
Redefinición
del espacio educativo y social en Argentina
Entre la ambición de una reforma que no fué y los desafíos
de una compleja realidad histórica y social aún pendientes
Pablo
Christian Aparicio*
* Profesor de Ciencias de la Educación, actualmente doctorando
en el Instituto de Ciencias de la Educación e Instituto de Ciencias Políticas
de la Eberhard-Karls Universität Tübingen de Alemania e investigador
adscripto en el Consejo de Investigación de la Universidad Nacional de
Salta, Argentina. Correo del autor: pabloaparicio@hotmail.com
A
modo de introducción
La reforma educativa instaurada en Argentina estuvo fuertemente constreñida
e inspirada en las recomendaciones sugeridas por el Consenso de Washington,
cuyas premisas primordiales abogaban por la introducción de una nueva
lógica eficientista, racional y optimizadora que facilitara el rediseño
estructural de los criterios concepcionales y funcionales respectivos a la gestión,
extensión y financiamiento de las políticas públicas y
sociales, y entre ellas de la política educativa.
La transpolación de estas macro recomendaciones
de fuerte sesgo neoliberal en sus concepciones y basamentos filosóficos
se produjo paralelamente en diversos países de la región, con
especial acento en Argentina, considerada hasta hace algunos años atrás,
como ejemplo y modelo de reorganización estructural para los países
en vías de desarrollo, que con sus transformaciones ejecutadas permitía
constatar (más hacia afuera que hacia adentro) las ventajas comparativas
inherentes a la apertura e integración al mercado internacional, la alta
capacidad de adaptabilidad y flexibilidad en términos a la modificación
de leyes y conquistas sociales, la reducción del déficit
fiscal y la estabilidad financiera.
Con el cumplimiento de todas estas tareas realizadas
casi "al pie de la letra" se atestaba la plausibilidad y progresivo
éxito obtenido y obtenible por las reformas estructurales, que en la
contracara de su desarrollo propendió acentuar el rol omnipresente del
mercado en desmedro de las competencias y atribuciones del estado en materia
de extensión de políticas sociales y compensatorias; la desarticulación
y vaciamiento de las organizaciones y tejidos sociales (referencia, consenso
y contención social); y el incremento de una suerte de polarización
social entre sectores integrados y desintegrados, empleados y desempleados,
ricos y pobres, ciudadanos y cuasi ciudadanos, etc.
En el campo educativo, específicamente,
la impronta de la reforma plasmada en la Ley Federal de Educación (24
de enero de 1995) presenta caracteres paradójicos, regresivos y contradictorios,
pese a los puntuales avances logrados en materia de sistematicidad, descentralización,
evaluación y apertura del sistema educativo hacia nuevos actores y oferentes
sociales.
Muchos de los fundamentos teóricos y políticos
basamentales de la reforma educativa argentina en el momento de su incorporación
en la práctica a principios de la década del 90 encontraron
y actualmente aún encuentran profundos obstaculos y reticencias a nivel
político, institucional, profesional y burocrático-administrativo,
que obran como un marco de limitación estructural y perdurable, que impide
valga la redundancia la transposición de los proyectos y
objetivos más significativos de la nueva propuesta educativa.
Todo ello ha provocado que la promesa de cambio
encarnada supuestamente por la actual política educativa
se presente como una deuda pendiente y urgente más que una realidad palpable,
hecho que demanda soluciones pertinentes para poder aprehender y abordar las
inminentes transformaciones locales y globales que afectan tanto la constitución
de la vida social como la organización comportamental intra e interpersonal
de los sujetos. En este sentido la política educativa debe asumir irreductiblemente
un rol más crítico, estratégico y preventivo, en vistas
a brindar un nuevo sentido social y legitimidad histórica a todo el concierto
de sus dispositivos y modelos teóricos y prácticos de formación.
El impacto descollante de las reformas estructurales
"...
un régimen económico regido por las leyes inflexibles de una
especie de naturaleza social,
es en realidad, un régimen político que sólo
puede instaurarse con la complicidad activa o pasiva de los poderes directamente
políticos."
Pierre Bourdieu, Contrafuegos.
En
los últimos 15 años se han venido ejecutando en Argentina múltiples
reformas políticas circunscritas en el terreno educativo, laboral, económico,
jurídico, institucional y civil, y que fueron efectivizadas en el marco
de un proyecto de reestructuración profunda del estado y la sociedad.
En este contexto fueron impulsadas primordialmente políticas de privatización,
descentralización, modernización y flexibilización del
mercado destinadas a reordenar las estructuras, competencias y funciones del
ente público, y a otorgar mayor espacio de intervención y decisión
al sector privado, las jurisdicciones federales y la responsabilidad ciudadana,
tras lo que se aspiraba finalmente propender a una mejor organización
de los recursos e inversiones sociales (modernización) y a la transposición
de una nueva lógica político-concepcional constreñida en
los valores de la equidad, eficiencia y competencia.
La necesidad de sanear y modernizar la inversión
fiscal catalogada como "deficitaria e improductiva" propulsó
a que la clase política, la cúpula del aparato estatal, los sectores
sociales y económicos más poderosos y gran parte de la sociedad
civil, convinieran la pertinencia de una instrumentación inmediata y
necesaria de reformas estructurales orientadas a modernizar la mayoría
de las instituciones y dependencias públicas encargadas de brindar servicios
en el área de salud, seguridad social, educación, comunicación,
transporte, vivienda, etc. En dicha transición política, la reducción
del gasto público y la desautorización del estado como principal
regulador y garante del bienestar social se generaron paralelamente a la institucionalización
del mercado como nueva lógica de organización social, donde
la regencia unisémica del capital financiero se ampara en la coerción
de la economía global a nivel económico (Angulo Rasco, 1999);
la prevalencia de los valores, intereses y derechos individuales en desmedro
del interés público y social se consagra a nivel ciudadano; la
erupción de prácticas clientelares, corruptas y arbitrarias se
consienten en el ámbito político;1
la vigorización de una tendencia hacia la dualización social (procesos
de vulnerabilización) y la pluralización de las condiciones de
pobreza y desafiliación se potencian en el ámbito social, cultural
y laboral.
Ahora bien, las modificaciones políticas
elaboradas en el ámbito de la educación se perpetraron
en concordancia a la imperiosa necesidad política del gobierno de superar
los problemas de déficits y disfuncionalidades estructurales detectados
en la mayoría de los espacios institucionales. Es por ello que en este
escenario histórico se avaló como lícito la puesta en marcha
de un ambicioso proceso de reorganización integral que afectara directamente
las premisas orientadoras del sistema educativo, concernientes al: a). Criterio
didáctico-concepcional para las tareas de enseñanza y aprendizaje;
b). El estilo de producción, administración e inversión
de los recursos infraestructurales; c). La formación, capacitación
y articulación de actores, sectores y espacios educativos ligados a las
tareas de organización, gestión, planificación, capacitación
y evaluación del rendimiento de la política educativa, etc.
Empero a la convincente fundamentación
teórica, metodológica y profesional de la reforma educativa contenidas
en el texto de la Ley Federal de Educación y la fundamentación
de los Contenidos Básicos Comunes, los cambios estructurales perpetrados
no sólo no respondieron a las expectativas políticas, administrativas
y pedagógicas del sector educativo en su totalidad sino que tampoco pudieron
amalgamar objetivamente las necesidades y exigencias elementales, polivalentes
e históricamente acumuladas de los sectores sociales más desfavorecidos.
Exceptuando relativos avances conquistados en materia de sistematización,
descentralización y autonomía institucional dentro del sistema
educativo, la nueva propuesta educativa propendió conservar y reforzar
los déficits, desigualdades y contradicciones que permanecieron, valga
la redundancia, enquistados en los estilos de selección, distribución
y acumulación del capital educativo, y que compromete inexorablemente
las chances de participación social de las nuevas generaciones.
Dada la importancia que posee el fenómeno
del desempleo juvenil dentro del debate educativo, laboral y económico,
se brindará en el presente artículo una sintética ilustración
sobre las características del fenómeno, valiéndonos de
reflexiones y argumentos pertinentes que faciliten el acceso a la compleja dimensión
de esta problemática, sus nexos articuladores con la política
educativa y empleo y las tendencias históricas y sociales que se abren
a partir de su institucionalización como "condicionante de masas"
en la vida social.
En este turbulento escenario de gestión
y organización de las prioridades políticas de la reformas educativas
el Estado argentino ha definido e incorporado con escasos márgenes
de decisión y contextualización local las diversas sugerencias
políticas e ideológicas emitidas por diferentes organismos internacionales
e instituciones de financiación que influenciaron a la mayoría
de los Estados de la región en lo concerniente a la transpolación
de las nuevas cláusulas innovadoras de gestión, administración,
evaluación y organización de la política educativa (Filmus,
1998).
Valiéndonos del aporte de diversos autores2
se podría sostener que en la implementación de las transformaciones
políticas ejecutadas en el ámbito educativo en Argentina al igual
que en muchos otros países de la región, prevaleció ante
todo una lógica burocrático-financiera (inspirada en una
racionalidad instrumental) en oposición a una lógica político-pedagógica
(inspirada en el fortalecimiento de la calidad, las estrategias compensatorias,
el sustrato democrático y participativo de la oferta educativa).
Desde esta perspectiva hegemónica
en las instancias de transformación educativa fueron privilegiados los
objetivos vinculados al recorte y la reestructuración presupuestaria
de la educación, la desmembración de las administraciones y burocracias
intermedias de decisión, gestión y planificación y finalmente
la privatización del aparato público ahora reemplazado por el
mercado cual administrador "eficiente, neutral y equitativo" (Vilas,
1995). En consecuencia, fueron desatendidos los cuestionamientos y problemáticas
estrictamente pedagógicas concernientes a la política educativa,
como por ejemplo los pertenecientes al ámbito curricular, de formación
profesional, de organización institucional, de capacitación y
de la investigación, hecho que se tornó harto paradójico
pero al mismo tiempo develador para poder comprender el porqué de la
predominancia de procesos de reforma educativa escasamente coherentes, dudosamente
estratégicos y/o adecuados que afectaron la dimensión estructural
del sistema educativo (Álvarez y Aparicio, 2003).
Sobre estas directrices se buscó establecer
una sintonía armónica entre los proyectos educativos locales y
los parámetros globales-universalistas erigidos por los centros de planificación
y administración financiera, asociados a las potenciación de procesos
de descentralización, incorporación de mecanismos de evaluación
de la calidad educativa, renovación de los contenidos curriculares, la
instauración de un modelo focal-coyuntural de planificación educativa,
apertura y responsabilización creciente de la comunidad en torno a la
viabilización del proyecto educativo, etc. A pesar de tratarse de objetivos
amplios y con cierto tinte progresista, estas prerrogativas desafortunadamente
contemplaron de modo incompleto la diversidad y singularidad de los contextos
culturales, materiales y subjetivos de los actores, sus hábitus y
estilos organizacionales que conciernen a su trabajo educativo y su respectiva
impronta social (Gimeno Sacristán, 1998, 1999).
Los aspectos anteriormente mencionados resultaron
vastamente definitorios en las instancias posteriores de programación,
diseño y ejecución de las políticas y los programas sociales
llevados a cabo durante la implementación del modelo neoliberal en Argentina.3
Progresivamente el ámbito educativo fue sometido desde este nuevo paradigma
a la simplificación sistemática de la complejidad política
de gestión, administración, evaluación y planificación
del servicio a nivel curricular, profesional, institucional, teórico,
epistemológico, etc., supeditando a través de ello el destino
estructural del sistema educativo a decisiones y planteamientos estrictamente
economisistas y racionalistas (lógica reduccionista y binaria),4
con lo que se buscaba relegar prioritariamente a la fuerza suprema del Mercado
el papel decisivo y regulatorio en lo concerniente a la ordenación y
viabilización de la política educativa.
En definitiva, la metamorfosis política
provocada por la sobreestimación taxativa de lo económico en menoscabo
de lo educativo y lo social, ha obstaculizado la posibilidad de engendrar criterios
democráticos y participativos, altamente relevantes para la superación
de la crisis en el sector, representada por las profundas desigualdades y rupturas
económicas y sociales producidas históricamente en los intersticios
de los procesos de socialización educativa (Rojas Aravena, 1998). Dicho
fenómeno se prolonga tras la acción de múltiples mecanismos
de desplazamiento y segmentación, inclusión y exclusión,
atomización y automatización que operan dentro de la estructura
del mercado de consumo y del mercado laboral que comprometen seriamente la situación
social de crecientes sectores populares, pobres y empobrecidos.
Siguiendo a Bourdieu (1991) se podría añadir
que dicha dinámica histórica y social de transformación
se reproduce/co-construye gracias a la mediación protagónica de
las instituciones educativas que se desarrolla en una doble dinámica
de socialización, a saber, en una dimensión intra (hacia
dentro de los sectores y actores sociales) y en una dimensión inter
(entre los sectores y actores sociales) que se proyecta en diversos campos
sociales como el político, económico, cultural, ideológico,
etc.
El
nuevo discurso educativo, sus límites y horizontes
La imperante crisis social y los diversos procesos destinados a la reforma
del estado propiciaron en Argentina la implementación de diferentes estrategias
y programas políticos que abogaron por una transformación no sólo
de la organización estructural de las políticas, instituciones
y mecanismos públicos de prestación, programación y evaluación
de bienes y servicios sino también de la organización concepcional
(representaciones sociales, habitus y lecturas del mundo incorporadas) sobre
la cual se construyen y reconstruyen (Morín), se disponen y predisponen
históricamente los diversos sujetos sociales (Bourdieu) en sus polivalentes
campos de interjuego político, cultural, social, económico e institucional.
En razón a la impronta histórica
e ideológica de las transformaciones políticas erigidas desde
el neoliberalismo Puiggrós y Dussel (1999) vaticinan que "... el
modelo neoliberal (...) produce una crisis orgánica del sistema educativo.
Fractura los vínculos constitutivos de la organización político-institucional,
de las diferencias generacionales y sociales y de la cadena de transmisión
de la cultura. (...) La escuela está cada vez más atravesada por
otras dinámicas culturales, que la están desplazando en importancia
y en productividad (...). Las políticas neoliberales redefinen los espacios
públicos y, entre ellos, el escolar es uno de los más afectados.
La escuela es más pobre, más chica, menos importante".5
Después de implementadas profundas,
y de algún modo irreversibles, reformas políticas en el estado
y la sociedad civil, una nueva crisis de disconformidad y desconfianza acecha
a la actual estructura política de gobierno, al observarse desde la sociedad
civil la permanencia e incremento de la brecha paulatinamente abismal que divide
a la comunidad representada de la clase representante-gobernante. De este modo
queda al descubierto, se devela, la escasa e insatisfactoria relevancia del
perfomance de la democracia su valor histórico, concepto
operativo y vigencia operatividad sociopolítica que combinada a
una economía de mercado, limitan la real y potencial intervención
del estado en materia de políticas sociales.
La debilidad y vulnerabilidad de los estados ante
la acción de fuerzas exógenas de presión político-financiera
tornó a estos cuerpos políticos incapaces de promover criterios
estructurales a largo plazo, dinámicas contextualizadas e intervenciones
flexibles, sistemáticas y pertinentes en torno a mejorar la calidad vida
de los ciudadanos como así también la corrección del desempeño
funcional de las instituciones políticas y sociales (educación,
sanidad, seguridad y previsión social, etc.) en relación a las
necesidades de la ciudadanía (Lechner, 1998).
En la actual crisis de desintegración política
y social6 está en juego
no sólo el concepto político sobre la identidad del estado y todo
lo concerniente a su proyección institucional y cultural dentro de la
sociedad civil, sino lo que queda por esclarecer en este debate es la dimensión
representativa e histórica que se pretende atribuir al estado nacional
y provincial. La resolución de estos interrogantes servirán para
definir la continuidad histórica o no de este cuerpo político
como proyecto social.
La falta de adecuación de las nuevas políticas
y direccionalidades propias del estado posreforma adolecen de múltiples
limitaciones y contradicciones referidas esencialmente a la "forma de
hacer política (praxis) y a la forma de pensar la política"
(teórico y epistemológico) (Lechner, 1999), pues en la actual
arena política conviven discursos, prácticas y concepciones antagónicas
y paradójicas, desde donde siguen resultando escasamente claro cuáles
son los criterios sobre los que se erige la presente gobernabilidad democrática.
La ausencia de coordinación o consenso
político en el reordenamiento de las políticas públicas
y sociales, contribuyó a generar prácticas especulativas, arbitrarias
e ineficientes en el terreno de la conducción político e institucional,
desmembrando con ello cualquier supuesto de programación adecuada y sistemática
que tendiese a posibilitar la inclusión ampliada de diversos sectores,
grupos e individuos implicados por las reformas políticas, económicas
y sociales (Puiggrós, 1999).
Las modificaciones políticas estructurales
fundamentalmente las perpetradas en el campo educativo fueron implementadas
en un corto período temporal y con una lógica de carácter
coercitivo y unidireccional que no contemplaron como necesario propiciar procesos
de adecuación destinados a la localización in situ de las
reformas en los diversos contextos sociales, para poder identificar y aprehender
con mayor fidelidad, tanto: a). La dimensión real de las demandas y necesidades
de los sectores sociales e individuos, como b). Las condiciones materiales,
tecnológicas, políticas e institucionales de las jurisdicciones
federales (provincias, municipios) y espacios sociales (familias, sector social,
situación ocupacional de los pobladores, diagnóstico demográfico,
etc.) a donde el conjunto de los postulados de la reforma fue introducido (Mancebo,
1999).
Desde el nuevo enfoque neoliberal se pretende
de manera ingenua con medidas coyunturales y cortoplacistas modificar
el dramático escenario social signado por el escalamiento de la pobreza
y los procesos de empobrecimiento, la desigualdad social (y la dualización
de los sectores sociales), la incertidumbre en la clase política, la
exclusión social y cultural (desintegración y desmembramiento
individual y colectivo) y el riesgo laboral-económico (flexibilización,
moratoria social ilimitada y atomismo como única respuesta del gobierno
a la inseguridad y regencia de la filosofía del "todos contra todos",
como única vía de sobrevivencia que asiente la eliminación
del otro para la afirmación de la propia existencia).
El desmantelamiento y depreciación de los
últimos resquicios de las mínimas injerencias sociales de un estado
en extinción debilita la creencia en la efectividad de la participación
civil y política y diluye la alternativa de elaborar democráticamente
nuevos consensos sociales.7
Concluyendo diremos que la ausencia de medidas
de acompañamiento y contextualización de los procesos de privatización,
descentralización y desregulación implementados a nivel estructural
en todas las reparticiones, instituciones y organizaciones burocráticas
del estado incrementó por una parte, la fragmentación anárquica
del campo de las políticas públicas, asociada a la deslegitimación
y desplazamiento de la participación social en el debate sobre "lo
público" estuvo adherido a una creciente monopolización que
el sector privado ejecutado en torno a la adquisición de licitaciones
de empresas públicas validos de engorrosas maniobras políticas
e institucionales cuyo resultantes más visibles se constatan en la ineficacia,
la alta productividad en términos de ganancia, deploramiento
de las condiciones de trabajo y la escasa redistribución de la riqueza
producida (Sottoli, 1999).
Como ya se ha expuesto, estos elementos constitutivos
de la realidad sociohistórica argentina se armonizan y explican desde
la impronta lograda de procesos políticos y sociales que propulsaron
una suerte de sobredeterminación de los principios del nuevo programa
político economicista y autorreferencial, en menoscabo de las herramientas
de regulación y control por parte del estado como así también
desmedrando el valor de la pluralidad de los contextos sociales, históricos
y culturales que singularizan las demandas de los diferentes clientes, usuarios
y consumidores, que ante todo deberían ser reconocidos como ciudadanos.
En este sentido Lechner (1999) comenta que: "... sin tales normas básicas
de reciprocidad tal vez subsista el régimen democrático, pero
no una forma democrática de vida. La experiencia cotidiana desdice la
gobernabilidad democrática; la democracia aparece como una mera retórica,
alejada de la vida real. (...) la democracia pierde la densidad simbólica
de una comunidad. (...) no hay gobernabilidad democrática
sin cultura cívica."8
Ahora bien en referencia específica
a las limitaciones atribuibles al nuevo paradigma educativo reposa primordialmente
a la caducidad y volatilidad de las premisas políticas, institucionales
y viabilidad financiera de la reforma que limitan considerablemente la realización,
extensión y fortalecimiento de la pretendida "oferta educativa democrática
con equidad". En este sentido se advierte además que en el ámbito
pedagógico público prevalece un desconcierto compartido y creciente
en torno a la erupción permanente de problemas sociales que se originan
fuera de la escuela pero que exigen progresivamente de parte de sus actores
ejecutores una toma de posición que no solo sea crítica y responsable
para poder brindar respuestas estratégicas, ofensivas y preventivas ante
el avance de situaciones de riesgo social complejas y multívocas.
En
la búsqueda de alternativas y soluciones posibles
La presente crisis educativa que afecta a los jóvenes se corresponde
con una crisis estructural que afecta a la sociedad en su conjunto y que se
traduce principalmente en la acumulación de desventajas y aplazamientos
en torno a la participación legítima a la educación, el
trabajo, la vida digna, la seguridad social, etc. Este cuadro conflictivo se
acentúa más entre los grupos populares (que históricamente
se encuentran en situación de desventaja y vulnerabilidad) que registran
en este período una endeble participación en las ofertas de formación
educativa tanto formal como no formal (CEPAL, 2000, 2001).
Los efectos de esta crisis estructural determinarían
que los sectores desfavorecidos con inclusiones débiles e incompletas
al sistema social vean aún más reducidas y amenazadas sus
escasas alternativas de apropiación objetiva de las herramientas sociales
y cognitivas definidas también como "capital cultural" (Giroux)
que se imparten en y desde la escuela y los centros de formación profesional
y de educación no formal. Uno de los efectos más destacables de
la crisis reposa en el ensanchamiento e inflexibilidad de las fronteras educativas
en relación al acceso de los jóvenes procedentes de sectores populares
a los bienes del mercado de trabajo y de consumo, reforzando además la
vulnerabilidad de estos sujetos dotados de escasas alternativas educativas que
anticipa históricamente las trayectorias biográficas de estos
individuos y sectores sociales hacia la exclusión.
En este contexto los grupos vulnerables "cercados"
por limitaciones que restringen su acceso a los bienes y servicios sociales
mínimos experimentan una doble marginación, a saber la primera
por ser "ciudadanos de segunda", que desde una visión estigmatizadora
y taxativa se extiende en la sociedad desde la cual se atribuye y acepta cognoscitivamente
la situación de exclusión como la materialización de un
descompromiso, desinterés, pasividad, apatía, dejadez y vagancia
individual, voluntaria y conciente; y en segundo lugar, por ser "pobres
múltiples"9 ya que
se hallan circunscritos a privaciones que desmedran sus oportunidades reales
y potenciales de inclusión en los diferentes ámbitos de la vida
social, laboral, institucional, educativa, familiar, política, ciudadana,
recreativa, asociativa, etc. (Sirvent, 1999; Sirvent y otros, 2001).
Responder con acciones relevantes y consensuadas
a los múltiples dilemas que sucumben hoy por hoy la actual propuesta
pedagógica es una tarea ineludible que atañe al Estado,
en su rol de facilitador de cooperaciones, articulador de fortalezas y compensador
de debilidades sociales; la sociedad civil como referente significante
y legitimador de los procesos de cambio político; el sector productivo
como pilar fundamental del desarrollo económico de toda sociedad y movilizador
de los procesos de empleo (Galuske, 1999; Beck/Koch, 1999; Bourdieu, 1999);
y las nuevas organizaciones sociales pertenecientes al tercer sector
(ONGs, asociaciones de base, centros comunales, ligas de familias, organizaciones
barriales, etc.) que paulatinamente cobran relevancia en la gestión,
aplicación e innovación en el ámbito de las políticas
sociales y muy especialmente en el terreno educativo.
Relevar y promover intersticios de consenso,
cooperación e integración entre los cuatro ámbitos
antes mencionados, resulta neurálgico para corregir el rumbo de muchos
programas de formación focales y asistencialistas en vías de ejecución,
del mismo modo estas tres premisas operativas de desarrollo permitirán
avanzar en el diseño de estrategias más adecuadas de mediación
y apoyo socio educativo de los grupos vulnerables, la extensión de propuestas
de capacitación permanente y contextuales, la flexibilización
de los mecanismos de diagnósticos e intervención educativa, la
introducción de mecanismos de evaluación de los actores educativos
y revisión crítica de las actividades ejecutadas en el área
de formación educativo de grupos desfavorecidos, y el fortalecimiento
del diálogo, consenso y confrontamiento de posicionamientos entre estos
cuatro actores de desarrollo.
Notas
1.
Sobre el carácter arbitrario de las reformas de las políticas
públicas en coincidencia a Vilas (1995), se podría exponer que
"las políticas públicas refuerzan los sesgos concentradores
e inequitativos del mercado (...) Hay una notoria privatización de las
políticas y de las decisiones gubernamentales como se advierte en el
impulso estatal a la financieración de la economía, la desregulación
asimétrica, las privatizaciones al bulto". Op. cit. p. 15.
2. Para una lectura más profunda sobre
los criterios concepcionales y orientadores de la Reforma Educativa en América
Latina y entre ellos Argentina, recomendamos especialmente CEPAL, 1992, 2000,
2001; BID, 1993, 1998; BM, 1995.
3. Dicho proceso cristalizó y legitimó
una transpolación tácita y mecánica de criterios operativos
de naturaleza empresarial de rendimiento, costo y beneficio en el seno de lo
educativo, desmedrándose a través de ello, un verdadero reconocimiento
y/o ponderación del antecedente histórico, educativo y político
de las instituciones, sus actores y sistemas de representación. Ver:
Casassus, 1994; Filmus, 1998; Hevia Rivas, 1991.
4. Tanto la lógica como la
forma de pensamiento binario, según De Brasi (1990), se pondera
"el caos, la multiplicidad del acontecimiento" cristalizando sus elementos
en duplas antagónicas, donde los polos se articulan a partir de relaciones
de subordinación y dependencia. Los pares opositivos socialmente construidos,
objetividad/subjetividad; "adentro/afuera, arriba/abajo, aparecen de esta
manera, como limitaciones de las formas de representación que nos hacemos
de nosotros y de las cosas mundanas, más que nosotros y de las cosas
como realmente son y se van transformando". Op. cit. p. 19.
5. Op. cit. pp. 16-17.
6. "Los servicios e instituciones (del
estado de bienestar) no fueron simplemente disminuidos o desmantelados per
se; los valores verdaderamente filosóficos y las expectativas de
los consumidores que los sostenían, fueron ellos mismos achicados, disminuidos
y desarmados para que el cambio fuera posible (...)". Op. cit. p.
38.
7. La problemática de la integración
social en la modernidad ocupa un rol central, desde los primeros teóricos
liberales como Hobbes, Locke o Rousseau se interrogó sobre los parámetros
éticos, sociales y jurídicos desde los cuales hacer concretizable
un orden social bajo la forma de estado y orden social (justo, racional e igualitario).
Del mismo modo los clásicos de la sociología como Comte, Durkheim,
Weber y Marx dedican parte de sus vastas obras e interpretaciones a la problematización
de la integración y cohesión social en el marco de las sociedades
industriales y modernas. El dilema de la gobernabilidad en los estados y la
integración social ocupa en la actualidad el centro del debate teórico
político y social, puesto que actualmente se buscan desarrollar nuevos
horizontes para el estado, que ya no asegura de forma legítima un equilibrio
entre sectores y actores en la sociedad civil y política. Es por ello
que se torna preponderante el debate sobre las bases teóricas y práxicas
de inhibición de la preponderante tendencia desintegracionista que asiste
al estado (desinstitucionalización y despolitización) posicionamiento
que es avalado por el discurso económico mundial. Ver: Donzelot, 1984;
Giddens, 1999, 2000; Castel, 1988; Lechner, 1999; Faría, 1995; Touraine,
1998, 1999.
8. Op. cit. p. 24.
9. "Las Múltiples Pobrezas no
se agotan en el diagnóstico de las carencias que hacen a la satisfacción
de las necesidades tradicionalmente llamadas básicas u obvias, que ya
no son tan obvias, tal como por ejemplo trabajo, vivienda, salud, educación
sino que abarca el estudio de una completa realidad de Pobrezas (en plural)
en relación con carencias en la satisfacción de necesidades fundamentales,
(...) como la necesidad de protección o cuidado, la necesidad de pensamiento
reflexivo o de entendimiento y la necesidad de participación política.
Cualquier necesidad humana que no es adecuadamente satisfecha socialmente revela
una pobreza social y genera procesos de exclusión y de aumentos de la
violencia internalizada en las relaciones sociales." Sirvent, 1996. Op.
cit. p. 202.
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