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La dimensión administrativa de la gestión
Notas para una gestión del trabajo participativo

José Luis Arias López*
* Licenciado en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional (UPN).

Introducción
Si partimos de la idea de que en el proceso de mejora de la calidad en el servicio educativo deben involucrarse docentes, directivos, estudiantes y la comunidad en general, se debe considerar la re-significación de las acciones de cambio trascendentes que pueden concretarse por la mediación del directivo o gestor en su ámbito de trabajo.
     Esto supone la visualización e implementación de estrategias participativas que vinculan el trabajo de equipos de gestión con la búsqueda de soluciones a necesidades institucionales detectadas en el diagnóstico prospectivo escolar.
     Una visión en este sentido la constituye la gestión pedagógica, que incorpora tanto el análisis y transformación de aspectos sociopolíticos y estructurales, como la cultura colectiva de la escuela y su accionar cotidiano, y, en este último, se incluye lo administrativo, lo pedagógico y lo singular de los sujetos que en ella intervienen.
     El conocimiento de referentes teórico-metodológicos acerca del proceso administrativo es, entonces, necesario para la toma de decisiones relativas a los factores humanos, pedagógicos, curriculares y financieros que inciden y a la vez forman parte de la organización y funcionamiento de todo sistema educativo.

¿Qué entendemos por gestión?
Para iniciar el trabajo de análisis en torno a la dimensión administrativa de la gestión, retomo la representación que de ésta hace Antúnez (1993), quien la concibe como un conjunto de acciones de movilización de recursos orientadas a la consecución de objetivos.
     Tal movilización de recursos (personas, tiempo, dinero, materiales, etc.), implica la planificación de acciones, la distribución de tareas y responsabilidades, dirigir, coordinar y evaluar procesos y dar a conocer los resultados y, a la vez, incluye actuaciones relativas al currículo, a la toma de decisiones en los órganos de gobierno, a la resolución de conflictos y que, evidentemente, son aspectos que no pueden quedar bajo la responsabilidad exclusiva del personal administrativo de un centro escolar.
     Se infiere, entonces, que cualquier acción de gestión debe orientarse al por qué y para qué de la actuación, lo que determina su origen en una necesidad específica, y, una vez justificada, su articulación operativa, que exige la determinación de personas idóneas para la tarea y la caracterización de ámbitos y modalidades de actuación.
     Para el efecto, los ámbitos son entendidos como áreas de intervención en donde se pueden agrupar tareas de naturaleza homogénea y comprenden lo curricular, lo administrativo, el gobierno institucional, servicios y recursos humanos.
     Las funciones genéricas de planificación, desarrollo, ejecución y control delimitan la intervención del proceso de gestión, el cual puede dirigirse a identificar necesidades, determinar objetivos, fijar tiempos, asignar tareas y responsabilidades, así como a estimar recursos necesarios y actuaciones de evaluación y seguimiento.1
     De estas consideraciones, Schmelkes (1996) desprende la noción de que la gestión escolar no se reduce a la función del director, sino que intenta poner dicha función en relación con el trabajo colegiado del personal y hacerla partícipe de las relaciones que se establecen entre los diferentes actores de la comunidad educativa.

La dimensión administrativa de la gestión
El conocimiento de las funciones genéricas que delimitan la intervención de la gestión en la planificación, desarrollo, ejecución y control y sus relaciones en el trabajo escolar exigen el acercamiento a nociones básicas del proceso administrativo.
     Desde una perspectiva tradicional, Griffiths (1959) entiende la administración como un "... proceso que comprende la dirección y control de las actividades de los miembros de una organización formal, como puede ser una escuela, universidad o asociación de cualquier tipo que tiene objetivos propios y distribución de funciones entre sus miembros".2
     Sin embargo, en la administración escolar actual es necesario considerar los elementos que configuran la dinámica de los centros escolares, que van desde la relación del centro con el entorno, la distribución de tareas y la organización para la enseñanza, hasta el manejo del personal y las demandas administrativas propias del plantel.
     Los centros escolares, considerados como organizaciones, constituyen sistemas abiertos que, por su tendencia al equilibrio –señala Álvarez (1982)– normalmente se resisten al cambio; pero que, por las necesidades de adaptación al medio, requieren también del cambio, que, administrativamente y en función de una gestión que incide en la planeación, puede ser introducido.3
     Para autores como Jiménez (1982) el proceso administrativo comprende el establecimiento de "... sistemas racionales de esfuerzo cooperativo, a través de los cuales se pueden alcanzar propósitos comunes que individualmente no es posible lograr".4
     Lo anterior implica que administrar significa: conformación de co-operaciones orientadas a fines institucionales.
     El proceso de dirección y su gestión afectan los aspectos más críticos de la tarea administrativa, en tanto que inciden en la integración de esfuerzos individuales hacia planes y objetivos comunes y a que se mantengan dentro de los límites fijados por la organización.
     En consecuencia, su función y principales actividades administrativas –de mando o autoridad, de motivación, comunicación y supervisión– se orientarán a clarificar los "... medios a través de los cuales la dirección despierta en otros una acción encaminada a materializar los objetivos institucionales". (Rodríguez Valencia, 1993).

Caracterización del trabajo participativo
La participación es un término polisémico y que, según el autor consultado al respecto, bien puede entenderse como un instrumento, un medio, una estructura o como una técnica.
     Dentro de la organización escolar, misma que está inmersa en un sistema educativo, la formación de una cultura de trabajo participativo, inicia con la discusión de las posibles significaciones o cómo puede ser entendida ésta para los propósitos del centro educativo y su internalización, es decir, la construcción de la intersubjetividad en torno a la participación y su estructura en un proceso de trabajo común.
     Las acciones de gestión necesarias en tal sentido, incluyen el abordaje de la cuestión desde sus diferentes dimensiones: sociopolítica, pedagógica, académica y administrativa, y, derivada de esta última dimensión, dotar de sentido al trabajo participativo en congruencia con los agentes o participantes y a sus funciones o tareas correspondientes dentro de sus ámbitos de competencia.
     Al interior de los centros escolares, la participación, como señala Antúnez (1993), puede orientarse a finalidades educativas, de gestoría –entendida como contribución a las tareas de organización, funcionamiento y gobierno del centro–, de relación con el currículo, de control social –en tanto que permite a los estamentos no docentes intervenir en procesos de supervisión de la actividad general del centro en los aspectos administrativos y docentes– y de interiorización del proyecto educativo de centro.
     Una participación eficaz debiera orientarse por los principios de corresponsabilidad, cooperación, coordinación y autoridad democrática.
     Las interacciones derivadas de la intervención de dos o más estamentos derivan en niveles de participación que, si atendemos al modelo de Sánchez de Horcajo (1979), van desde el requisito mínimo, que es la información, hasta la expresión máxima de la participación, que sería la autogestión, pasando por la consulta –facultativa u obligatoria–, la elaboración en común, la colegiación y la delegación.5
     Si bien, como señala Pascual P. (1988) no basta el mero uso de la participación para una real interiorización y sustentación de una cultura participativa, la función directiva y las estrategias de gestión orientadas de manera eficaz, tomando en cuenta los elementos ya referidos posibilitan "...una estructura participativa en los centros educativos a través de unas tomas de decisión en común en las que se integran los representantes de todos los estamentos de la comunidad educativa".6

La gestión administrativa para el trabajo participativo
En un contexto económico caracterizado por los cambios y la aparición de nuevos modelos de producción basados en el saber y sus aplicaciones, las escuelas deben adoptar prácticas de gestión con una visión prospectiva que responda a las necesidades de sus entornos.
     Por lo tanto, los responsables de la administración escolar deben ser receptivos, competentes y capaces de evaluar de manera regular la eficacia de las normas y procedimientos administrativos.7
     En un centro escolar, las acciones eficaces serán las derivadas de la definición de sus propios objetivos y del diseño –a su medida– del desarrollo y naturaleza de las tareas propias del centro.
     La calidad en educación escolar, como atributo o condición de la acción y efecto de educar en relación con criterios establecidos y acordados por los miembros de una comunidad escolar de acuerdo a su contexto, exige que el desarrollo educativo tenga como principios normativos valores como "...dignidad humana, justicia social, igualdad de derechos y de oportunidades, libertad, participación, transparencia u otros principios propios de las sociedades democráticas". (Antúnez, 1998).
     La existencia de cauces y órganos para posibilitar la participación en la gestión de la institución escolar y el trabajo participativo como criterio de calidad, sólo es posible mediante estructuras adecuadas que requieren, sin lugar a dudas, la constitución de equipos de gestión o unidades de trabajo.
     Un escenario de esta naturaleza, nos dice Santos Guerra (1994), favorece las actitudes del diálogo, de la participación y de la negociación, así como la coordinación vertical y horizontal, a la vez que evita la reiteración de lo trivial y articula el debate institucional.

Conclusiones
La gestión es un concepto que asume la participación y responsabilidad de los agentes que confluyen en el ámbito escolar, con la intención de orientar la organización escolar en función de la acción educativa.
     Los procesos de gestión y organización escolar, se integran en la creación de estructuras organizativas que posibilitan la incorporación de los participantes en la toma de decisiones del centro escolar.
     La existencia de cauces y órganos para posibilitar la participación en la gestión de la institución escolar y el trabajo participativo como criterio de calidad, sólo son posibles mediante estructuras adecuadas que requieren, sin lugar a dudas, la constitución de equipos de gestión o unidades de trabajo.
     Un modelo organizativo de centro escolar debe considerar la participación de todos sus integrantes en la planificación institucional y es un factor elemental para involucrarlos en la asunción de objetivos y en las estrategias operativas derivadas de ellos.
     La gestión pedagógica es una clave fundamental para reconocer la imbricación entre las dimensiones administrativa y pedagógica subyacentes en la acción educativa e interpretar los procesos de cambio y transformación de la organización escolar.

Notas
1. Para Antúnez, los ámbitos, agentes y funciones considerados se "...relacionan e interactúan delimitando un marco, a partir del cual se deberá definir y desarrollar el nivel de intervención o de participación más adecuado en cada caso.
2. Mirado en esta perspectiva, el director como administrador, posee el poder, toma decisiones, tiene gente bajo sus órdenes, organiza, coordina y controla programas, proyectos y acciones, pero también tiene necesidad de conservar el orden establecido, vive absorto por la rutina y le resulta difícil incrementar la eficiencia de sus acciones dentro de un contexto cambiante.
3. Así entendida, la administración constituye un subsistema del sistema de la organización, que a su vez se encuentra inmerso en un suprasistema que constituye su medio ambiente.
4. Citado por Pastrana (1994).
5. Citado por Antúnez (1993).
6. Y enfatiza, en su conformación, la función directiva para la innovación y el cambio en el contexto socioeducativo actual.
7. En este sentido se orienta el art. 13 ("De las Misiones y Funciones de la Educación Superior") en la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción.

Bibliografía
ÁLVAREZ, Isaías. "Planeación y administración, límites y confluencias", en: Administración de la educación superior. SEP-ANUIES. México, 1982. pp. 183-203.
ANTÚNEZ, Serafín. "Hacia una gestión autónoma del centro escolar", en: Claves para la organización de centros escolares. ICE/Horsori. Barcelona, 1993. pp. 59-69.
FERNÁNDEZ, Lidia M. "Prácticas institucionales en el espacio educativo", en: Instituciones educativas. Dinámicas institucionales en situaciones críticas. Paidós. Argentina, 1994. pp. 257-290.
PASCUAL Pacheco, Roberto. "La función directiva en el contexto socio-educativo actual", en: La gestión educativa ante la innovación y el cambio. Narcea. Madrid, 1988. pp. 37-50.
PASTRANA, Leonor. "La dimensión administrativa", en: Organización, dirección y gestión en la escuela primaria: un estudio de caso desde la perspectiva etnográfica. Departamento de Investigaciones Educativas. México, 1994. pp. 97-129.
RODRÍGUEZ Valencia, Joaquín. "Administración", en: Teoría de la Administración aplicada a la educación. Ed. ECASA. México, 1993. pp. 54-197.
SANDOVAL Flores, Etelvina. "La secundaria: elementos para debatir (y pensar el cambio de) su organización y gestión", en: Educación Secundaria: Cambios y perspectivas. Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca. México, 1996. pp. 193-215.
SANTOS Guerra, Miguel Ángel. Entre bastidores. El lado oculto de la organización escolar. Ediciones Aljibe. Málaga, 1994. pp. 105-120.
SCHMELKES, Sylvia. "Calidad de la educación y gestión escolar" (Ponencia). Querétaro, Qro., noviembre de 1996.
UNESCO. Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción. París, octubre de 1998. 15 p.