
La
calidad educativa
un espacio de lucha por la hegemonía
José
Luis Martínez R.*
* Tutor-docente de la Maestría en Educación:
Práctica Educativa (MEPE) del Instituto Superior de Estudios Pedagógicos
del Estado de Guanajuato (ISEPEG).
1.
Introducción
La lucha cotidiana por la constitución de un hombre nuevo, de un
ciudadano democrático, de una educación pública acorde
con los planteamientos constitucionales y de una sociedad más justa,
equitativa y democrática, requiere la construcción de la hegemonía
por parte de las fuerzas sociales y políticas que coinciden en estas
líneas fundamentales de un proyecto alternativo de Nación.
La construcción de hegemonía para
ese proyecto de nación se da en todos los campos de la vida social, no
sólo en la lucha sindical-reivindicativa, no sólo en la lucha
político-electoral, no sólo en la lucha ideológico-cultural,
no sólo en nuestras prácticas cotidianas; se da también
en la construcción de conceptos, en la constitución de discursos
y en la producción de proyectos alternativos de educación, de
escuela, de práctica docente o de estrategias de aprendizaje. También
en estos campos construimos la hegemonía que hará posible ese
hombre nuevo, esa sociedad alternativa y esa patria sin excluidos.
Nuestro proyecto de educación tiene como
eje principal nuestra concepción de hombre y de sociedad; ya que uno
y otra se encuentran en interacción dialéctica, siendo el hombre
producto y productor de lo social y viceversa. Nuestro proyecto educativo busca
proporcionar al hombre los medios intelectuales para comprender y transformar
la vida social, así como el mundo natural y el mundo subjetivo. Por esa
razón un elemento clave de nuestro proyecto educativo se centra en el
estudio y la constitución de sujetos sociales plenos.
En este marco podemos asociar e incluir la calidad
educativa como un elemento de nuestro proyecto de educación. La calidad
en nuestro proyecto no es un elemento central, a diferencia de la tendencia
pragmático-conservadora, sino que tiene un carácter subordinado
y complementario a nuestra concepción de hombre y de sociedad. Requerimos
de una educación de calidad para construir el hombre nuevo y la sociedad
alternativa.
En este sentido, coincidimos con Verónica
Edwards (1991), cuando afirma que: La calidad es un valor que requiere
definirse en cada situación y no puede entenderse como un valor absoluto.
Los significados que se le atribuyan a la calidad de la educación dependerán
de la perspectiva social desde la cual se hace, de los sujetos que la enuncian
(profesores, padres de familia o agencias de planificación educativa,
etc.) y desde el lugar en que se hace (práctica educativa o planificación
ministerial, por ejemplo). El concepto de calidad, en tanto significante, es
referente de significados históricamente producidos y en ese sentido
es un concepto que no puede definirse en términos esenciales, ni absolutos:
por tanto, tampoco es un concepto neutro. No es pensable una sola definición
de calidad, dado que subyacen en ella las que se adopten acerca de sujeto, sociedad,
vida y educación. Al dar por supuesto el concepto de calidad y solo operar
con él, este aparece como si fuera neutro y universal. Sin embargo, la
definición de calidad de la educación conlleva (un) posicionamiento
político, social y cultural frente a lo educativo.
Si bien el concepto de calidad surgió y
se le ha dado relevancia en los organismos gubernamentales y en los medios empresariales,
tanto en el nivel internacional, como en el nacional; hoy ese concepto ha penetrado
en la consciencia, en las preocupaciones y en los discursos de sentido común
de la gran mayoría de la población.
El magisterio en su conjunto y en especial los
educadores críticos y democráticos no pueden hacer caso omiso
de esta realidad; antes bien, se requiere incorporar estos elementos a nuestro
discurso, de tal modo que no debiliten nuestros proyectos, sino que por el contrario,
los hagan más fuertes, así como a nuestras concepciones y discursos,
permitiendo construir alianzas más amplias con los diversos actores sociales
y dar mayor viabilidad a nuestros proyectos. Estamos hablando de la necesidad
de realizar dos operaciones fundamentales, una en el plano filosófico-epistemológico
de subsunción, de tal modo que la calidad educativa la integremos, de
manera subordinada en nuestros esquemas conceptuales, y otra segunda operación
en el plano político-ideológico, que tiende a la construcción
de hegemonía por parte de las fuerzas sociales y políticas de
carácter democrático.
Para realizar lo anterior analizaremos las posiciones
más relevantes sobre el significado, delimitación y alcances del
concepto de calidad educativa; identificaremos y valoraremos la posición
dominante al respecto, y con esa base propondremos un significado alternativo
para dicho concepto, que sea coherente con nuestro proyecto general de educación,
de hombre y de sociedad. En el próximo apartado abordaremos diversas
posiciones discursivas acerca de la calidad, entre ellos los planteamientos
de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico
(OCDE), por su relevancia internacional; además, la aportación
del Centro de Estudios Educativos, A. C. (CEE), en virtud de su importancia
en nuestro país; así como los planteamientos de algunos académicos
mexicanos que tienen amplia resonancia en las instituciones educativas.
2.
Diversos sentidos o conceptos de calidad en el campo educativo
Los diversos estudios acerca de la calidad señalan que la ubicamos
tanto en los insumos, como en los procesos y en los resultados de
esos procesos. Por otra parte las últimas conceptualizaciones de la calidad
señalan un desplazamiento de su significado hacia las marcas comerciales,
de tal modo de que ahora, más que considerar los insumos, procesos y
productos como de mayor o menor calidad, se consideran de calidad las marcas
con las que se identifican aquellos componentes del proceso económico.
En ese sentido, siendo idénticos unos insumos, procesos o
productos, que difieran en la marca, esta es la que indica si son de mayor o
menor calidad. Por lo tanto lo esencial de la producción de calidad se
concreta en la producción de marcas.
En ese orden de ideas los actores educativos pueden
realizar procesos similares o idénticos, utilizando recursos idénticos
y produciendo resultados idénticos, sin embargo al ser producidos
es escuelas públicas, serán considerados seguramente de menor
calidad que aquellos producidos por escuelas privadas; o si son producidos en
una institución privada como el Tec. de Monterrey o la Autónoma
de Guadalajara serán de mayor calidad que los producidos en la
UNAM o en una Escuela Normal.
Las instituciones educativas cuya propiedad es
de la Iniciativa Privada o de la Iglesia desde hace muchos años se han
esforzado por posicionar su marca en el mercado, es decir entre
los usuarios y consumidores de sus productos, de tal modo que automáticamente
estos son considerados los de mayor calidad en el país. Mientras que
los gobiernos conservadores y pragmáticos se han preocupado por acreditar
instituciones y empresas con programas como los de Premio Guanajuato a
la Calidad (educativa), ISO-9000 y otros similares; de este
modo proporcionan una marca a las instituciones educativas que ganan
esos premios o alcanzan una cierto grado o calificación en esos programas;
dichas instituciones los exhiben con orgullo e intentan posicionarse ante sus
similares o competidoras, en este caso aunque estas instituciones no crean la
marca, se integran a una dinámica y a una racionalidad donde se les otorga
la marca por parte de entidades gubernamentales o paragubernamentales.
Como un ejemplo relevante de lo anterior es el
nuevo Programa de Escuelas de Calidad (PEC) que ha implementado la Subsecretaría
de Educación Básica y Normal de la SEP. De acuerdo con las Reglas
de Operación, difundidas en febrero del 2001, se pretende incorporar
a ese programa 50 mil escuelas en todo el país durante la administración
federal foxista; para ello destinará a cada escuela un monto de 300 mil
pesos, durante el presente año. Entre los propósitos explícitos
del programa se dice que el PEC se fundamenta en la necesidad de hacer
efectiva la igualdad de oportunidades para el logro educativo de todos los educandos,
es decir, busca la equidad en la calidad de la educación que se ofrece
en las escuelas de enseñanza básica. Frente a este propósito
cabe preguntarse si efectivamente atendiendo a una mínima parte de las
escuelas del país se fomenta la equidad o si al contrario, se profundiza
la inequidad, y si además de profundizar esta lo que se busca es certificar
a los establecimientos que ingresen al programa, provocando con ello una nueva
desigualdad educativa.
En dichas investigaciones también se ha
encontrado que lo que se designa como de mayor o menor calidad no es una cosa
o un hecho objetivos, sino diversas características de esos hechos que
corresponden con las creencias y valores de los sujetos; características
a las que estos mismos sujetos designan como calidad. En ese sentido
un hecho educativo, una escuela o una práctica docente no son de mayor
o de menor calidad por sí mismas, sino por que los sujetos implicados
le asignan un valor y las señalan como de máxima o escasa calidad.
En ese sentido la producción de marcas
educativas y la certificación de establecimientos imponiendo esas marcas,
se muestra como un hecho pleno de política educativa que profundiza las
desigualdades y la inequidad, socavando por lo tanto una política de
calidad educativa para todos.
La
aportación del CEE en México
En 1994, el CEE definió públicamente su concepto de calidad
de la educación,1 al establecer
una Definición operacional de la calidad de la educación,
señalando que en sus diez años de investigaciones donde habían
evaluado la calidad de la educación, se habían aplicado los siguientes
criterios:
La
equidad en la distribución de oportunidades educativas (refiriéndose)
al acceso al sistema escolar... a las probabilidades de permanecer en el mismo...
aprobar el grado... terminar satisfactoriamente el ciclo.
La relevancia (que) puede ser apreciada
(en la satisfacción efectiva) de las necesidades, aspiraciones e intereses
de cada uno de los sectores a los cuales se dirige... (considerando sus) características
y... posibilidades...
La eficacia o efectividad... (que)
se refiere al grado en que (se) alcanza(n) las finalidades intrínsecas...
(y) extrínsecas a la educación...
La eficiencia... (que) se refiere a la
relación obtenida entre los resultados de la educación y los
recursos dedicados a la misma.
También
se señala que: las investigaciones que han sido realizadas en el
CEE sobre la calidad de la educación han permitido avanzar en tres direcciones:
a). Hacia la constitución epistemológica de este campo de conocimiento;
b). Hacia el análisis del sistema educativo desde esta perspectiva y,
c). Hacia la identificación de algunas políticas públicas
que deben ser revisadas, para que la educación básica que se imparte
en México alcance los estándares de calidad que el país
requiere.
Como puede apreciarse el propio CEE es consciente
de que mediante la investigación y la conceptualización de los
diferentes componentes de la calidad educativa, se ha avanzado en su constitución
epistemológica como campo de conocimiento y desde ahí hacia
el análisis del sistema y de las políticas educativas.
Lo anterior viene a reforzar la tesis de que la
lucha por nuestro proyecto educativo y de nación se da también
en la lucha por los significados de los conceptos, ya que desde ahí parte
el análisis, el conocimiento y la investigación del sistema educativo
y social, así como de las políticas educativas, sociales y de
gobierno en general.
En relación con los planteamientos anteriores,
el investigador Carlos Muñoz Izquierdo, considera que el concepto de
calidad de la educación es normativo y multifactorial, ya que abarca
cinco dimensiones:
Desde el punto de vista pedagógico,
la educación es eficaz, cuando se alcanzan las finalidades especificadas
en los planes de estudio.
La relevancia, que es de carácter
filosófico, significa que los objetivos y acciones educativas responden
a aspiraciones e intereses de sectores sociales.
La pertinencia, que desde el punto de vista
cultural, indica que la educación es adecuada a las posibilidades de
individuos o conglomerados sociales.
La equidad, que proviene de la dimensión
social y se refiere a las oportunidades y su distribución equitativa
entre los diversos sectores sociales.
La eficiencia que se refiere, desde el
punto de vista económico, al aprovechamiento eficiente de
los recursos.
Para este autor: la educación es
de calidad cuando sus resultados, además de ser eficaces (por haber logrado
las metas propuestas), de estar equitativamente distribuidos, de ser relevantes
(por responder a las necesidades de los sujetos a quienes está dirigida),
y de haber sido obtenidos por medio de procesos educacionales culturalmente
pertinentes, también se logran con el aprovechamiento óptimo de
los recursos utilizados en su impartición (Muñoz Izquierdo,
1999: 22).
En una posición similar, Felipe Martínez
Rizo (1996), académico universitario de Aguascalientes, que ha
evaluado la calidad educativa en su estado, plantea que hay que verla en forma
sistémica, considerando diversos componentes y su entorno, como son:
los recursos, insumos, procesos, productos, objetivos y necesidades y poniendo
especial atención a la eficiencia y a la eficacia interna y externa.
La eficiencia resulta de la comparación de los productos del sistema
con los insumos que se utilizaron para obtenerlos, mientras que la eficacia
interna se refiere a la coincidencia de los productos con los objetivos planeados
y la eficacia externa se refieren a sí los productos responden a las
necesidades externas al sistema, por otra parte esto último se encuentra
relacionado con la relevancia, que es la correspondencia de los objetivos con
las necesidades del entorno.
Por otra parte el Dr. Pablo Latapí Sarre
en un análisis de la educación de adultos,2
plantea que la calidad no es sino la valoración del significado
de los hechos, (por lo que) hay que aceptar que este significado puede ser distinto
para la institución, el equipo promotor o los beneficiarios (p.
59). Así, la calidad educativa se expresa generalmente en juicios
apreciativos. Algunos de estos juicios pueden adoptar una expresión cuantitativa,
ya sea ordinal (estableciendo relaciones de mayor a menor) o cardinalmente (recurriendo
a indicadores cuantitativos de calidad. (p. 64).
Siendo la educación de adultos un campo
mucho mas complejo que el de la educación básica, debido a la
diversidad de enfoques, modalidades, etc., establece la necesidad de entrecruzar
las tendencias de la educación (de adultos) con diversos criterios de
calidad.
En consecuencia plantea la necesidad de elaborar
un marco evaluativo de la calidad de la educación de adultos, considerando
que es un proceso especifico dentro de un proceso global. En ese
sentido el proceso de evaluación debe ser: a). Intencional, b). Educativo,
c). Participativo, apropiado y socializable, d). Orgánico, e). Permanente
y, f). Histórico.
Dado que la calidad educativa sería la
valoración del significado de los hechos educativos por parte de los
distintos actores involucrados, Latapí considera que la decisión
sobre las áreas a evaluar es indesligable del destinatario de los resultados,
a sí como de los sujetos que la realizarán.
En consecuencia plantea una evaluación
cualitativa de la calidad educativa en la que: a). Los actores deben ser
el principal instrumento de evaluación en su contexto natural, b). Se
preocupe más por los procesos que por los productos o resultados,
c). Se privilegia por encima de las hipótesis, el análisis inductivo
y se acepta la validez de las interpretaciones de los actores contrastadas con
la información, d). Se busquen los significados de los hechos para los
distintos actores, e). Se vincule (la evaluación) estrechamente
con la acción.
Distingue tres tipos de evaluación de la
calidad: a). Ex-ante o diagnóstica, b). Recurrente o durante la ejecución
del proyecto (educativo) y, c). La final o ex-post. Además plantea la
necesidad de determinar diversos elementos: el sujeto destinatario de la evaluación
(que puede ser una institución, una agencia financiadora, etc.), el sujeto
que llevará a cabo la evaluación (los agentes del proyecto, promotores,
etc.), los aspectos del programa que se deberán evaluar, etc.
Latapí plantea que la evaluación
de la educación (de adultos) debe tener una base dialógica. Lo
anterior se fundamenta en que deben de participar los beneficiarios, ya que
los sujetos del proceso educativo participan en la reformulación, no
solo de los objetivos, sino del curriculum, durante la acción educativa
misma.
Latapí recomienda que:
Aún cuando el destinatario de la
evaluación sea una institución, deben de participar los beneficiarios
de la educación, en el momento de establecerse para quienes se evalúa.
Además debe considerarse quién
evalúa y, en este caso deben participar principalmente los actores del
proceso.
Que se evalúa deberá ser
determinado principalmente por los actores mismos y entre ellos los beneficiarios,
ya que ellos son quienes mejor conocen las vicisitudes del programa (educativo);
Latapí advierte que: los objetivos del proyecto no son la única
norma de evaluación, incluso pueden ser modificados en la acción
por ser inadecuados.
Las normas de evaluación3
usuales de los programas educativos: a). Relevancia, b). Eficacia, c). Eficiencia,
d). Equidad, f). Impacto, son solo una guía que muestra un abanico
de posibilidades para aproximaciones a la calidad, y además están
condicionadas por el sujeto que evalúa (p. 64).
Debe distinguirse que evaluar y proponerse
los instrumentos adecuados a ello, ya que muchos logros son medibles y muchos
no lo son ni directa, ni indirectamente (p. 64).
Los
planteamientos de la OCDE
En 1990, la OCDE dio a conocer su Informe Internacional acerca de las escuelas
y la calidad de la enseñanza. En este informe se plasman los planteamientos
principales de este organismo internacional que agrupa a los países con
mayor riqueza del planeta.
Entre esos planteamientos destaca que:
El término calidad es polifacético y a menudo subjetivo, puede ser descriptivo y normativo; además posee una variedad de significados y al menos cuatro distintos empleos: a). Alude a un rasgo o atributo específico o a una esencia definitoria (en ese sentido la calidad los describe). b). Se refiere al grado de excelencia o valor relativo, (en esta acepción la calidad tiene un sentido normativo que implica juicios de valor y una posición en la escala de bueno-malo. c). Se refiere a lo bueno o excelente (aquí también tiene un sentido normativo). d). Se refiere a rasgos o juicios no cuantificados (pudiendo tener los dos sentidos), este significado indica que la calidad es opuesta a la cantidad, así una valoración cualitativa se opone a una cuantitativa.4
Los
juicios cualitativos, implicados sobre todo en su sentido normativo,
van asociados a la preocupación por una mejora y a desacuerdos acerca
de lo que debiera hacerse.
La OCDE reconoce en este informe que: ...
la naturaleza subjetiva del concepto y de la carga política del debate
sobre el mejor modo de aumentar la calidad (educativa)..., además
de que: las definiciones de la calidad se hallan crucialmente determinadas
por los propósitos educacionales... (p. 176).
Cuando el concepto de calidad se aplica a la educación
existen dimensiones distintas, sobre todo porque: ... se han adoptado
una diversidad de enfoques para definir y mejorar la calidad de la escolarización...
lo que se puede percibir al abordar lo micro y lo macro.
Para la OCDE (p. 177) son tan importantes los
productos como los procesos, ya que: Sería erróneo afirmar
que una renovada atención por los resultados implica que cobren entonces
menos importancia las aportaciones y los procesos que los determinan; ambos
son cruciales. Además, critica: ... modelos simplistas de
aportación-producto. Y señala que aquellos que otorgan mayor
atención a los resultados que a los procesos, no especifican si los resultados
son: ... específicamente cognitivos o si entre los fines deseados
tendrían que figurar igualmente los propósitos más amplios
de la educación para englobar el aprendizaje afectivo, social, estético
y moral...
3.
Componentes claves del significado dominante de calidad educativa
El significado dominante de la calidad educativa en el campo de la educación
mexicana se inserta en un contexto educativo, sociopolítico y económico.
Dicho contexto le da un soporte, una articulación y una significación
específicas; de tal modo que no se puede entender cabalmente el significado
de la calidad educativa sin referencia a estos múltiples contextos.
El significado dominante de la calidad encuentra
un gran apoyo e impulso en la tendencia pragmático-conservadora, que
es la dominante en nuestro espacio educativo, al igual que en nuestra realidad
económica, política y social. Además de lo anterior, dicha
tendencia ha tenido y tiene presencia como propuesta de formación en
el modelo empresarial.
Dicha tendencia es la expresión de un proyecto
histórico de hombre, de sociedad y de educación; en nuestro país
se integra por la corriente de la tecnología educativa, ya rebasada históricamente,
y por el modelo empresarial, hoy en vías de consolidación.
La eficiencia y la eficacia son
los componentes principales del concepto de calidad educativa, según
la tendencia pragmático-conservadora; incluso la calidad en su conjunto
llega a reducirse a ellos, desapareciendo otros componentes. Lo anterior se
debe a la racionalidad tecnocrática que priva en la educación
superior y se extiende a la educación básica, así como
a la preponderancia del interés utilitario y pragmático
que guía a los actores educativos principales, a quienes podemos denominar
actores pragmático-conservadores. Un caso que ejemplifica esta
situación es la posición de la ANUIES5
al respecto, cuando ubica el concepto de calidad en tres planos: el reconocimiento
de la historicidad de los procesos y la existencia de valores, opciones, preferencias
e intereses; la aceptación a priori de proyectos y necesidades
nacionales... y la medición técnica, en términos de eficiencia
y eficacia de los procesos y resultados. (Álvares, s/f: 31).
La eficiencia se entiende como la relación
óptima entre insumo-producto, de tal modo que una institución
o un proceso educativo es más eficiente cuando emplea menos recursos
en el logro de los mismos resultados que otra institución o proceso similar;
se es más eficiente cuando se obtiene lo mismo con menos recursos, esto
se refleja en el slogan publicitario de los actores sociales pragmático
conservadores que dice: hagamos más, con menos.
La eficacia se refiere a la efectividad
en el logro de los resultados propuestos; así las escuelas o los sistemas
educativos más efectivos o eficaces son aquellos que logran obtener los
menores índices de deserción o de reprobación, los estándares
más altos en las calificaciones, o la mayor cantidad de premiaciones
en los concursos, etc.
En el concepto dominante de calidad educativa,
construido en mucho bajo la perspectiva empresarial, la relevancia y
la pertinencia de los contenidos y procesos curriculares o de los
aprendizajes es una cuestión secundaria; acaso se tornan relevantes cuando
se habla de cuales deben ser las competencias para la vida en esta
sociedad y para el trabajo en el mundo económico actual. En este concepto
dominante no interesa la formación integral, interesa que se sea competente
y competitivo en este mundo globalizado.
En consonancia con la racionalidad tecnocrática
de los actores principales, el impacto de la educación se percibe
en la inserción de los egresados al aparato productivo, es decir, como
agentes del proceso económico. En ese sentido la educación impartida
en el ITAM o en el Tec. de Monterrey es de alto impacto por que
sus egresados identifican y diseñan proyectos de inversión y se
convierten en mandos medios y directivos de las empresas transnacionales o de
las corporaciones financieras; de ahí, que con esa racionalidad se haya
impulsado el sistema de Universidades Tecnológicas, que, con fines similares
se dirige a producir cuadros para los estamentos laborales subordinados; en
este concepto dominante de calidad educativa el impacto de la educación
se reduce a su impacto económico y se desdeña su impacto social
y político.
Este concepto pragmático-conservador de
la calidad, antes delineado es el concepto dominante y estructura la racionalidad
de los actores políticos y sociales hegemónicos; es un concepto
adecuado a sus prácticas y a su proyecto de hombre, de sociedad y de
nación.
4.
Algunos problemas del significado dominante de calidad
Confrontado frente a otros significados construidos para dar sentido al
mismo El significado dominante de calidad, al ser analizado críticamente
y al ser término, resulta ser un concepto que implica y contiene diversos
problemas no solo de orden conceptual, sino moral, social, cultural, político,
etc.
Dichos problemas podemos enunciarlos de
la siguiente manera:
Se concibe la calidad como distinta de
la equidad.
Se identifica la calidad con la eficiencia
y la eficacia.
La pertinencia se considera idéntica
a la competitividad.
El impacto es igual al éxito laboral
y social.
Primer
problema: la calidad es distinta de la equidad
Desde hace cinco o diez años se inició con la tarea de separar
la equidad de la calidad; quizá resultaba demasiado peligroso considerar
que una educación de calidad debía ser o era al mismo
tiempo una educación equitativa.
Cuando el CEE estableció que existían
como componentes básicos de la calidad educativa: la equidad, la eficiencia,
la eficacia, la relevancia y la pertinencia, cada uno de ellos con diferentes
indicadores, entonces se empezó a diagnosticar el sistema educativo en
el ámbito nacional, en el ámbito estatal, etc.
De haberse seguido investigando la calidad educativa
con esos componentes, se hubiera llegado al punto de investigar la calidad educativa
en instituciones privadas, como ciertos tecnológicos y universidades
privadas y religiosas y en instituciones públicas altamente restrictivas
y elitistas, llegándose seguramente a la conclusión de que son
las mas inequitativas del país, y por lo tanto las que tienen un alto
déficit de calidad; así que instituciones educativas que hoy se
consideran como de alta calidad, podrían ser consideradas como deficientes
o de baja calidad por carecer de equidad.
Caso contrario las escuelas públicas podrían
ser reconocidas como de mayor calidad por impulsar la equidad social, puesto
que son las que atienden a la mayor parte de la población pobre e incluso,
en extrema pobreza; así se reconocería como profesores de alta
calidad a aquellos que de su propio salario compran el material didáctico
o ayudan a sus alumnos a comprar los cuadernos o los uniformes, también
se consideraría como municipios de mayor calidad educativa a los que
más apoyan la educación financiando las actividades de esa índole.
Segundo
problema: la calidad se identifica con la eficiencia y la eficacia
El concepto pragmático-conservador de calidad educativa que reduce
esta a la eficiencia y la eficacia eliminando los otros componentes, o bien
desvalorizándolos implica específicamente para las instituciones
de educación superior que al atenderse únicamente o principalmente
la eficacia y la eficiencia, se descuide la pertinencia y la relevancia y no
se atienda lo específicamente educativo, es decir lo substancial o razón
de ser de las mismas.
Tal como está ocurriendo en la actualidad
en los diversos niveles educativos, se ataca la ineficiencia a nivel de sistema
y a nivel de escuela al priorizar la reducción del gasto y racionalizando
el uso de los recursos materiales, financieros y humanos, por ejemplo administrando
el tiempo laboral o reduciendo el número de plazas. Sin embargo al hacerlo,
lo estrictamente educativo cede su lugar a la gestión, que además
deja de tener un tinte participativo y se convierte en gestión unipersonal
y tecnocrática. Más que las prácticas educativas, son las
prácticas de gestión, las que estructuran la vida institucional
cuando se privilegia la eficiencia y la eficacia.
Tercer
problema: la pertinencia se considera idéntica a competitividad
De acuerdo con la visión pragmático-conservadora, para que
el sujeto se inserte funcionalmente en su medio, requiere ser competitivo y
por lo tanto estar calificado y poseer las competencias necesarias para desenvolverse
en su contexto. Bajo la tesis de que la educación debe ser funcional,
se impulsa la inserción de los sujetos en su contexto, de tal modo que
no sean disfuncionales a la estructura y a la dinámica social existentes.
Se educa durante y para toda la vida; pero no
se analiza, ni concientiza respecto a que la vida y el contexto social del individuo
son, principalmente, el resultado de proyectos históricos de los actores
sociales hegemónicos, es decir, aquellos que se encuentran en una posición
social, cultural, económica y política dominante.
Dado que dichos actores y sus proyectos requieren
de sujetos calificados y competitivos, se impulsan los modelos educativos basados
en competencias, de ahí que la pertinencia de contenidos y procesos que
se orientan a desarrollar la formación integral ceda su lugar a la educación
en competencias, ya que estas resultan más pertinentes al orden social
e inclusive al sueño americano. Se cuestiona o de plano se niega la pertinencia
de promover la conciencia social crítica. Así la educación
solo es pertinente y de calidad, cuando desarrolla competencias en el educando.
Cuarto
problema: el impacto es igual al éxito laboral
De acuerdo con el significado dominante de calidad educativa, solo si se
manifiesta el éxito del producto en el mercado, se considera que la educación
impartida es de calidad.
Lo anterior se encuentra íntimamente ligado
con el prestigio de la marca educativa, ya que a su ves, el mercado
selecciona la marca que mejor responde a sus necesidades
y que está mejor posicionada ante los consumidores. En este sentido y
sobre todo en la educación con modalidades o carreras terminales, el
impacto se mide por la satisfacción del cliente o consumidor, que para
el caso es el empleador o directivo, y en ese sentido lo que el empleador puede
manifestar es, su juicio acerca de los resultados, la productividad y la competitividad
del sujeto formado en el espacio educativo. Sobre todo en este caso de la evaluación
del impacto se muestra claramente la reducción de este al éxito
laboral.
En el caso de la educación básica,
además de que no se puede medir el éxito laboral, se ha entendido
como cliente al educando y a sus propios padres o tutores; existe
en este caso una sobreposición de roles, ya que el mismo sujeto es considerado
como un producto de la educación y como un cliente.
En este caso es notable la perversión impuesta por los criterios empresariales
a la evaluación de lo educativo. Para salvar esta perversión,
se ha orientado la evaluación del impacto por el cliente,
no a la evaluación del producto o sea, de sí
mismo, sino hacia la evaluación de la enseñanza y del enseñante,
en tanto insumos y productos.
Una ves identificados algunos de los principales
problemas que acarrea este significado dominante de calidad educativa se hace
necesario resemantizar el término, de tal modo que se puedan superar
estos problemas.
5.
Componentes principales del significado alternativo o emergente de calidad educativa
En este apartado se abordan los elementos que integran un significado alternativo
de calidad educativa, además de las relaciones que guardan entre sí
estos elementos.
Con esta finalidad recuperamos los avances planteados
por el CEE que identifica cuatro factores: equidad, relevancia, eficacia y eficiencia,
además del impacto y de la pertinencia que plantean, respectivamente
Pablo Latapí, Carlos Muñoz Izquierdo, además de otros autores.
Por otra parte podemos decir que, a diferencia
de Martínez Rizo más que ver la calidad en forma sistémica,
identificando los componentes de este sistema, lo cual nos puede llevar a concebirla
en forma esencialista, es decir, como una substancia, debemos visualizar los
componentes de un proceso educativo concreto y de su contexto, para establecer
desde ahí juicios sobre su adecuación a ciertos criterios de calidad
establecidos ex profeso por los sujetos que intervienen en dicho proceso. En
ese orden de ideas, más que una substancia objetiva, la calidad se considera
un juicio realizado desde el marco referencial de los sujetos, o sea, una valoración
del significado de los hechos educativos, reconociéndose de este modo,
tal como expresa la OCDE, que la calidad educativa es una construcción
subjetiva y eminentemente política realizada por parte de los distintos
actores involucrados.
En ese sentido coincidimos con Pablo Latapí,
cuando plantea que en la expresión cualitativa o cuantitativa (ordinal
o cardinal) de juicios que realizan los sujetos, se manifiesta su concepto de
calidad, y podemos añadir, que también el de educación
y sociedad. La calidad es un valor que requiere definirse en cada situación
y no puede entenderse como un valor absoluto.
Con base en lo anterior, coincidimos con Latapí
en que la evaluación de la calidad educativa debe realizarse como
parte de un proceso global, y en que dicha evaluación debe
caracterizarse por ser: intencional, educativa, participativa, apropiada y socializable,
orgánica, permanente e histórica. Además de que debe definirse
para cada situación y no tomarse como una valor absoluto, según
el planteamiento de Verónica Edwards. En consecuencia, consideramos que
debe priorizarse la evaluación interna por encima de la evaluación
externa, al igual que la evaluación cualitativa, por encima de la evaluación
cuantitativa.
Considerando lo anterior, en el proceso de evaluación
de la calidad, deberá atenderse los siguientes criterios:
Los protagonistas del proceso educativo,
deberán ser los principales sujetos que intervienen en el proceso evaluativo.
La evaluación deberá desarrollarse
en el contexto natural de los hechos educativos.
Se atenderán principalmente los
procesos, pero se incluirán todos los elementos del proceso educativo.
Se priorizará el análisis
con base en un proceso inductivo, aceptando los juicios e interpretaciones de
los hechos por los actores.
La validez y confiabilidad de la evaluación
deberá fundarse principalmente en la contrastación de los juicios
e interpretaciones con la información y los datos duros.
Los procesos y resultados de la evaluación
se vincularán con la acción innovadora y transformadora de los
propios sujetos implicados.
Además de lo anterior, se incluyen diversos
componentes del concepto de calidad educativa, aceptados por los sujetos
como elementos básicos, no como valores absolutos, esenciales o ahistóricos.
Con base en lo anterior, deberán contextualizarse y definirse en las
situaciones concretas.
Forman parte de este significado emergente o alternativo
de calidad educativa los componentes que son explicitados a continuación:
5.1.
Sólo la educación que desarrolla una formación integral
de los sujetos es de calidad
La formación, que ha sido una categoría central en la pedagogía
clásica, se entiende como formación integral que se refiere a
una práctica, un proceso y un producto donde lo humano deviene en persona
y en sujeto social con experiencias, proyectos y capacidades de realización.
En consecuencia, la formación integral se funde y culmina en la constitución
del sujeto social, la formación es el proceso de su constitución.
Por lo que, cuando hablamos del proceso de constitución del sujeto
social, queremos dar cuenta de un vasto y complejo proceso de producción
de experiencias no determinadas directamente por lo estructural. (Zemelmann
y Valencia, 1990: 90).
Puesto que la formación es una categoría
compleja que abarca un conjunto de prácticas, estados, funciones y situaciones
que van desde el perfeccionamiento profesional y moral, el aprendizaje, etc.,
hasta la recuperación de información, ubicadas todas ellas en
el autodesarrollo y la articulación de la interioridad del sujeto en
relación con lo exterior a él, coincidimos con B. Honore (1980),
en que la formación concierne de manera profunda y radical al porvenir
del hombre.
Nos referimos a un sujeto que no es solo el sujeto
de la actividad cognitiva o psíquica, sino el sujeto en su completud
y en situación, es decir el sujeto social: ... (él) que
soporta o encarna todo un mundo de valores, aspiraciones, ideales, intereses,
etc., dominantes en un contexto social y que rebasan el marco estrictamente
empírico, psíquico, individual. (Sánchez Vázquez,
1976).
Por ello, coincidimos con Zemelmann y Valencia
(1990), ya que: Concebimos a los sujetos como formas particulares de expresión
social. Estas formas se constituyen como mediaciones de poder y de lucha entre
la estructuración de la sociedad a partir de la división social
del trabajo y las formas clasistas de expresión política... (ya
que), el sujeto es la posibilidad de fuerza en el plano de las practicas sociales,
en tanto que en estas se construyen realidades nuevas...
Con base en lo anterior podemos afirmar que el
proceso de formación integral de la persona, es su proceso de constitución
como sujeto social articulado al desarrollo de lo colectivo y que la educación
de calidad debe centrarse en el desarrollo de este proceso.
Considerando lo anterior como base, tanto del
proceso educativo como de la calidad educativa, se pueden abordar otros componentes
de ésta.
5.2.
La educación de calidad es relevante cuando sus contenidos y procesos
lo son para los sujetos que intervienen en ella
La relevancia de la educación incluye tanto los contenidos como los
procesos desarrollados en el acto educativo. Parte de las necesidades objetivas
y de la percepción subjetiva de las mismas por parte de los individuos
y colectividades sociales, por lo que además de las necesidades se basa
en los intereses, utopías, proyectos y demás aspiraciones sociales.
En ese sentido como estos elementos no son homogéneos, ni uniformes a
toda la sociedad, deben integrarse los de cada uno de los sectores a los cuales
se dirige la acción educativa.
Considerando lo anterior la relevancia debe considerar
las necesidades, características y posibilidades sociales.
Siendo la relevancia, de carácter eminentemente
filosófico e ideológico-cultural, se define como el significado
que los sujetos otorgan a la congruencia y correspondencia entre los objetivos
y acciones educativas respecto a las aspiraciones e intereses de sectores, clases
sociales, comunidades específicas o la nación entera. Por ello
los contenidos y procesos serán relevantes en la medida que den respuesta
a las necesidades, utopías, etc., de los sujetos a quienes está
dirigida.
5.3.
La educación sólo es de calidad si es pertinente en lo social,
económico, político, cultural, laboral, ético, ideológico
La pertinencia se refiere a la adecuación o correspondencia de los
procesos, contenidos, recursos, etc., educativos con respecto a las posibilidades
de los individuos y los colectivos o conglomerados sociales, en
tanto que estos son formas de constitución de lo social e intersubjetivo.
La relevancia se logra por medio de procesos educacionales
cultural, ética, política y socialmente pertinentes.
5.4.
Si no es equitativa y suficiente, la educación no es de calidad
La equidad se refiere a la igualdad en que las oportunidades de acceso,
de permanencia y de atención que se asignan a los individuos y grupos
sociales. La suficiencia complementa al factor de equidad, ya que enfatiza
la forma y el grado en que los diversos recursos se encuentran distribuidos,
ya que estos pudieran ser distribuidos equitativamente, pero ser insuficientes
para cubrir las necesidades; de tal modo que por insuficiencia se pueda limitar
que los sujetos puedan acceder o permanecer en los procesos educativo para ser
formados.
Siendo equidad y suficiencia componentes eminentemente
sociales, incluyen diversos elementos, tales como la distribución de
oportunidades de formación y de acceso a los establecimientos escolares,
a las posibilidades de permanencia en el espacio educativo, a la probabilidad
de aprobar el grado que se curse, de concluir los estudios del nivel correspondiente,
a la distribución geo-socio-económica de los planteles educativos
y de las carreras, etc.
5.5.
La educación de calidad tiene un impacto social amplio y profundo
Se refiere a dos cuestiones substanciales al menos: 1). A la capacidad de
resolución de los problemas sociales, económicos, políticos,
culturales, etc., que los formados en el espacio educativo pueden desarrollar
en su mundo de vida social y, 2). A la resolución de necesidades
que pueden lograr los productos de investigación e innovaciones, etc.,
desarrollados en los espacios educativos, principalmente de educación
superior.
Para referirse al impacto, diversos autores señalan
el hecho de que los productos responden a las necesidades externas al sistema
o a las finalidades extrínsecas a la educación. También
puede concebirse como la eficacia externa, según la terminología
de Martínez Rizo.
5.6.
La educación de calidad es efectiva y eficiente
La efectividad o eficacia es un componente estrictamente pedagógico.
La educación es efectiva si se logran las finalidades, objetivos, metas
propuestas o finalidades intrínsecas a la educación,
los cuales se establecen por mediación del curriculum. Es preciso aclarar
que dichas finalidades son, además de las que se plantean en el diseño
curricular, las que se desarrollan en el hecho educativo por los sujetos que
participan en ese hecho. Se trata tanto de fines declarados, como de propósitos
e intenciones no necesariamente documentados.
La eficiencia es un componente que recupera la
perspectiva económica y se refiere al uso y aprovechamiento de los recursos.
Es el producto o resultado de contrastar los recursos destinados desde el inicio
hasta el final del proceso educativo, frente a los resultados obtenidos; o en
palabras de otros autores, de comparar los insumos y los productos del sistema.
La utilización de este componente permite analizar el despilfarro o el
óptimo aprovechamiento de los recursos financieros, materiales y humanos.
6.
Palabras finales
El surgimiento del concepto de calidad educativa y su posición
paradigmática se deben en mucho a la hegemonía de
la tendencia pragmático-conservadora en la formación social mexicana,
a la preponderancia de una racionalidad técnica y más específicamente
tecnocrática en las altas esferas del aparato de Estado, así como
en las dirigencias de las instituciones educativas. Para los diversos actores
y fuerzas sociales dominantes que se mueven en estos espacios educativos, en
la dirección del Estado y el mundo empresarial, el significado dominante
de la calidad educativa ha sido totalmente funcional.
Sin embargo, este significado dominante acarrea
diversos y profundos problemas a los sujetos educativos tales como: la reducción
de la calidad educativa a la eficiencia y la eficacia, la promoción de
la competitividad y la búsqueda del éxito laboral, en detrimento
de la formación integral, la pertinencia, la relevancia, la equidad y
otros componentes fundamentales de este concepto. Con ello se logra desvirtuar
lo específicamente educativo, es decir, la formación integral
y la constitución de sujetos sociales.
Por ello, es imprescindible que se construya un
nuevo significado para este concepto que al recuperar lo específicamente
educativo, se articule con otros campos, proyectos y fuerzas sociales interesadas
en esa formación integral y en la constitución de sujetos sociales.
La construcción de ese nuevo significado
solo podrá realizarse mediante la sistematización de los saberes,
en la práctica educativa y por medio de la investigación y evaluación
de la acción educativa desde ese nuevo referente de la calidad.
Son los propios sujetos de la educación, a partir de sus prácticas,
concepciones y proyectos, quienes están llamados a construir ese nuevo
significado, emergente y alternativo frente al significado dominante.
La construcción de un significado alternativo
y emergente no podrá realizarse solamente desde el campo educativo, sino
que requiere articularse con un proyecto de nación, de sociedad y de
hombre que también sean alternativos y emergentes; lo cual solo lo pueden
aportar las fuerzas sociales y políticas hoy subordinadas.
Notas
1.
Editorial: Investigaciones del CEE sobre la calidad de la educación
básica, en: Revista Latinoamericana de Estudios Educativos
(vol. XXIV, núms. 1 y 2).
2. Ver: Tendencias de la educación
de adultos en América Latina, en: Cuadernos del CREFAL
(núm. 17).
3. Planteadas originariamente por Vielle
(1982).
4. Una valoración cualitativa
se basa en la intuición, debido a la complejidad del fenómeno
y a la dificultad para fragmentarlo y volver mensurables sus partes. (OCDE,
1990: 38).
5. ANUIES. Asociación Nacional de
Universidades e Instituciones de Educación Superior.
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y la política de modernización de la educación superior.
s/r.
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para el cambio educativo. Ediciones Castillo. Monterrey, NL., México,
1998.
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(Editorial), en: Revista Latinoamericana de Estudios Educativos.
(Vol. XXIV, núms. 1 y 2). México, 1994.
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la educación. UPN (Col. Cuadernos de Cultura Pedagógica,
Serie: Investigación Educativa, núm. 1). México, 1987.