
Lo rural y el lenguaje en la obra de Juan Rulfo
Marta
Leticia Villaseñor García*
* Investigadora del Instituto Superior de Investigación
y Docencia para el Magisterio (ISIDM) y del Centro de Investigación y
Difusión de Educación Preescolar (CIDEP).
Introducción
En la novela realista predominan la descripción minuciosa para hacer
llegar al lector todo lo que se refiere al ambiente y los antecedentes de los
personajes, y el diálogo, vivo, coloquial, mediante el cual cada personaje
se define. Se emplea una prosa sobria, cuidada, siempre adaptada a la índole
de los personajes.
En el realismo mágico se incorpora lo maravilloso
a la visión de la realidad, convirtiéndola en fantasía
sin deformarla. En la literatura, el efecto mágico se logra mediante
la yuxtaposición de escenas y detalles de gran realismo con situaciones
fantásticas.
En la obra de Juan Rulfo, la combinación de los
dos planos, el real y el fantástico, es admirablemente manejada. El rigor
en la elaboración de su obra y la consistencia del contenido y del estilo,
supone una transformación de la narrativa realista de su época.
La fama del autor se explica por la visión mágica de la realidad
en su verdad desolada y sin esperanza.
Utilizando algunas técnicas del surrealismo,
Rulfo diluye los límites entre la realidad y la irrealidad y proyecta
un ámbito en que el tiempo no transcurre.
Lo Rural
en la obra de Rulfo
Juan Rulfo mira con su lente ideológico los espacios regionales,
tradición narrativa mexicana iniciada por Fernández de Lizardi,
que se mezcla con esa tradición de escribir para mejorar la vida mexicana,
exponer vicios, defectos y virtudes que agobian a la sociedad. Su producción
literaria remite al proceso histórico que configuró la región
sur de Jalisco; así, al reproducir valores, costumbres, ideas, reconstruye
el espacio social y geográfico donde se gesta la expresión cultural
de la región. En su creación, se mantuvo fiel a su tierra natal.
Rulfo adoptó desde un principio como base de
su sistema narrativo la concepción del mundo rural. Reconstruyendo la
vida del pueblo mexicano en todo su carácter singular, descubrió
en el campo problemas de escala nacional. Viajó por el país, conoció
la vida en muchos estados y por doquier, a través de diferencias geográficas
y de costumbres, aparecían ante él los rasgos que recordaba de
la infancia.
La niñez de Juan Rulfo transcurrió en
una atmósfera llena de repercusiones de la reciente Revolución,
en tierra áspera, estéril por la erosión, y devastada por
los largos años de Guerra Civil. En la segunda mitad de los años
20, el estado de Jalisco se convirtió en uno de los focos de la rebelión
de los cristeros. Llevados hasta la desesperación, los campesinos abandonaban
los lugares natales. Los pueblos desiertos y los campos desolados quedaron grabados
para siempre en su memoria.
En
buena parte de su obra se manifiesta una interpretación del proceso
histórico de la realidad de México. El mundo de Rulfo es el
medio rural del México agotado por la Revolución y por la Guerra
Cristera. Para el autor, la autenticidad geográfica y el costumbrismo
son condiciones necesarias. En los destinos de los coterráneos presentados
por el autor, se reflejan los problemas generales del campesinado de todo
el país.
La originalidad de Rulfo radica en que supo
adentrarse en el ser mexicano desde lo particular para recrear arquetipos
universales. Rulfo se concentra en el hombre criollo y mestizo del sur de
Jalisco, desde su propia tradición para desenmascarar las distintas
formas que toma la opresión y la manera en que los seres se defienden
de ella.1
El llano
en llamas
La acción de los cuentos de El llano en llamas se desarrolla
en los límites de la parte sureste de Jalisco, desde el Lago de Chapala
hasta la frontera con los estados de Colima y Michoacán. El tiempo de
la acción también está limitado aproximadamente a cuatro
décadas, desde la revolución de 1910 hasta comienzos de los año
cincuenta. Esta es la tierra en la que creció el escritor; ésta
es la época en que se formó su conciencia, ésta es la vida
que conoce desde dentro.
El llano en llamas presenta un mundo rural violento
y desesperanzado, presidido por el hambre, la soledad y la muerte. Los conflictos
sociales y cotidianos de sus cuentos no son nuevos.
En este texto la aportación de Rulfo radica en
su capacidad para penetrar en el mundo interior del campesino mexicano con profundidad,
descubrió este mundo y lo hizo presente en la literatura, la introspección
y puntos de vista personales; monólogos interiores y flujo de la conciencia,
subjetivismo. En este relato sobre la vida de su región está presente
el México campesino, infortunado, que se mantiene en la periferia del
progreso histórico, que aún espera la solución de sus problemas.
Un conocimiento profundo de todo lo que escribió
Rulfo adquirido, sentido y vivido profundamente es lo primero que
se percibe al leer El llano en llamas. Esto es lo que permite al autor
seleccionar inequívocamente las peculiaridades más características
que dan la imagen del todo.
Visión trágica la de Rulfo, que nos muestra
aspectos terribles de la existencia; visión humanista, que nos muestra
los modos por los cuales se defiende el destino de la persona humana y el sentido
de su existencia; visión crítica, que nos muestra las flaquezas
del ser y su fuerza desafiante ante la opresión y la muerte.2
La obra rulfiana trasciende lo estrictamente social
y desemboca en temas de amplio alcance humano. El fenómeno social representado
en todo su carácter concreto, adquiere en su obra un sentido figurado,
casi simbólico.
El Lenguaje
en la obra de Rulfo
Oyendo los cuentos de los campesinos sobre las guerras, los bandidos o los
fantasmas, cuentos que comenzaban con el invariable "¿Te acuerdas?",
Rulfo fue aprendiendo inconscientemente a valorar la parquedad y la expresividad
del habla popular, acostumbrándose a su música y sintiendo gusto
por las reiteraciones que comunicaban a este hablar un ritmo fascinante. Rulfo
debe a este lenguaje las más importantes impresiones desde su infancia.
Su estilo se basa en el lenguaje popular, de los campesinos
de Jalisco; lenguaje parco y preciso, frases cortas, pocos adjetivos; lenguaje
exacto y expresivo. El diálogo cotidiano, cuidadosamente elaborado. Profunda
asimilación del habla popular y la salvación estética de
ese lenguaje, unión que explica la riqueza sugestiva de su estilo.
En la recreación literaria del lenguaje rústico,
en su intensidad expresiva, en su cuidadosa elección, están los
elementos que con mayor sabiduría y sentido estético explotó
este autor; escribe en forma simple, con personajes sencillos. Para plasmar
este descubrimiento Rulfo se guió más por el oído. El habla
sobria y exacta, lenta y tensa, llevaba al escritor a las fuentes que la alimentan,
la vida espiritual del pueblo y hacer esta vida comprensible para todos, reconstruirla
con las palabras, con las cuales ella se expresa, es la tarea que se impuso
Rulfo en su obra.
...su capacidad de adentrarse dentro de la supuesta "realidad" y lenguaje de los campesinos mexicanos, y, al mismo tiempo, de elevar dicha realidad y dicho lenguaje al nivel literario...3
Contar
y por regla general, por boca de los propios protagonistas, es lo que hace Rulfo
en su obra, no describe ni muestra. La narración es llevada por uno de
los personajes desde el principio hasta el final. O la forma de narración
en la que predomina el habla ajena. Pero el habla ajena es el habla campesina,
parca y a su vez detallada, por momentos difícil, y es, precisamente,
en esta dificultad donde se encuentra la expresividad poco común. Las
voces humanas, reproducidas con toda su riqueza de entonación, forman
el tejido artístico del cuento, en el cual sólo por momentos se
insertan las observaciones lacónicas del autor.
Así, desaparece la visión de los personajes
desde arriba y desde afuera, para privilegiar la visión desde adentro,
el discurso individual de personajes marginados cuyo lenguaje subvierte categorías
y convencionalismos establecidos.4
La palabra sonora o silenciosa, pero siempre viva,
es el recurso fundamental y en la mayoría de los casos el único
medio de caracterización de los personajes. Rulfo sabe aprovechar las
posibilidades que brinda este recurso, con lo cual logra crear imágenes
de extraordinario realismo. Diríase que palpables, de la gente, partiendo
casi exclusivamente de lo que hablan estos hombres y mujeres y de lo que piensan
y cómo piensan. En esencia los personajes de los cuentos de Rulfo reflexionan
sobre la acción, en alta voz y en monólogos interiores, Cada uno
es una personalidad irrepetible.
Rulfo consigue descripciones por entero eficaces y sobrias a base de suprimir casi completamente el adjetivo... Con líneas más que con colores, como en ciertos cuadros de Orozco, en que prevalece el trazado sobre los elementos cromáticos... La prosa de Rulfo resulta popular ya lo dijimos porque repite, más que le léxico de nuestro pueblo, la sintaxis del mismo, que es al fin y al cabo la expresión de una manera de pensar... Con tratarse en todos los cuentos de personajes campesinos, Rulfo no amontona palabras folklóricas, y apenas si utiliza algunas, no folklóricas sino de usos familiar... Rulfo tiene una tendencia pocas veces abandonada hacia los temas dolorosos... En esto de los asuntos dramáticos, en que aparecen pasiones y acciones desenfrenadas, recuerda un poco Rulfo a Mariano Azuela...5
Rulfo,
por lo general, de inmediato y sin explicaciones preliminares, incorpora al
lector al flujo de los pensamientos de sus personajes y lo obliga a escuchar
sus conversaciones. Precisamente en los monólogos y diálogos se
descubren las relaciones de los protagonistas con el mundo que los rodea y entre
ellos mismos, y se presenta el cuadro de los acontecimientos que tuvieron o
están teniendo lugar. Pero estos sucesos interesan al autor, sólo
en la medida en que los mismos se reflejan en la conciencia de los seres humanos.
Entre los recursos narrativos de Rulfo se encuentran
el diálogo, el monólogo interior, con la asimilación y
profundización del lenguaje local; la dislocación y la simultaneidad
de planos temporales.
Rulfo encontró la forma justa para mostrar el imaginario cultural de una comunidad rural al eliminar al narrador omnisciente y darles a los personajes vida y lengua propias. Así narrador y personaje se convierten en una sola identidad, se confunden; y al confundirse se crea un lenguaje literario nuevo que finge ser lenguaje hablado, y que establece como valiosas las experiencias y la visión del que habla.6
¡Diles
que no me maten!
En este cuento, el protagonista relata la vida trágica del campesino
mexicano. Los personajes son individuos y a la vez forman el retrato eterno
del campesino sufrido. La presentación varía entre diálogos,
narración y recuerdos con cuatro puntos de vista: de Juvencio, de su
hijo, del coronel y del autor. Los cuatro diálogos desempeñan
un papel fundamental narrando el principio (Juvencio y su hijo Justino), el
fin (Justino y el cadáver de su padre) y los motivos tanto por el crimen
(Juvencio y don Lupe) como por el castigo (el coronel, el soldado y Juvencio).
La intervención del autor como narrador se hace
sutilmente con un estilo popular para no romper el ambiente. Las oraciones son
breves y contundentes, el vocabulario es sencillo y predominan los verbos. Sus
personajes son también narradores, van desgranando poco a poco una secuencia
y una acción que anula el acontecer temporal y se manifiestan lacónicos
y elocuentes. Los recuerdos de Juvencio y del coronel, presentados a través
del autor lo mismo que directamente, sirven para aclarar la trama.
Juan Rulfo tiene una dualidad hasta ahora inesperada
en la prosa mexicana, la dualidad del realismo y la poesía... Estos cuentos
de un humor tiránico, negro, fantástico, contiene sin duda los
dos elementos: la realidad del campo laborable mexicano, agostado, seco, hecho
polvo, y esa sombra que se erige sobre la tierra: una sombra larga, sinuosa,
extemporáneas, acérrima: el motivo de la poesía.7
Lo expuesto en los cuentos de Juan Rulfo parece
discutir con la secuencia cronológica de los acontecimientos; avanza,
se detiene, retrocede, justo como el pensamiento humano que no trata sólo
de restablecer la concatenación exterior de los hechos, sino de entender
su profunda relación y encontrar la esencia de las cosas.
Notas
1.
Klahn, Norma. "La ficción de Juan Rulfo: Nuevas formas del decir",
en: Fell, C.: Juan Rulfo. Toda la Obra (Vol. 17). México, 1992.
[Col. Archivos]. pp. 426.
2. Ibídem. pp. 427.
3. Gerald, Martin. "Vista Panorámica",
en: Fell, C.: Juan Rulfo. Toda la Obra (Vol. 17). México, 1992.
[Col. Archivos]. pp. 479.
4. Klahn, Norma. "La ficción
de Juan Rulfo: Nuevas formas del decir", en: Fell, C.: Juan Rulfo. Toda
la Obra (Vol. 17). México, 1992. [Col. Archivos]. pp. 427.
5. Francisco Zendejas, citado por Gerald,
Martin: "Vista Panorámica", en: Fell, C.: Juan Rulfo. Toda
la Obra (Vol. 17). México, 1992. [Col. Archivos]. pp. 479.
6. Klahn, Norma. "La ficción
de Juan Rulfo: Nuevas formas del decir", en: Fell, C.: Juan Rulfo. Toda
la Obra (Vol. 17). México, 1992. [Col. Archivos]. pp. 427.
7. Francisco Zendejas, citado por Gerald,
Martin: "Vista Panorámica", en: Fell, C.: Juan Rulfo. Toda
la Obra (Vol. 17). México, 1992. [Col. Archivos]. pp. 479.
Bibliografía
DÍAZ-PLAJA, G. y Monterde, F. Historia de la Literatura
Española e Historia de la Literatura Mexicana, Porrúa. México,
1986.
FELL, C. Juan Rulfo. Toda la Obra. (Vol. 17). México, 1992. [Col.
Archivos].
GONZÁLEZ Peña, C. Historia de la Literatura Mexicana. Ed.
Porrúa. México, 1990.
MILLAN, M. C. Literatura Mexicana. Ed. Esfinge. México, 1978.
RULFO, J. El llano en llamas. Ed. FCE. México, 1989.
TORRES Montalvo, H. A. Literatura Hispano Mexicana. Ed. Herrero. México,
1975.