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Sonia en el jardín
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En
la flor de la vida, nuestra entrañable compañera
Sonia Ibarra Ibarra nos ha dejado. Colaboradora y
fundadora de la revista la tarea, se hizo
cargo desde entonces de su sección histórica que siempre
atendió con atingencia y cariño. Sabemos que nuestra
profunda consternación es también de tantos que fueron
sus compañeros, sus alumnos, sus amigos. Deja una
profunda huella que no se disipará jamás. |
Por
la algarabía del entorno, sus pasos no parecen escucharse. Pero Sonia camina por
el Jardín. No se detiene. Prenden los aromas en todo el ambiente y una parvada
de pájaros azules giran a su alrededor. No se inmuta por el revoloteo. En el
trayecto Sonia observa, Sonia ríe, Sonia juguetea con esos niños preescolares
que aparecen traviesos con su bata de color rojo y blanco. A todos atiende
Sonia: el candor de su semblante irradia una confianza que hace suponer que
quien apenas la conoce la ha conocido siempre. En medio de la espesura verdísima
del jardín, entre flores y azucenas hay un salón escolar. Ahí la esperan
absortos sus alumnos-maestros. Ella pinta la historia del hombre y la mujer.
Hace circular las palabras. Se habla, se compara, se analiza. La palabra fluye
como el agua y adquiere latidos de flor. Sonia es flor y es agua. Es
nomeolvides.
De vuelta en el jardín, conversa caminando
lentamente, con un aire de jocosidad y ternura con las pioneras-maestras. Es la
hora en que la memoria le gana la batalla al olvido. Sonia pregunta y vuelve a
preguntar a las veteranas maestras de los otrora niños de los viejos jardines.
Apela al recuerdo, a la nostalgia, a los viejos sucesos que empiezan a ser
desenterrados. Y en esa trama algunas lagrimas se derraman cuando vuelve a ser
hoy aquel momento memorioso del ayer.
Con el cielo tal intensamente azul, con la sinfonía
de la vida que se desbordaba en su corazón a borbotones, Sonia empezó a caminar
involuntariamente, hacia los límites insólitos de un entorno que no nos dejaría
mirarla. ¿Y su ternura cristalizada en el hacer y mirar al mundo infantil y sus
entrañables alumnos y viejas educadoras? Sonia caminó silenciosamente y en ese
trayecto tal ingratamente indescifrable, no hubo nunca de su parte una sola
palabra de reclamo para el doloroso destino de irse, cuando la vida se
desplegaba para ella como un multicolor caleidoscopio.
¿El jardín se ha vuelto gris y cenizo porque Sonia se
ha marchado? ¡No, mil veces no! El jardín proyecta sus colores más radiantes
porque ahora Sonia transita por él eternamente.
Equipo la tarea
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