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Juego y juguetes

Marta Leticia Villaseñor García*
* Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM). Centro de Investigación y Difusión de la Educación Preescolar. Correo de la autora: villasenorgarcia@isidm.com

…en toda la historia de la sociedad,
el juego precede al trabajo
en la vida del individuo.
G. V. Plejánov

El juego y los juguetes
A la luz de la frase de Plejánov, el juego se presenta como una actividad que responde a la demanda de la sociedad en la que viven los infantes y de la que deben llegar a ser miembros activos.
     Como sabemos, los juguetes son los mejores compañeros para la diversión, pero también para el aprendizaje, pues al jugar se conocen cosas sobre el mundo que nos rodea, respecto del comportamiento del ser humano y la conducta de los animales.
     Aun cuando hoy en día hay miles de juguetes de diferentes tipos, tamaños y materiales, nadie sabe dónde apareció el primer juguete. Por ello se dice que su presencia fue simultánea a la existencia de los infantes en el planeta; es decir, que el primer juguete nació con el primer infante. Pero a lo largo de la historia, los pequeños han reproducido con sus juguetes y juegos las actividades de las personas mayores y de la realidad que les rodea.
     No podemos hablar de los juguetes sin referirnos al juego que les otorga su sentido y finalidad. Los infantes de cualquier latitud juegan y les gusta jugar, ya que esto les brinda placer, alegría y conocimientos.
     Así como no hay culturas donde la gente no cante y no cuente historias, no hay cultura sin juguete. Desde los más remotos rastros de la humanidad, la idea de hacer un juguete para un infante está inmersa esencialmente en la condición humana; es igual que mecerle y cantarle al infante con cierto ritmo. Y aunque es cultural no siempre es algo que se aprenda, pues muchas de las actitudes de los seres humanos hacia los infantes son instintivas.
     E. A. Arkin, al realizar una investigación histórica para elaborar una teoría sobre el juego, llegó a deducciones antihistóricas. Luego de comparar los juguetes infantiles de las sociedades primitivas y los juguetes arqueológicos de un pasado relativamente no lejano, con los juguetes de los infantes contemporáneos, el autor no les ha encontrado nada específico. Tanto en unos casos como en otros se ven los mismos juguetes y el infante los utiliza igual. Por lo tanto, no hay historia alguna del juguete, no hay desarrollo del juguete. El juguete sigue siendo el mismo que en los albores de la cultura de la humanidad.
     Ahora bien, Arkin no escribe acerca de todos los juguetes, sino de los que denomina primarios, entre los que incluye:
     a). Juguetes dinámicos: la pelota, la cometa.
     b). Armas: el arco, las flechas, los bumeranes.
     c). Juguetes figurativos: figuras de animales y muñecos.
     d). La cuerda, con la que se hacen diversas figuras, a veces de lo más sofisticadas.
     Es necesario señalar que aún los juguetes que Arkin califica de primarios son realmente producto del devenir de la historia. Una vez que aparecieron en determinada etapa histórica del desarrollo de la sociedad, no desaparecieron con la extinción de los útiles, de los que son copia. Los juguetes tienen más vida que los útiles de trabajo, y eso produce la impresión de que no cambian.
     Pero si se examinan los juguetes y sus funciones, puede afirmarse que aún los denominados primarios han cambiado radicalmente de función en el curso de la historia, siendo otra su relación con el proceso del desarrollo infantil.
     Puede suponerse que el mecanismo promotor e impulsor de las acciones con estos juguetes, iguales sólo de aspecto, ha cambiado totalmente. En realidad, lo mismo que todos los demás juguetes, surge y cambia con el tiempo; su historia está orgánicamente vinculada a la del cambio de lugar del infante en la sociedad y no puede comprenderse fuera de esta historia. Además, son siempre los adultos quienes introducen los juguetes en la vida de los infantes y les enseñan a manejarlos.
     La inmutabilidad del juguete a lo largo del desarrollo de la sociedad, según Arkin, nos lleva lógicamente a la conclusión de que el juguete responde a ciertas peculiaridades innatas e inmutables de los infantes y no se encuentra en contradicción con Plejánov cuando dice que el contenido del juego se remonta al trabajo de los adultos. Es del todo natural que el juguete sea una reproducción simplificada, sintetizada y esquematizada, de alguna manera, de los objetos de la vida y de la actividad de la sociedad adaptados a las peculiaridades de los infantes de una y otra edad.
     Sin embargo, Arkin no nos explica por qué los infantes se enfrascan en tales o cuales juegos y utilizan en ellos tales o cuales juguetes. Hoy día reconocemos que el contenido del juego infantil y de los juguetes está relacionado con la vida, el trabajo y la actividad de los miembros adultos de la sociedad.
     Así pues, a lo largo de la historia, los pequeños han reproducido con sus juguetes las actividades de las personas mayores y de la realidad que les rodea. Por ejemplo, en la Edad Media –que como sabemos era la época de los caballos, las armaduras, los castillos y los monasterios– se conocían los silbatos, las figuras de caballos de barro y vidrio, los arcos, las flechas y los molinetes que los mismos infantes construían con nueces.
     Después vinieron los soldados de plomo, los caballos de carga, carruajes y muñecos con la imagen de frailes tocando las campanas.
     Posteriormente, a mediados del siglo XIX fueron comunes los trenes en miniaturas. Después vinieron los automóviles de cuerda, mecanismo que fue sustituido por la electricidad a principios del siglo XX.
     No podemos olvidar que también hay juguetes tradicionales, cuyas características y uso varían en cada país. Por lo tanto, los juguetes reflejan el sentir de los pueblos, y aquellos que escapan a los gustos de las grandes industrias, se encuentran muchas veces vinculados a festividades religiosas o cívicas.

Los juguetes en México
Si nos remontamos a la historia de nuestro país veremos que hay elementos que nos permiten suponer la existencia de juguetes en la época precolombina. Se sabe que en el México prehispánico los juguetes fueron concebidos para llenar las necesidades espirituales de los pueblos indígenas al depositarse como ofrendas y elementos de ornamentación en sus festividades religiosas.
     Abundaban los juguetes realizados con arcilla cocida, como: perros, coyotes, monos, armadillos, sonajas con imágenes de pájaros, silbadores con embocadura, flautas, pelotas macizas hechas con un tipo de goma llamada ulli. De esta época, los materiales señalan generalmente el origen geográfico de los juguetes. Así encontramos el ixtle, el barro, el hule, la palma o el carrizo, en juguetes como el perro de ruedas que jalaban los infantes mexicas.
     En Yucatán, se sabe que el juego predilecto de los indígenas era el de los dados fabricados con harina de maíz, con hueso de ciruelas o de capullos de bellotas. En otras zonas indígenas eran comunes los juguetes como los papalotes o cometas, que se fabricaban de grandes tamaños y pintados con colores vivos; de noche se les solía colocar un pequeño farolito y un aditamento que emitía un sonido de murmullo o zumbido.
     Pero los juguetes y los juegos cambian. En México, durante la época colonial hubo juguetes europeos importados y otros de manufactura nacional, en especial los asociados a diversas celebraciones y festividades tradicionales.
     De España proceden los juegos de azar, figuras de guerreros a caballo; de Francia, los juegos de mesa; de Inglaterra, imitaciones de máquinas de vapor arrastradas por un cordel; de Alemania, muñecas y casas de muñecas a escala. A partir de la independencia, en nuestro país se vuelve común el uso de juguetes bélicos, como cañones, espadas, pistolas y arcabuces.

Juguetes artesanales
A través del tiempo, tanto el arte popular como las artesanías sufrieron modificaciones. La inspiración, creatividad y habilidad manual de los mexicanos fueron cambiando y adoptando elementos ajenos hasta hacerlos propios y acordes a su gusto y sensibilidad.
     Las sucesivas generaciones de artesanos, al transmitirse las técnicas de su manufactura, las formas y los diseños, dieron pie a un auténtico proceso de sedimentación de la cultura que conformó, finalmente, lo que hoy conocemos como artesanías populares tradicionales.
     Todos los objetos que se hacen en el país, en las distintas comunidades rurales, zonas indígenas y poblaciones con tradición artesanal, se hacen con materiales sencillos que se encuentran al alcance de la persona que los elabora. Muchos objetos se reproducen luego como juguetes hechos por familias de artesanos.
     De este modo, la variedad es tan grande como singulares las piezas. Los materiales con que se elaboran estos juguetes van desde el barro, el trapo, el cartón, las fibras vegetales, la madera, la laca, el plomo, la hoja de lata, el alambre, etc.; materiales que se prestan para la construcción de juguetes llenos de ingenio y a los que darán vida la imaginación de los infantes.
     Dentro del conjunto de los productos artesanales, el juguete tiene un lugar muy especial. Jugar es una de las actividades humanas fundamentales y, por consiguiente, el juguete adopta múltiples manifestaciones y modalidades. Se hacen con una amplia gama de materiales y existe tal variedad de diseños, que resulta casi vano cualquier intento de clasificarlos. Sin embargo, de modo general se pueden distinguir tres grandes grupos:
     1. El de los juguetes rígidos.
     2. El de los articulados o de movimiento.
     3. El de las miniaturas, aunque se consideran también como de colección.
     Algunos de ellos son:
     Caballitos de papel maché, de madera y de palma; títeres; muñecas de trapo, de cartón maché y de papel para recortar; soldaditos de plomo; sonajas de palma; cornetas; rehiletes, mariposas y volantines sobre ruedas de hoja de lata. Silbatos de barro y de hoja de lata; flautas de madera y de barro; ollitas, jarritas, cazuelitas, animalitos y alcancías en formas de animales de barro; troquitas de hoja de lata y de madera; matracas y aviones de madera. También de madera son los trompos, baleros, guitarras, violines, yoyos, resorteras, perinolas, maromeros, ruedas de la fortuna, tambores, rifles, boxeadores, soldaditos, vaqueros, indios, etc. Otros juguetes son: la honda, los zumbadores, los papalotes, las canicas, muebles de madera, reata, matatena, resorte, pelotas, máscaras de cartón maché y de madera.
     Los juegos y los juguetes son por temporadas y por condición social. Aquí cabe mencionar los productos que se elaboran para el día de muertos: ataúdes de cartón, esqueletos de alambre, calaveras de dulce.

Tradición artesanal
Siempre es el juguete el que envuelve los sueños y las fantasías de los infantes. Los juguetes de barro, los de hoja de lata y los de cartón maché, son elaborados en los estados de Guanajuato y Jalisco. Los dulces y calaveras de azúcar también son de Jalisco. Los juguetes de madera son de Michoacán y los de palma de Puebla. Por mencionar algunos.
     Estos juguetes se consiguen a muy bajo costo. Atraen por la belleza de su diseño, por su colorido y por el encanto de lo hecho a mano. En todos los casos, resultan más atractivos y baratos que la mayoría de los juguetes fabricados en serie que inundan el mercado.
     Los juguetes artesanales encierran un mundo de incomparable belleza. No han sido concebidos con fines pedagógicos, pero tienen muchas posibilidades de desarrollo creativo y, fundamentalmente, transmiten la sabiduría y el encanto de nuestras tradiciones y artesanías populares. Podríamos quitarnos los prejuicios y creer que un juguete importado es más valioso que un juguete típico mexicano.
     Dentro del conjunto de los productos artesanales hay que considerar un grupo muy cercano al juguete, que es el de las miniaturas, muchas de las cuales se elaboran expresamente para jugar, pero otras se hacen con el fin de ser coleccionables como objetos curiosos que reflejan un estilo de vida.
     Entre las miniaturas que también tienen propiamente el carácter de juguetes, se deben citar las reproducciones de instrumentos musicales, cocinas, salas, recámaras y casas en miniatura.
     También se distinguen las miniaturas de barro que reproducen ollas, jarros, cazuelas, comales y toda la variedad de utensilios para cocinar; así como grupos de músicos y diversas escenas de actividades populares. Muchas de estas figuras se elaboran con estructuras de alambre, las cuales se recubren con barro y se pintan.
     El Valle de Atemajac (Guadalajara), El Rosario y Santa Cruz (Tonalá), son famosas por la elaboración de animales de barro vidriado, decorados con colores muy vivos, así como silbatos y grupos de músicos y otros conjuntos que reproducen juegos o escenas populares. La mayoría de las miniaturas son de buena calidad, que reflejan la sensibilidad del artesano popular.
     En la producción de las miniaturas, al igual que en la de los juguetes artesanales, se advierte la influencia e invasión de los modelos y diseños extranjeros, cuestión que se explica por la influencia de los medios masivos de comunicación. Este hecho modifica la identidad de la tradición mexicana.
     Por eso, con el fin de preservar los modelos tradicionales mexicanos, se invita a las educadoras y a los educadores a redescubrir y fomentar las colecciones de objetos tradicionales y a iniciar una labor educativa creciente que difunda el conocimiento de la miniatura en los Jardines de Niños y en las Escuelas Primarias y Secundarias. Esto generará un renacimiento De las miniaturas en nuestras niñas y niños.

Juguetes y artesanos: dos experiencias
Moisés Ramírez, originario de Michoacán, vendedor de juguetes artesanales en la Feria del Cartón (Parque Morelos, Guadalajara, Jal.).
Tenemos tiempo de conocer esta artesanía. Es una tradición ya de cincuenta o sesenta años. Mis papás tenían tiempo trabajando así, y nosotros lo seguimos por tradición, no por negocio, porque los impuestos son caros, pero no queremos que se acabe esta tradición. Que no se pierda. Conocemos la artesanía y sabemos lo que la gente procura aquí en Guadalajara. Los juguetes que más vendo son los de muertos, los de cartón, los de madera, las figuras de dulce de azúcar, lo típico, lo tradicional. Sólo estoy en Guadalajara en la fiesta de muertos, esto es, la Feria del Cartón. El resto del año trabajo en otros estados, en otras ferias como en Nayarit, también en Michoacán.
     Seguimos viniendo no por negocio sino por tradición. Es un gusto venir a exhibir la artesanía. Muchos de los vendedores de la
Feria del Cartón han estado viniendo de varios estados desde hace sesenta años. Toda la artesanía la compramos a los artesanos. Los juguetes vienen de diversos estados.
     La artesanía es hecha en los diferentes estados. De Michoacán son todas las curiosidades de madera. De Guanajuato son las monas de cartón, todas las figuras de lámina, las cornetas. De Tlaquepaque nos traen los esqueletos de día de muertos y esos los vendemos aquí. Todo eso es muy aceptable. Todo lo de barro es muy aceptable y sacamos toda la artesanía a la vista y la gente está muy contenta, tanto los que nos venden como los que nos compran.
     Este año fue más aceptable que otros. Este año ayudó el Ayuntamiento y promovió publicidad para fomentar la
Feria del Cartón y eso es bueno. Nos han dado muchas facilidades. Ojalá que así siga. Mientras el Ayuntamiento nos ayude, que nos permita estar, para seguir trayendo y dando a conocer esta artesanía. Y nosotros le ayudamos a los artesanos de otros estados a vender su artesanía, y ellos se benefician más que nosotros y es muy aceptable su mercancía.
     Vino más gente. Mucha gente fue la que vino durante diez días y compró, porque le damos a un precio mejor que todos los mercados o en todas las ferias. En donde se los dan al doble o al triple. Nosotros sólo llevamos un porcentaje muy bajo en utilidades. Lo que hacemos es distribuir las artesanías de otros estados, pero no es por negocio.
     Los papás traen a los niños y les compran juguetes. La gente se va muy contenta. Compra su mercancía y se le hace barato, porque un juguete, el más caro, es el de veinte pesos, entonces mucha gente les compra a dos o tres niños y gasta sus cincuenta o sesenta pesos, que no es mucho y todos los niños llevan juguetes. Se divierten, porque estos juguetes no los hay en muchos mercados. Invito a la gente a que venga, es nada más lo que estamos aquí en el Parque Morelos.

Sabino Carreras, originario de Chicmecatitlán, Puebla, vendedor de juguetes artesanales en la Feria del Cartón (Parque Morelos, Guadalajara, Jal.).
De palma que cortamos en los montes, y secarla a la sombra y después prepararlo y después lo pintamos y después ya se arregla al tamaño que se va a hacer una canasta o un burrito o un conejito o un caballito o un monito; y ya si es un canasto grande pues lo preparamos más ancho y así sacamos en tiras en cada palma.
     Mis padres ya trabajaban en esto, en ese pueblo desde chiquillo, de ocho años, uno ya sabe hacer, por ejemplo, un sombrerito, una canastita, un gorrito, de lo más sencillo, de lo más fácil, o un collar, que es lo más fácil en el pueblo, y empieza a hacer esa canastita, lo que se puede.
     Mis hijos también. Son puros estudiantes pero de todos modos. Dicen: pero para eso no queremos trabajar, por esto estudiamos. Pero pues no, no se crean, yo los he enseñado. Saben hacer desde canastitas, saben hacer desde un monito, unas flores, de todo saben hacer, nomás que no lo hacen porque van al estudio y hacen sus tareas pero cuando tienen chanza, cuando tienen un poquito de tiempo libre por la tarde, entonces hacen uno o dos, nada más los que pueden. En la casa hacemos mis cuñadas, mis hermanos, mis primos, mis tías, todos.
     Hay casas que se dedican a hacer pura canasta, otras puro collar, otras monitos o bolsitas. Algunos compramos para adornarlos, por ejemplo, los burritos, pero ya no alcanzamos para muchas cosas. También compramos el mono y el sombrero y así lo decoramos. También nosotros vamos a decirles lo queremos así y así, y le damos la muestra para que nos haga. Muchas cosas las hago y muchas cosas la compro para arreglarlo yo.
     Ando en las ferias grandes de Durango, Torreón, Saltillo, Mazatlán, Zacatecas, Michoacán. A veces hacen invitaciones para que participemos. Los días pasados fuimos a León. Hicimos mucho gasto, nos cobraron para entrar mucho, mas la comida, hotel, muchas cosas, y no vendimos ni siquiera lo que pagamos, perdimos.
     Cuando más se vende en Guadalajara es en los meros días de muertos. Porque vamos a toda la República, vamos a Orizaba, en Córdoba, a Tehuacán a vender en estos días de muertos y se vende mucho. Allá compran para ofrenda, para poner las mesas donde hacen la ofrenda. Y aquí creo que la gente apenas se está enseñando las tradicionales de estas cositas porque cada estado es diferente en sus tradicionales.
     Entre semana vienen las maestras con sus alumnos y yo creo que de ahí ven y ya traen a sus papás en los sábados y en los domingos. Tenemos cositas baratas, por ejemplo las sonajas, que es la que se le compra más a sus hijos, a cinco pesos, que es barato, un canastito para las niñas a peso, eso pues está barato y luego si se lleva varias cosas, diez cositas, le cobramos nada más ocho o diez pesos por llevar una cierta cantidad.
     Este año fue un poquito de lo mejor que en otras veces, porque ya dos años atrás pues casi no se vendía, muy poquito, nomás los domingos. También hubo mucha publicidad de parte de nuestro secretario. Y yo creo que por eso vino mucha gente a vernos y a comprar unas cosillas. La mayoría vienen con sus niños a comprarles cositas: sonajas, caballitos, animalitos tejidos.
     El secretario es el que nos consigue los permisos para trabajar aquí. Hace tiempo lo hacíamos personalmente pero veces no nos querían dar y empezamos a organizarnos. A veces no tenemos tiempo de ir a pedir permiso y sólo avisamos, pues yo voy a querer trabajar con mi artículo, quiero participar; entonces ya sabe uno que esta seguro porque si voy solo ya a arreglar y que tal si a última hora no me dan; yo me quedo sin trabajar aquí.

Reflexión final
El juego como fenómeno primario está relacionado con toda la persona, afectándola de manera emocional, volitiva o cognitiva; puede adoptar funciones especiales como juego didáctico-pedagógico o terapéutico.
     El juego ha de cumplir sus funciones más importantes, es decir, ser el terreno para el despliegue de las facultades propias de la edad y un medio efectivo de socialización, entonces deberán darse las siguientes condiciones previas: por un lado, el sujeto ha de entrar plenamente en el juego y responderle en todas sus exigencias; por otro, el juego debería quedar abierto para problemas adecuados al desarrollo que pueden ser resueltos (hablar y darse a entender, conservación y conciencia de la vida, postura social, observación y comprensión de la naturaleza y la técnica).
     Jugar significa crear a partir de la propia fantasía y poder reagrupar la situación respectiva de acuerdo con las intenciones lúdicas. Esto presupone una disposición libre de los juguetes y sobre la forma que le darán.

Bibliografía
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