
Los dones del preescolar
Sonia
Ibarra Ibarra*
* Investigadora del Instituto Superior de Investigación
y Docencia para el Magisterio (ISIDM) y de El Colegio de Jalisco.
La
IV Muestra Museográfica: "Con olor a lápiz" que
tradicionalmente realiza el Instituto Superior de Investigación y Docencia
para el Magisterio (ISIDM), se dedicó el año pasado al nivel preescolar,
con ánimo de difundir la historia de esta noble tarea de educar a los
pequeños jaliscienses.
Valiosa resultó, en tal empresa, la colaboración
del Centro de Investigación y Difusión de Educación Preescolar
de la Secretaría de Educación Jalisco y de la Biblioteca Pública
del Estado.
Los curadores de la Muestra, Arturo Camacho Becerra
y la que esto escribe, organizamos tres ejes temáticos: las pioneras,
los niños y los materiales didácticos.
En el primero, recordamos a algunas precursoras de este
nivel, cuyos orígenes en Jalisco se ubican a finales del siglo XIX en
las Escuelas Maternales, planteles que existían en 1887 en distintos
puntos del estado bajo la dirección de Regina Tornel Olvera y con maestras
de la talla de Aurelia Guevara, quien laboraba en la Maternal No. 4 en Guadalajara.
Sorprendentemente encontramos este tipo de escuelas en zonas indígenas,
lo que confirma la preocupación de los gobiernos porfirianos en este
rubro.
Más tarde, María de Jesús Romo
de Vivar, esposa del gobernador Miguel Ahumada, apoyó importantemente
este nivel, al crear una sección de párvulos en la Escuela Modelo,
inaugurada en 1910. Ella era maestra y había conocido el sistema de Enrique
Laubscher en el Jardín de Niños "Esperanza" en Veracruz.
En esos primeros años del siglo XX, encontramos
también la participación de Concepción y Dolores Trejo,
Delfina Shuster y Dolores Hijar entre otras, en las Escuelas Infantiles estatales.
Luego, con la llegada de la Secretaría de Educación
Pública a Jalisco, se estableció un Anexo de párvulos en
la Escuela Tipo Federal "Ramón Corona".
El afecto, la belleza, la juventud y el arte empezaron
a definir a las educadoras, criterios que pudieron constatarse en esta Muestra,
con el desfile fotográfico de educadoras de los años treinta:
María Jaime Franco y Aurora Sánchez de Rovelo, fundadoras de jardines
y de la carrera de educadora en el estado; Concepción Sánchez
Flores, María Trinidad Sánchez Figueroa, Rosario Otal de Rodríguez,
María Gutiérrez y Ana María Casillas Meza, maestras del
pionero jardín federal "Rosaura Zapata"; Elisa y Cristina Castillo,
Eva Blanco Guerra y Guadalupe Castañeda, fundadoras también de
diversos jardines en Guadalajara.
No
podían faltar en este espacio, Rosaura Zapata y María Helena Chanes,
quienes en 1932 como parte de una Misión Cultural, revitalizaron a la
educación preescolar en Jalisco con un curso intensivo para capacitar
a maestras que "reunían ciertas cualidades de gracia, jovialidad
y alguna disposición para la música y el canto".
Tras esa motivación, se creó en nuestro
estado, la Sociedad de Educadoras de Jalisco, denominada "Rosaura Zapata",
que posteriormente desarrolló intensas acciones en pro de la creación
de jardines de niños.
Las principales protagonistas de esta historia pudieron
encontrarse en esta Muestra, pues muchas de ellas viven aún y asistieron
a verla. Mención especial mereció Eva Blanco Guerra, quien precisamente
como pionera destacada cortó el listón de esta exhibición,
ella obtuvo el Premio Jalisco en Letras en 1960 y es autora de diversos libros
para educadoras.
El siguiente eje, dedicado a los niños, nos ofreció
fotografías de pequeños de las décadas de los treinta y
los cuarenta; rostros risueños, brillantes y satisfechos con la seguridad
que otorga el sentirse abrazados, queridos y respetados, valores que desde sus
orígenes este nivel ha cuidado.
Un hada madrina en una representación teatral,
niños trabajando en una campaña de higiene, otros trabajando con
material de construcción, en honores a la bandera, cultivando la hortaliza
o en la foto del recuerdo con su maestra.
El niño Octavio Gastélum, famoso por la
bella foto que en los folletos invitaba a visitar la Muestra, nos habla de la
generación de los veinte, beneficiada por la corriente nacionalista defensora
de las tradiciones mexicanas y orgullosa de su origen, en una imagen de un grupo
de niños en la fiesta escolar, vestidos de charros y chinas poblanas.
En el tercer eje pudimos apreciar un desfile estelar
de muñecas de tela, una maravilla realizada por las manos de las educadoras,
muñecas que expresan también la forma de vestir de sus hacedoras,
con sombrero, traje sastre, zapatos de tacón e incluso medias de seda;
algunas otras, vestidas con trajes típicos o con disfraces diversos.
Las muñecas de plástico empezaron a aparecer
en sus distintas versiones: las de sololoy, las de plástico rígido
y las de vinil, determinando cada modelo, las distintas generaciones de las
dueñas en cuestión.
Vimos juegos de mesa elaborados por las maestras, memoramas,
dominós y loterías elaborados con cascarón de huevo impresos
o coloreados a mano, con diversos temas e ilustraciones, que difícilmente
podríamos olvidar quienes pasamos por el preescolar.
Los
libros de cuentos, indispensables para fomentar el lenguaje y la imaginación,
hicieron acto de presencia. Encontramos además, títeres de guante
y escenografía, elementos de una obra de teatro guiñol basada
en la ópera de Madame Butterfly, cuya complejidad se antoja imposible
de compartir a un niño de 5 años... pero que nos habla de las
inclinaciones culturales de sus maestras; y los libros de música, evocando
las canciones escritas por Rosaura Zapata y musicalizadas por Manuel M. Ponce,
quien tras haber sido director del Conservatorio, titular de la Orquesta Sinfónica
de México y de haber llevado su música a todo el mundo, en 1945
fue nombrado inspector de Jardines de Niños. Así, Ponce escribió
cantos, lo mismo que guiones para obras de teatro infantil, dejando un invaluable
legado a los niños mexicanos. Rosaura Zapata como jefa de Educación
Preescolar en el país, se encargó de llevar su obra a todos los
sitios de México y de concientizar a las educadoras de la necesidad de
echar mano de la música en el trabajo diario con los niños.
No podían faltar en este eje, los bloques de
madera con forma geométrica, inspirados en los "Dones de Fröebel",
con los que miles de niños construyeron castillos, cuevas, fortalezas
y casas y más de alguno seguramente golpeó a su compañero
de a lado en repentina discusión.
Las maquetas que se realizaban para apoyar el método
de los "Centros de Interés", tuvieron en los artesanos un gran
aliado, pues se plasmaba el tema elegido con pequeñas figurillas de barro.
En esta ocasión pudimos observar un mariachi de la tradición Panduro,1
cuyo objetivo era representar al niño una de las actividades de los jaliscienses.
Los juguetes tradicionales, un muñeco de palma,
las máscaras de papel maché, la muñeca de cartón,
la corneta de lámina, la vajilla de vidrio soplado en miniatura, los
trastecitos de barro y la estufita removieron también los recuerdos de
los asistentes.
Finalmente, los álbumes de fin de curso elaborados
por los pequeños e ilustrados con dibujos de niños de otros países,
pájaros, mariposas, flores y juguetes, y cariñosamente encuadernados
y decorados por sus maestras con alguna cálida frase de despedida: "Ojalá
que estas páginas te recuerden, mi pequeño niño, tus más
tiernos años".
Durante la semana que permaneció en exhibición,
asistieron educadoras de distintas zonas, funcionarias del nivel de preescolar,
supervisoras y sobre todo, alumnas de las Normales de Educadoras en el estado,
algunas suspiraron con los recuerdos, otras se sorprendieron de un pasado ignorado
que se les antojó sumamente interesante y muchas más se identificaron
con la sentida vocación de las primeras educadoras. Se respiró
el perfume y la vitalidad del preescolar y efectivamente recordamos nuestros
primeros años.
Nota
1. Pantaleón Panduro
(1830-1912), alfarero nacido en Tlaquepaque, Jal., retratista y especialista
en escenas y personajes de la vida real.