
La Gestión Pedagógica o la importancia de una gestión desde los centros educativos
Ana
Cecilia Valencia Aguirre*
* Asesora de la Universidad Pedagógica Nacional
(UPN), Unidad 141 de Guadalajara, Jalisco.
Correo de la autora: anaceciliava@yahoo.com.mx
Introducción
Las dimensiones de la gestión cobran importancia ante la necesidad
de definir, delimitar y conceptualizar los ámbitos de competencia de
esta disciplina en el complejo fenómeno social de la educación
formal.
Creo que para abordar alguna dimensión,
es necesario resaltar que las fronteras no están tan marcadas sino que
se interrelacionan, ya que los espacios tanto macroeducativos o áulicos
son entidades, aunque autopoiéticas,1
comunicadas con el exterior y por ende comparten la totalidad como parte estructural
de un sistema.
De ahí que el propósito de este
ensayo sea analizar el escenario de la gestión pedagógica reconociendo,
como es obvio, los distintos elementos que intervienen en este ámbito,
pero sobre todo planteando que toda gestión ya sea educativa, escolar
o pedagógica debe atravesar el espacio de lo educativo. Si no lo hace
ésta se tornaría una tarea infértil y estéril para
la propia gestión.
1. Importancia
de traducir las necesidades sociales en retos transformadores desde la gestión
A pesar de que en las instituciones educativas se generan problemáticas
que afectan la vida cotidiana de los sujetos que se mueven en dicho escenario
y que se podrían volver retos para el cambio, son pocos los directivos
preparados y dispuestos para éste, pues entre quienes se interesan en
la innovación quizá la sobrecarga de tareas administrativas y
burocráticas, así como el aislamiento de los esfuerzos, los conduzcan
a una rutinización de las prácticas pedagógicas y escolares,
desplazando la actitud crítica base de una práctica innovadora.
A pesar de que existe un interés por generar
procesos, definidos menos por la prescripción y más por acciones
dirigidas a la comprensión y la reflexión por parte de los sujetos
ante un mundo globalizado y cambiante, nos enfrentamos a distintas formas de
resistencia tanto en docentes como en directivos.
Paradójicamente surge, de manera imperiosa,
la idea de las escuelas autogestionadas y de una profesión docente que
se regule a sí misma con menos dependencia de la burocracia externa,
donde dicha autorregulación del sistema escolar cobre fuerza y vigencia.
En ese contexto, se intenta construir un profesionalismo docente y directivo
con una práctica autorreflexiva, una insistencia en el trabajo en equipo
a partir de una capacitación y profesionalización permanente.
Aunado a lo anterior, el fenómeno político-económico
de la globalización ha generado una difusión masiva de la tecnología
de la información junto con el mayor acceso global a las ideas; las políticas
multiculturales, los nuevos estilos de liderazgo;2
los cambios rápidos, complejos y multilineales en las fuerzas del trabajo
que han transformado grandemente las relaciones productivas y por ende las opciones
ocupacionales.
Por lo anterior y si partiésemos del supuesto
de que la docencia es una profesión compleja, igualmente complejo sería
entonces concebir la tarea de un directivo cuya gestión se centra en
la transformación hacia la mejora desde la propia estructura real del
contexto educativo.
2. La
participación, el currículum y el trabajo colegiado entre profesores
Ante este escenario considero que los cambios en el espacio escolar podrán
generarse a través de la participación social, motivada por el
trabajo de los docentes y directores. Pero estos cambios conducen a nuevos compromisos
y responsabilidades a otros sectores sociales. Ya que si bien la responsabilidad
inicial de la tarea se atribuye a los docentes y directores, al poder ellos
ejercer una mayor acción para actuar sobre el contexto escolar en su
conjunto, lo anterior no excluye a otros actores como el Estado, la sociedad
civil, la comunidad escolar y los particulares, de nuevas responsabilidades
en el escenario educativo tanto regional como nacional.
Sin embargo, lo anterior no se da de manera automática
pues se requiere crear una estructura que permita el trabajo colegiado desde
una racionalidad estratégica y comunicativa, así como formas de
evaluación del trabajo colegiado, la rendición de cuentas y al
mismo tiempo, en cada centro educativo, una dinámica dialógica
que construya la innovación desde las situaciones cara a cara, que ofrezca
soluciones a problemáticas concretas que afecten al colectivo escolar.
Estos procesos se darían efectivamente
a partir de una gestión interna en las escuelas misma que a su vez sería
de enorme importancia para entender la calidad de los resultados que en cada
una se construyen, con la participación de todos; esto se constituiría
en formas de aprendizajes implícitas en la gestión.
En el trabajo colegiado es importante también
observar el alcance educativo que tiene la labor de un grupo de docentes cuando
llega a conformarse como un auténtico equipo de trabajo. Los momentos
de intercambio colegiado, son un soporte del esfuerzo por trabajar en equipo
y construir las bases de conocimiento así como las acciones y disposiciones
diarias que definirán las estrategias a futuro, esto es, construir desde
el trabajo cotidiano la escuela que se quiere.
Se requiere, por otra parte, hacer frente a los
problemas fundamentales del espacio educativo, ser claros y prácticos,
promover el entendimiento, la conciencia y la acción comunicativa en
las propuestas requeridas de naturaleza tanto individual como colectiva. Es
importante señalar que, tanto el trabajo en equipo como el esfuerzo individual
se conjugan y se potencian en el desarrollo de los docentes, ya que el trabajo
en equipo y el individualismo no son incompatibles; pueden y deben armonizar
entre ellos, si se pretende mejorar las escuelas.
De acuerdo con una propuesta de gestión
basada en un modelo participativo, tanto los grupos de docentes y directores,
deben procurar derribar los muros del aislamiento entre ellos, promover y respetar,
al mismo tiempo, el desarrollo individual propio y de los demás. Esto
representa el reto más para la gestión escolar.
3. La
importancia de los Consejos Técnicos
Elevar la calidad educativa, es una tarea que desde la década de
los años ochentas invadió los discursos educativos, en este proceso
discursivo ha transitado de una calidad centrada en cifras como matrícula,
deserción, reprobación, eficiencia terminal, número de
alumnos por profesor, etc., a una calidad centrada en el proceso, esto es, no
sólo en el dato estadístico sino en el aspecto de las situaciones
vivenciales de la acción educativa: las relaciones maestro alumno, los
procesos de adquisición del aprendizaje, la aplicación de los
aprendizajes en situaciones concretas, etcétera. La calidad, por tanto,
no solo implica exigencias eficientistas; sino valoración de procesos,
medios y métodos idóneos, pertinentes y factibles para lograr
la causa eficiente, esto es, la calidad exige no solo eficiencia sino eficacia.3
Este aspecto de la calidad contextual y situacional,
entendida desde el proceso, se ha venido realizando de manera colegiada entre
los actores del escenario educativo: autoridades, docentes, padres de familia
y miembros de la comunidad, mediante diversas estrategias.
Una de ellas, que resulta fuente orientadora de
las acciones educativas y que permitiría no solo transformar la práctica
del personal directivo y docente sino detectar problemáticas y proponer
soluciones de acuerdo a la cultura del contexto, es la operativización
de los Consejos Técnicos; los cuales se tendrán que convertir,
de acuerdo con esta idea, en espacios de transformación, y concebirse
desde un enfoque socio-político-educativo muy diferente a las primeras
conceptualizaciones que de él se tenían.
Actualmente, se le concibe como estrategia que
requiere la escuela o institución educativa para adquirir conciencia
de su función, visión y misión dentro de la sociedad. Históricamente,
los profesores de educación básica los vieron como reuniones administrativas
o irrelevantes propias para la convivencia sin un motivo específico;
sin embargo, esta idea poco a poco se ha ido erradicando de la mentalidad de
los maestros, hasta convertirla en el espacio físico y temporal con el
que cuenta la escuela o la institución educativa para el análisis
y reflexión que permita evaluar, actualizar y resolver conflictos propios
del proceso educativo y del contexto particular, lo cual permitiría evaluar
y mejorar la institución en su conjunto para buscar o consolidar la calidad
de la misma.
Se ha dicho que el espacio del Consejo Técnico,
debe ser un espacio abierto, horizontal, colegiado, donde se den la autocrítica,
el diálogo, el consenso, la participación, el ejercicio de la
libre expresión de las ideas y el respeto. En otras palabras, la acción
comunicativa como condición para la democracia. Sin embargo, creo que,
lograr esto constituye uno de los grandes retos de la gestión, es precisamente
en esta tarea, y en otras más, en donde vemos que las fronteras de sus
dimensiones se conjugan y entrelazan.
4. A
manera de conclusión
Los consejos técnicos como espacios desde donde operaría la
auténtica gestión pedagógica y la evaluación critica
del currículo deben situarse en la realidad de la propia escuela, promover
una reflexión personal, autocrítica, sobre la propia práctica
como elemento indispensable del proceso; aprender de los otros y desde tal alteridad
construir el debate; fundamentar la participación en argumentos racionales,
prácticos y estratégicos, vinculándolos a problemáticas
propias del aula y la escuela.
Construir este tipo de escenarios requeriría,
en primer lugar, repensar el lugar de la escuela como espacio de aprendizaje
abierto y permanente, y generar un modelo de comunicación basado en el
entendimiento y el consenso, lejos de la negociación o de la imposición
propia de la manipulación por mayoría.
Me parece, por tanto, que la tarea requiere plantear
un nuevo micro escenario político-educativo, donde la gestión
se asuma como tarea estratégica y no como coto de poder-saber, donde
los docentes recuperen el valor del error y la incertidumbre como fuente de
aprendizaje, y no la simulación del saber acabado como cultura; donde
la diversidad cultural de los actores del espacio educativo sea un valor y no
un obstáculo.
En fin, la gestión desde estos referentes
se tornaría una tarea necesaria para una escuela de la esperanza, para
una institución que cree en el futuro basado en el trabajo y la acción
de sus participantes.
Notas
1.
Las instituciones educativas son vistas como estructuras autopoiéticas
o autorregulativas pues para desarrollar sus funciones requieren generar mecanismos
internos autónomos pero comunicados con el exterior, en tal sentido,
la autonomía absoluta representaría la muerte del sistema ante
su propia endogamia.
2. Liderazgos que van más allá
de la perspectiva carismática centrada en el sujeto individual a cambio
de un enfoque sistémico-ecologista, relacional, contextual y situacional.
3. Debemos entender que causa eficiente es
aquella que nos remite al cumplimiento y logro del fin funcional en la institución.
Ejemplo de lo anterior sería la causa eficiente del Programa de Estudios,
ésta sería el logro de los objetivos educativos de acuerdo al
grado y nivel. La calidad no sólo se centraría en el logro del
objetivo sino en la valoración de las formas y medios para lograrlo.
Por tal razón mi marco de comprensión de la calidad será
contextual ya que en gran medida los medios y procesos para llevar a cabo los
fines educativos deben partir de las condiciones propias del contexto de la
comunidad escolar.
Bibliografía
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