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Cítese este artículo como: Rodríguez García, Francisca. "Martha Olivas Torres, una joven ejemplar", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 19, diciembre de 2006). Martha Olivas Torres, una joven ejemplar Francisca Rodríguez García* * Egresada de la ENSJ y de la ENSEJ; es asesora del Centro de Atención Psicopedagógica de Educación Preescolar (CAPEP), en Mazatlán, Sin.
Este año quiso colaborar en el área de comunicación para apoyar a los niños con discapacidad motora. Quería que, al igual que ella, estos niños aprendieran otras formas no verbales para comunicarse. Le dije que sería de gran ayuda contar con ella y también con su madre quién podría orientar a otros padres con niños con capacidades especiales. Estoy convencida de que se logra más cuando el diálogo es entre personas que comparten problemas similares, que cuando solo es entre el especialista y los padres. La vivencia supera a la información. Quiero señalar que en el poco tiempo que llevamos haciendo el trabajo de colaboración, Martha ha demostrado ser una persona sumamente responsable y profesional. Con el pasar de los días se fue estableciendo la confianza entre nosotras hasta que la madre me compartió la historia de sus vidas que hoy quiero también compartir con los lectores de esta prestigiada revista, porque es un caso digno de emulación y admiración. Martha es la menor de cuatro hermanos de una familia bien integrada. Ella adelantó su llegada a este mundo, ya que nació en el octavo mes de embarazo. Su arribo fue difícil. Hubo necesidad de practicar una cesárea de emergencia, que no evitó que presentara hipoxia. Duró ocho días en la incubadora. Cuando se la entregaron a sus padres, el pediatra y el neurólogo que la atendieron no quisieron adelantar ningún diagnóstico por el temor a equivocarse. Así transcurrieron los primeros días con problemas para su alimentación porque no podía succionar. La madre empezó a dar muestras de una gran paciencia, pues tenía que esperar hasta casi tres horas para que Martha tomara una onza de leche. Hasta cumplido el mes pudo, finalmente, ingerir alimentos con facilidad. Pasaron así seis meses con un desarrollo casi tan natural como cualquier niña. A partir de ese tiempo se empezó a observar en ella una involución. Se puso espástica y ya no lograba realizar ningún movimiento; sólo podía mover un poco su cabeza. La madre acudió con ella a un centro de rehabilitación en Villahermosa, Tabasco, lugar en el que vivían, donde los especialistas le diagnosticaron parálisis cerebral infantil. La madre, después de conocer este diagnóstico, no dejó pasar un día más y a los ocho meses de edad Martha empezó a recibir rehabilitación física y terapia de lenguaje. Poco tiempo después se vinieron a radicar a Mazatlán. En el DIF prosiguió la menor con su rehabilitación. Fue como hasta los cuatro años cuando pudo por fin sentarse, controlar su cabeza y mover sus pies. A esta edad empezó a usar la andadera. A los cuatro años y medio ingresó a la Escuela de Educación Especial en el nivel preescolar. Mientras recibía la terapia de lenguaje, la maestra se dio cuenta de que con la ejercitación diaria de todos los fonemas Martha leía a través de las tarjetas de trabajo. Se lo dijo a la madre para que siguiera apoyándola. Más tarde, otro maestro de educación especial propuso integrar a la niña a una escuela primaria regular. Los demás maestros de educación especial animaron a la madre para que inscribiera a la niña a una primaria regular donde hubiera apoyo. Así empezó la integración educativa de Martha. A los seis años nueve meses inició su primer grado en la escuela Ignacio Ramírez de la Loma Atravesada. El grupo estaba compuesto con algunos niños con problemas de aprendizaje que por tercera vez repetían primero. Al terminar el año escolar, Martha se inscribió en el segundo grado de la escuela primaria Melchor Ocampo, centro educativo que quedaba más cerca de su casa. En ese tiempo la niña no contaba con silla de ruedas y tenía que trasportarse en camión, en brazos de su madre.
Al finalizar el ciclo escolar, le fue entregado a la madre un dinero por parte de la escuela para que Martha pudiera adquirir su primera máquina de escribir. En cuarto grado no logró escribir todavía. A los nueve años recibió la donación de su primera silla de ruedas en la ciudad de México por el Hospital Chiner; con ello, la madre no tenía que cargarla más en brazos. Cuando pasó a quinto año, se volvió a cambiar a otra primaria, la escuela Pemex porque estaba aún más cerca de su domicilio, y siguió contando con el apoyo de educación especial. El maestro de quinto hizo un excelente trabajo, pues realizó todas las adaptaciones posibles para que Martha accediera sin tanta dificultad a la escuela y al aula. De hecho cambió de grupo en sexto grado, para poder dar seguimiento al caso de Martha y prepararla para su ingreso a la secundaria. Durante estos dos años la niña estuvo practicando la escritura con sus pies y sus manos pero no lograba hacerlo. Un día intentó escribir con su boca, utilizando el labio superior. Sólo así pudo hacerlo. Con todos estos apoyos la niña egresó de la primaria con honores, puesto que logró uno de los mejores promedios de su escuela.A los doce años dio otro paso adelante con la entrada a la secundaria. En la primera secundaria que se presentó, ni siquiera quisieron darle la ficha de aspirante. Ella no pedía ninguna concesión, sólo quería hacer los trámites como cualquier otra niña. Madre e hija no se rindieron tan fácilmente y ante la negativa, visitaron otra secundaria, la Secundaria Técnica 77. Ahí le dieron su ficha para derecho a examen, mismo que pasó. Una vez inscrita, el personal de educación especial estuvo a cargo de realizar la sensibilización con el cuerpo de profesores. Tuvieron reuniones con el Consejo Técnico y los profesores mostraron una buena disposición. Para cerciorarse de la capacidad de Martha, los profesores le designaron como intérprete, ya no a la madre, sino a una compañera, Marina, quién demostró gran sensibilidad para acercarse a Martha y hacerla su amiga. Marina entendía lo que su amiga quería decir. Así fue como la joven empezó a ganarse el respeto de sus maestros. Ellos a su vez poco a poco fueron también aprendiendo a interpretar sus expresiones verbales. Al final impuso su manera de comunicarse y despejó cualquier duda que pudiera haber existido. El trabajo de apoyo de su compañera consistía en pasarle los apuntes y Martha, por las tardes, los pasaba en limpio. Tardes y noches, era usual escuchar el continuo repicar de las teclas de la máquina en casa de Martha. Para presentar los exámenes se le daba el mismo tiempo que a sus compañeros, no se le daba tiempo extra. La única diferencia era que ella los contestaba por medio de su máquina de escribir y con la presencia imprescindible de su madre.
Con quince años cumplidos Martha decidió seguir adelante con sus estudios. Hizo trámites para su ingreso a la Preparatoria José Vasconcelos, escuela de gran prestigio académico en el Puerto. La hoy joven logró su ingreso vía examen de admisión. Los maestros de la secundaria, al inicio del ciclo escolar, fueron a compartir su experiencia con el personal de la preparatoria para que Martha recibiera una mejor atención a sus necesidades. Ya para ese entonces se hizo de una máquina de escribir eléctrica, lo que facilitaba más su comunicación. Por las tardes seguía la misma rutina de estudio transcribiendo sus apuntes a máquina. Logró así mantener un buen promedio hasta el tercero de preparatoria. Egresó del bachillerato como una de las mejores alumnas de su generación. Cuando cumplió quince años de edad pidió de regalo una computadora. Ya para entrar a la Universidad, por desinformación de la situación especial de la joven, no le permitieron llevar al examen calculadora, ni máquina de escribir. Sin este último recurso Martha no pudo trabajar, y no le fue posible realizar el examen. Eso no le impidió tocar las puertas en otra Universidad donde le permitieron realizar el examen con estas adaptaciones. Hizo examen para ingresar a la carrera de Ingeniería en Teleinformática en el Instituto Tecnológico Superior de Sinaloa. Una vez admitida, tuvo dificultad de desplazamiento en el campus universitario, puesto que en los primeros grados su aula se encontraba en la planta alta de un viejo edificio. Los esfuerzos para asistir fueron enormes, ello porque la madre no siempre encontraba ayuda para subir en peso a Martha, su silla y sus materiales escolares. Para fortuna de ambas, la escuela se cambio a un edificio de una sola planta. El esfuerzo que siguen haciendo desde el ingreso a la educación superior, es el pago de taxi de ida y vuelta a casa, pues la escuela les queda bastante retirada de su domicilio. Forzosamente tienen que hacer esto pues los camiones no cuentan con las adaptaciones para personas con discapacidad motora como sí en otras ciudades. El próximo ciclo escolar egresará de la Universidad. Hoy cuenta con una beca, puesto que sigue sosteniendo un promedio alto (de 9.7), por lo que se ha ganado el reconocimiento y admiración de la comunidad educativa.En el mes de mayo fue premiada con el galardón "Mujer ante la Adversidad", que brinda la estación Radio Mujer, a mujeres destacadas de la localidad. El Teatro Ángela Peralta se puso de pie cuando apareció Martha después de que se presentara su trayectoria. Fue un momento muy emotivo para sus padres y hermanos que la acompañaron. Así como este merecido reconocimiento, se han publicado artículos periodísticos sobre la integración educativa de Martha, que ya es un ejemplo a seguir, del que aprendemos todos. Las lecciones van dirigidas hacia otros padres, hacia los profesores por sacarla adelante, y hacia otras personas con capacidades especiales. Cabe destacar la labor de los maestros de Martha, por su gran sensibilidad, amor y respeto hacía las personas diferentes. No cabe duda que todos tenemos todavía mucho que aprender.
Actualmente Martha, con 21 años, colabora en el Centro de Atención Múltiple No. 18 en la atención de niños que presentan secuelas de parálisis cerebral infantil. Realiza programas computacionales para el área de lenguaje. Estos programas contemplan diversas estrategias para que los niños accedan a la lectoescritura y ejerciten la articulación. Esto se realiza a través de juegos, sonidos, colores, dibujos animados, etcétera. Para ello Martha utiliza una computadora adaptada con un señalizador metálico con el que escribe y maneja el equipo. El trabajo se inició a mediados del ciclo escolar 2004-2005. Se realiza una vez por semana con dos niños de primero y una niña de tercero. He observado algunos avances en los niños en cuanto al manejo de la computadora, como mover el mouse, identificar algunas letras en el teclado, etcétera. Además de lograr la empatía entre Martha y los niños, esperan continuar con el proyecto en el próximo ciclo escolar. El caso de Martha es excepcional, pues independientemente del apoyo recibido por Educación Especial y los diversos centros educativos en los que ella ha estado, la diferencia la ha hecho su familia, porque ha sabido orientar el potencial de la joven de manera extraordinaria, no importando todo lo que hayan tenido que sacrificar para ello. Esto nos invita a una reflexión seria y profunda a los padres y a los maestros ante la actitud que deberíamos observar frente una hijo o un alumno diferente y sobre el respeto por todo lo que existe detrás de cada uno de ellos. El ejemplo de Martha contribuye a abrir los espacios educativos regulares a alumnos con necesidades educativas especiales que cuenten con el apoyo de su familia y que manifiesten ganas de salir adelante. Este caso nos muestra que la integración no sólo es deseable sino posible. |