
Aproximación a un escritor y a su literatura: Camilo José Cela desde el acercamiento
Gaspar
Sánchez Salas*
* Doctor en Filología Hispánica por la Universidad
de Alcalá de Henares, Madrid, España. Discípulo de Camilo
José Cela.
En
1994, mi último año de carrera, tuve la oportunidad de presentar
en uno de los seminarios que sobre la novela de posguerra organizaba el Departamento
de Literatura de la Universidad de Granada (España), una comunicación
basada en la obra de Camilo José Cela, La Colmena, titulada concretamente
Disertaciones sobre La Colmena, argumento que, una vez aceptado por el
grupo organizador compuesto por varios profesores, no dudé en lanzarme
al análisis de la obra en cuestión y de su autor; para ello consulté
diversos estudios críticos con la intención, por un lado, de recabar
la máxima información que sobre la mencionada obra apareciera
publicada y que me permitiera forjar una visión de la trascendencia que
supuso y del interés que despertó y sigue despertando la mencionada
novela en el terreno literario; y por otro lado, también, con la idea
de confrontar la obra de Cela con las corrientes europeas de la época
y con la renovación de las técnicas literarias pujantes por entonces
para ver dónde radicaba su originalidad y cuál era la intención
primera del autor al escribir tal libro. Yo aún daba, prácticamente,
mis primeros pasos en el terreno de la investigación y necesitaba la
apoyatura profesional y el aval de la experiencia de algún experto para
que con su ayuda, me fuera marcando los patrones a seguir en ésta, mi
primera ponencia; fue así como el profesor Fortes Fernández, profesor
titular de la Universidad de Granada, entra en acción y me dijo, por
entonces, en un tono entre sarcástico e irónico algo así
como: "has conseguido tanto material que ya sólo te falta entrevistar
al propio Cela", pero claro, lo que desconocía, sin duda, aquel
inocente profesor era que el joven universitario que tenía enfrente solía
captar al pie de la letra los comentarios de sus superiores y por supuesto que
no sólo conseguí entrevistar a Cela en ese primer encuentro que
tuvo lugar con posterioridad, sino que dispuse de seis años más
de prórroga para conocer de primera mano los entresijos de un clásico
de nuestra literatura, y de disfrutar con las múltiples conversaciones
que sobre su manera de literaturizar pude mantener con él mismo desde
el privilegio de quien trabaja al lado de un genio; la verdad es que, si uno
ejecuta el acto de pensar, es como ser testigo directo del pesimista Baroja,
del Valle-Inclán del esperpento o del propio Cervantes, ¿por qué
no? Y de aquellas interesantes conversaciones se confirmaba mis suposiciones
de que no sólo la crítica es la única fuente que nos acerca
a la obra de un escritor, sino que muchas veces, incluso las conclusiones de
los críticos, se alejan bastante de esa intencionalidad primera de un
autor determinado cuando escribe su obra, esto sin entrar, lógicamente,
en las posibles razones, de diversa índole, que tienen críticos
amigos o enemigos del literato en cuestión para alabar o tirar por tierra
esta u otra obra.
Antes de entrar de lleno en la obra celiana, debemos
advertir que uno de los problemas más importantes con el que nos solemos
tropezar en la historia de la literatura en general es la dificultad de "encasillar"
a una obra y a un autor dentro de un tiempo histórico. La medida no tiene
más utilidad que la propiamente pedagógica, o la búsqueda
de una relación entre el observador y lo observado, que faciliten el
entendimiento de un autor y un estilo. En muchos casos, ese objetivo no suele
guardar relación con las pretensiones del escritor, que suele también
saltar por encima de los convencionalismos, bien por convicción, o simplemente
porque hay cambios y evoluciones no previstas en las carreras literarias, de
la misma forma que se producen transmutaciones insospechadas en el pensamiento
o en el quehacer político.
El reto con el que afrontamos la lectura de la obra
de Camilo José Cela, parece estar dentro de la línea descrita.
El autor muestra una versatilidad y una riqueza en la producción, y en
los géneros practicados que, junto a la diversidad de ángulos
y trayectorias con que ha enfocado la literatura, hacen difícil una valoración
precisa de su abultada obra. A pesar de ello vamos a tratar de buscar algunas
coordenadas para situarla y para entender mejor su significado e importancia.
Los críticos suelen situar a Cela dentro de la
"generación de los cuarenta", llamada también la generación
de 1936, o de la guerra, porque empiezan a escribir en los años que siguen
al conflicto armado, pero si tenemos que entresacar alguna característica
común entre ellos es su desorientación y su falta de
unidad generacional, entonces, ¿cómo se les puede llamar generación
a grupos de escritores que van por libre aunque dentro de un marco común;
si se habla con propiedad, y en estos casos es más que conveniente, se
les ha de llamar grupo literario de la inmediata posguerra porque creo, a mi
entender, que esta denominación se ajusta más a la realidad y
descartar la palabra "generación" que todo el mundo sabe lo
que es, pues ni tan siquiera está claro que el grupo generacional del
98 realmente constituyera una verdadera generación.
Dentro de este grupo de escritores de la posguerra se
puede destacar tres subgrupos atendiendo a ciertas diferencias en cuanto a la
finalidad de lo que escriben, así tenemos:
a). Los escritores que cultivan una novela heroica,
de orientación nacionalista. Destinada a exaltar las acciones de los
vencedores de la guerra. Su ciclo se sitúa entre 1936-39 y 1945, especialmente.
A este grupo pertenecen escritores como Rafael García Serrano (La
infiel infantería) y otros tantos.
Esta "literatura de combate", dará
lugar a otra que trata de historiar la situación político-social
que condujo al conflicto, o la que se deriva del mismo, no para demostrar la
opinión del pueblo, sino para justificar ideológicamente las posiciones
de las clases conservadoras que habían ganado la Guerra en 1939. En este
grupo se sitúan José Mª Gironella, Emilio Romero o Ángel
Oliver, entre otros.
b). El segundo grupo está formado por Carmen
Laforet, Camilo José Cela, Juan Antonio de Zunzunegui y Miguel
Delibes, principalmente, que comienzan a escribir en la década de los
40, y que escriben novelas que algunos críticos llaman "parasociales",
donde dan pasos vacilantes para una recomposición de la realidad que
los envuelve.
c). Finalmente, el tercer grupo lo formarían
unos pocos escritores que, habiendo iniciado sus carreras literarias algo tarde
años 50, también tratan de descifrar en sus obras
la realidad social. Aunque considerados de calidad algo inferior por algunos
críticos con respecto al segundo grupo, y con quienes no me muestro en
absoluto de acuerdo, no se debe dejar por alto la brillantez y la talla literaria,
por ejemplo, de Caballero Bonald, a quien se podría comparar con el propio
García Márquez en cuanto al cultivo de ese realismo mágico
que con tanta maestría y por sendas paralelas ambos convergen en el punto
de la exquisitez literaria; también deben destacarse entre este grupo
de los años 50 a Ángel Mª de Lera, Dolores Medio, Luis Romero
y Jesús Izcaray, éste fuera de España.
El principal rasgo que parece definir al conjunto de
los llamados "escritores de los cuarenta", entre los que todos los
críticos sitúan de modo destacado a Cela, sería "su
apego a la tradición", su conservadurismo social e ideológico,
la pertenencia a la pequeña burguesía clases medias,
y el expresar en sus obras un concepto burgués y conformista de la vida
española, cuyas premisas no se ponen jamás en tela de juicio.
Una vez localizado el entorno literario del Premio Nobel,
algo que nos ayudará a comprender mejor su obra y sus potencialidades
se hace obligatorio ese acercamiento histórico que al mismo tiempo nos
aproximará a la realidad española en la cual escribe. Para ello
vamos a partir de La Colmena, que ha sido considerada también
como una de las novelas más representativas de la literatura de la posguerra.
Como sabemos, por sus páginas desfilan a borbotones una extensa representación
de los habitantes del Madrid de los años 40. Los hechos narrados en la
novela se suceden en un corto período, a lo largo de tan sólo
tres jornadas consecutivas, que transcurren dentro del año 1943.
"En La Colmena no trato de denunciar nada,
lo único que hice fue dejar constancia de una situación de hecho,
y no hay que darle más vueltas, hombre", esto fue lo que me dijo
Cela en esa primera conversación que mantuve con él en la cuál
hablábamos, entre otras cosas, de la narrativa de posguerra, y aludíamos
al lugar fundamental que él mismo ocupaba, sin lugar a dudas, dentro
de la misma con obras tan consagradas como la que tratamos y es que esta novela
no es ni más ni menos que un reflejo de la sociedad española que
le tocó vivir al escritor, esa época de la inmediata posguerra,
la época de la persecución, del hambre y de la miseria. Pero cabría
cuestionarse si otras obras de este tipo que describen unas ciudades absurdas,
oscuras y hambrientas, tendrían una intención política
implícita clara, me refiero a obras de autores como Luis Romero (La
noria, 1952); Delibes (Las ratas); Enrique Azcoaga (El empleado,
1946); Gabriel Celaya (Lázaro Calla, 1949); (Lo uno
y lo otro, 1962); y (Los buenos negocios, 1966); Suárez Carreño
(Proceso personal, 1955); Jesús López Pacheco (Central
eléctrica, 1958); Caballero Bonald (Dos días de septiembre,
1962); Armando López Salinas (Año tras año, 1962),
o Victoriano Crémer (El libro de Caín, 1968), por citar
sólo algunos.
Creo, no obstante, que si La Colmena, como el
resto de las obras que beben de ésta, no poseen una intención
política clara, sí poseen una dimensión social bien definida,
entendiendo por social algo que linda o subyace a la política de izquierdas,
un sentimiento previo a la opción política concreta, menos definido
y elaborado, más general, algo así como los sentimientos o los
materiales con que se construye la política. De cualquier modo, el hecho
es que ese factor social (presente en La Colmena) fue entendido por ciertos
sectores como un vehículo o medio idóneo para difundir una determinada
ideología política, para despertar la conciencia de clase, o quizá
para denunciar la paradisíaca descripción de la sociedad española
que difundía la propaganda del dictador.
Todo el mundo sabe que la creación celiana está
encuadrada en la corriente literaria llamada Tremendismo, que se inició
con el Pascual Duarte, etiqueta que a Cela no le gusta demasiado
y que los críticos defienden por su lenguaje natural, en bruto, excremencial,
que emplea de manera intensiva, y por la narración de unos estados de
cosas horribles. Pero Cela es, por encima de todo, un clásico-barroco
o, también se puede decir, un barroco-clásico; es uno de esos
escritores cuyas novelas se prestan a varias lecturas cada una. Cela no considera
las formas clásicas superadas o caducas, sino sus marcos que no le dejan
moverse libremente, y entonces funde ideas propias, rigurosas, lineales y polifónicas,
que dan una gran movilidad rítmica y métrica a sus frases, con
armonías audaces pero sólidas, componiéndose las obras
de una manera muy personal. Por otro lado, no se debe olvidar que actualmente,
cuando los idiomas viven un momento importante de su historia, enriqueciéndose
o empobreciendo con los neologismos, Camilo José Cela, como gran artífice
y dueño de la lengua española, utiliza un lenguaje a través
del cual se quiere solidarizar con la herencia dejada por Cervantes, Arcipreste
de Hita o Quevedo, entre otros, y conservarla.
Ahora bien, aparte de los temas tratados por Cela en
sus obras, uno se puede preguntar sobre el porqué de tanta preferencia
de este autor por un lenguaje tan violento. En mi opinión son dos las
causas que vienen a motivar su empeño: una la hemos mencionado ya, y
es el cultivo del español puro, popular, hablado en la calle, razón
por la cual ha escrito también sus curiosos Diccionario secreto
y Enciclopedia del erotismo. El otro sería su forma de protesta
y lucha contra la censura. Porque en un país tan católico como
España y durante toda la dictadura de Franco en que Camilo José
Cela creó la mayoría de sus libros, cuando la Iglesia adquirió
plenos poderes, el empleo de las llamadas palabras "feas" en una obra
literaria debía de chocar, molestar, enfurecer a la censura a la que
Cela le había declarado la guerra con volverle las espaldas.
Pero si le quitamos todo este frondoso ropaje tejido
con su provocador lenguaje excéntrico, y dejamos en cueros su creación,
¿qué es lo que queda? Vamos a ver qué se nos revela si calamos
en profundidad en algunas obras de este autor puesto que hace más de
medio siglo se viene derramando la mar de tinta y gastando montones de papel
para comentar su creación, expresándose opiniones tan diversas
y distintas que forman un extenso y abigarrado abanico, el guirigay levantando
por los escritos de Cela abarcando desde alabanzas y altos elogios hasta las
críticas más cáusticas.
Vamos a detenernos en el análisis de cuatro grandes
obras dentro de la creación celiana, Mazurca para dos muertos,
Cristo Versus Arizona, Oficio de tinieblas 5 o la última
editada: Madera de boj, en la que un servidor ha tenido el privilegio
de ser testigo directo del propio proceso creativo de la novela, desde ese privilegio
que otorga el trabajar al lado de un clásico vivo de nuestra literatura.
Según las palabras del propio autor, Mazurca
para dos muertos es un libro que se debía a sí mismo y a sus
parajes natales de Galicia. El título de la obra tiene doble sentido,
pues, además de los dos muertos a los que es dedicada la mazurca, personajes
concretos, con nombres y todo muerto, el uno, asesinado y, el otro, por
venganza, están "las dos Españas" en guerra y
después de la guerra, "la republicana" y "la nacional",
guerra que ha tenido como resultado un desastre no sólo material, sino
también moral y humano. Y a esas "dos Españas" le es
dedicada asimismo la mazurca tocada por el acordeonista ciego Gaudencio, porque,
en puridad, ¿quién ha ganado la guerra? La respuesta la hallamos
en el libro de Cela: "...las guerras son un disparate en el que se pierde
todo: la razón, la salud, la paciencia, los ahorros y hasta la vida,
en las guerras todos pierden algo y nadie gana nada, ni siquiera el que gana
la guerra".
Camilo José Cela narra, como un observador atento
de todo lo que le rodea, los sucesos ocurridos en su país, animado por
el deseo de hablar sobre lo que pasa. La pugna ya está en marcha, algunos
empiezan a darse cuenta de la gravedad de la situación. Personas de sentido
común tratan de juzgar las cosas. La señorita Ramona es el exponente
de los temores de miles y miles de españoles, sus palabras expresando
la gran tragedia que ha significado para España aquella guerra que carecía
de razón, ya que no se trataba de defender la tierra de la patria por
todo el pueblo unido contra un enemigo extranjero invasor y deseoso de dominar,
como fue, por ejemplo, el caso de la guerra de independencia contra los franceses
mandados por Napoleón en 1808, sino que el país estaba en llamas
debido a unas diferencias de ideas que algunos hombres políticos tenían
en cuanto al sistema de gobernación.
En una conversación con Maruja Bodelón,
Celso Varela deja entrever las consecuencias irremediables que iba a sufrir
España: "¡Qué tristeza da ver al mejor país del
mundo, bueno, uno de los mejores, desangrándose por las cunetas!"
Con la tan acertada figura de estilo "desangrándose
por las cunetas", Camilo José Cela se refiere y quiere subrayar
tanto el hecho de que se derramó la sangre de más de un millón
de personas, y que salieron de España numerosos exiliados, así
como también los asesinados en medio de la calle y el abandono de los
cadáveres en las cunetas que hay al borde de las carreteras. Porque es
sabido que múltiples factores se combinaron entre sí en ambas
zonas e hicieron explotar una atmósfera de represión y terror
durante toda la contienda. Y cuando, por fin, la guerra había terminado
en los frentes militares, a España no vino la paz, sino que continuó
una guerra mucho más feroz, a pesar de que millones de españoles
que se habían batido en las filas republicanas o que lo había
hecho en el ejército de franco, cansados todos de casi tres años
de guerra, así como sus familias, habían terminado por abrazar
una esperanza y pensar que tal vez la situación no será tan mala
como la han pintado. Pero la tensión continuó también después
de terminada la guerra, la represión del poder alcanzando tamaños
aterradores. Todos estos estados de cosas son ampliamente reflejados en Mazurca
para dos muertos.
En la euforia de la victoria, los vencedores se privaron
de los mejores intelectuales, de técnicos, de mano de obra cualificada.
Cela subraya este aspecto con la tremenda tragedia de los hermanos poetas Manuel
Machado y su hermano Antonio, muerto en exilio, lo que refleja la
dolorosa quiebra de las familias divididas en "rojas" y "azules",
vencedores y vencidos, "buenos" y "malos".
Es increíble, pero tenemos que recordar, en este
sentido, que hubo una parte del clero español que consideró aquella
guerra civil como una cruzada. Y parece mentira que esa idea de cruzada entre
españoles haya persistido largo tiempo. Lo que Cela expresa en su Mazurca
con estas breves palabras, pero llenas de contenido: "...en el bruñido
espejo de Isabel y Fernando nos miramos todos los españoles".
Frase con la que alude al hecho de que Franco llamó
su gobierno "nacional", inspirado en la monarquía de los Reyes
Católicos que habían renunciado a su tolerancia demostrada mucho
tiempo frente a los moros y judíos cuando fueron "reyes de
las tres religiones", convirtiéndose en una monarquía
"nacional" y "católica".
Personalmente, considero que la gran importancia de
esta novela consiste en que sus páginas abogan por la idea de la familia
que debe quedarse unida a todos sus peldaños: como núcleo de la
sociedad, como habitantes de una localidad, y como pueblo de un país.
En tanto que núcleo de la sociedad, puede haber familias que con el correr
del tiempo dejen de existir, pero la familia que constituyen los habitantes
de una localidad es más difícil de extinguirse, pues los niños
que nacen un día se casan y forman nuevos núcleos que van acrecentándola,
igual que los ríos que nacen pequeños y al correr aumentan siempre
sus caudales. Ahora, la gran familia que es el pueblo de un país pierde
sus orígenes en las tinieblas de los tiempos y su antigüedad no
se puede fechar con datos exactos. Ella debe perpetuarse para los siglos de
los siglos; dice Cela: "Las familias son como la mar, que no se acaba nunca
y no tiene ni principio ni fin".
Esta comparación con el agua no está hecha
al azar, sino que el autor nos sugiere que tal y como en este elemento de la
naturaleza sus componente pueden ser separados en determinadas condiciones,
lo mismo puede ocurrir en los senos de las familias en que también suele
haber accidentes que, por un instante, separan a sus miembros, pero que las
familias, y tanto más el pueblo de un país, deben quedarse siempre
unidos, igual que las aguas de los ríos y mares. Y éste es, en
nuestra opinión, el mensaje de Mazurca para dos muertos: la unión
que el pueblo español debe manifestar y mantener siempre y sobre todo
en los malos momentos por los que tiene que pasar a veces, haciendo caso omiso
a las vicisitudes históricas. Mazurca para dos muertos es una
acusación contra la matanza fratricida de un pueblo provocada por ideas
políticas, cuyos promotores hubieran debido luchar con armas parlamentarias
y no con armas de fuego.
Deseo subrayar el detalle de que el acordeonista que
toda la mazurca, es el ciego Gaudencio. El nombre procede de la palabra latina
gaudium que significa alegría, contento, placer, placer de los
sentidos. Cicerón la empleó con el sentido "saltando de alegría".
Y este acordeonista es ciego, como ciega es la Justicia que tiene los ojos vendados
para poder ser imparcial a la hora de dictar sentencias. Pues Gaudencio tocó
la mazurca con imparcialidad, para "los dos muertos" que pertenecieron
a bandos distintos uno que asesinó y el otro que fue víctima.
La tocó, imparcial, para "ambas Españas" "la
republicana" y "la nacional".
En cuanto a Cristo versus Arizona. El libro comienza
con la confesión del autor-narrador-protagonista en cuanto a su identidad
personal, afirmando que su nombre es Wendell Liverpool Espana o Span o Aspen,
haciéndonos la confidencia de que nunca lo supo bien, pues no lo ha visto
nunca escrito. Su declaración, que se repite varias veces a lo largo
de la obra, tiene connotaciones muy profundas: Cela desea afirmar su origen
materno inglés (Liverpool) y el paterno español (España
o Span o Aspen), detalle este muy importante pues, al ver la luz del día
en España, su amor a la tierra natal es tan grande que su nombre se confunde
con el de la patria: Espana o Span o Aspen, incertidumbre justificada, ya que
ella existe también en cuanto al origen de la denominación de
este país. El hecho de que el autor desea precisar que "span"
significa "trecho", "momento", y "aspen" es "álamo
temblón", quiere subrayar que su paso por la vida no es más
que un abrir y cerrar los ojos y que lo hace temblando, crujiendo, o estremecerse,
o palpitar, o agitarse igual que los álamos, ya que "la vida no
es más que un soplo velocísimo en el que no se puede malgastar
ni un momento".
Uno de los hilos rojos que atraviesa la narración
lo constituye el leit motiv de los paralelos: la vida y la muerte.
"Todos hemos de morir algún día dice
el autor eso es bien cierto, lo que no se sabe es la postura, si de pie
o acostado..."
Esta idea de saber morir con dignidad o de rodillas
también se repite varias veces a lo largo del libro, aludiendo, disfrazado
o abiertamente, a los vencedores de la guerra civil y sus puntas de lanza, así
como a los vencidos. No tenemos que olvidar que "...la vida se teje con
la memoria de todos y de nada nos vale querer huir de la memoria, porque nos
perseguirá hasta donde vayamos, la memoria no se cansa jamás de
agobiar al hombre y de recordar sus miserias y servidumbres" está
citado haciendo alusión a los emigrados.
Claro, a lo largo de la historia "...siempre hubo
ganadores y perdedores y la gente, como no olvida, tiene que hablar de algo
para no perder ni la dignidad ni la presencia" dice el autor,
como queriendo justificar su acto de escribir sobre lo que pasa, como uno de
los que se han quedado en la patria.
A la pregunta dubitativa de si es que aquella Arizona
áspera quisiera juzgar a Cristo porque permite tantas ocurrencias terribles
que parece que por ahí va a llegar el fin del mundo, el autor da una
respuesta dudosa, pensando que " a lo mejor es al revés y es Cristo
quien quiere meter pleito a Arizona y al fin del mundo", pues "Cristo
tiene que estar muy harto de los pecadores porque le hicieron siempre muchas
maldades".
El autor nos recuerda que del poder divino depende todo,
tanto la vida y la muerte en nuestro planeta, como también a escala cósmica;
pero subraya que "Dios tiene una fuerza que no usa porque le sujeta su
bondad que no conoce principio ni fin..." Las palabras que acabamos de
citar son las que justifican el título Cristo versus Arizona.
Pienso que el término versus ha sido escogido por el autor precisamente
por tener tanto el significado de hacia como el de contra, porque Cristo podría
estar en contra, pero dado que la bondad de Dios es infinita, Él dirige
su misericordia hacia Arizona y hacia la ligereza de todos los pecadores, esos
pecadores que quitan vidas sin tener derecho.
El sentimiento de amor a la tierra en la que uno ha
nacido, es muy intenso a lo largo de la obra, volviendo con insistencia, repitiéndose
periódicamente como un alegato a favor del amor a la patria mismo en
condiciones adversas. Permítanme citar unas líneas, cuya belleza
poética es impresionante:
"El
hombre ama la tierra que lo vio nacer, a veces no es bella pero es siempre
suya, al sol y al viento y al agua de cada sitio no los puede mover ni siquiera
el tiempo, que tampoco se atreve, el hombre ama al sol y al viento y al agua
que le vieron nacer, a veces son hostiles pero son siempre suyos, es saludable
pegarse a la tierra y andar descalzo sobre la tierra porque la fuerza entra
por los pies, el hombre se acaba convirtiendo en tierra y toda la vida nace
de la tierra..."
"...el hombre ama la tierra más por propia
que por hermosa, también la defiende con las palabras, las trampas
y las armas y mata y se deja matar por ella, mueren más hombres por
defender su tierra que su alma, por salvar su tierra que su alma, pero nadie
ha muerto jamás con la idea de haberse portado siempre bien..."
"...hay que ser de algún lado, lo malo
es ser forastero, todos los forasteros arrastran una historia sucia y sangrienta
que no quieren contar a nadie..."
Por
todo lo expuesto, considero que Cristo versus Arizona es un himno de
amor a la madre-patria y una obra dedicada a la emigración que desangró
España después de la guerra civil del 36, que con dolor y amargura
tuvo que abandonar la tierra natal.
Para Oficio de tinieblas 5 es preciso conocer
bien no solamente al escritor, sino también al hombre Cela. Porque tal
y como lo menciona el propio autor, este libro no es una novela, sino "la
purga de su corazón", es decir, una horadación en las profundidades
de su alma, con lo cual, Cela se abre el corazón, como una ventana, de
par en par, e invita al lector para que le mire bien con el fin de conocerle,
juzgarle y comprenderle mejor.
Sabemos que el hombre Cela ha sido siempre una persona
muy alegre, muy traviesa, que le ha gustado mucho gastar bromas, que ha gozado
con vivir de lleno en medio de la gente y de los amigos. Pero este hombre tan
alegre llega a una edad madura y hay un momento tremendo en su vida en el que
se da cuenta de que en realidad no gozó de amistades y que se halla totalmente
solo en tanto que hombre y escritor. CJC tiene la valentía de confesar
que la vida le ha obligado a pasar mucho tiempo rodeado de personas con las
cuales sus relaciones han sido, en cierto modo, artificiales. Soledad en la
intimidad de su hogar, y soledad en el seno del gremio de los escritores con
los cuales no tiene nada en común; he aquí la dolorosa conclusión
que le determina a hacer un profundo análisis de su conducta y de su
conciencia, y éste es, precisamente, el contenido de Oficio de tinieblas
5: un día de pensamientos y reflexiones sobre el oficio de escritor.
Y don Camilo considera que, a diferencia de los otros escritores, él
tiene "otros caminos menos trillados que recorrer" y sabe que, si
es que sus colegas no le reconocen los valores de su creación, en cambio,
"la vida rebosa minúsculos premios cotidianos" que le recompensan.
Por lo tanto, a esa edad madura, se impone refugiarse en el trabajo y en sí
mismo, consciente del valor que tiene el estar decidido a continuar luchando
por sus ideas, por su independencia, claro, " a su aire y con las armas
que supone o que sabe de más familiar manejo". Porque Cela cree
que sus artes de lucha son sus escritos que contienen sus convicciones e ideas
y que "no tienen por qué coincidir" con las de sus colegas.
Por otra parte, nos sugiere que el hombre no debe ser de dos caras, sino actuar
conforme con sus pensamientos, los cuales deben ser exteriorizados con sinceridad,
ser igual por dentro que por fuera. Pues, como dice a continuación, una
moneda " no es verdadera hasta que se vuelve y enseña sus dos caras,
la cara y la cruz, pero ni su haz ni su envés son media moneda",
con lo cual debemos comprender que un hombre entero se tiene que mostrar firme
y cumplir con su deber sin falsedades. Luego, después de llamarnos la
atención de que "la moneda tampoco es el dinero, es otra cosa",
Cela menciona que "el dinero sirve para conquistar fortalezas y rendir
los cuerpos y las almas de quienes están dispuestos a comprarlas y vender...".
Y Cela es una fortaleza que no se deja conquistar, ni se deja comprar ni vende
su alma, aunque su vida conoce momentos tan duros y tristes que el dolor parece
aplastarle, ya que ni un "farolito de luciérnaga" centellea
para darle esperanzas, pero uno es como es y no le queda más remedio
que aceptar su destino.
Sobre la verdad se nos dice que es una noción
muy relativa, ella depende del cristal con que se mira. Por eso parece que la
verdad no existe. Los dolores de la vida sí que son verdades nos
dice pero ellos pasan en silencio, sobre los dolores no se debe hablar
y no se habla y entonces, claro, los ignorantes, los que no conocen las penas
de uno y dicen cosas injustas y falsas, duelen mucho. No puede caber duda alguna
que Oficio de tinieblas 5 fue creado en uno de los momentos críticos
de la vida de su autor. Lo revela tanto el contenido como su tono.
Uno de los dos epígrafes del libro es la sentencia
de Unamuno que dice que " la literatura no es más que muerte".
Y Cela, que nos declara haberse reservado el derecho de "elegir" su
muerte, de "decidir" su muerte, cree morir con cada tomo escrito.
Cela está convencido de que "la filosofía es una meditación
de la muerte" y que "si estás ya curado de vanidades la llamas
la purga del corazón". Sí, pero "las meditaciones mueren
como pájaros que se hartan de volar", nos dice. El caso de Cela
es que a pesar de todo, parece no hartarse nunca de volar. Podemos reconocer
en Cela a ese hombre-animal:
"...tan frágil como el pajarito que se mece en el aire y que si hemos de creer lo que dicen no se posa ni vivo ni muerto: nacer volando parir volando morir volando es maniobra difícil para la que se precisa muy duro entrenamiento".
Cela
se ha entrenado duro en el arte de escribir, sin cantar victorias y sin aplaudir
a nadie, con el fin de mantener su independencia, motivo, por el cual se ha
impuesto decir que No a todo y desde el principio. Él sabe que "la
virtud es el premio de la virtud como la castidad es el precio de la castidad".
Cela, por haberse propuesto ser él mismo y abrirse
camino al andar, se anticipó a su tiempo, lo que le ha hecho pagar un
precio muy alto y doloroso, pero que "ni pudo evitarlo ni tampoco tenía
porqué hacerlo".
A Cela le duele mucho la insolidaridad de los escritores
y los ojos que no quieren ver las buenas obras de los otros. Por eso, en la
mónada 332 se nos presenta una clase de biografía, de pensamientos,
de razonamientos en pro y contra de los actos y las actitudes del autor, el
cual se da la cara a sí mismo con uno que cree que se le acerca el fin
y se hace el testamento, pero lo hace con serenidad y se desprende de todo lo
que tiene, sacrificando hasta los reconocimientos de su valor, de su creación:
"...tú renuncias calladamente a todo ahí están mis títulos académicos no los queméis dádselos al pescadero para que envuelva huérfanos pececillos baratos ahí están mis medallas mis condecoraciones no las destrocéis dádselas a una máscara pobre el martes de carnaval ahí están los cien libros que escribí disolvedlos con ácido y haced lo mismo con los originales lujosamente encuadernados..."
Y
todo esto porque Cela se creía que el precio de su libertad iba a ser
caer en el olvido ("yo elegí la libertad y el olvido", dice),
cuando en realidad ha pasado todo lo contrario: el optar por su libertad e independencia
y escribir lo que le dictaba su alma y su conciencia, lo ha llevado a una gloria
eterna.
Como decíamos, Oficio de tinieblas 5 constituye
un día de meditaciones, esto es, desde el despertar por la mañana,
a eso de las "cinco sobre más o menos", hasta las 23 horas,
5959" que termina la última línea del libro. Es como
una mirada atrás para pasar revista, un resumen de lo más importante
de su vida, con sus ilusiones y desilusiones, con sus realizaciones y sus fracasos.
Y dado que la vida del hombre es pasajera, lo importante son los rastros que
uno deja a través de sus conducta y su trabajo... Es un recordar. En
Cajón de sastre leemos:
"La memoria no es, bien mirado, un rincón de nuestra cabeza (...) La memoria es la cabeza entera, el cuerpo entero, la planta firme o titubeante del pie con el que hemos pisado por la vida, los ojos con que miramos, la mano con la que hemos abofeteado y acariciado, la boca que conoció los buenos y los malos sabores, la nariz que olió el cadáver y la flor, el oído que escuchó el lamento y el suspiro, la tenue palabra y la desgarradora voz del espanto: esa voz que ni empieza ni acaba, como el círculo de los griegos..."
Total,
los cinco sentidos con los cuales el hombre percibe la vida, los cuales deberían
ser plenamente empleados por todos los que practican el oficio de escritor,
tal y como lo hace Cela. Éste es el sentido del título Oficio
de tinieblas 5, este libro tan "duro de roer".
Finalmente, Madera de boj es, entre otras muchas
cosas, la más summa de noticias de la Costa da Morte, de su geografía,
de su historia, de su mitología, de sus costumbres, de su lengua, de
todo. Para preparar Madera de boj, pasó Cela cinco veranos, de
1984 a 1989, en el corazón de esa Costa, en un chalet que se llama Xeitosiña,
situado detrás de la playa de Langosteira. Allí han puesto una
lápida que lo recuerda; pero merece la pena fijarse en cómo el
propio escritor lo cuenta en la novela: "Aquí pasé algún
tiempo" (dice), "buscándole la clave al país" (pág.
217). Buscando la clave, es decir, lo que articula, lo que da sentido y explica
la verdad última de las cosas: paisaje, gentes, historia, costumbres.
Cuando Cela, después de algunos años decidió
retomar Madera de boj, me hizo poner en orden tres grandes cajones con
recortes de periódicos, anotaciones, páginas manuscritas, libros,
cuadernos... Mientras confeccionaba la obra, tenía sobre la mesa de trabajo
un mapa a gran escala de la Costa da Morte, y de vez en cuando se levantaba
en medio de un silencio casi sepulcral que era roto tan sólo por sus
pisadas, se detenía en un nombre, siempre ensimismado en su trabajo creativo,
y me hacía buscar algún dato, todo rápido, porque los genios
no se hacen esperar, quieren parir de inmediato al "hijo" envuelto
en trazos, quizá porque temen al dolor, se vuelven impacientes. Cela
es ante todo metódico, trabajador incansable y disciplinado. Me hizo
extender el mapa a lo largo, clavarlo con alguna chincheta para examinarlo a
su antojo, "claro, Madera de boj debe ser una novela de la mar, de la Galicia
amarga, profunda..." me decía repetidamente. "Esta novela me
la debo a mí mismo y se la debo a mi país, a Galicia, a la Galicia
marinera."
En Madera de boj alcanza la narratividad lírica
de Camilo José Cela su cima más alta. No soy amigo de etiquetas
puesto que las etiquetas terminan por resultar simplificadoras. Por ello, y
por otras puntualizaciones que enseguida añado, me guardaré de
afirmar que Madera de boj es una novela lírica en la línea
definida por Ralph Freedman, tan bien estudiada por Darío Villanueva,
al hablar de la novela de Gide, de Hesse o de Virginia Woolf. Y, sin embargo,
le convienen alguno de los elementos definidores de ese tipo. Así, por
ejemplo, el fragmentarismo, ese complacerse en lo inorgánico de que hablaba
Azorín en el Caballero inactual (1927), procedimiento que lleva
a fragmentar la trama en la página, la página en la frase y la
frase en la palabra. Dos años antes, en 1925, había publicado
Gide Los monederos falsos, una novela sin argumento; por las misma fechas,
hacia 1927, postulaba Jarnés una novela sin prólogo ni epílogo
(Madera de boj no los tiene), sin fábula ni argumento que en Madera
de boj está reducido al esqueleto indispensable para soportar el
cuerpo novelístico, y, aun eso, intencionalmente fragmentado. Decía
el mismo Jarnés que el novelista y el dramaturgo raras veces se lanzan
a perseguir lo desconocido, por más que presuman de haber montado un
taller de aventuras. Sólo el filósofo y el poeta (añadía)
son capaces de percibir intensamente esas vibrantes redes de canalillos que
enlazan todas las ideas de las cosas, o todas las imágenes de las cosas.
Madera de boj es, un formidable ejemplo de ese tipo de percepción.
No pueden, en cambio, predicarse de esta novela las características que
Henri Bonet, consideraba básicas de la lírica: la contemplación,
la marca de individualidad y la atención preferente al mundo subjetivo
por oposición a los rasgos habituales de la novela tradicional: la acción,
la colectividad, el mundo objetivo.
Como vemos, cada libro celiano ofrece una imagen rica
en contenido, única e inimitable, que es su contribución al tesoro
literario, sin la cual hubiéramos tenido el espíritu infinitamente
más pobre. Recordemos que en alguna ocasión han llamado a Cela
"el coloso de Padrón". El epíteto se justifica por la
grandeza de los sentimientos contenidos en su obra; por la fuerza de su expresión;
por la maestría de la elaboración; por la profundidad de los sustratos
filosóficos; por la amplitud de la gama de estados de ánimo, experiencias
y emociones contenidos en sus libros. El clásico Cela ha consolidado
las formas y los géneros literarios cultivados por sus antecesores, pero
distanciándose de ellos y transformándolos, con lo cual Cela ha
abierto nuevos caminos, desconcertantes. Cela tiene un mensaje a trasmitir a
la humanidad, en el que generaciones sucesivas encontrarán sus entusiasmos
y sus ideales, sus victorias y sus fracasos, sus dudas y sus certidumbres y
todo lo que el ser humano significa como universo ético, individual y
social. Pero Cela forma parte de aquella categoría de los escritores
para cuya explicación los criterios comunes no bastan y todo lo que hasta
ahora se ha dicho sobre él es algo pálido frente a lo que su creación
significa dentro del tesoro de la cultura tanto español como universal.
Bibliografía
CELA Trulock, Camilo José:
Oficio de tinieblas 5. Editorial Noguer.
Barcelona, 1973.
Cristo Versus Arizona. Seix Barra. Barcelona,
1988.
La Colmena. Editorial Noguer. Barcelona,
1983.
La familia de Pascual Duarte. Ediciones
Destino. Barcelona, 1972.
Diccionario del erotismo. Grupo Libro.
Madrid, 1994.
Diccionario secreto. Ediciones Alfaguara.
Madrid, 1968.
Mazurca para dos muertos. Círculo
de lectores. Barcelona, 1984.
Madera de Boj. Espasa Calpe. Madrid, 1999.
ZAMORA Vicente, A. Camilo José Cela. Editorial Gredos.
Madrid, 1962.
L. Abellán M. Censura y creación literaria en España
(1939-1976). Ediciones Península. Barcelona, 1980.