
La
hora justa:
escenarios utópicos para una escuela pública en manos de la sociedad
civil
Arturo
Santana*
* Poeta. Asesor de la Unidad 221, Querétaro,
de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN). Cursó estudios de
maestría en Pedagogía en la misma institución.
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Ser
de izquierda exige ante todo reconstruir la utopía:
la idea de que es posible un mundo mejor a aquel en el cual vivimos. Enrique Semo |
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El
inhumano presente al que nos enfrentamos exige que nuestras palabras,
nuestros gestos y nuestra obra se consagren, como verdadero cumplimiento de una vocación, a expresar el abismo en que vivimos, pero también (a expresar) la grandeza y el coraje con que millones de hombres en el mundo sostienen la vida heroícamente. Ernesto Sábato |
El tiempo del desarrollo mexicano no transcurre con la celeridad de los imperativos de la globalización.1 Al margen de sus innegables bondades (subrayo la expansión extraordinaria de las tecnologías de la comunicación, la inmediatez del otro) este alumbramiento de nuestra modernidad trajo consigo el estigma de un pecado original: la diversidad del desarrollo de las naciones como consecuencias de sus historias particulares. Mientras el imperio de las torres gemelas ardiendo se instala en la vanguardia de la economía mundial, subsisten naciones y numerosos grupos humanos que no se han desprendido del todo de la producción precapitalista. Aún pueden verse en muchos rincones urbanos y del territorio rural del tercer mundo reminiscencias de un pasado remoto obstinado en permanecer al garete de los acontecimientos, aglutinándose paulatinamente hasta el punto de su descomposición o de una irrupción social que altere su letargo y transforme su sentido. Formas de organización política, modos de producción y consumo, ideologías y signos culturales que subsisten en las prácticas sociales y en las figuraciones de la conciencia popular, profundamente adheridos a los esquemas de un tiempo cuyo pulso parece ajeno a las urgencias de los relojes del neoliberalismo. Anthony Giddens lo califica:
El neoliberalismo es una filosofía política desesperanzada porque no se puede permitir que el mercado invada tantos aspectos de nuestra vida. Si se hace, se provoca demasiada inseguridad, desigualdad y una comercialización de lo que deberían ser valores humano.2
No
hemos llegado, al parecer, con la puntualidad que han dispuesto las hegemonías
del primer mundo para reconocernos en las competencias del mercantilismo y marchar
al unísono de los grandes avances de la ciencia y la tecnología
asociados con la producción y el consumismo.
El tiempo de la economía de guerra nos convoca.
"El tiempo habla afirma Edward T. Hall refiriéndose a la diversidad
de concepciones del tiempo respecto de las culturas. Habla más
claramente que las palabras".3
Sí, en efecto, pero esta precipitación de arena confunde el rumbo,
no habla con la lengua de nuestro latido histórico y obstruye el paso
a la formulación de interrogantes vitales de la conciencia humanista
común. ¿Cuál es rumbo económico más adecuado
para incorporar al gran segmento universal de personas sin formación
básica? ¿Cómo oponernos al intervencionismo de las grandes
potencias económicas y militares? En contraparte organizaciones de diverso
signo ya han levantado su voz para denunciar el atropello, pero la Organización
de las Naciones Unidas no posee ya la voluntad (secuestrada por el imperio)
para oponerse, aunque sea moralmente a las consignas belicistas de los inquilinos
de Washington. "Estados Unidos se ha puesto deliberadamente fuera de la
legalidad internacional y ha dado un verdadero golpe de Estado mundial al declarar
la guerra en todo el planeta en los tiempos y contra los objetivos que fijen
la Casa Blanca y el Pentágono, a espaldas de la comunidad internacional".4
El gobierno mexicano en turno se ha alineado con los intereses del vecino del
Norte, pese a la firmeza de principios políticos (la no intervención
y la libre autodeterminación de los pueblos) aceptados históricamente
por la sociedad y el Estado. Esta circunstancia precipita el tiempo de una crisis
universal mayor aún que las precedentes.
El índice de este sopor, dos décadas atrás
con la agenda de los Tratados de Libre Comercio hipotecando al solar, expoliando
a nuestra economía para transitar vías inéditas, marca
la hora colosal de un reloj que no suena con la nostalgia de las campanas de
una plaza municipal. Ese minutero de cuarzo no es el nuestro. No hemos resuelto
aún las grandes desigualdades económicas y educativas que nos
legó el tiempo de la colonia, el ancho lastre de la injusticia social
contra obreros y campesinos, el carácter multicultural de las identidades
étnicas, y una emergencia internacional sacude a las sociedades subdesarrolladas
a fin de que se incorporen al carro del capitalismo neoliberal. Un golpe artero
contra nuestra intimidad cronológica nos impele al ritmo de una decisión
tramada desde el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, ejes de la
expansión de los mercados financieros contra las naciones del orbe, y
particularmente contra los países subdesarrollados. La ignominia de la
subordinación golpea a la puerta con la complicidad hegemónica
de la clase gobernante mexicana en el poder. Un ejemplo reciente es una de las
resoluciones de la Conferencia Internacional para la Financiación del
Desarrollo de la ONU (la Cumbre de Monterrey): "cada país es responsable
de su propio desarrollo". En un extremo, la vastedad del saqueo y el despojo
histórico de las riquezas nacionales; en el otro, el crecimiento de las
deudas externas y las políticas del FMI.
Los
ejes del caos
Apenas si es necesario aludir al deterioro de la escuela pública
mexicana como segmento de un desastre artificial injustamente impuesto por circunstancias
históricas y políticas de la mano de proyectos y clases dominantes
en las coyunturas. Algunas señales del oprobio se mide en los cien mil
delincuentes presos hacinados en las cárceles del país; en la
inmigración diaria de hermanos latinoamericanos hacia un resquicio de
la esperanza; en el desempleo masivo; en el crecimiento de la delincuencia organizada;
en el pago de intereses de la deuda externa; en la discriminación racial
contra los pueblos indios; en la degradación de la justicia. ¿Cuál
es el papel que ha jugado la educación pública en la configuración
de este esperpento? Más allá del reconocimiento oficial de los
niveles de marginación y extrema pobreza de un alto porcentaje del universo
social se halla el hondo tajo que supone la desvinculación de la pedagogía
dominante en la vida escolar respecto de una Axiología próxima
a los intereses de las grandes mayorías desprotegidas, cuyos afanes de
realización se fincan más en el intercambio mercantil de su futuro,
mirando hacia el Norte geopolítico de su sobrevivencia, que en el discurso
ideológico del desarrollo humano. El fracaso más evidente de esta
pedagogía consiste precisamente en que no se finca en las necesidades
sociales; no responde a las demandas básicas de la población marginada.
La retórica oficial le impone el velo de la simulación: "educación
con calidad y equidad", pero más terca que las mulas la realidad
campea con datos e informes objetivos que la ubican en su justa dimensión.
Por otro lado, esa jeringonza de pedagogía que
guía al currículum de la escuela pública posee un sustrato
ideológico que desplaza las buenas intenciones del mejor discurso teórico.
Esta vuelta de tuerca se erige centro del debate si admitimos la posibilidad
de una pedagogía radical, y sus paradigmas francos en la zona del bienestar
social insertos en los valores de un humanismo potencialmente activo en cada
ciudadano que no ha logrado alcanzar el tercer grado de educación secundaria
y en los millones de analfabetas, remanentes de nuestro horizonte histórico
inconcluso. "La pieza central de una pedagogía de la clase trabajadora
revolucionaria nos alerta Peter McLaren es la crítica ideológica".5
El magisterio mexicano en su conjunto, no ha descubierto la relevancia de su
papel en esa empresa; no ha revelado al protagonista histórico de su
identidad gremial, mientras se deja seducir por una pedagogía que discrimina
y expulsa a las mayorías. Dependiente de las ideologías que avasallan
sin el menor recato, esa monserga de política educativa que transita
la vía pública y los corredores escolares, por ejemplo, le confiere
a los mass media la coordinación de un programa nacional de valores
(Televisa y su Big Brother), si nos atenemos al enorme interés
despierto en la opinión pública.6
Desde el consuelo de muchos la fractura del subdesarrollo, ciertamente, alcanza
a la mayorías de las naciones del orbe; mira al Sur tumefacto por la
inanición; pero esta pócima amarga debe tragarse en casa mirando
cómo los sueños de una generación con otra terminan en
los linderos de la frontera Norte, al acecho de una oportunidad para limpiar
las botas del vecino.
Un inventario a vuelo de pájaro de la lentitud
del desarrollo en nuestra formación social puede verificarse en los medios
de comunicación masiva y en los reportes de los investigadores sociales.
El editorial, el artículo de fondo, la nota roja, el reportaje gráfico
cotidianos subrayan, por omisión o conciencia la degradación que
caracteriza al cuerpo social invadido por un intruso: el tiempo autoritario
del capitalismo salvaje, su capacidad para reproducir las desigualdades sociales.
En el sector educativo esa catástrofe cotidiana puede comprender el resto
de esta reflexión hasta el extremo de un ajuste de cuentas: la insuficiente
inversión presupuestal en el sistema, el deterioro de la infraestructura
educativa, la legislación y la normatividad obsoletas, la falta de autonomía
de los colectivos escolares, la escasa participación de los padres de
familia, los conflictos intergremiales, el predominio de la ideología
dominante sobre conceptos y categorías pedagógicos en la práctica
docente. Pero además, la madeja se extiende hacia tumores malignos profundamente
asociados con la escuela: la corrupción social, el corporativismo sindical,
la falta de compromiso moral del magisterio, el autoritarismo de funcionarios
y directivos, la desintegración curricular, los estereotipos de la docencia
adocenada. Suficiente pero no exhaustiva, esta relación evidencia el
cáncer que pudre cotidianamente a la escuela pública mexicana,
justo en la hora de su inserción en el vórtice de la globalización
mundial. ¿Hay otra opción? Sí: la hora justa para la justa
de todos. No, sobre el revestimiento del viejo cascarón pedagógico,
sino sobre su negación; no, sobre el andamio de un discurso teórico
sujeto al arado de una cultura nacional (ariete de otra ideología), sino
sobre el debate democrático de los ciudadanos armados con la crítica
de la imaginación y el amor al conocimiento; no, desde la burocracia
inmoral, germen de la bancarrota de la administración pública,
sino desde la sociedad civil revolucionaria y utópica.
Con el impulso de una conmoción social nuestra
escuela pública encontró en las décadas de los veinte y
treinta del siglo pasado7 una
oportunidad para la construcción de alternativas de educación
popular que representan un referente ejemplar de nuestra historia. El vínculo
entre las necesidades sociales y el currículum escolar nunca ha sido
más estrecho que en aquel modelo de educación auspiciado por la
inteligencia creativa de sus fundadores y el espíritu de servicio de
los maestros. En la base social de esa experiencia, ciertamente anidaba el germen
de una necesidad de justicia postergada por el largo tiempo de una dictadura
singular, en cuyo término las clases sociales despojadas advirtieron
la hora del cambio. Sin embargo, debemos otorgar crédito al índice
de esa respuesta: el tiempo de la utopía. Una reflexión profundamente
subjetiva en esa dirección merodea el sentido de las siguientes líneas.
El primer rasgo perceptible de la historia como utopía
es el aparente énfasis de ruptura con el presente inmediato. El acento
dispuesto entre la realidad ontológica y el deseo es apenas un lindero
de configuración del vértice hacia un futuro a todas luces improbable,
pero concebible desde los subterfugios de la imaginación. La expresión
más alta de esta condición implica la oportunidad social de alcanzar
una estatura humana sustentada en la libertad; esto es, la necesidad histórica
de ser. Este primer elemento inserta al "utópico" en la perspectiva
de la historia concebida como construcción permanente. Si leemos "énfasis
de ruptura" como conciencia histórica de sí, entonces nuestro
presente histórico se bosqueja en las primeras décadas del siglo
XIX que marcan las horas de la cohesión social hacia la autonomía,
y se extiende hacia nuestros días. La ruptura es sólo apariencia
en la conciencia del sujeto, por cuanto él mismo se sabe síntesis
de ese proceso. La idea de trascender los acotamientos arbitrarios de "lo
histórico" lo aproxima a la necesidad de un cambio pertinente, o
para ser coherente con la trama, lo acerca a su tiempo del deseo, el tiempo
de la utopía. Los ideales de justicia se personifican en cada sujeto
que no logre conciliar la vigilia con el sueño. Es la oportunidad de
un boquete hacia el futuro.
En México los insurgentes independentistas no
dudaron ante la sedimentación del imperio español en deterioro
al inicio del XIX, y las aspiraciones democráticas de los revolucionarios
ante la dictadura porfiriana, un siglo después, leyeron las consignas
de un tiempo maduro para el cambio. En pos de esa estrella, a la siga de esa
vocación vertieron hasta la última gota de su cauce en la armazón
de escenarios para el deseo.8
Se paga con sangre el ejercicio de ese vuelo porque la bestia de la ideología
de las clases hegemónicas intuye la amenaza de su extinción cuando
las clases sometidas aprenden a soñar y actúan decididamente en
consecuencia. En ambos casos, como se advierte en la secuela de los procesos
políticos y económicos que sucedieron a los hitos 1810 y 1910,
la conmoción social "rompió" con el orden vigente y
amplió las perspectivas de la sociedad, sin haber alcanzado la dimensión
de lo previsto idealmente. Frente al espejo de las apariencias esa ruptura es
virtual, por cuanto el universo de los imaginarios del colectivo nacional permanece
ahora anclado en el cerco real de 40 millones de pobres, que abriendo el horizonte
del XXI refrescan la memoria del pulso colectivo y demandan su cuota de justicia
social pendiente de su presente histórico, revestido de una antigua certeza:
"se vale soñar". A la zaga de esa pista (la ruta filial hacia
el rumbo de otra historia) los visionarios acuden con la impronta de una nueva
representación que barra el estiércol del presente, a todas luces
insoportable.
Focos
de formación ciudadana
En vísperas del trigésimo aniversario de mi iniciación
como profesor de educación básica trabajo en un Foco de Formación
Ciudadana. No es una escuela, sino un espacio en la libertad. Muy cerca de los
pronunciamientos políticos de la vastedad de organizaciones no gubernamentales
asumimos un albedrío responsable con el colectivo social que se identifica
con el territorio de su vecindad. Construimos una especie de realidad que la
decisión colectiva dignifica con el trabajo: la práctica social
más digna. Este sentido de pertenencia dota de orientación al
tipo de sujeto que prohijamos: ciudadano en plural. Esto quiere decir que la
formación de uno es responsabilidad de todos, y todos son uno en la empresa
educativa que conmueve el sentido de pertenencia a un sueño común.
Hemos rebasado el analfabetismo porque no podemos aspirar
a la realización común mientras un rezago nos alerte contra el
pasado. Formamos para producir; producimos para resolver; resolvemos para alcanzar
metas comunes: los servicios públicos, el desempleo, la creación
de nuevos Focos. Por eso han desaparecido las aulas. Los recintos de formación
son las áreas de trabajo en cuyos espacios se abordan los problemas del
currículum: las necesidades sociales. Las ciencias y las tecnologías
están al servicio de los ciudadanos. Los docentes transitan e intervienen
para apoyar las decisiones del colectivo en turno. La planeación se resuelve
en asambleas signadas por el interés de los ciudadanos por participar.
Impulsamos la conciencia de la solidaridad a partir del principio de que nadie
es capaz de alcanzar un objetivo sin la cooperación del otro. Con el
apoyo de las tecnologías de la comunicación hemos creado proyectos
de formación a distancia que funcionan permanentemente, desde los hogares
y en las instalaciones de los Focos. No hemos disuelto al Estado, pero lo hemos
venido acotando, a través de la inserción de ciudadanos limpios,
hasta subordinarlo a la sociedad civil.
El Consejo de Planeación decide el perfil de
los docentes que es necesario solicitar para impulsar la realización
de las emisiones. El financiamiento proviene de un fondo que el colectivo acumula
para proyectar. El Estado, subordinado a los consejos de civiles verifica la
justicia del cometido y apoya con los recursos, siempre suficientes, porque
depende de la dotación fiscal que los ciudadanos otorgan para sufragar
diferencias entre colectivos subdesarrollados. No existen los sindicatos de
maestros. Tampoco los partidos políticos. Respetamos su significación
histórica porque ayer asumieron en primera instancia una representación
preutópica que culminó en bandas de execrable historia. Toleramos,
sin embargo, el supérstite de nuestro presente histórico en la
medida de su involución. El estigma precisa un hueco para su resignificación,
porque la erosión de las contradicciones fundamentales socava las bases
del imperio del capital, pero este no termina de caer. Nuestra preocupación
central se orienta hacia el reconocimiento de la unidad en la diversidad como
fuente y valor de la cultura; pero también hacia la identificación
y exterminio de las bases de opresión y explotación del poder;
es decir, a la extinción de las ideologías. Libre de ataduras
la conciencia social se expresa en cada ciudadano, y cada ciudadano dota a la
sociedad de un significado moral a la existencia, desde su reflexión
crítica.
Las
formas de intervención pedagógica
La necesidad social nos reclama con vocación de promotores mientras
la eficiencia suceda al caos. Habituados como estábamos a los criterios
de la eficiencia abstracta nos reubicamos en la distancia justa de cada proyecto
en proceso, porque los emisarios de la responsabilidad familiar no ceden a las
consignas de una evaluación al margen de sus expectativas. Esta consideración
impone el juicio de la utilidad social y determina el dictamen de lo suficiente
como criterio de posesión. Es nuestro si resuelve y crea; no es nuestro
si simula y reproduce. Por este surco nos dejamos ir hacia el sentido de una
actuación afín con una expectativa de clase. Intervengo desde
una didáctica vital, esto es, aquella que no disocia mi estancia en un
Foco con mi pertenencia a la sociedad; que provea de opciones al aprendiz y
le incluya en el cerco de sus propias decisiones. Las interrogantes abrevian
la búsqueda aunque no la resuelven. La intervención pedagógica
se involucra en los ámbitos de la competencia política y subvierte
su naturaleza. El educando no sabe, pero intuye. Proponemos la vida social como
bandera del sentido. Cuando la lógica de la ciencia encuentra obstáculos
para avanzar, nos movemos en otra dirección. Entonces ocurre el fuego
de la conciencia artística.
En los Focos coexisten niños, adolescentes, jóvenes,
adultos y ancianos en formación permanente. Los añejos niveles
de inicial, primaria, secundaria, adultos han desaparecido. En cada Foco existen
recintos de trabajo en razón de las necesidades sociales. Los Focos de
Formación se vinculan entre sí y con otros focos sectoriales:
de producción, de distribución, de salud. Cada ciudadano construye
su propio proyecto de vida con el apoyo de un Agente Formador. La formulación
de preguntas sensibles al interlocutor no solo disponen su actuación
a las opciones de un problema, sino que, además, impulsan su propia historia.
Aquí la sociedad marginada ayer recupera su sentido. Una escuela pública
en manos de la sociedad civil (grupos de ciudadanos organizados desde su conciencia
política de servicio) recobra no solo la dimensión política
perdida en su presente histórico (las perversiones de los proyectos educativos
nacionales) sino que dirime el diferendo que las clases sociales otrora sometidas
mantuvieron en la esperanza. Por eso la poesía es una práctica
común de los Focos.
¿Cómo se construye el espacio multicultural
y político de nuestras identidades nacionales? Y el mundo se nos viene
encima: el conocimiento de nosotros mismos; el reconocimiento y respeto de la
diversidad cultural son campos determinantes para la toma de decisiones; por
eso la filosofía y la historia de nuestra evolución se ubican
como indispensables en los proyectos de vida singulares y grupales. Construimos
una sociedad que permita y facilite la convivencia moralmente sana para todos;
esto quiere decir que ningún sujeto o grupo oprima, sojuzgue, o dañe
a otro. Queremos una sociedad para todos. En el interior de cada Foco hemos
abierto recintos de construcción del conocimiento científico y
tecnológico (impulsamos la autonomía como una estrategia de supervivencia),
recintos de producción de bienes y servicios ( cada emisión de
luz los proyectos deben terminar en objetos necesarios para la solución
de problemas y necesidades sociales), recintos de creación artística.
Todos los ciudadanos participan en el desarrollo de experiencias artísticas,
a partir de sus propios sueños y deseos. El criterio de evaluación
de las obras y objetos de arte consiste en que mantengan alerta la memoria y
en todo lo alto la bandera de la esperanza.
Nuestro
solar
1. Cada Foco de Formación Ciudadana traza las líneas de su
propia historia, pero coinciden en principios y fines:
Principios:
Somos una vasta sociedad
multicultural.
Todos los ciudadanos
son potencialmente buenos.
Es posible la convivencia
humana en la paz, la libertad, la democracia y la justicia.
Como valores supremos
la paz, la libertad, la democracia y la justicia se insertan en los Focos de
Formación Ciudadana, a través de las prácticas políticas
de sus miembros.
La educación que
se difunda en los Focos adquiere su sentido en la identificación, estudio,
tratamiento y solución de problemas y necesidades sociales.
Las ideologías
obstaculizan el proceso de construcción de la conciencia social solidaria.
Fines:
Abrir oportunidades
para la felicidad de todos los miembros de la sociedad.
Recuperar la dimensión
moral de la sociedad humana.
Impulsar el desarrollo
del conocimiento humanista, científico y tecnológico para enfrentar
los problemas del universo, del mundo y de la sociedad.
Promover y difundir todas
las manifestaciones creativas y artísticas de la sociedad.
Orientar a cada sujeto
en el diseño de su propio currículum y sentido de vida.
Construir interpretaciones
del presente histórico mexicano, a través del cultivo de la filosofía
y la historia universales.
Crear nuevos escenarios
para la utopía.
2. Los Focos de Formación Ciudadana son espacios, organizados y abiertos
permanentemente con el sentido de realizar el tipo de educación pública
más pertinente para sus miembros, de conformidad con los principios y
fines previstos por la sociedad civil. Se trata de comunidades educativas autónomas,
dirigidas por los Consejos de Planeación Focal, constituidos por ciudadanos
electos en Asambleas de Decisión. Cada Foco recibe generalmente solicitudes
de atención de ciudadanos que pertenecen a la comunidad inmediata (barrio,
colonia, ranchería), pero reciben también a ciudadanos que proceden
de otros Focos, en razón de intereses particulares. Las Asambleas de
Decisión elaboran la agenda de prioridades; los Consejos de Planeación
gestionan, organizan y realizan; la evaluación es una práctica
social. Cualquier ciudadano puede cuestionar y proponer desde la experiencia
social y el conocimiento.
3. Para la realización de sus fines los Focos de Formación Ciudadana
se vinculan con los Focos de Financiamiento Social, los Focos de Humanidades,
Ciencias y Tecnologías y los Focos de Producción y Servicios.
Esta relación fraterna permite el intercambio de recursos y la coordinación
de tareas comunes. No existen instancias ni agentes de verificación y
control. Los Focos de Formación Ciudadana funcionan con eficiencia porque
se encuentran en manos de la ciudadanía.
4. Al interior de cada Foco existe una red de relaciones sociales en movilidad
permanente. Los maestros y las maestras transitan de un recinto (área
de trabajo) a otro, a partir de la demanda de atención ciudadana. Las
aulas y los grupos escolares de las escuelas públicas del pasado han
sido sustituidos por grupos sociales diversos y heterogéneos ocupando
espacios y realizando tareas, con la orientación docente, o de los mismos
sujetos entre sí. El autodidactismo es una estrategia que impulsamos
a partir del aprendizaje de la lectura, la escritura, el cálculo y la
informática. Cuando los sujetos alcanzan los aprendizajes de estos dominios
básicos, adquieren automáticamente la ciudadanía. Los docentes
confiamos más en las potencialidades de cada sujeto, que en las bondades
de nuestras enseñanzas. En cada Foco generalmente existen los recintos
de Canto, Música y Juego; de Diseño y Construcción; de
Creación Artística; de Expresión Oral, Expresión
Escrita y Lectura; de Ecología, Historia y Sociedad; de Comunicación
e Informática; de Biología y Salud Pública; de Sexualidad,
Erotismo y Amor. Pero en cada Foco existen recintos que responden a demandas
específicas de la ciudadanía. Se ofrece atención particular
a los ciudadanos que poseen familiares con necesidades educativas especiales,
a fin de que activen sus posibilidades de aprendizaje y autonomía, dentro
del marco de su inserción útil en la sociedad. Se ofrece una atención
particular a los niños, los ancianos y los enfermos, considerando que
este segmento de la sociedad pone a prueba las bondades de los Focos.
5. Cuando los servicios de un Foco alcanzan su máximo desarrollo, se
planea la construcción de nuevos recintos, o la creación de un
nuevo Foco. Las bibliotecas-videotecas reales y virtuales conforman ejes de
información, alrededor de los cuales crecen y se desarrollan los Focos
de Formación. Desde los recintos de Diseño y Construcción
se proyectan emisiones de estudio de la ciudadanía que permitan ampliar
los tiempos de ocio, a fin de orientar la atención social hacia el arte,
la recreación y la cultura.
6. En los Focos no se extienden constancias, certificados o títulos que
comprueben los aprendizajes adquiridos por los ciudadanos. Rémoras de
los claustros escolares de ayer, también desaparecieron. Aunque en los
recintos de Ecología, Historia y Sociedad de algunos Focos de Formación
se exhiben algunas muestras de aquellos documentos, como evidencias del oprobio.
Notas
1.
Una conceptualización más amplia puede consultarse en "Lecciones
globales" de Anthony Giddens, en Nexos No. 287, México,
noviembre de 2001: 28-36. Mi perspectiva pone el acento en los tiempos de arribo
de cada sociedad a la cita neoliberal y sus nefastas consecuencias en el orden
cultural.
2. Idem. p. 34.
3. "Las voces del tiempo" en El
lenguaje silencioso. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza
Editorial Mexicana. México, 1990. pp. 15-32.
4. Nota editorial de La Jornada
No. 6317, del día 31 de marzo de 2002. p. 2.
5. "Globalización, neoliberalismo
y política de pedagogía. Encarando al capitalismo global",
en Pedagógica Jalisco. No. 1, Guadalajara, diciembre
de 2001, Separata, pp. III.
6. Estos renglones torcidos son apenas una
muestra de la estrella ominosa que nos guía.
7. Cfr. Entre otras fuentes Ciencia
y conciencia en México, Eli de Gortari, Sepsetentas, México,
1973; Liberalismo y educación, I. Surgimiento de la conciencia educativa,
Abraham Talavera, Sep-setentas, México, 1973; Las misiones culturales
(1923-1973), Augusto Santiago Sierra, Sepsetentas, México, 1973.
Enrique Corona Morfín y la Educación Rural, Benjamín
Fuentes, SEP/El Caballito, México, 1986.
8. También los idealistas mexicanos,
a partir del profesor Arturo Gámiz en 1965 y los activistas del post
sesenta y ocho diseñaron sus propias utopías, a la luz de lecturas
parciales del marxismo revolucionario y de su propia realidad. Esta etapa aún
no termina de cerrar su ciclo histórico.