benéfico y gratificante pensar en las ventajas y los aprendizajes que los niños pueden adquirir al practicar la danza, si es folklórica mucho mejor.

     En relación con el potencial dancístico, tratamos de mostrar la capacidad para colaborar en el desarrollo y la formación integral, promoviendo estrategias educativas que permitan al estudiante habitar su cuerpo, vivirlo, conocerlo, compartirlo y disfrutarlo; al mismo tiempo que descubre el placer de moverse en armonía con él y con los que compartirá tiempo y espacios, al caracterizar alguna pieza musical en específico.

     De acuerdo con Vygotski, pudimos recordar que la mente y el pensamiento operan mediante símbolos; que estos son mediadores de los planos interpsicológicos e intrapsicológicos que permiten internalizar la cultura, una cultura a la que todos estamos condicionados desde nuestro nacimiento y que, a la fecha, hemos de entenderla como sujetos que actuamos sobre los objetos que la conforman.

     También resultó útil destacar que la educación artística, como resultado de una cultura que se ha formado a través del tiempo, sólo será promotora del desarrollo integral del hombre cuando se considere de manera seria el descubrimiento que haga el niño de manera interna, cuando reflexione por sí mismo sobre lo que es él y el sobre mundo que lo envuelve.

     Destacamos, también, la importancia de sembrar y fecundar el espíritu nacionalista con el apoyo de la danza folklórica en el trabajo formativo con los niños. Dijimos que era necesario proporcionar elementos con los que irían descubriendo la cultura nacional para así defender mejor al país. Que el folklore no debe ser visto como expresión de cosas raras, sino como una forma bella de amar a México. Porque sólo nuestro pasado puede explicar mejor nuestro presente.


Bibliografía

AGUILAR, Mendoza Nora (et al.). Libro para el maestro. Educación Artística (Primaria). SEP. México, 2000.

CHAMORRO, Escalante Jorge Arturo. Guía Etnográfica para la investigación de la música y la danza tradicionales. Ed. CUAADUDG. Guadalajara, México, 2003.

GARDNER, Howard. Estructuras de la mente. La Teoría de las Inteligencias Múltiples. Ed. Fondo de Cultura Económica. México, DF, 1999.

HUTCHINSON Guest, Ann. “Your Move: A New Approach to the Study of Movement and Dance” (2da. Edición, Gordon and Breach Publisher, Nueva York, 1995), en: revista DIDAC.

SECRETARÍA de Educación Pública. Libro para el Maestro. Educación Artística (Primaria). SEP. México, DF, 2001.

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